Extractivismo verde Vs. extractivismo a secas

También están mezclándose el extractivismo rojo, el amarillo y el multicolor. Uno para todos y todos para uno.



Extractivismo verde Vs. extractivismo a secas

Por Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)

La crisis del capital en términos de caída de la tasa general de ganancia (porcentaje de ganancia neta en relación con la inversión y los costos de producción), ha llevado a importantes sectores y magnates del capitalismo globalizado a asumir posturas verdes, llamadas de sustentabilidad, no sólo para mejorar la imagen, como nos quiere hacer creer la izquierda que aspira a administrar el capital, sino justamente por la notoria baja de la rentabilidad en términos generales.

Si la rentabilidad o los márgenes de ganancia hasta ahora los ha dado, en particular en nuestro continente Abya yala, la exportación de commodities o materias primas, ello está llegando a su límite debido a la impresionante destrucción de la naturaleza y a los dos factores políticos que derivan de ello: la resistencia de las comunidades y de las dinámicas ambientalistas-ecologistas, por una parte, y la represión institucional por la otra.

La asociación fraternal entre estado y mercado que puso fin al puro y simple libre mercado para transformarse en una empresa común, bajo las orientaciones del neo-institucionalismo escondido como política económica por todos los actores estatales (incluyendo a los partidos que pugnan por su control) y empresariales, ha llevado a inventar por parte de los estatistas izquierdistas o progresistas en santa alianza con importantes sectores del capital y, por ende, del empresariado (como Zelaya en Honduras) , que aún existe el neoliberalismo y por lo tanto hay que recuperar más funciones del estado en lo que llaman de pos-neoliberalismo, es decir lo que debe venir después del neoliberalismo, de allí que buena parte de los gobiernos progresistas asumen lo que se denomina el nacional-populismo, como Diosdado Cabello en Venezuela, cuyas diferencias político-ideológicas con Chávez saltan a la vista y asumen predominancia tras la muerte del líder socialista-populista.

La política económica del neoinstitucionalismo (nueva institucionalidad: no más el keynesianismo del estado de bienestar y no más el neoliberalismo de libre mercado, sino la asociación de ambos), resumida por Joseph Stiglitz, jefe de los economistas de Jimmy Carter, presidente de la Reserva Federal en Estados Unidos y Vicepresidente del Banco Mundial, ganador del premio Nóbel de economía, es la que se ha expresado en las nuevas leyes ambientales, mineras, del agua, cuotas de pesca, forestales, transgénicos, tierras, etc, que han sentado las bases de la acumulación por despojo o desposesión, de tierra arrasada que aseguran la producción y la exportación de commodities que representan los nuevos ejes o matrices energéticas y productivas de casi todos los países de la región, que ha comenzado a decaer arrastrando tras de si las tasas de ganancia que requiere la acumulación, por lo que estamos en fase de freno o estancamiento, lo que ha agudizado y seguirá agudizando los conflictos territoriales, nacionales, políticos y militares a nivel planetario.

Este declive es lo que lleva al capital globalizado a buscar salidas alternativas que puedan quebrar la burbuja y re-emerger con renovadas cifras de ganancia y sólidos procesos de acumulación, que evidentemente son cada vez menos sólidos, si recordamos la secuencia de los ciclos señalados por Marx, tanto los ciclos simples, cortos o largos de realización de la mercancía, como los ciclos de crisis interna del capital, a lo que en la actualidad hay que sumar la crisis orgánica del capital, que en resumidas cuentas fue explicitada por Marx en el Fragmento de las Máquinas de los Grundrisses demostrando la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia, que se agrava en la misma medida que la tecnología sustituye la mano de obra, lo que dicho sea de paso explica la desesperación por más y más materias primas, cuya realización a través de la producción de más y más mercancías, sólo se materializa en masas de ganancia aumentando el consumo mundial todavía más y más. De allí que el nuevo papel del estado es generar no sólo las condiciones de extracción depredadora de esas más y más materias primas, sino aumentar el consumo en cada país o exportando porquerías como hacen los chinos inundando los mercados.

De esa manera, no es la competencia china, ni la prepotencia de Putin ni las ínfulas del Estado Islámico, lo que mueve a la guerra de Occidente contra los árabes y las comunidades de Abya Yala, entre otros, lo que les importaría un cuesco si no estuvieran espoleados por la baja de la ganancia general del capital, que por su carácter globalizado transforma en secundarias a las economía nacionales, incluyendo a la europea, china o norteamericana.

Por eso la fórmula encontrada por las grandes empresas, independientemente de si son yanquis, chinas, suizas o de donde sea, es levantar nuevas fórmulas de políticas económicas que permitan restaurar la continuidad de la ganancia en niveles aceptables para salir de la impasse, siendo la principal el capitalismo verde, cuyos objetivos no son acabar con el extractivismo ni calmar las aguas sociales en su contra, sino simplemente quebrar la camisa de fuerza de la baja, del casi estancamiento. Por ello los estados y gobiernos son esenciales para asegurar la cohesión institucional de algunos sectores privilegiados ya sea por la limosna, ya sea por la represión, y para asegurar un nivel creciente de consumo. Las flores y plantas que están colocando las empresas en sus logos apuntan no sólo al disfraz, sino al agrado del consumo. Distinto es comprar a una empresa chorreando petróleo en el mar o sobre animales, que comprar de una empresa cuyos productos vienen envueltos en papel reciclable o pintado de flores, aunque hay que reconocer que eso trae réditos políticos que se van a expresas en elecciones presidenciales y parlamentarias, que es donde se cocinan las leyes que abren las puertas a la destrucción.

Sin embargo el capitalismo verde va más allá, a lo que llaman sustentabilidad o sostenibilidad, es decir que la destrucción pueda mantenerse en el tiempo sin matar todavía a la gallina de los huevos de otro. El extractivismo simple o simplón mata y saca, el verde entrega un poco más de limpieza, selecciona mejor los terrenos a invadir e intenta superar la resistencia de las comunidades mejorando en algo las leyes y pasando fondos, como hicieron con una de las comunidades guaranís en Bolivia mediante el expediente de depositarles algunos millones de dólares en cuentas en Brasil. Otro buen ejemplo es el apoyo a la candidatura de Marina en Brasil por parte del agronegocio transgénico, uno de cuyos principales representantes es el candidato a vicepresidente.

Entre un capitalismo y el otro no hay diferencias sustanciales, salvo que uno considera que opera mejor la recuperación de los márgenes de ganancia. Sin embargo eso es solamente la macroeconomía, el funcionamiento global del capital, que asume matices por estado, que veremos ahora la variante introducida y defendida por la izquierda y el progresismo continental.

Ningún gobierno avanzado del continente ha reconocido el capitalismo verde y han preferido trabajar con el extractivismo simple aún con fuertes represiones hacia los indígenas, al igual que los gobiernos conservadores, sin embargo las exigencias generales del capital harán que tanto unos como los otros vayan asumiendo cada vez más los nuevos requerimientos, de allí que para los de abajo de en lo mismo quien gobierne y si el capitalismo es verde o no. La autoorganización en comunidades autónomas en el campo y la ciudad se hace cada vez más visible en todos los países y su avance es ya indetenible como lo demuestran los hechos y cifras. Sea el gobierno que sea, la resistencia pacífica de las comunidades ya está siendo acompañada de formas de vida y relaciones económicas de nuevo tipo, lo que denota los gérmenes de un nuevo modo civilizatorio, el Buen Vivir, que al no ser asumido por lógica por los gobiernos y estados, tenderá a seguir su expansión en la forma de multiplicación de las experiencias, su entrelazamiento horizontal y su adentramiento paulatino hacia las periferias de las ciudades, proceso que es independiente de las pugnas partidarias o ideológicas y que deberá aprender a tratar con los actos gubernamentales que reprimen o buscan la cooptación. Si hay fondos, estudiar lo que se espera a cambio, ya que no es necesario ser fundamentalista y habrá que trabajar con la suficiente flexibilidad para no aislarse y así poder expandirse los nuevos modos de vivir en común hacia el resto de la ciudadanía superando los bloqueos comunicacionales, represivos, administrativos y demás.

Si existe la convicción de que el salario debe aumentar y leyes que lo permitan, es correcto que los trabajadores lo exijan, sin que eso signifique que están apoyando la continuidad del capital y en la época actual ya no basta que los partidos e ideologías penetren los sindicatos para transformarlos en transformadores ya que sólo conseguirán presentarse como más benefactores que el estado o la patronal y tendrán que estar concientizando y convenciendo para que sean «luchadores». Si hay necesidad de viviendas y el gobierno las ofrece, hay que tomarlas sin dejar de lado la continuidad de la construcción de la autonomía comunitaria. Si una ley o un personero dice: hay que cuidar el bosque, hacerlo sin esperar a que la autoridad se haga cargo, es decir, la democracia comunitaria se hace no sólo con nuevos valores emanados de la vida en común, sino tomando y utilizando los principios o valores que enuncia y declara la democracia formal. El problema de los de abajo no está en que el estado o las empresas cumplan sus promesas, sino en transformarlas en actos propios.

Por eso podemos tomar el discurso «salvador» del capitalismo verde y hacerlo efectivo con nuestras propias manos, como podemos tomar el discurso de la democracia para argumentar nuestras prácticas de democracia comunitaria. Que los verdes y no verdes se peleen allá arriba, tomemos de la comunidad, de los capitalistas y de quien sea, lo que nos sirva para asegurar y avanzar la democracia comunitaria.

Por eso apoyamos a Marina Silva, ya que su discurso legitima las espectativas de los de abajo, no porque vaya a traer soluciones macro que serán de poca utilidad real para la construcción autónoma de las formas de vida comunitaria en Brasil, sino que nuestros esfuerzos serán los que van a evitar la cooptación, no serán nuestros discursos, sino los logros reales de autoorganización y autogestión de forma pacífica, ya que poco vamos a conseguir hoy día con actos aislados de violencia que no educan sino sólo combatientes y no constructores de nueva vida. Ya no basta con reunir un grupo de concientes, sino que sea la población local la que vaya asumiendo el mundo en sus manos, pasando por encima de las diferencias conceptuales, partidarios, ideológicas o religiosas. Lo nuestro no es la pugna izquierda-derecha de quien va a administrar el capital, sino cambiar el mundo con nuestra familia y nuestros vecinos cambiando la vida.

Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)
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