Chile: ¿Qué se busca al soltar tanto preso?

Para analizar este tema es necesario despojarse de la visión dualista y maniqueista de los buenos y los malos, justos y pecadores, todo ello elementos formadores de mentalidad personalista de auto-elogio del ego personal, pues nunca dirá alguien que está en el bando de los malos y así se forma una ideología social de costra, una capa de sangre coagulada, la casta autoerigida de “los buenos” y la anatemización generalizada de los malos, el cuco.



¿Qué se busca al soltar tanto preso?

Por Jaime Yovanovic Prieto

Para analizar este tema es necesario despojarse de la visión dualista y maniqueista de los buenos y los malos, justos y pecadores, todo ello elementos formadores de mentalidad personalista de auto-elogio del ego personal, pues nunca dirá alguien que está en el bando de los malos y así se forma una ideología social de costra, una capa de sangre coagulada, la casta autoerigida de “los buenos” y la anatemización generalizada de los malos, el cuco.

La medida de los jueces levantó una oleada de críticas, miedos y opiniones, donde los “delincuentes”, “los malos”, llevan las de perder y algunos buenos ciudadanos que jamás han roto un huevo se alzan en cruzada sacrosanta contra esos “malos elementos”, echando chispas y sacando fuera el fascismo social que a veces emerge crujiendo dientes chauvinistas contra peruanos, bolivianos, argentinos o colombianos y ecuatorianos que vienen a vivir aquí. El fascismo social está latente en todos los que defienden alguna cosa con fanatismo, como son los fundamentalistas que se hacen estallar en medio de la muchedumbre. Casualmente los fundamentalismos, fascismos y odios surgen entre corrientes políticas e ideológicas. La izquierda se la pasa diciendo que los otros son “enemigos”, a los que hay que odiar a muerte. La derecha a cada rato saca el tema de los rojos pidiendo ruido de sables y así con el golpe no era difícil que los uniformados disparasen contra el pueblo.

Cuando un grupo de Rambos agarró un lanza en la calle, lo desnudaron y vejaron, ahí se les escapó el fascismo social, que las redes legales, disciplinarias y represivas mantienen bajo control, pero de tanto en tanto abren la espita para que salga el chorro. Otros siguieron el ejemplo haciendo lo mismo y el debate social estaba servido. Llovieron opiniones en pro y en contra, hasta que prevaleció mayormente el criterio de respeto y finalmente la gracia se detuvo, no está el horno para bollos.

Los presos pertenecen a familias que habitan un barrio, por lo que son parte de la gran familia del barrio, aunque esa gran familia esté quebrada por el individualismo, el pelambre, las diferencias políticas o ideológicas, pero en el fondo se han criado juntos y han formado una subjetividad y una identidad común, fragmentada no por el “mal” o por la “delincuencia”, sino por la exigencia de rascarse con sus propias uñas para traer el sustento, de allí que en cada barrio hay más comprensión hacia quienes han tendo que buscar algo para la olla tomando objetos o dinero sin autorización de los dueños y culpan de la situación con razón a los políticos, empresarios, corruptos y círculo de poder. Han visto que el sistema empuja a la población a distanciarse de ellos y de sus familias, a apuntarlos con el dedo, a tenerles miedo, así se van cerrando más y más y finalmentes resultan fácil presa de las redes empresariales y comerciales del narcotráfico, redes que van armando circuitos paralelos de economía, legalidad propia, etc. que poco o nada contribuyen para el mejoramiento de la vecindad de cada barrio.

Pensamos que será una minoría la que va a reincidir, que es el nivel de deterioro a que nos llevan con la falta de empleo y la precariedad del trabajo. Situación que se vive en todo el planeta y más aún con la destrucción extractivista que despoja de tierras y fuentes de trabajo al campesinado, habitantes de villas y comunidades, empujándolos a las ciudades donde se agrava el problema.

La solución no está en aumentar la represión y aislamiento de los barrios y periferias, sino en ir sembrando las bases de una economía de subsistencia asentada en minga barrial, que en vez de ir a endeudarse en los supermercados, puedan producir alimentos, medicinas, energía y servicios propios, lo que tiene sus ritmos y procesos que sólo podrán desarrollarse mediante el abandono de la política, que promete siempre soluciones desde arriba que poco o nada llegan, y si lo hacen son solo para reducidos sectores generando la falsa esperanza de que ya luego me tocará a mi el beneficio. Pero se necesita una planificación inmediata de búsqueda de soluciones de emergencia para paliar situaciones mientras se construye la economía social desde los barrios y la alianza con sindicatos que no hagan política.

Una alternativa son los comités de cesantes que se puedan crear en los sindicatos y asociaciones, que pueden desarrollar emprendimientos productivos autogestionarios.
También esos comités de cesantes pueden mantener una bolsa de trabajo donde puedan acudir quienes necesiten mano de obra diversa.
Otras iniciativas pueden surgir en comités de cesantes barriales donde basta una persona que lleve el catastro y a ella recurren los que necesitan mano de obra y esa persona, que puede ser rotativa del comité de cesantes, avisar a los miembros.

También el municipio debería levantar un programa mínimo de paliativo a quienes se inscriban, como eran los antiguos programas del Pem y el Pojh, con la salvedad de que debería acompañarse de un programa de fin de la tercerización de los servicios municipales, para que el empleo definitivo sea el destino de los trabajadores temporales. Así los municipios, en vez de fomentar el veneno de los remedios químicos con la demagogia de las “farmacias populares”, generarían fuentes de ingreso familiar.

El Ministerio de Obras Públicas, en vez de licitar con las inmobiliarias, debería contar con empresas públicas que ejecutaran la obras y una sección de autoconstrucción de viviendas para abaratar costos y disminuir los subsidios que actualmente van a parar a las empresas.

Como estamos en período de elecciones y en varios cerros de Valparaíso ya estamos empezando a preparar los encuentros vecinales de diagnóstico y propuestas, estas propuestas y otras ṕueden incorporarse en el Plan Regulador y en el Plan de Desarrollo Comunal.

Así, independientemente de las intenciones de soltar tanto preso, estamos en la oportunidad de demostrar que las cárceles son escuelas del crimen, fracturamiento de los tejidos sociales y que la rehabilitación de cualquiera que transgreda la ley o las costumbres no está en la prisión, sino en la casa, con la familia y con la gran familia del barrio que pueda emprender el camino de la subsistencia compartida.

Jaime Yovanovic Prieto
Presidente Junta de Vecinos,
Plazuela Ecuador, Cerro Yungay y adyacencias.
Asesor del Sindicato de Trabajadores de la Construcción,
Responsable del Departamento de Asistencia Social.

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