Significados políticos y sociales de las presidenciales en Ecuador

Si pierde Moreno, el delfín de Correa, será el broche de oro de la oleada derechista que ha aprovechado el efecto social de los abusos de la izquierda, el nacional-populismo y el progresismo, que han ganado gobiernos mediante el clientelismo y prebendismo sin tocar el modelo



Significados políticos y sociales de las presidenciales en Ecuador

Si pierde Moreno, el delfín de Correa, será el broche de oro de la oleada derechista que ha aprovechado el efecto social de los abusos de la izquierda, el nacional-populismo y el progresismo, que han ganado gobiernos mediante el clientelismo y prebendismo sin tocar el modelo, más bien utilizándolo para acrecentar el extractivismo destructor de la madre tierra y de las comunidades para beneficiarse del boom de las exportaciones de commodities, que al venirse abajo los ha dejado a merced de sus adversarios de la otra cara del poder.

Si gana Moreno, que para eso se ha puesto en juego la capacidad de “comunicación” de Telesur y Prensa Latina, así como los intelectuales de izquierda como Atilio Borón, que llegó hasta el absurdo de calificar esta elección como la batalla de Estalingrado, que el periódico de la Surda El Ciudadano, que posa de autónomo, no vaciló en publicar de inmediato, será la algarabía de los militantes e intelectuales de los partidos de izquierda, escepto los venezolanos que no compran el nacional-populismo de Maduro-Cabello, de esos partidos que viven el binarismo buenos-malos para disputar los cargos del poder aplastando a los movimientos sociales autónomos, sindicatos sin tutela partidaria y comunidades indígenas, campesinas o afrodescendientes que resisten la ofensiva izquierda-derecha de la desposesión por despojo para sus mega-proyectos, explotaciones mineras, hidrocarburos o monocultivos, que es lo que les exige el capital para acceder al circuito global de acumulación de ganancia. Por eso les conviene posar de anti-capitalistas o de antiimperialistas para atraer gente honesta a su articulación con el capital globalizado por medio de los estados y gobiernos.

Si gana la derecha de Lasso o Vitieri, habrá un respiro de pocos meses para que los movimientos sociales y comunidades se recompongan de la masacre correista que les ha caido encima, con cientos de dirigentes presos, criminalización de la protesta, ocupación de tierras y selvas por las grandes empresas y aún la militarización de los territorios ambicionados por el capital. De nada les ha servido atacar al imperialismo yanqui si se han vendido al imperialismo chino. Como los chinos son del club rojo, entonces estamos bien, viva el genocidio de Correa en nombre del socialismo.

La derecha no lo hará mejor, puesto que ambos son iguales en la necesidad de acrecentar la acumulación, con la diferencia que las izquierdas han aumentado el clientelismo para atraer seguidore y votantes mediante medidas que han favorecido temporalmente a los pueblos, pero que se caen al sostener el modelo, ya que el discurso “anti” no sirve, son las prácticas efectivas de modificaciones de la matriz productiva y la autonomía de los autogobiernos comunitarios que pueden asociarse con estados y gobiernos para resistir juntos la nueva ofensiva global que se viene contra la gente y contra la naturaleza, donde el muro y el racismo de Trump y los ingleses, son apenas indicadores de lo que vendrá en breve.

Sólo la victoria de Moncayo puede permitir una asociación, aunque temporal, como máximo un par de años, de gobierno centralizado y gobiernos de las comunidades autónomas que se expanden por selvas, campos y periferias de las ciudades. Veremos si Moncayo no hace como Evo Morales, de aniquilar los movimientos para la cohesión estatal del gobierno asociado con las fuerzas armadas nacionalistas (de allí tanto apelo al tema del mar). Moncayo es bien amigo de las comunidades, que le han dado su apoyo en esta coyuntura electoral, pero antes de eso es un nacionalista militar, un héroe de guerra, que condujo las tropas ecuatorianas en la guerra contra Perú en que este último se apropió de una extensa parte de la selva ecuatoriana y los milicos sueñan con recuperarla y lo proclaman a los cuatro vientos.

Conclusión: Ningún gobierno es confiable, sólo son confiables los autogobiernos territoriales comunitarios y allí hay que concentrar todos los esfuerzos, pues por ahí vene el cambio civilizatorio.

Jaime Yovanovic (Profesor J)
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