País Vasco. Próximo reto desobediente: redes de apoyo

Ahí está el reto. Nadie lo asumirá por ti o por nosotros



El Movimiento Eleak ha impulsado dinámicas desobedientes para hacer frente a procesos judiciales y amenazas de encarcelamiento con las que se han amenazado los derechos civiles y políticos de ciudadanas y ciudadanos en distintos puntos de Euskal Herria. La última, el Askegune de Donostia, que consiguió alzar un muro popular en torno a las personas sobre las que pesaba una orden de detención. Este movimiento se plantea continuar tejiendo redes de apoyo.

Diciembre de 2011, Gasteiz: tejemos la matrioska humana que cobija a Ekaitz Samaniego y a todas las demás. Junio de 2012, Deustu, San Ignacio: Encendemos la alarma roja que alerta de la situación de Gaizka Astorkiza y todos los demás. Enero de 2013, Orereta: abrimos las puertas de nuestras casas a Arkaitz, Maitane, Xabier, Aitor y todas las demás, dispuestos a ofrecerles un refugio frente a la injusticia. Abril de 2013, Donostia: entrelazándonos, construimos el muro popular para proteger a Ekaitz, Nahikari, Imanol, Zola, Lorente, Arretxe, Ezkerra, Adur, Egoi y todos los demás, haciendo realidad el lema kostako zaie! -¡les costará!- ante cientos de policías armados y miles de golpes.

¿Y si en una próxima ocasión necesitan no 3, sino 24 horas? ¿Y si en la siguiente a la próxima, lo amplio y lo determinado del apoyo no les permite llevarse a nadie? ¿Y si no los encuentran? ¿Y si, finalmente, ganamos el día en que no haya nadie a quien proteger, porque no existe policía, juez o político que se atreva a agredir ni nuestros derechos civiles y políticos ni a quienes los practicamos?
Hemos sentido la ola de energía que ha liberado el Askegune donostiarra. Seguramente no nos hayamos percatado aún, en cambio, de las posibilidades que ha abierto esa ola. Ni, por lo tanto, de la responsabilidad que hemos situado en nuestras propias manos. Sin pretenderlo, con el éxito del Askegune, nos hemos lanzado un reto a nosotras mismas, a todos los que estamos dispuestos a implicarnos en la defensa de nuestros derechos civiles y políticos y de las personas imputadas.
Este escrito es una llamada a responder a este reto, a hacerlo entre todas y todos. Una llamada al compromiso y la autoorganización. Porque, pese a los importantes logros, no es suficiente. Ni mucho menos. Pero la lucha de todas ha parido una posibilidad, y aprovecharla está en nuestras manos. Es más, es nuestra responsabilidad.
Debemos continuar dando nuevos pasos. A medida que hagamos caminos más concurridos y masivos, más contundentes, más desobedientes. Conscientes de que todo no serán zancadas tan exitosas como la del Askegune, pero conscientes también de que hasta el más modesto pasito nos ayuda a andar el camino. Sabiendo que nos embarcarnos en una lucha larga, con paciencia, pero con el objetivo de seguir in crescendo.
Poniendo manos y pies y cabezas y tripas y corazones a la obra. Incidiendo en nuestros aciertos: trabajo y ámbito de decisión locales; visibilización y socialización; poner rostro a las injusticias y expresar nuestros sentimientos; dinámicas desobedientes a la par que movilizaciones muy concurridas… Tratando de superar errores y carencias. Trabajando desde hoy, con más continuidad y menos intermitencia, no solo en momentos de juicios y detenciones o de cara a estos. Todas y todos, jóvenes y adultos, porque la desobediencia, el compromiso, la defensa de derechos básicos, la lucha por una sociedad distinta no son cosas de jóvenes. Con un enfoque más amplio: Exigiendo la derogación de las medidas de excepción, y recuperando desde su práctica los derechos civiles y políticos que nos han robado, aquellos que nos son imprescindibles para disentir y para la transformación social. Porque si nos quedamos en las consecuencias y no atendemos a las causas, aun en el caso de superar las injusticias del «pasado», dejaríamos las puertas abiertas a nuevas injusticias presentes y futuras. Preguntémosles si no a quienes se enfrentan a peticiones de años de cárcel por un dulce tartazo, o a quienes se solicita 4 años por un piquete de huelga, o a los familiares de Iñigo Cabacas, o a la cantidad de personas que continúan desfilando por la Audiencia Nacional por supuestos delitos de opinión.
Pero los objetivos generales se logran mediante iniciativas concretas. Nosotras lanzamos hoy una propuesta, como siguiente paso para responder a este reto gigantesco: redes de apoyo.
Tejamos redes de apoyo barrio a barrio y pueblo a pueblo: redes públicas desobedientes, que muestren al conjunto de la sociedad sus intenciones ilegales reivindicando justicia. Redes que organicen y practiquen la protección de nuestros vecinos y compañeras que se encuentran en riesgo de sufrir represión por la aplicación de leyes injustas. Hoy, como hasta el momento, para proporcionarles un refugio o para impedir o dificultar con nuestros cuerpos su detención. Mañana, para tejer cualquier otra forma de protección que nos soliciten las propias personas imputadas y la dinámica que dibujemos entre todas. Formemos, multipliquemos y mostremos a plena luz estas redes de apoyo desobedientes. Expresemos públicamente que sí, que somos conscientes de que nuestra actitud solidaria puede conllevarnos represión. Y que estamos dispuestas a asumir el riesgo. Trabajemos y presentemos estas redes antes de que su activación práctica sea necesaria, y aprovechemos su proceso de formación para socializar la necesidad de blindar nuestros derechos civiles y políticos. Hagamos de cada red de apoyo una célula del gran vientre-Matrioska, hagamos de cada una de ellas un ladrillo que junto a otros muchos conforme el muro popular, esta vez impenetrable.
Como hemos hecho hasta el momento, desde Eleak seguiremos promoviendo y colaborando. Hemos formado parte de casi todas las dinámicas mencionadas y de algunas otras, pero en ninguna de ellas hemos sido el principal elemento dinamizador. Somos pocas, somos pequeñitos, necesitamos crecer y también para eso solicitamos tu implicación. Pero no erremos el tiro. Han sido la autoorganización y el trabajo popular a nivel local de imputados, personas y colectivos lo que nos ha traído hasta aquí. Y así debe seguir siéndolo, o no será.
¿Y si en una próxima ocasión necesitan no 3, sino 24 horas? ¿Y si en la siguiente a la próxima, lo amplio y lo determinado del apoyo no les permite llevarse a nadie? ¿Y si no los encuentran? ¿Y si, finalmente, ganamos el día en que no haya nadie a quien proteger, porque no exista policía, juez o político que se atreva a agredir ni nuestros derechos civiles y políticos ni a quienes los practicamos?
Construyamos. De puertas adentro, un vientre cálido que en su interior abrace y proteja a las personas imputadas, que alimente y sirva de incubadora de nuevas y mayores iniciativas populares. Hacia afuera, un muro sólido e impenetrable que cierre definitivamente el paso a los agresores.
Ahí está el reto. Nadie lo asumirá por ti o por nosotros. Si deseas hacerlo tuyo, ponte en contacto con nosotras. Es responsabilidad de todas y de todos.