Ardarutiun (II)

Cien años del genocidio armenio



Luciano Andrés Valencia.
Martes, 9 de septiembre de 2014
CIEN AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO
Ardarutiun (Parte II)

La mañana del 3 de junio de 1921 el presidente Lemberg declaró abierta la Audiencia:

- El día de hoy hemos de cerrar el proceso iniciado ayer- dijo-. Están presentes todas las personas imprescindibles para arribar al fallo por lo que daré lectura a las preguntas que he preparado. En primer lugar “¿Es culpable el acusado Soghomón Tehlirian de haber matado a Talaat Pashá el 15 de marzo de 1921 en Charlotemburg?”. Esta pregunta se refiere a un homicidio sin premeditación. En caso de responderla afirmativamente, deberá el Jurado resolver acerca de la segunda “¿el acusado cometió homicidio con premeditación?. Si la primera se respondió positiva y la segunda negativamente, se deberá responder a la tercera: “¿existen atenuantes?”. A continuación se dará la palabra a las partes.

Soghomón se encontraba sentado con el traductor sobre el lado izquierdo y los abogados defensores a la derecha. El traductor trataba de no dejar ninguna palabra sin doblar para el acusado. Sin embargo este no se mostraba interesado por los detalles del caso. Su mente estaba en paz. Nadie podía arrebatarle el convencimiento de haber actuado correctamente ante el responsable de la masacre de su pueblo. Lo que pudiera pasarle ahora, incluso entregar su cabeza al verdugo, no le importaba.

- Señores del Jurado -comenzó su alegato el fiscal Kolnik-, no es el aspecto jurídico de este hecho lo que le da a este caso su tono particular, sino las miradas del mundo que se concentran en esta sala. Independiente de los motivos psicológicos que haya esgrimido la defensa, aquí se ha acabado con la vida de un hijo del pueblo, que como tal condujo los destinos de su patria siendo un fiel aliado del pueblo y la nación alemana.

Algunos presentes en la sala comenzaron a repudiar con silbidos y gritos el comienzo de la declaración del fiscal. Este no se inmuto ni pidió silencio a la audiencia.

- El señor Tehlirian -continuó el fiscal cuando algunas personas seguían haciendo notar su desagrado – asesinó a una persona con premeditación y nos hizo notar en este mismo juicio que se sentía orgulloso de su accionar. No es necesario recordar que matar a un hombre es condenable por la ley alemana, aunque sea este un extranjero. Su justificación de que ambos eran extranjeros carece de fundamento jurídico. Soghomón Tehlirian actuó movido por el odio y el fanatismo político de muchos armenios que creen que Talaat Pashá fue el asesino de sus familias. Pero mucha gente que he consultado, entre ellos el general Liman von Sanders que declaró el día de ayer, están convencidos que el gobierno de Constantinopla no sabía nada de las consecuencias de las deportaciones, producto de la mala interpretación de las órdenes por parte de los gendarmes.

El presidente pidió al fiscal que no se extendiera sobre esos temas que ya habían sido debidamente discutidos. Por ello decidió terminar su alegato señalando:

- Que al acusado actuó con premeditación se desliga de su propio testimonio. Además basta mirarlo -dijo señalandolo-, para ver que no es un hombre exaltado o extrovertido, sino introvertido, tranquilo y triste. Por ende solo puede cometer un homicidio tras una larga planificación, que acaso comenzó muchos años atrás en Oriente. Sus alucinaciones no son suficientes para demostrar que no actuaba bajo libre albedrío y aplicar el artículo 51º. Señores del Jurado: el saber que la sentencia por homicidio planificado es la pena de muerte no debe hacerlos recular a la hora de dar el veredicto. Nuestra Carta Fundamental fija la instancia del indulto presidencial para un acusado. Pero el declararlo culpable es un favor que podemos hacer por ese gran patriota y amigo del pueblo alemán que fue Talaat Pashá.

El presidente pidió al traductor que informara al acusado que el fiscal había solicitado la pena máxima, pero abriendo la posibilidad de un indulto presidencial. Esto no lo inmutó.

El siguiente alegato fue del defensor von Gordon:

- Veo que el fiscal Kolnik también actuó como un defensor -dijo-, pero de Talaat Pashá a quién llamó amigo del pueblo y la nación alemana. Esto debe ser motivo de repudio permanente, ya que la República de Weimar, instalada luego de nuestra reciente revolución, no honra los pactos realizados por el gobierno imperial del Kaiser William con regímenes despóticos y tiránicos. Tenemos suficiente evidencia para probar la responsabilidad del gobierno de los Jóvenes Turcos en la masacre armenia: deportaciones, violaciones, torturas y asesinatos. Nada se escapaba del ojo de los jerarcas de Constantinopla. Respecto al acusado debo decir que no fue el fanatismo y el odio como señala el fiscal Kolnik, lo que lo trajo a Alemania sino el afán de continuar sus estudios para ayudar a su pueblo. Recordemos que fue un alumno brillante en el colegio. Apelian y otros testigos declaran que era un hombre triste, pero que no lo movía el odio. Fue la aparición de su madre y aquella visión en la ventana lo que lo llevó a actuar esa mañana. El poseer un arma no es signo de que fuera un terrorista, sino del temor que sentía porque volvieran las masacres. Recordemos que la compró en Tiflis cuando la guerra y las deportaciones aún no habían terminado.

Continuó dando detalles de su enfermedad, y destacó que el hecho de haber dejado caer el arma no significaba deshacerse de la evidencia sino dar por concluido el deber que tenía con su pueblo. Recordó como el Dr. Vorster declaró que ya no era un peligro por haberse diluido el “ideal supremo”.

- Señores el Jurado -concluyó-, sería lamentable que un tribunal alemán se uniese a las voces que piden seguir condenando a este joven que ya pasó las más terribles pruebas. Que este concepto quede grabado profundamente en sus corazones, a fin de que puedan actuar de acuerdo a su conciencia.

El defensor Wertauer, tras una introducción, señaló los motivos por los que no deberían condenarse al joven Soghomón Tehlirian:

- En primer lugar -comenzó Wertauer- debe tenerse en cuenta los testimonios de los partes médicos, ya que dos de ellos destacaron que su desequilibrio psíquico nos puede llevar a conjeturar que el libre albedrio no estaba presente al momento del homicidio. Además el joven había padecido tifus en su juventud con las consecuencias que eso provoca en la conciencia, y que el día del hecho había bebido cognac para aliviar su dolencia estomacal cuando no estaba acostumbrado a la bebida. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que desde marzo de 1921 las Repúblicas de Turquía y Armenia, surgidas del desmembramiento del Imperio Otomano, se hallan en guerra, por lo que ambos deben ser vistos como contendientes enemigos de un conflicto armado. A la frase “Yo soy extranjero y el también”, debería haber agregado “Estamos en guerra, esto no incumbe a Alemania”. En tercero es necesario recordar que Talaat Pashá había sido previamente condenado a muerte por un tribunal militar. No soy partidario de los tribunales especiales ni de la pena capital, pero hay que reconocer que el proceso fue prolijo, presentándose toda la evidencia y no dando lugar a dudas en torno a su culpabilidad en las masacres armenias. El acusado no hizo más que cumplir la sentencia que su víctima estaba evadiendo. Por último debo decir que actuó en actitud defensiva. Sabemos de la alianza entre los Jóvenes Turcos y los Bolcheviques. Si Talaat Pashá huía a Rusia como hizo Enver, se unirían a las fuerzas que hostigan la República Democrática de Armenia. Con su disparo, Soghomón Tehlirian salvó la vida de mujeres, hombres y niños que hubieran caído bajo las garras del verdugo.

El impecable testimonio del defensor provocó el aplauso de los miembros de la colectividad armenia. El presidente pidió que le tradujeran al acusado que el defensor solicitó su absolución, a lo que respondió con un gesto de agradecimiento.

- Antes de pasar a la votación del jurado -dijo el presidente Lemberg-, escucharemos un último alegato del profesor Niemeyer de la Universidad de Kiel.

La exposición de Niemeyer estuvo centrada en enmarcar las masacres de 1915 en un contexto histórico que comenzó en 1878 cuando el Congreso de Berlín decretó la partición de Armenia, dejando a los pobladores de la parte occidental como súbditos del Imperio Otomano. En base a esto señaló que el Tribunal Alemán tiene una responsabilidad moral para compensar de alguna forma a quién fue una víctima de estas políticas coloniales.

- Para finalizar repetiré un concepto del defensor con Gordon – expresó Niemeyer-. Ustedes no pueden condenar a Tehlirian. El actuó como debía actuar e hizo lo que debía hacer. Quizá consideren que el impulso que lo guiaba era más diabólico que moral, pero deben poder enmarcarlo en la correlación de hechos que se sucedieron. Deben pensar el resultado que dará el veredicto -dijo mirando a los miembros del jurado-, no desde el punto de vista político actual, sino el resultado que arrojará en cuanto a la suprema justicia y en cuanto a los valores que vivimos que hacen que la vida sea digna de ser vivida.

Las réplicas posteriores del fiscal no estuvieron a la altura de los argumentos de los defensores.

- Les ruego que se aboquen a su misión -les dijo el presidente al jurado cuando terminaron los alegatos-, y contesten las preguntas que formulamos al comienzo. Para declararlo culpable se requieren dos tercios del Jurado. Tienen una hora para deliberar.

El jurado se retiró y la sala comenzó a desocuparse.

XII

Soghomón Tehlirian no caminaba solo esa mañana por la calle Charlotemberg. Lo acompañaban un millón y medio de compatriotas deportados, torturados, violados, mutilados, ahogados, quemados vivos o asfixiados con humo en pozos y cavernas. Cuando levantó la pistola apuntando a la cabeza de Talaat Pashá se le vinieron nuevamente las brutales escenas de la masacre de su familia. Vio a su hermana, apenas una niña, violada y torturada por gendarmes turcos. Vio a su madre y su padre caer fusilados. Vio nuevamente como un hacha partía la cabeza de sus hermanos. Y sintió ese olor penetrante y pestilente de la muerte que lo acompañaría por el resto de su vida.

Quiso gritarle al asesino para que girara y viera con sus propios ojos como una de sus víctimas hacía justicia. Pero no se merecía la dignidad de morir de frente.

La bala le atravesó el cuello destrozando las arterias, la carne, los nervios. La sangre derramada a borbotones salpicaba su ropa y el suelo en donde se desplomó ese cuerpo infame sin vida.

Ahora sus víctimas tendrían algo de paz.

XIII

Otto Reincke, presidente del jurado, leyó el veredicto:

- Declaro con honor y justicia la resolución de los Jurados. ¿Es culpable Soghomón Tehlirian por haber matado a Talaat Pashá en forma premeditada en la calle Charlotemburg en 15 de marzo de 1921? - Un silencio conmovió la sala -. ¡No! - expresó enérgicamente.

Un aplauso resonó en el tribunal. Los miembros de la comunidad armenia se abrazaban entre sí, y otras personas adherentes a la causa los felicitaban y se unían a la celebración. Soghomón se abrazó con sus defensores y con el traductor.

El fiscal Kolnik se retiró de la sala en medio de los insultos de quienes lo acusaban de simpatizar con el régimen asesino turco.

El presidente pidió silencio para dar por finalizada la audiencia.

- Firmo la resolución y ordeno la libertad del acusado por cuenta y cargo del Tesoro del Estado de acuerdo a lo resuelto por el jurado. Se deja sin efecto inmediatamente la orden de detención. Se levanta la sesión.

Una hora después del fallo, Soghomón Tehlirian bajaba los escalones del Tribunal de Berlín como un hombre libre. Iervant Apelian, Kevork Kalusdian, Crisdine Terzibashian y otras personas de la colectividad armenia lo esperaban como a un héroe. Los abrazó y, por primera vez, lloró.

Lloró por su familia asesinada, lloró por la deportación de su pueblo, lloró por tanta muerte injusta e impune ante los ojos de un mundo que miraba para otro lado. Y lloró también de alegría porque sentía que comenzaba a recuperar algo de lo perdido.

“Yo no tengo patria”, le había dicho a la profesora Beilnsohn. Ahora la tenía.

Cipolletti, 29/30 de enero de 2014.

(*) El título de “Pashá” se aplicaba durante el Imperio Otomano para funcionarios que desempeñan altos cargos políticos o militares. Es similar al “Sir” británico.

Aclaración:

El presente relato, aunque inspirado en hechos verídicos, constituyen una versión ficcionalizada de los mismos por lo que no debe tomarse como un texto histórico. Sobre el juicio a Soghomón Tehlirian se puede consultar: Autores Varios; Un proceso histórico: absolución del ejecutor del genocida turco Talaat Pashá, Buenos Aires, EDIAR, Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, 2012.

Agradecimiento:

A Julieta Ojunian, por proveerme de información para la realización de este relato.