Estados y gobiernos deben permitir la vuelta de las comunidades. Si quieren, bien, y si no quieren, bien también. Lo haremos con o sin ellos.

Cuba es un buen ejemplo de eficientes servicios estatales, como educación y salud, a costa de la acelerada destrucción de la naturaleza y de la histórica destrucción de las formas de vida del común.



Cuba es un buen ejemplo de eficientes servicios estatales, como educación y salud, a costa de la acelerada destrucción de la naturaleza y de la histórica destrucción de las formas de vida del común.
Ningún estado es diferente del otro, en tanto las comunidades son todas diferentes debido a su estilo de vida compartida en común y de arraigo e interacción con la geografía, en concreto con cada territorio, con la madre tierra, incluyendo una mayor relación campo-ciudad, que son los espacios de la urbe donde se destruye masivamente el vínculo con la naturaleza.

Mucho se ha hablado ya de la crisis ambiental y destrucción del planeta a causa de la tecnología que se alimenta del extractivismo destructivo, del despojo territorial y la expulsión o aniquilamiento de las formas de vida comunitaria que han sido parte de la biósfera durante millones de años y hoy día los destructores preparan viajes a otros planetas para buscar materias primas salvando el pellejo escapando del planeta tierra en peligro de extinción por la mano del hombre civilizado del “progreso” y del “desarrollo”.
No hay un estado mejor que el otro, sólo algunos se diferencian en ciertos servicios, pero la destrucción del común, abierta o solapadamente, es parte de todos ellos, ya que para construir, tener y mantener un estado hay que aplastar la potencia social mientras algunos “representantes” allá arriba transforman y domestican la potencia por medio del sufragio y la fuerza.
Por eso no nos interesan las diferencias formales entre gobiernos y estados, como en Cuba, país atacado visceralmente por las derechas, o Estados Unidos, atacado de igual forma por las izquierdas, que nos quieren hacer creer que hay estados y gobiernos buenos (para que sigamos a sus apologistas) y estados o gobiernos malos (para que nos sumemos a la lucha exclusiva contra ellos y agreguemos fuerza a sus apologías). Más bien nos interesa lo social, lo comunitario y lo natural, el terreno donde los estados penetran para subordinar a la población y a la naturaleza al proceso globalizado de acumulación.
De allí la importancia que adquiere el estudio de científicos cubanos de 30 instituciones del país, acerca de los datos de la destrucción que avanza a paso de carga según informa el periódico “Juventud rebelde” divulgado internacionalmente por EFE, la agencia ibérica que goza de ciertos privilegios debido a la gigantesca inversión de empresas españolas en el turismo.
Vea usted el material distribuido por la agencia y publicado en Chile por el diario La Tercera en http://www.latercera.com/noticia/casi-50-la-flora-cubana-esta-peligro-extincion y nos interesa rescatar la conclusiones de causas elaboradas por los investigadores locales, de lo que rescatamos lo siguiente para analizarlo:
“Las actividades asociadas al hombre sobresalieron como la principal amenaza de la flora cubana, así como la deforestación, la fragmentación, la ganadería y la agricultura”.
Comentando este párrafo de causales, podemos indagar a qué se refiere por “actividades asociadas al hombre”, entendiendo por “actividades” no algunos “actos” aislados, como podrían ser un incendio, robo de leña, etc. sino secuencias de actos enlazados en general por decisiones, en este caso gubernamentales, tales como carreteras, extractivismo, industrias, planes, desplazamientos de gente y tantas maneras de intromisión con el mundo natural para hacer pasar y avanzar el llamado “progreso”.
La deforestación, ganadería y agricultura son conocidos procesos de intervención y domesticación de la madre tierra y resulta sumamente interesante el concepto de Fragmentación, que debe ser analizado: Se sabe que el común, tanto el sujeto como el territorio, ha sido fragmentado desde la instalación del patriarcado, por lo que nos remitimos al concienzudo estudio de Silvia Federici en su conocido libro “Calibán y la bruja” en que muestra y demuestra con infinidad de datos compilados en arduo trabajo de la autora, que la comunidad fue fragmentada para incorporar individuos separados a las relaciones mercantiles, tanto por la naciente burguesía como por los feudales que comenzaban a contratar la mano de obra de los ex-siervos de la gleba a condición de producir plusvalía, donde queda demostrado que la ”pugna” del capital con el feudalismo terminó con la santa alianza de ambos contra las comunidades campesinas donde se destacaba el rol de la mujer, de allí que las quemaban por brujas para debilitar el común en dirección de la fragmentación.
Cuba, al igual que los demás territorios de nuestro continente Abya Yala se caracterizó también por la transformación de las comunidades originarias en siervos camuflados tras la institución de la encomienda y por la llegada de miles y miles de prisioneros comuneros africanos transformados en esclavos, por lo que el continente estaba sembrado ya no sólo de comunidades originarias, sino también por comunidades africanas instaladas en centenares de lugares inhóspitos, llamados palenques o quilombos, a donde llegaban escapando de las cadenas y reconstruían sus formas de vida intrínsecamente ligados a la madre tierra. De allí que la oligarquía “libertadora” a algunos les otorgó la condición de “libres” con lo que pujaban por empleos para vender su fuerza de trabajo, proceso que resultó mejor que el desgaste de los ataques a la multiplicidad de quilombos que hacían nata por todos lados y atraían a los esclavos como lugares de libertad, como las famosas caravanas de afros que en el norte del continente confluían en la zona liberada de Timbuktú, norte del estado de Washington, copiando el nombre de la región amazigh del norte de Mali que fue considerada como una región donde se vivía en común con cierta paz en medio de la barbarie de las incursiones coloniales en cacería de esclavos. Por ello el nombre de Timbuktú ha quedado grabado como una utopía en la memoria histórica del continente africano y sus hijos en la diáspora.
La oligarquía cubana bien articulada con los próceres de las otras regiones del continente mediante la logia masónica con sede en Inglaterra, a donde fueron a parar desde Cádiz, decretó la libertad de los esclavos para incorporarlos al ejército mal llamado en todas partes de “libertador” que culminó instalando la copia de los nacientes estados europeos, bien asesorados por los ingleses que arrebatan colonia tras colonia a los españoles en su disputa colonial.
La fragmentación de las comunidades fue un hecho generalizado en todas partes y en el caso de Cuba muchos campesinos de origen africano y mezclados con los pueblos originarios, vivían en regiones de difícil acceso sin propiedades latifundiarias, como en la Sierra Maestra, donde se instaló el ejército rebelde que luchaba contra la dictadura de Batista y que fragmentó las tierras y las entregó a cada campesino individual iniciando así la reforma agraria de espacios productivos fragmentados para agricultura familiar de pequeños agricultores que pueda alimentar las ciudades. Sin embargo ese proceso, como en todas partes ya no es solamente una batalla izquierda-derecha por la fragmentación, sino un ataque feroz conjunto de ambas y demás corrientes político-ideológicas contra el común, las formas de vida compartida y la madre tierra, con el pretexo de industrializar áreas para exportación o la diversificación de extensos territorios para el monocultivo, todo ello altamente agresivo contra el equilibrio natural.
Los resultados están a la vista en todas partes, la agricultura y la ganadería deben recuperar su carácter libre sin domesticación, deben recuperarse bosques y selvas para fomentar la caza restringida a los ritmos de reproducción y continuidad de cada especie, en fin, hay mucho por hacer y aprender, pero eso no lo van a hacer los estados, pues están inmersos orgánicamente en el proceso global de acumulación. Tendrán que hacerlo las comunidades campesinas, originarias, afros rurales y urbanas, así como la población de las ciudades tendrá que aprender como producir una relación e interacción con el mundo natural, los alimentos y medicinas. Un buen ejemplo de ello son los pescadores artesanales que enfrentan en todas partes la agresión de los estados que fomentan la pesca industrial destructiva aniquilando la biomasa.
Hay que felicitar la honestidad de los científicos y medios cubanos que han puesto el dedo en la llaga haciendo sonar las sirenas de alarma que podrán alentar a todos los niveles la necesidad de modificar las relaciones entre los hombres y de ellos con la naturaleza, en especial reconociendo y permitiendo el rol expansivo y libertario de las mujeres y jóvenes, que no pueden esperar resultados estatales, sino que pueden descubrir que es posible el despliegue de la potencia social con autonomía.

Jaime Yovanovic (Profesor J)

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