Los Consejos Comunitarios de Aguas. Haga el suyo con autonomia en su barrio, localidad o comuna


Rev. Venez. de Econ. y Ciencias Sociales, 2005, vol.11, no 3 (sept.-dic.), pp. 187-203
SEIS AÑOS DESPUÉS:
MESAS TÉCNICAS Y CONSEJOS
COMUNITARIOS DE AGUAS
(Aportes para un balance de la experiencia desarrollada)
Santiago Arconada Rodríguez
Pórtico
Si al aniversario número cincuenta lo llaman las Bodas de Oro y al número
veinticinco las Bodas de Plata, el sexto aniversario de algo vendría siendo las
bodas de la aleación esa con la que hacían las pullas, aquella moneda funda-
mental de nuestra infancia. Lo cauto sería no hacer mucha alharaca, cantarle
cumpleaños feliz a la modesta torta que celebrase nuestra voluntad de seguir
sistemáticos, periódicos, constantes, impulsando más Mesas Técnicas, más
Consejos Comunitarios de Agua, colectivizando cada vez más información,
colectivizando así el acceso a la toma de decisiones, profundizando en la muy
incipiente noción de que todas y todos dependemos de una cuenca cuya pre-
servación nos concierne. Sin embargo, la cantidad y la cualidad del proceso
vivido lo que sí amerita es de un meticuloso balance que, como todo buen ba-
lance, nos confronte con los errores cometidos, que los hay y muchos; nos
enseñe los aciertos, que los hay muy significativos e importantes, y nos despe-
je el debate en el que nos encontramos.
Las que siguen son las reflexiones de un chichero sobre una chicha que, si
bien no es suya, en la medida en que la elaboración de la política de gestión
Comunitaria en el ámbito de las empresas hidrológicas es en su esencia un
hecho colectivo, sin duda es una chicha en la que él tiene metido su cucharón.
Me parece pertinente advertirlo.
Prefigurando el poder constituyente
No era sólo el hecho de ser el gobierno del presidente Chávez en el área
del servicio de agua potable y saneamiento, que ya en sí mismo era algo muy
exigente tomando en cuenta el altísimo grado de expectativa que éste había
generado, y la aplastante deuda social que se confrontaba. Era además ser el
Gobierno nacional en el proceso constituyente. Ser el Gobierno prefigurando
en su gestión, en sus ejecutorias, los valores que se querían salvaguardar en
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la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. De eso se trataba
en aquellos días iniciales del primer semestre de 1999.
El presidente Chávez recibe el mando de manos del presidente Caldera el
dos de febrero de 1999. Durante los meses de marzo y abril queda conforma-
do el equipo hidrológico con el ingeniero Alejandro Hitcher Marvaldi en la pre-
sidencia de Hidroven, y la ingeniera Jacqueline Faría Pineda junto al ingeniero
Cristóbal Francisco Ortiz en la presidencia y vicepresidencia de Hidrocapital
respectivamente. En mayo de 1999, el equipo antes mencionado convoca a la
realización de un taller de discusión para delinear lo que a partir del 1° de junio
de 1999 se conoció como la Gerencia Comunitaria de Hidrocapital.
Dicho taller, realizado entre el 15 y el 30 de mayo de 1999, asumió, entre
otras, la tarea de sistematizar la experiencia que algunos de los presentes en
el mismo teníamos de lo que había sido la construcción y el impulso de las
Mesas Técnicas de Agua y los Gobiernos Parroquiales en Antímano y El Valle
durante el gobierno municipal de Aristóbulo Istúriz en la ciudad de Caracas
entre 1993 y 1996 (Arconada Rodríguez, 1996). Conducido por el sociólogo
Reinaldo Bravo (qpd), este taller significó una de las experiencias personales
más completas en lo que a transformar la experiencia en conocimiento se re-
fiere. Esa sistematización que hicimos de la que había sido una experiencia
puntual en unas parroquias concretas, para transformarla en la propuesta or-
ganizativa del gobierno bolivariano a todas las comunidades en el sentido de
resolver los problemas comunitarios referidos al servicio de agua potable y
saneamiento, me sigue pareciendo a la distancia un momento clave de mi ex-
periencia como luchador social y promotor comunitario. Dejemos este cabo
levantado aquí y llevemos la mirada a la situación nacional.
Desde el llamado a referendo para consultar la realización de la Asamblea
Nacional Constituyente, realizado el mismo 2 de febrero de la recepción del
mando de manos del presidente Caldera, hasta el 15 de diciembre de 1999,
fecha en la que se realizó el referendo para aprobar o improbar el texto de la
que hoy es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el país
vivió lo que conocimos como el proceso constituyente. Algunos, entre quienes
me cuento, creemos que proceso constituyente es todavía el mejor descriptor
de la situación que vivimos, en la medida en que todavía asistimos a la muerte
de algo que no termina de morir y al nacimiento de algo que no termina de na-
cer, como repite el presidente Chávez con cierta insistencia. Otros pudieran
creer, y están en su derecho, que el llamado proceso constituyente se cierra
con la aprobación de la Constitución que es fruto de ese proceso y de la
asamblea que fue electa para ello. Todos coincidimos que ese año que se cie-
rra dramáticamente con el deslave de Vargas y el colapso de la presa de El
Guapo en el estado Miranda, 16 y 17 de diciembre de 1999, respectivamente,
fue un tiempo inspirado por la idea de promover la participación protagónica de
la comunidad en la solución de sus problemas y en la consecución de sus me-
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tas y objetivos, y que ese esfuerzo quedó debidamente plasmado en la Consti-
tución como derecho inalienable del pueblo.
Pongamos ahora juntos los dos cabos. La propuesta organizativa de Mesas
Técnicas y Consejos Comunitarios de Agua que se desarrolla durante todo
ese tiempo constituyente fue una oportuna navegada de ola . Fue ese estar
en el momento indicado con la propuesta indicada lo que permitió no sólo un
desarrollo inusitado de ésta, la propuesta organizativa, sino una serie de im-
portantes conflictos institucionales que desnudaron las contradicciones inter-
nas, tanto las que posteriormente se irían agudizando como las que tendieron
a resolverse
La propuesta organizativa
Antes de hacer, siguiendo el orden cronológico, la reflexión obligada sobre
nuestra experiencia en el enfrentamiento a la contingencia que tuvo lugar entre
el 16 de diciembre de 1999 y diciembre de 2000, con ocasión de la tragedia de
Vargas y el colapso de la presa de El Guapo en el estado Miranda, me parece
conveniente no seguir hablando de las Mesas Técnicas y de los Consejos
Comunitarios de Agua sin antes aclarar en qué consisten.
Definimos las Mesas Técnicas de Agua (MTA) como la respuesta organiza-
da de la comunidad a cualquier problema o carencia en lo que al servicio de
agua potable y saneamiento se refiere. A seis años de distancia, la antedicha
definición se refuerza en la medida en que hay en ella ciertos antídotos contra
el burocratismo y la tendencia a sustituir al pueblo, que sigue preservando a
las MTA, con una flexibilidad y lozanía muy valiosas pero, por otra parte, con
mucha tendencia a ser reactivas y no proactivas. Hoy creo que es ampliamen-
te compartido ver o entender a la Mesa Técnica de Agua como un momento
de la vida de la comunidad en la que ésta actúa organizadamente en relación,
no sólo ya con el servicio de agua potable y saneamiento, sino con el estado
de la cuenca hidrográfica de la que depende.
Su manera de afrontar la situación problemática que la motiva consiste en ir
realizando el acopio de información necesaria para diseñar la solución del pro-
blema que se enfrenta.
El censo
Durante estos seis años hemos abundado y profundizado en la necesidad
de que las comunidades desarrollen conocimiento sobre sí mismas. Hemos
formulado el censo no como un mero conteo, en sí mismo indispensable para
calcular cualquier solución técnica, sino como algo más amplio y profundo,
como una radiografía de la comunidad. Como un instrumento que nos aporte
la información básica con la que posteriormente diseñaremos la solución del
problema. En la realización de esta tarea por parte de la propia comunidad, se
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produce una ampliación muy significativa de la capacidad para aproximarse al
conjunto de factores que inciden en una determinada situación, y entenderla
como fase previa y obligatoria a solucionarla. Se concluye que no es igual cen-
sarse que ser censados. Hay un dato adicional de reflexión que aparece y re-
aparece después en las reuniones periódicas que se realizan en el que, inequí-
vocamente, se hace referencia a la experiencia del censo comunitario.
El plano o croquis
El dibujarse en forma de plano fue para las comunidades el logro de una
doble reivindicación. Fue el meterse en la foto de la ciudad servida por redes
de la que estaban excluidas. Y fue el modo más concreto de meterse en los
planes de la ciudad una vez reconocidos, por lo menos por la empresa hidro-
lógica pública, como parte de ella, no como pegoste de ella.
La recuperación de memoria colectiva que está implicada en la realización
de esta tarea es uno de los momentos más jugosos del trabajo comunitario,
pues no sólo se obtienen y se colectivizan informaciones básicas del modo y la
forma como la comunidad nació y se desarrolló, sino de los atisbos de planifi-
cación que pudieron existir, o por el contrario de las agresiones a la planifica-
ción de las que se era consecuencia. En la realización del plano aparecían
válvulas que nadie sabía cuándo se habían instalado, equipos y tuberías cuya
existencia se desconocía. Para la empresa hidrológica pública, o sea para no-
sotros, aquél era el descubrimiento de la ciudad realmente existente, pero para
las comunidades era una forma de darse cuenta de que eran, de que tenían
una historia y una memoria de ella.
En muchísimos planos comunitarios, obras maestras de la pintura ingenua,
aparecen las casitas de la gente que vive en la comunidad. Quizás sean esos
planos con gente uno de los aportes más valiosos que hayan hecho las Mesas
Técnicas de Aguas.
El diagnóstico-proyecto
Esta tarea resume nuestro enfrentamiento a la cultura de la promesa y su
consecuencia más perversa: la pasividad. Tras la realización del censo y del
plano o croquis, en conjunto con la empresa hidrológica pública, la comunidad
diagnostica su problema y a renglón seguido, tal y como está en el enunciado
de la tarea, inicia la elaboración del proyecto de intervención sobre éste, sea
mediante obra de construcción, trabajo de mantenimiento, de corrección, de
reparación, en fin, lo que esté planteado para la solución del problema que fue
comunitaria y colectivamente diagnosticado. La solución a los problemas deja
de pedirse y pasa a proyectarse sobre la base de considerar como propios los
recursos económicos necesarios, existentes en algún apartado del Tesoro Pú-
blico, bien sea en la instancia municipal, regional o nacional, para resolver los
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problemas del servicio público primordial, del que depende la vida humana
como de ningún otro, el servicio de agua potable y saneamiento.
El logro del proyecto y la lucha por su realización es lo que lleva a esa de-
terminada comunidad, organizada en Mesa Técnica de Agua, al Consejo Co-
munitario de Aguas, que no es otra cosa que la reunión que agrupa a las co-
munidades que comparten un determinado sistema hidráulico, por ejemplo, un
tanque de distribución, una estación de bombeo, un embalse, etc. También
están acotadas en la jurisdicción de una parroquia, un municipio o un estado,
pero, en su esencia, el Consejo Comunitario de Aguas es el encuentro cre-
ciente entre las comunidades organizadas y sus instrumentos de gobierno,
empezando por las Mesas Técnicas de Agua y la empresa hidrológica pública
pero exigiendo inmediatamente la presencia del Gobierno municipal, regional y
nacional. No como quien pide un favor sino como quien exige contraloría so-
cial sobre sus instituciones, tanto en sus aspectos de representación como en
sus aspectos ejecutivos.
El Consejo Comunitario de Aguas tiende a erigirse como la autoridad recto-
ra en lo que al servicio de agua potable y saneamiento (en adelante SAPS) se
refiere. Para ello se va consolidando como instancia pública, esto es del pue-
blo todo, y periódica, esto es, cada cierto lapso fijo, sin necesidad de convoca-
toria, como compromiso permanente. Asume en concreto las tareas de priori-
zar los problemas que se confrontan, programar las acciones para resolverlos
y hacer seguimiento de lo acordado.
En él se produce un intercambio de información de las Mesas Técnicas de
Agua de las diferentes comunidades hacia la empresa hidrológica pública, de
ésta hacia las comunidades, y de las comunidades entre sí. Este intercambio
de información es un permanente generador de poder. Tanto para las comuni-
dades organizadas en Mesas Técnicas de Agua y Consejos Comunitarios de
Aguas, como para la empresa hidrológica pública.
En los lugares en los que el acueducto no es de régimen permanente sino
de régimen cíclico, o sea que administra un determinado caudal de agua para
muchas comunidades que se turnan en la recepción del mismo, el Consejo
Comunitario es un ente controlador de la eficiencia en las operaciones de ser-
vicio y un procesador y mediador de los problemas intracomunitarios que se
generan. A su manera, el Consejo Comunitario cumple las funciones de un
Tribunal de Aguas. Paradójicamente, en este aspecto de instrumento media-
dor entre las comunidades es donde la propuesta organizativa de los Consejos
Comunitarios de Aguas tiene sus mayores demostraciones de fortaleza y, a la
vez, sus mayores demostraciones de debilidad.
El Consejo Comunitario de Aguas es, como buen instrumento de gobierno
en el proceso constituyente, una permanente aula de clase que se prepara
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cada vez más para el cumplimiento de una tarea esencial de la presente co-
yuntura: la definición de los planes rectores o planes maestros.
La tragedia de Vargas y el colapso de la presa sobre el río El Guapo
Durante la segunda semana después de la tragedia ocurrida el 16 de di-
ciembre de 1999, me tocó la tarea de acompañar a un funcionario estadouni-
dense de la agencia de ayuda internacional USAID, a fin de realizar para él
tareas de traducción. Este funcionario tuvo oportunidad de un sobrevuelo en
helicóptero de las zonas afectadas por el deslave a todo lo largo de la costa
varguense, y al terminar el mismo, tratando de establecer una referencia, dijo
Three Mitch. Él había estado en Centroamérica tras el huracán Mitch y lo que
vio en la costa del estado Vargas era como tres huracanes Mitch. Fue tan
desastroso que personalmente pienso que no lo hemos llorado bien todavía.
El caso es que nos repusimos, enfrentamos la tragedia y nos sobrepusimos
a ella en una carrera contrarreloj que asumía el hecho de que el estado Var-
gas se había quedado con 0 lts/seg. Para conjurar el peligro permanente de
una severa alteración del orden público teníamos no sólo que resolver el pro-
blema de la sed inmediata, de los repartos de dos tobos por familia que llega-
mos a realizar durante los días inmediatos, con una flota de camiones cister-
nas permanentemente insuficiente ante el descomunal tamaño de la contin-
gencia, de las áreas pobladas que habían quedado fuera de servicio, sino
además ser capaces de reconstruir un sistema que había sido arrasado.
Allí, en el seno de esa tragedia continuada que fueron los días subsiguien-
tes al colapso general del sistema, las Mesas Técnicas de Agua mostraron su
capacidad para extraer de la comunidad sus mejores cualidades, su potencia
organizativa, y permitieron que los repartos de agua en camiones cisterna, en
zonas en las que la vialidad estaba gravemente afectada y disminuida, pudie-
ran realizarse en términos de justicia y equidad durante los meses que trans-
currieron hasta el restablecimiento del servicio.
En zonas muy pobres de La Guaira, como Cervecería, Piedra e Moler, que
desarrollaron un acueducto de emergencia desde el manantial Quenepe, o de
clase media y media alta, como Palmar Este en la parroquia de Caraballeda,
las Mesas Técnicas de Agua funcionaron con particular creatividad, no sólo
para hacer más eficaces los repartos de aquella agua de supervivencia, sino
para la recuperación de las redes de distribución que fueron destruidas. Aque-
lla demostración en la adversidad catapultó a estas instancias organizativas
tanto en la consideración que de ellas mismas tenían las propias comunidades
que las conformaban, como la empresa hidrológica pública que siempre supo
que sin el apoyo de la comunidad organizada no habría podido sortear la pre-
cariedad total en la que la dejó el deslave.
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El colapso de la presa sobre el río El Guapo dejó fuera de servicio al siste-
ma costanero del estado Miranda, o sea que Barlovento se quedó sin agua
potable, y la gente se moría de sed con el agua en las rodillas en aquel di-
ciembre triste y lluvioso de 1999 en el que las inundaciones se sucedían. Sal-
vo el eje turístico de Higuerote, los pueblos de Barlovento no han perdido su
carácter rural y campesino. Junto al consabido reparto de agua en camiones
cisterna, en el caso de Barlovento era claro que no se tendría presa por algu-
nos años por lo que la reutilización de la gran aducción llamada El Costanero,
eje fundamental de suministro a las comunidades barloventeñas, sólo sería
posible rehabilitando los viejos sistemas de pozos y las captaciones de monta-
ña, para incorporar los caudales que se lograsen a la mencionada tubería. Esa
recuperación de los dique-tomas de Marasmita y Macayapa, los pozos de San
Juan y Bajo Grande, en donde estaba habilitado el llenadero de los camiones
cisterna, fue posible con el apoyo de las comunidades que trabajaron para
hacer eficaces los complicados repartos en camiones cisterna a comunidades
apartadas y con severos problemas de vialidad.
De no haber sido por esa compenetración no habría sido posible recibir en
Higuerote, hasta donde navegó el buque-tanque Sinamaica, a todo el flujo de
temporadistas que en la Semana Santa de 2000, a tres meses de la tragedia,
sólo tenían la alternativa barloventeña, ante la imposibilidad de un Litoral Cen-
tral todavía en estado de devastación.
La información como fuente de poder
Desde su inicio en junio de 1999, la gestión comunitaria fue consciente del
peligro de la ornamentalidad, de ser vista como una especie de gerencia de
relaciones públicas pero a nivel de barrio. El antídoto contra ese mal estuvo
fundamentado en la incesante, creciente y cada vez más profunda incidencia
que tuvo, por un lado, en las comunidades y, por el otro, al interior de la em-
presa hidrológica pública, el sistemático flujo de información que nos trazamos
como política. Si la empresa era pública, entonces que el pueblo la conociera
al derecho y al revés, que conociera sus activos y sus pasivos, sus equipos,
sus inmensas estaciones de bombeo, sus sistemas de embalses, los miles de
kilómetros de redes de tubería de aguas potables y residuales que conforma-
ban los diferentes sistemas hidráulicos en los que trabajábamos, y que se co-
nocieran los costos integrales de ese bien colectivo, de esa empresa pública
que nos presta el servicio del que depende nuestra existencia.
Junto a lo anterior, al enfrentamiento sistemático de las tentaciones orna-
mentalistas, también tuvimos siempre la percepción de que la empresa hidro-
lógica pública carecía de un dueño colectivo que la asumiese como propia,
que se la apropiara. El Estado parecía no poder tener las empresas del modo
como éstas son tenidas por los empresarios, y parecía que esa ausencia de
pertenencia redundaba en ineficiencia, en dejadez, en desidia. Se percibía
también que esa ausencia de pertenencia respecto de la empresa hidrológica
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pública que se sentía en las diversas comunidades tendía a ser resuelta me-
diante procesos progresivos de privatización.
Explicar la estructura interna de la empresa hidrológica pública, la relación
existente entre ésta y las empresas operadoras privadas de los sistemas de
suministro y recolección fue la tarea que permitió de un modo más directo que
las comunidades comenzaran a asumir las implicaciones de la información que
se transmitía.
La empresa hidrológica pública tenía responsabilidades de inspección so-
bre las operaciones de las que estaba encargada la empresa operadora priva-
da, y de las reparaciones que constantemente se presentan a lo largo y ancho
del acueducto. Así fue como comenzó a plantearse el problema sobre si el
know-how desarrollado en la realización de las operaciones que permitían el
suministro se transformaba en conocimiento en manos de la empresa hidroló-
gica pública, que era la que pagaba el trabajo, o seguía desarrollándose este
know-how como una caja blindada a la que sólo tenía acceso la empresa ope-
radora privada.
Esta tarea de procesamiento de información que realizábamos sistemáti-
camente nos granjeó con rapidez la antipatía de quienes en la colectivización
de la información sólo veían pérdida de poder, y la simpatía de quienes sabían
que los cambios que se estaban esperando no se darían sin el motor que sig-
nificaba la comunidad organizada y articulada al proceso de toma de decisio-
nes sobre la base de haber discutido toda la información disponible.
La muerte del Instituto Nacional de Obras Sanitarias (INOS)
En el curso de ese permanente procesamiento de información-formación,
fue apareciendo cada vez con más fuerza la necesidad de investigar en el pa-
sado inmediato las claves de los procesos que estaban en marcha y que en
ese momento entraban en una situación de relativo conflicto con los procesos
de democratización de la información.
Era un tanto sospechoso que ese proceso que va desde el colapso del INOS
en 1989 hasta la fundación de las empresas hidrológicas públicas regionales
(las Hidros) en 1992-1993 no sólo estuviese muy poco documentado, sino que
alrededor del tema siempre parecía que se bajaba la voz, como si esa fundación
de las empresas operadoras, hechas con los equipos humanos e instrumentales
que procedían del INOS, incorporase un pecado original secreto que nunca ter-
minaba de aparecer.
En todo caso creíamos que una empresa que tiene siete años, como era el
caso de Hidrocapital cuando la ingeniera Jacqueline Faría Pineda asumió la
presidencia, es una jovencísima empresa en la que nada es demasiado viejo
como para estar tan arraigado que no se pueda cambiar.
Seis años después: Mesas Técnicas y …
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El enfrentamiento al caos
Durante los dos primeros años, incorporando el año de contingencia que
significó el deslave de Vargas y el colapso de la presa de El Guapo, se conso-
lidó eso que en aquel momento visualizamos como el motor de arranque de
otro motor de régimen permanente. La expansión acelerada del trabajo nos
permitía analizarlo a la luz de los resultados que iba brindando. Teníamos Me-
sas Técnicas que ya estaban presionando para incorporar los proyectos a los
que habían llegado mientras otras recién comenzaban a trazar las primeras
líneas del plano comunitario y, así, en los Consejos Comunitarios de Aguas se
producía esa fusión de experiencias que catalizaba el proceso de una manera
tan significativa. Las y los que estuvimos en esos meses compartíamos una
sensación de vértigo.
Parecía que, lentamente, la dinámica de tener que tener presencia en cada
uno de los Consejos Comunitarios de Agua obligaba a Hidrocapital a tener una
información sobre su accionar que fuera presentable y eso inducía a una di-
námica de trabajo que rápidamente se hizo sentir. En correspondencia con
eso, el tener el reclamo comunitario organizado en los Consejos Comunitarios
permitía leer con mayor claridad las causas de los problemas planteados y sus
hilos comunes. La pedagogía contenida en las tareas que las Mesas Técnicas
realizaban también contribuía a difundir al interior de la comunidad los proble-
mas operativos que por diversas razones se confrontaban en la empresa
hidrológica pública. Todo ello redundaba en una noción muy sólida de estar
ordenando el problema para poder iniciar acciones de solución.
La expansión de la propuesta organizativa
A partir de 2001, Hidroven, la casa matriz de las empresas hidrológicas re-
gionales (salvo cinco que no pertenecen al Gobierno central por la vía de
Hidroven-MARN, sino que pertenecen a sus respectivas gobernaciones las
cuales son Bolívar, Lara, Mérida, Monagas y Portuguesa), comenzó a impulsar
la propuesta organizativa de Mesas Técnicas de Agua y Consejos Comunita-
rios de Aguas en todo el ámbito de las mismas.
Hasta ese momento las empresas hidrológicas regionales habían tenido al-
gunas experiencias de trabajo con las comunidades, y en algunos casos como
en Hidropáez (estado Guárico) con especial énfasis en la relación con el ámbi-
to municipal, algunas tenían propuestas organizativas más que todo referidas
a tareas de recaudación. La progresiva expansión de las Mesas Técnicas de
Agua y los Consejos Comunitarios de Aguas tuvo que ver, por un lado, con un
dato de eficacia que las comunidades percibieron en esta propuesta, y, por el
otro, con la difusión que algunas de sus experiencias más relevantes comen-
zaron a tener. Frecuentes menciones de las Mesas Técnicas de Agua por par-
te del presidente Chávez en el programa Aló Presidente hizo sentirse a mu-
cha gente parte de un equipo que actuaba en muchas partes del país. Hoy las
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Mesas Técnicas de Agua y los Consejos Comunitarios de Agua conforman la
política pública central del gobierno bolivariano en materia del servicio de agua
potable y saneamiento, lo que no es tanto un reconocimiento institucional co-
mo un eco fidedigno de lo que a lo largo y ancho del país ha ocurrido en torno
a esta propuesta organizativa.
En aquellos días iniciales de 2001, la expansión de la propuesta organizati-
va impulsada desde Hidroven tenía la intencionalidad expresa de reproducir en
el resto de las empresas hidrológicas regionales públicas el mismo terremoto
que la gestión comunitaria había producido en Hidrocapital. Se trataba de utili-
zar todos los instrumentos del gobierno, en este caso las empresas hidrológi-
cas públicas, para el logro de los objetivos de participación protagónica del
pueblo previstos en la Constitución Bolivariana. Se trataba de generar expe-
riencias concretas de contraloría social, de participación en la toma de deci-
siones que permitiesen tener ejemplos vivos de lo que significaba administrar
recursos por parte de las comunidades.
La Ley Orgánica para la Prestación del Servicio de Agua Potable
y Saneamiento (Lopsaps)
Durante todo el año 2001 se desarrolla el proceso de elaboración del pro-
yecto y discusión en la Asamblea Nacional de la Lopsaps la cual resulta san-
cionada el 31 de diciembre de 2001. A tres años y medio de distancia de esa
fecha es un consenso unánime en el sector hidrológico el que la ley debe ser
modificada y que presenta, por su posible concatenación con acuerdos inter-
nacionales suscritos por la nación jurídicamente vinculantes, algunos peligros
que los legisladores no consideraron entre otras cosas por desconocimiento.
Este solo hecho, ya de por sí muy elocuente, se suma a un dato de la reali-
dad. El plato fuerte de la Lopsaps es la municipalización. Ahora bien, la trans-
ferencia del servicio de agua potable y saneamiento y los sistemas hidráulicos
a los municipios prevista en la Lopsaps en un plazo que expira el 31 de di-
ciembre de 2006 es inviable puesto que no sólo no están sino que además
distan de estar las condiciones mínimas para ello.
Sin embargo yo creo necesario ir más allá, y extraer mucha experiencia del
error que cometimos, pues pienso que esa ley es un grave error neoliberal que
cometimos por acción u omisión todos los que trabajamos en el ámbito hidro-
lógico y no sólo supimos que el proyecto de esa ley estaba en discusión por
una profusa campaña de información que se desarrolló alrededor de la misma,
sino porque parte de esa campaña era para convocarnos a participar activa-
mente en su discusión, cosa que por lo menos yo no hice. Recuerdo que uno
de los pendones de esa campaña de propaganda en torno a la ley increpaba
al lector diciendo: En vez de pensar por dónde le entra el agua al coco (…)
¡échale coco a la ley! , o sea que en realidad no hay excusa.
Seis años después: Mesas Técnicas y …
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El dato que me parece interesante indagar es la medida en que la dinámica
del trabajo comunitario desarrollado en las empresas hidrológicas públicas era
contradictoria al espíritu de la Lopsaps. La medida en que el halo mercantilista
del que está profundamente impregnada la Lopsaps no tenía nada que ver con
la recuperación del servicio de agua potable y saneamiento como un espacio
del poder del pueblo, y de las estrategias del pueblo, entre las cuales no está
ni puede estar la de transformar este servicio en una mercancía.
Uno de los lugares más precisos del debate que está planteado toca lo relati-
vo a las modificaciones en la Lopsaps. Desarrollaré al final más consideraciones
sobre este punto.
La lucha por el agua entre el campo y la ciudad
La expansión nacional de la propuesta organizativa, su puesta en práctica
en todas las empresas hidrológicas públicas del país, significó entrar en con-
tacto con problemas de muy vieja data referidos al ámbito rural y a la pelea
que ha tenido que dar éste para ser tomado en cuenta.
Los últimos cuatro años, de los seis que llevo trabajando en gestión comu-
nitaria dentro el ámbito de las empresas hidrológicas públicas, han tenido que
ver fundamentalmente con severos problemas operativos causados a grandes
sistemas hidráulicos a causa de la extracción de agua destinada a consumo
humano para ser utilizada con fines agrícolas.
Sólo un criterio de inversión profundamente desequilibrado nos pudo llevar
a ser el país en el cual 86% de los habitantes se concentra en las veinte ciu-
dades más habitadas, quedando la tarea de llenar el territorio al valeroso 14%
restante de la población, que para poder quedarse en el ámbito rural no tiene
más remedio que mantenerse de la producción agrícola y pecuaria y esto tiene
como prerrequisito el de tener agua.
El modo en que esa extracción se produce siempre tiene las mismas carac-
terísticas. Como no ha estado previsto ni considerado, al campesino no le
queda más alternativa que la de alterar el orden establecido que privilegia gro-
seramente a la ciudad sobre el campo, y perforar la tubería para hacer su to-
ma por su cuenta y riesgo en puntos en las que ésta puede estar soportando
altas presiones. Como la toma que llamaremos artesanal nunca se practica
con criterios técnicos formales y con las herramientas necesarias, es lo más
probable que ocurran dos cosas; la primera es que el campesino no pueda
poner una válvula al final de su manguera porque si pretende cerrarla ésta no
soportaría la presión y reventaría, perdiendo así la inversión hecha para la to-
ma. ¿Solución a este problema técnico? Dejar abierta la manguera 24 horas al
día 365 días al año. No me cabe duda de que, en términos de litros por se-
gundo, este es uno de los más graves problemas hidrológicos de nuestro país.
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La segunda es que la profusión de tomas y la colocación de éstas en pun-
tos bajos de la tubería donde operan como permanentes descargas impiden la
adecuada presurización de la aducción y van dejando progresivamente sin
agua a las comunidades terminales o colas de los diferentes sistemas.
Es bien importante destacar el modo como al interior de este conflicto las
Mesas Técnicas de Agua y los Consejos Comunitarios de Aguas han funcio-
nado como instancias de mediación y de aprendizaje. Iracundas comunidades
a causa de la escasez de agua en Maracaibo y San Francisco, estado Zulia,
tuvieron espacios para debatir con los productores agrícolas de la aducción de
Tulé, quienes pudieron exponer en aquel Consejo Comunitario de Aguas que
el conglomerado urbano de Maracaibo-San Francisco no podía pretender que
el agua pasara diciéndoles adiós a los productores agrícolas y habitantes de
las parcelas, siendo que ésa era la fuente de agua del municipio Mara, y que
la tubería atravesaba su ámbito, que era donde estaba ubicado el embalse de
Tulé. Que además ése era otro de los muchos embalses en el país diseñados
en lo fundamental para riego y control de inundaciones, y que la gran urbe en
crecimiento se lo apropió, dejando a la población campesina, para la cual fue
diseñado en un principio, sin acceso al sistema que administraba el agua de la
zona. Que lo que se tenía que resolver era una ingeniería que permitiese
compartir el agua y que ésta no se botara en mangueras que no tenían posibi-
lidad de cerrarse. Ingeniería para elaborar sistemas de distribución que pudie-
ran controlarse mediante válvulas bien instaladas que permitieran regulaciones
y acuerdos de horario para consumo humano y horario para riego, de modo
que la afectación en el sistema se minimizase y se optimizase el uso del agua
para uso agrícola.
No se trataba simplemente de quedar bien con Dios y con el diablo. Se tra-
taba de comprender una situación social en la que los productores, para no ir a
una guerra frontal con unas autoridades que aparecían únicamente como de-
fensores de los derechos humanos de los humanos y las humanas que viven
en las ciudades, pero con total desprecio por el ámbito rural, planteaban un
acuerdo: facilitar la información a la empresa hidrológica pública de la ubica-
ción de las tomas que seguiré llamando artesanales . Sacarlas de la barriga
de la tubería donde la afectación sobre ésta era mucho más grave, e instalarse
en la cresta de la misma mediante un múltiple de distribución dotado de una
válvula que permitiese establecer horarios de uso. A cambio la Asociación de
Productores de Tulé sólo exigía el reconocimiento como usuarios del Sistema
Tulé-Maracaibo-El Tablazo.
Esa negociación intercomunitaria, por un lado, y con la empresa hidrológica
pública regional (en este caso Hidrolago), por el otro, se materializó durante
2001. Para 2002 la recuperación de caudal en la aducción Tulé-Cerro Cochi-
no-Maracaibo, que es el tramo que atraviesa los municipio Mara y Jesús Enri-
que Losada (donde están los productores agrícolas) era de 800 litros por se-
gundo. Un acuerdo comunitario había sido mucho más eficaz que los operati-
Seis años después: Mesas Técnicas y …
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vos anuales de corte de tomas que a costos milmillonarios realizaba la hidro-
lógica sin siquiera tocar el problema. Un acuerdo entre las comunidades y la
empresa hidrológica pública resolvía, sin exclusiones, el problema de la esca-
sez crónica de agua.
Igualmente significativo como espacio de mediación, y desde el punto de
vista institucional más completo pues contó con la participación de los diferen-
tes gobiernos municipales, el Comité de Regantes de Camatagua (estado
Guárico), que era el nombre que desde la empresa hidrológica pública regional
(en este caso Hidropáez) se le daba a ese Consejo Comunitario de Aguas,
logró no sólo una administración heroica de la mayor sequía en la historia del
embalse de Camatagua, sino que lo hizo logrando registros históricos de au-
mento de la producción a causa del mejoramiento de los métodos de riego,
concretamente de la aplicación del riego por goteo. El modo en el que se dis-
tribuyó entre los productores la disminución de hectáreas a sembrar en razón
de la grave sequía, el modo en el que se chequeaban los volúmenes de agua
entregados y el modo como eso se articulaba al racionamiento más largo que
ha vivido la ciudad de Caracas en toda su historia, hacen de esta experiencia
una de las expresiones de mayor madurez alcanzada por la propuesta organi-
zativa de Mesas Técnicas de Agua y Consejos Cpmunitarios de Aguas.
El I Encuentro Nacional de Experiencias Comunitarias en Agua
Potable y Saneamiento
Los días 6 y 7 de junio de 2003 se llevó a cabo el I Encuentro Nacional de
Experiencias Comunitarias en Agua Potable y Saneamiento. Lo que ocurrió en
ese primer encuentro del trabajo comunitario en el ámbito hidrológico fue un
fenómeno tan significativo que es sin duda un hito en la trayectoria que estoy
narrando.
No teníamos una idea clara de cuál era el desarrollo del trabajo realizado.
No teníamos una idea acabada del modo en el que la participación y la creati-
vidad de las diferentes comunidades en todo el país habían enriquecido nues-
tra escueta propuesta organizativa. No teníamos una idea precisa de lo que
estábamos haciendo hasta que lo juntamos. Fue una explosión de entusiasmo
y de fuerza tan grande que los primeros sorprendidos fuimos nosotros.
Tras cuatro años de trabajo, representantes de las Mesas Técnicas de
Agua y los Consejos Comunitarios de Aguas de todo el país tuvieron oportuni-
dad de contar de entre muchas experiencias las que en un momento particu-
lar, sin ser mejores ni peores que ninguna, se consideraron representativas del
estado del trabajo en esa determinada hidrológica.
Salieron a relucir las primeras manifestaciones de un fenómeno que no tar-
daría en desatarse: las cooperativas. Salió la lucha constante de las comuni-
dades indias. Salió la impronta de la participación de la mujer al interior del
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Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales
desarrollo de las Mesas Técnicas de Agua y los Consejos Comunitarios de
Aguas. Además, los números comenzaron a evidenciar cuál era la incidencia
de éstos y éstas en la realización de proyectos y la inversión en obras.
Fue verdaderamente impactante el modo en que los elementos básicos del
trabajo en las Mesas Técnicas de Agua, pero sobre todo sus frutos más esti-
mados: la noción de estar impulsando un proyecto, y la noción de estar con-
juntamente articulando un plan rector, los cuales aparecieron profusamente a
lo largo de todas las exposiciones, se identificaban con el hecho de estar parti-
cipando en una revolución. Como lo demostraría el año siguiente el II Encuen-
tro Nacional de Experiencias en Agua Potable y Saneamiento, la gente salió
catapultada.
El salto a la cuenca y el proceso de cooperativización en el II Encuentro
Nacional de Experiencias Comunitarias en Agua Potable y Saneamiento
En el ámbito del trabajo comunitario hidrológico, el salto adelante que está
planteado para el proceso bolivariano se llama el salto a la noción de la perte-
nencia a una cuenca. Muchas y muchos podrán preguntarse por qué esa no-
ción, de orden más que todo geográfico, puede estar revestida de tanta impor-
tancia. La respuesta está en el hecho de que las cuencas son los ordenadores
territoriales básicos, de cuya armonía y sostenimiento depende la preservación
del agua y por ende de la vida en éstas. Sólo si como sociedad nos plantea-
mos la armonía y el equilibrio con la cuenca en la que vivimos, será posible el
futuro. Por el contrario la devastación de las cuencas no es sino el preludio de
una inminente muerte colectiva, generalizada.
Los imperativos ambientales son componentes centrales y no ornamentales
del accionar de cualquier gobierno que defienda mínimamente el derecho a la
vida. Pero, si además el gobierno que encabeza el presidente Chávez se de-
clara antineoliberal, entonces los componentes ambientales pasan a ser la
esencia misma del proyecto político que se impulsa y se defiende, en la medi-
da en que nada amenaza más al ambiente que el neoliberalismo. Eso explica
por qué se pretende un salto nacional, inmenso, definitivo a la convicción de
que no estamos de cualquier modo sobre el planeta que habitamos, sobre el
país en el que vivimos. Que establecemos con nuestro entorno relaciones ar-
mónicas y sostenibles o inarmónicas, depredadoras e inviables. Y que si du-
rante todo el siglo XX se tenía la idea de que ese tema podía ser para después,
lo que caracteriza al siglo XXI es la convicción de que ese tema es para ahora
o nunca.
En otro orden de ideas, el procesamiento permanente de información en re-
lación con las estructuras operativas de la empresa comenzó a transparentar
una situación recurrente. Muchas operadoras eran exclusivamente vendedoras
de la fuerza de trabajo de grupos humanos que lo realizaban no sólo íntegra-
mente, sino además con plena conciencia de esa integralidad. Esto es, que
Seis años después: Mesas Técnicas y …
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había muchas operadoras que no aportaban ninguna otra ingeniería diferente
a la de depositar el cheque en la cuenta y procesar una nómina. Como la in-
formación produce poder, la experiencia de las primeras cooperativas que se
habían presentado en el I Encuentro Nacional de Experiencias en APS rebotó
sistemáticamente en las antenas repetidoras de radio bemba , y en el lapso
de un año lo que se desarrolló tenía características de avalancha.
Fue así como ese II Encuentro Nacional de Experiencias Comunitarias en
APS, que se llevó a cabo los días 1, 2 y 3 de julio de 2004, tuvo en las pala-
bras cuenca y cooperativa sus descriptores fundamentales. Salió el enfrenta-
miento a la explotación de carbón en las cuencas del Guasare y de la sierra de
Perijá. Salieron los biodigestores de la sierra de Falcón. Salió como asunto la
sedimentación de los embalses. El carácter ornamental del MARN en lo que al
enfrentamiento a la deforestación se refiere. Y salieron, ahora sí masivamente,
las cooperativas. El universo laboral hidrológico tuvo el tiempo para producir
su proceso organizativo, lo que implicaba formación en filosofía del cooperati-
vismo, administración y, sobre todo, sistematización de los saberes dispersos
de los trabajadores en una capacidad colectiva de gestión que apuntara a in-
tegrar la voluntad de éstos hacia una mejoría permanente de las operaciones y
por ende del servicio.
La cooperativización creciente de todas las áreas del proceso hidrológico
ha sido un proceso no exento de contradicciones. Su raíz más profunda no
tardará en aparecer. En todo caso el II Encuentro de Experiencias Comunita-
rias en APS da cuenta también de un incremento significativo en el número de
proyectos y recursos invertidos en aguas residuales que era el sector cenicien-
ta en lo que a inversión se refiere. Para el escaso año transcurrido la distancia
en madurez respecto del primer encuentro es realmente notoria. El Encuentro
Nacional de Experiencias Comunitarias en Agua Potable y Saneamiento era
como un muchacho cuando se pone los pantalones largos.
Las implicaciones en Venezuela del debate planetario en torno del agua
El agua cada día es más escasa y en la medida en que esto ocurre más
pesa sobre ella la racionalidad del mercado. Las fuerzas del mercado no son
conchas de ajo. Hoy por hoy disponen del ejército norteamericano para garan-
tizar sus dinámicas. Si la constructora Halliburton no tiene proyectos de cons-
trucción entonces Estados Unidos declara una guerra contra Iraq, con el cuen-
to de las armas de destrucción masiva, y lo vuelve trizas con los niños dentro
para que así sus amigotes de Halliburton puedan cogerse todos los contratos
de la reconstrucción. Ése no es algún ejemplo extremo y jalado por los cabe-
llos, ésa es una manifestación paradigmática de lo que es el mercado y de la
racionalidad que tiene.
Sobre el servicio de agua potable y saneamiento en el planeta tierra, la re-
ceta de las fuerzas del mercado tiene una palabra y es privatización . Eso
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Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales
cantan a coro en el FMI, el BM, el BID, la CAF y todos los organismos multila-
terales que controlan préstamos e inversiones. Y entonces viene la República
Bolivariana de Venezuela y se planta con su Constitución en que no. Que el
agua es pública y que el Estado no renuncia a su deber de administrarla.
Una línea de modificación a la Lopsaps es sencillamente ésa. Que apoye a
la Constitución en la salvaguarda del agua como hecho público, en vez de so-
cavarla y abrirle rendijas como lo hace ahora. Pero en todo caso la fuerza de
pueblo que se ha desarrollado a lo largo de estos seis años y que tiene una de
sus expresiones en el hecho cooperativo ya tiene la dimensión necesaria para
que el Estado, a través de sus empresas hidrológicas, esté en la condición de
acordar con el movimiento cooperativo la eliminación de la expectativa de ga-
nancia lícita en el sector de APS. Que en su carácter de servicio público esen-
cial para la vida, los acueductos se planteen producir salud y calidad de vida
pero no dinero y que su racionalidad se oriente a la sostenibilidad no tanto de
la empresa hidrológica pública como de la cuenca en su conjunto que ésta
administra y opera.
Una vez asumida una posición no mercantilista en torno al SAPS es posible
plantearse los problemas de la sostenibilidad de los sistemas y la responsabi-
lidad de los ciudadanos y ciudadanas en compartir, en carácter de usuarios,
que no de clientes, los costos de esa sostenibilidad. Sin pretender tocarlo aho-
ra, ése es otro de los ejes temáticos del debate que tenemos planteado.
Los actuales momentos
Sería irresponsable terminar estos aportes para un balance que creo debe
ser colectivo, sin hacer referencia a nuestra interrelación con otras propuestas
organizativas comunitarias formuladas por otras instancias de gobierno y por
otras perspectivas comunitarias como son los Comités de Tierras Urbanas, los
Comités de Salud de Barrio Adentro, los Fundos Zamoranos, las Misiones Ro-
binson, Rivas, Sucre y Cultura, los Gabinetes de Obras Locales entre otros.
No podemos seguir propiciando pasivamente una dispersión de esfuerzos
en lo que a la construcción de la instancia de acceso a la toma de decisiones
sobre el presupuesto y los planes rectores se refiere. Los Consejos Locales de
Planificación Pública no parecen haber resucitado de la muerte que significó
para ellos esas elecciones de consejeros que el terror de los burócratas a la
asamblea del pueblo, considerada así, en términos genéricos, metió de con-
trabando en la Ley que los instituye, contrariando el principio de la participa-
ción protagónica del pueblo previsto en la Constitución de la República Boliva-
riana de Venezuela. La nueva Ley de Participación Ciudadana plantea otros
espacios que deben analizarse pues lo que no es admisible es que sigamos
sin tener acceso a la contraloría social sobre las ejecuciones de los presu-
puestos de los diferentes niveles del gobierno simplemente porque no hemos
resuelto el problema de la instancia en la que todos confluyamos.
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Bibliografía
Arconada Rodríguez, Santiago (1996): La experiencia de Antímano. Reflexio-
nes sobre algunos aspectos de la lucha por la constitución de los gobiernos
parroquiales en el municipio Libertador de la ciudad de Caracas , Revista
Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, no 4, vol. 2, Caracas, Faces-
UCV, octubre/diciembre.