Sobre el capital de Marx, desde la mirada de la cosmovisión andina

El autor es miembro del Movimiento Indianista Katarista, MINKA



La Paz, julio 2013

Ideología: Sobre El Capital de Marx, desde los Andes
Por Carlos Macusaya, miembro del Movimiento Indianista Katarista, Minka
c.macusaya@gmail.com

Publicado en Pukara

Marx, al referirse a los profeso-
res alemanes de economía política
de su época dice: “La expresión
teórica de una realidad extraña se
convertía en sus manos en un
catálogo de dogmas, que ellos
interpretaban, a tono con el mun-
do pequeñoburgués en que vi-
vían”
1
. Lo mismo se puede decir
de quienes, a titulo de ser mar-
xistas y en nombre de “la ciencia”,
han enseñado y enseñan a repetir
manuales en las carreras de cien-
cias sociales en Bolivia. Hablamos
de quienes se conforman con
manuales que brindan un material
escolar, para “menores de edad”
y esto condicionado por el afán
de ganar militantes que tenían y
tienen los grupos marxistas.
La panfletaria y no la investi-
gación, es lo que ha caracterizado
a los grupos autodenominados
“revolucionarios”. La ciencia en
sus labios se redujo a una palabra
de ornamentación en las acti-
vidades docentes, pues “sabido
es que: ‘a falta de ideas, se sale
al paso con una palabre-
ja’”
2
. Fascinados por los manua-
les, no es raro que temas vincu-
lados a la condición colonial en
estas tierras, no haya sido preo-
cupación de los que dicen manejar
“la teoría científica por excelencia”,
pues primero era el acto de fe en
el manual y después se buscaba
algo que confirme esa fe. No es
de extrañar, por tanto, que los
movimientos Indianistas y
Kataristas hayan estrellado su
crítica, muchas veces visceral,
contra estos grupos.
Leer la obra de Marx no es
occidentalizarse como muchos
indianistas e indigenistas
creen. No se puede confundir
la obra de Marx con lo que han
hecho de ella los marxistas (y
esto con mayor razón en Boli-
via) aunque ciertamente hay
relación, pero no identidad. En
el reto por superar las
condiciones de dominación
colonial que aún se viven en
estas tierras, el nutrirse de
trabajos intelectuales de otras
latitudes, es no sólo saludable,
sino necesario. Se trata de
buscar elementos que nos
sean útiles para pensar lo que
muchos simplemente viven.
Estos elementos no sólo se
pueden encontrar en el trabajo
de grandes pensadores, pero
por ahora unicamente tomaré
algunas referencias que se
encuentran en la obra de Marx.
Pensar la colonización implica
pensar el fenómeno como par-
te de “La biografía moderna del
capital” que “comienza en el
siglo
XVI
, con el comercio y el
mercado mundiales”
3
El mundo
empieza a ser redondeado en
cuanto a relaciones económico-
políticas. La expansión colonial
de Europa está condicionada
por este fenómeno. El capital
comercial, predominante en
aquella época, empieza a uni-
ficar diferentes espacios en su
avance, materializándose en
los lugares colonizados como
violencia político-militar.
El Capital en su avance
“empieza sometiendo a su
imperio al trabajo en las con-
diciones técnicas históricas en
que lo encuentra”
4
. Esto es
fundamental, pues la idea más
vulgar y popularizada en las
universidades es que primero
cambian las fuerzas pro-
ductivas y después las rela-
ciones de producción, como
consta en los manuales. Pero
la idea de que el Capital toma
el trabajo y lo subordina como
lo encuentra, implica que las
fuerzas productivas no cambian
de inmediato, por acción del
capital, sino que, aun no siendo
producto del capital, son fun-
cionalizadas a su metabolismo.
En Bolivia, como en otras lati-
tudes, se puede constatar que
existen modos de producción no
capitalistas, pero que son parte
de la reproducción del capital. Es
decir que las fuerzas produc-
tivas no son capitalistas, por
esta subordinación, pero sirven
al capital.
El carácter del régimen colonial
no es algo que haya sido con-
ceptualizado apropiadamente,
pues hay quienes creen que se
trató de un régimen feudal
trasplantado a estas tierras y
hay otros que piensan que se
trató de un régimen esclavista.
Marx no dice conceptualmente
lo que fue la colonia, pero nos
dice que fue “un régimen directo
de despotismo y servidumbre,
que es casi siempre un régimen
de esclavitud”
5
. Entre despo-
tismo, servidumbre y esclavitud

La Paz, julio 2013
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6
queda fuera la forma en que las
relaciones sociales previas
influyeron en la nueva confi-
guración. ¿Cómo explicamos
que, no sólo en las áreas
rurales, sino en los espacios
urbanos, se siga practicando el
ayni, por ejemplo? La servi-
dumbre se trataba de una
sujeción personal, la esclavitud
opera sobre el individuo, pero
en los Andes las formas de
dominación colonial subsumieron
elementos de los Ayllus. Eran
los Ayllu reducidos a comu-
nidades y luego a haciendas,
con las relaciones internas que
implica, los que sufrían ese
“despotismo y servidumbre, que
es casi siempre un régimen de
esclavitud”.
En el orden colonial, la clasi-
ficación política era racial y era
asumida por unos y otros. La
identidad —el como uno se
veía— estaba relacionado al
cómo lo veía al otro. Algo así
como que “el individuo B no
puede asumir ante el individuo
A como ante el titular de la
majestad sin que para A los
atributos de la majestad sin que
al mismo tiempo la majestad
revista a los ojos de este la
figura corpórea de B, los rasgos
fisonómicos, el color del pelo y
muchas otras señas personales
del soberano reinante en un
momento dado”
6
. Pero acá, en
los Andes, hablamos de atri-
butos, no de la majestad, sino
que se supone expresan “supe-
rioridad racial”: forma de los
ojos, color de piel clara, pómu-
los, etc. y éstos son asumidos
como superiores, no sólo por los
que los poseen, sino por los que
no los tienen. El “indio”, de este
modo, asume “su” inferioridad.
Las diferenciaciones de los
grupos en la Colonia, se repro-
ducían por prácticas de endo-
gamia. Marx dice: “las castas y
los gremios nacen de la misma
ley natural que informa la
diferenciación de plantas y ani-
males en especies y subes-
pecies, con la diferencia de que,
al llegar a un cierto grado de
madurez, el carácter hereditario
de las castas o el exclusivismo
de los gremios son decretados
como ley social”
7
. Esta ley social
funciona y está vigente en el
siglo
XXI
. No sólo se trata de
que los que antes se creían
“blancos” y ahora se dicen
“mestizos” no se casen con las
“indias” o con los “indios”, sino
de lo que además se dan al
interior de estos grupos: Entre
los aymaras comerciantes, es
común las alianzas económico-
matrimoniales.
Un aspecto muy importante,
es el que se refiere al capital
comercial que fue predominante
en los tiempos de la colonización
y hoy vemos que ese tipo de
capital es el que manejan los
comerciantes aymaras. Vale la
pena preguntarnos lo que
implicó este tipo de capital, ya
que: “Históricamente, el capital
empieza enfrentándose en
todas partes con la propiedad
inmueble en forma de dinero,
bajo la forma de patrimonio
dinero, de capital comercial y de
capital usurario”
8
. ¿Con que se
enfrentan los comerciantes
andinos en sus desplazamientos
territoriales? Dejo la pregunta
planteada.
Marx diferencia entre tres tipos
de capital: capital usurario,
capital comercial y capital pro-
ductivo. El capital comercial se
enfrentó a las barreras arance-
larias de los feudos y fue resis-
tido por los gremios. “El comer-
ciante podía comprar todas las
mercancías; lo único que no
podía comprar como mercancía
era el trabajo”
9
. Los comercian-
tes aymaras en Bolivia, Chile,
Perú y Argentina, mueven im-
portantes sumas de este capital,
pero no pasan de comerciar lo
que se produce en otros luga-
res, como China o Corea del Sur.
Marx entiende que el capital
productivo es determinante en
el régimen capitalista.
El capital productivo, como
dominante sobre los otros tipos
de capital, es algo que ha sido
cuestionado por Lenin en su
libro “Imperialismo, última fase
del capitalismo”. Asegura que el
capital financiero es el que domi-
na en lo que él considera es la
última etapa del sistema capi-
talista. Sin embargo, Marx dice:
“la producción de plusvalía o
extracción de trabajo excedente
constituye el contenido especí-
fico y el fin concreto de la pro-
ducción capitalista, cualesquiera
que sean las trasformaciones de
régimen mismo de producción
que pueda brotar de la supe-
ditación del trabajo al capital”
10
.
Lo determinante del capitalismo
y lo que lo define es la produc-
ción de plusvalía, que el “genial
moro” estudia desde proceso de
producción, mientras que Lenin
enfoca la circulación
11
.
He tratado de resaltar algunos
aspectos del libro de Carlos
Marx, vinculándolos a aconte-
cimientos y sucesos que han
pasado y pasan en Bolivia, esto
con la intensión de “acercar” por
“chispazos” este libro tan influ-
yente a personas interesadas en
estudiar lo que llamamos “nues-
tra realidad”. Dejo de lado mu-
chos aspectos, como el complejo
análisis de la mercancía y dentro
de ella el análisis del doble
carácter del trabajo (trabajo
concreto y trabajo abstracto),
que es “el eje en torno al cual
gira la compresión de la
economía política”
12
.
Hay pequeños “detalles” que
valen la pena mencionar. Mien-
tras Marx es considerado el
padre del “socialismo científico”,
él, en las glosas marginales al
“Tratado de economía política”de
Adolfo Wagner dice: “Como yo
no he construido jamás un
“sistema socialista”, trátase evi-
dentemente de una fantasía”
13
.
Además de este detalle, hay que
hacer notar que, en el prólogo
a la primera edición del Capital,
el autor dice: “Los países indus-
trialmente más desarrollados no
hacen más que poner delante de
los países menos progresivos el
espejo de su propio porvenir”
14
.
Esta idea es reconsiderada en
un comentario respecto de un
crítico de su obra: “A todo trance
quiere convertir mi esbozo his-
tórico sobre los orígenes del
capitalismo en Europa occidental
en una teoría filosófico-histórica
sobre la trayectoria general a
que se hallan sometidos
fatalmente todos los pueblos,
cuales quiera que sean las
circunstanciaos históricas que en
ellos concurran”.
15
La última cita muestra que
Marx no entiende su teoría como
basada en un fatalismo, si no
que su estudio, su trabajo y
esfuerzo teórico es un “esbozo
histórico sobre los orígenes del
capitalismo en Europa occiden-
tal”. Este apunte es importante
para estudiar la obra de este
autor y debería ser tomado muy
en cuenta, no sólo por quienes
se sienten atraídos por el
marxismo, sino por quienes, en
nombre de la “descolonización”
rechazan lo que es occidental o
cualquier producción que sea
hecha por europeos o “blancos”.
Pienso que la actitud de
rechazar la obra de autores
“blancos” y “europeos” es una
reacción muy defensiva, como la
de gato huraño, y a la vez un
intento de “valernos por
nosotros mismos sin ayuda de
nadie”. Esta actitud está con-
dicionada por la racialización,
como experiencia vivida y callada
que luego es gritada. Se asume
una posición defensiva, que se
expresa con gran agresividad
contra aquello que se entiende
que es de “blancos” u “occi-
dentales”. Pero hay que ir más
allá de este gesto, que es un
intento de afirmación que
depende de lo negado para
poder existir; su determinación
es negativa y se extravía con
facilidad en el resentimiento.
El rechazo a lo occidental no
es accidental, responde a varios
factores, como la inferiorización
que es constitutiva en la
dominación. Esta actitud nos
empuja a buscarnos en el aisla-
miento. No es malo dudar de lo
que lo “otros” dicen; hay una
duda sana que nos empuja a ser
inquisitivos, pero llevada a un
sentido de desconfianza total,
deja de ser duda y se vuelve en
noción absoluta. Eta nos
encierra en una actitud de
ensimismamiento, un aislamien-
to que nos deja con un estrecho
horizonte, atrapados en
nuestros prejuicios.
Para finalizar, debo decir que
no creo que en la obra de Marx
encontremos la solución a
nuestros problemas o a los
problemas del mundo, pero sí
pienso que es una tarea
importante estudiar sus tra-
bajos. El proceso que vive
Bolivia en particular, y que
trasciende a otras latitudes de
los Andes y donde se han
posicionado los andinos, nos
obliga a pensar las posibilidades
y limitaciones con las que nos
encontramos. Se trata de
construir modelos de análisis,
herramientas teóricas y otros
insumos que nos permitan guiar
nuestras acciones de lucha,
tratando de que culmine con
éxito.
Notas:
[1] Prólogo a la segunda edición
alemana del Capital, 1783, en
El Capital
I, pg. XVIII, Fondo de Cultura
Económica, tercera edición, 1999.
Traducido por Wenceslao Roces.
[1] Carlos Marx, ob. cit. pg. 34, nota
27. La Frase completa que cito es la
siguiente: “Jamás ninguna escuela ha
prodigado la palabra “ciencia” más a
troche y moche que la proudhoniana”,
pues sabido es que: ‘a falta de ideas,
se sale al paso con una palabreja’”.
[3] Ídem. pg. 103.
[4] Ídem. pg. 248.
[5] Ídem. pg. 270.
[6] Ídem. pg. 18-19.
[7] Ídem. pg. 275.
[8] Ídem.
[9] Ídem. pg. 292.
[10] Ídem. pg. 237. En la nota nº 120,
en la página 228, dice el autor: “El
carácter del capital es idéntico en todas
partes, lo mismo bajo sus formas
primitivas y rudimentarias que sus
manifestaciones más progresivas”.
[11] Jorge Veraza hace notar este
aspecto. Véase
Del Rencuentro de Marx
con América Latina
del autor
mencionado.
[12] Carlos Marx, ob. cit. pg. 9.
[13] Ob. cit., apéndice II, pg.713.
[14] Ídem. pg. XIV.
[15] Marx a la redacción de la revista
rusa ‘Otietschestwenie Sapiski’, 1877.
Ob. cit., apéndice I, pg. 772.