Conjeturas sobre los obstáculos ideológicos

respecto a la aplicación de la Constitución en Bolivia, no se ha tomado en cuenta al pueblo, a los pueblos indígenas, a las multitudes, a las colectividades, a los grupos y a los individuos. El monopolio político oficialista decidió interpretar a su regalado gusto la Constitución y promulgar leyes que no corresponden al desarrollo legislativo constitucional, sino son la continuidad de la estructura jurídica y política del Estado-nación. El Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico brilla por su ausencia, salvo en los símbolos folclóricos introducidos como nombres rimbombantes, sin asidero ni contenido, y en las forzadas ceremonialidades del poder.



22.02.2017 11:02

Conjeturas sobre los obstáculos ideológicos

Raúl Prada Alcoreza

La episteme compleja plantea varios problemas, al momento de querer desenvolverse en el pensamiento complejo. ¿Es posible efectuar este pensamiento en la interpretación, en la explicación, en el análisis? La interpretación, la explicación, el análisis, suponen la intervención del interprete, del explicador, del analista; por lo tanto, su mirada, aunque sea móvil, atenta y abierta a focalizar mejor, para ver mejor, es la que percibe y experimenta la fenomenología de la percepción. En esta fenomenología se figura, configura, emerge el sentido y los significados, se construyen conceptos. Entonces, la complejidad es resuelta desde esta intervención. Sabemos que hay posibilidad de otras resoluciones, aunque se parezcan mucho, que definen desde imperceptibles diferencias hasta notorias diferencias. ¿Se puede hablar de pensamiento complejo, cuando, de todas maneras, a pesar de asumir la complejidad como dinámica simultánea, se reduce la complejidad a partir de la perspectiva del intérprete? Este es ciertamente un problema. No parece de fácil solución, ni tampoco que se lo haya resuelto; es un desafío para el pensamiento complejo, en construcción. Sin embargo, esta dificultad no debe detener la construcción social del pensamiento complejo.

Planteado el problema, no pretendemos solucionarlo de sopetón; tarea que parece más bien colectiva. Vamos a proponer una alternativa intermedia, por así decirlo. Supondremos tres perspectivas distintas, que corresponden no solamente a distintas miradas, por lo tanto enfoques, sino diremos como si correspondieran a tres “mundos” diferentes. Esto no tanto como mundos, sino como metáforas de mundos; pues lo que interesa es establecer que se trata de tres jugadores hermenéuticos o intérpretes, que se basan en tres estructuras de reglas distintas. Cada quien sostiene que el cuadro de las reglas que atiende son las adecuadas y permiten, por así decirlo, la objetividad, que requiere el conocimiento. Vamos a suponer que estos tres “mundos” se cruzan, se yuxtaponen, con todo lo que conllevan; sus concepciones de mundo y sus esquemas de conducta, sus modelos de prácticas, en el espacio de intersección. ¿Qué ocurre? Vamos a tratar de conjeturar, lo más adecuadamente que se pueda, la concurrencia y los juegos hermenéuticos que se dan entre las tres perspectivas de mundo, concepciones de mundo y esquemas prácticos.

También vamos a suponer que los involucrados actúan con honestidad. Ciertamente, no es de esperar que así lo hagan efectivamente; lo que no quiere decir que actúan necesariamente con deshonestidad, sino que la información a mano, sobre todo, en lo que respecta a los esquemas prácticos y reglas de juego de los otros involucrados, les sirve, a cada quien, para favorecer la propia perspectiva y la propia actuación.

Conjeturas

1. Cada quien cuenta con un recorte de realidad, que interpreta según su cosmovisión. Cada quien tiene determinada incidencia en el espacio de intersección de los “mundos”, que para el efecto, puede considerarse, mas bien, como el mundo efectivo donde actúan.

2. Las tres perspectivas en concurrencia y sus respectivos esquemas de comportamiento entran en competencia, también se contrastan con la realidad defectiva, sinónimo de complejidad.

3. Al sufrir el impacto del mundo efectivo, los “mundos” propios, de los involucrados, tienen varias alternativas. O se adecúan al mundo efectivo; lo que exige modificar la perspectiva propia y los esquemas de comportamiento. O, mas bien, se resisten a cualquier modificación e intentan imponer su propia concepción de mundo y esquema de comportamiento al mundo efectivo. O llegan a acuerdos, si se quiere transitorios, entre los “mundos” propios, de tal manera que conforman una especie de eclecticismo interpretativo y eclecticismo práctico. O no llegan a ningún acuerdo, ni entre los “mundos” propios, ni con el mundo efectivo; en consecuencia, esta obstrucción epistemológica y práctica los lleva a la desaparición, a la larga o a la corta.

Por ahora, no interesa tanto los posibles desenlaces, sino el primer encuentro, entre los “mundos” propios y con el mundo efectivo. ¿Cómo interactúan los “mundos” propios y cómo interactúan con el mundo efectivo? Siguiendo con las conjeturas, diremos que los otros “mundos” propios, para el “mundo” propio de autorreferencia, resultan extraños y ajenos; hasta como una amenaza, en el extremo caso. En consecuencia, en cada “mundo” propio se persiste en la concepción de mundo heredada y en el esquema de conducta incorporado. Se exige que los otros actúen de acuerdo a su cosmovisión y sus esquemas de comportamiento propios. Como no lo hacen, pues todos actúan de acuerdo a lo propio, es de esperar las confrontaciones. En estas condiciones y circunstancias, el empleo recurrente es el uso de las fuerzas disponibles. Se supone que, en estas condiciones, es la correlación de fuerzas la que define los resultados.

Sin embargo, sea cual fuere la resultante de la correlación de fuerzas, esta resultante no es permanente, por más duradera que pueda ser; dependiendo de la estructura, la organización, la capacidad de mantener el control y la duración de esta resultante. No parece pues ser una solución adecuada, desde la perspectiva vital, pues no deja de ser provisional y circunstancial. La pregunta es: ¿por qué teniendo a mano la posibilidad de aprender y aprehender de los otros “mundos” propios, sobre todo, del mundo efectivo, no se lo hace? Esta apertura es la condición de posibilidad vital para construir conocimiento y esquemas de comportamiento, esquemas prácticos, cada vez más adecuados, que interactúen mejor con el mundo efectivo.

Confrontaciones en la coyuntura

La coyuntura boliviana puede resumirse de la siguiente manera:

a) Las marchas en defensa del voto ciudadano, concretamente, en defensa de los resultados del referéndum sobre la modificación de la Constitución para habilitar al presidente a un nueva reelección, que dijo No, por mayoría absoluta.

b) Las marchas en apoyo a la reelección del presidente, que desconocen el resultado del referéndum, aludiendo a un supuesto “cártel de la mentira”, que habría influido en la votación.

c) El conflicto de los cultivos de la hoja de coca, desatado por el proyecto de ley, que se entregó al Congreso, para su tratamiento, donde se le quitan mil hectáreas a la “zona tradicional” de cultivo de los Yungas para otorgárselos a la “zona de transición”, que no deja de ser “excedentaria”, del Chapare.

d) El conflicto político, jurídico y constitucional, definido por la defensa de la democracia institucional, configurada por la pulseta de las dos marchas confrontadas, se puede describir como el enfrentamiento ideológico, político y jurídico por la democracia institucional. En cambio, el conflicto cocalero parece, mas bien, responder a la confrontación de dos ámbitos geográficos del cultivo de la hoja de coca; para resumirlo, de modo fuerte, diéremos, un ámbito geográfico del “cultivo lícito” y otro ámbito geográfico del “cultivo ilícito”. Aunque no sea del todo así, preferimos decirlo de este modo para ilustrar.

e) En esta coyuntura hay pues, por lo menos, dos campos de lucha distintos; uno relativo a la democracia institucional; el otro relativo a las cuotas de producción del cultivo de la hoja de coca. Llama la atención que, aunque ambas formas de confrontación, con sus propias genealogías de poder y cartografías políticas, se hayan dado en la misma coyuntura, no se hayan aludido o tomado en cuenta. Salvo la alusión despectiva de uno de los organizadores de la marcha de la defensa del voto que descalificó la protesta de los cocaleros de Yungas, prácticamente acusando de actos vandálicos, así como lo hace el gobierno. ¿Cómo interpretar esta mutua indiferencia?

Acudiendo a nuestras conjeturas, diéremos que las ideologías en despliegue, los esquemas de conducta y prácticos en ejercicio, no se toman en cuenta; tampoco parece que toman en cuenta la realidad efectiva. Persisten en sus cosmovisiones heredadas y sus esquemas de conducta, que moldean sus actitudes. No es pues un ejemplo de apertura, por lo tanto, de aprendizaje, sino mas bien, de persistencia de lo mismo, independientemente de que sus demandas sean justificadas. El tema del problema es que no basta la justicia de la demanda, tampoco basta la razón que se tiene, sino que es necesario contar con la comprensión de la realidad efectiva, sinónimo de complejidad, para que las acciones puedan tener mejores posibilidades de incidencia.

Ciertamente, el “mundo” propio, recurriendo a nuestra metáfora en uso, que menos apertura tiene es la del gobierno, la de la forma de gubernamentalidad clientelar, con todos los aparatos de Estado y políticos que lo acompañan. Esta clausura ideológica, este ensimismamiento, un tanto autista y hasta narcisa, se parece a un rechazo paranoico de la realidad efectiva; lo que, probablemente, lleva al suicidio inducido o derivado, aunque no se lo quiera. Los otros “mundos” propios mencionados, aunque cuenten con algunas ventajas comparativas, debido a pequeños desplazamientos de apertura al aprendizaje, no dejan tampoco de clausurarse ideológicamente; pues la apertura como tal, el aprendizaje como tal, la comprensión de la realidad efectiva, no se da.

La coyuntura boliviana, forma parte de la coyuntura regional, así como de la coyuntura continental y mundial. Para reducirlo sucintamente, esta coyuntura mundial, con toda su composición diferencial y compleja, se caracteriza por la crisis ecológica, la crisis civilizatoria, la de la modernidad, la crisis del sistema-mundo capitalista. Esta coyuntura es, por así decirlo, un momento de la realidad efectiva planetaria. La comprensión de esta realidad efectiva equivale a transformaciones requeridas de las perspectivas, las cosmovisiones y los esquemas de comportamiento. Si esto no ocurre, lo probable, es la periclitación de estos “mundos” propios en confrontación, entre ellos y con el mundo efectivo.

Respecto al conflicto cocalero, no se ha tomado para nada en cuenta a los acullicadores, que, en Bolivia son estimativamente tres millones. Los acullicadores son la justificación concreta de por qué se cultiva coca; sin los acullicadores no habría por qué cultivar coca. Resulta que los cultivadores de coca fumigan y ponen fertilizantes, atentando contra la salud de los acullicadores. Entonces, ¿cómo seguir usando el argumento de “cultivos tradicionales”? Esto de no tomar en cuenta, en democracia se debe hacerlo, a los usuarios, es decir, a los ciudadanos concretos, se ha vuelto una costumbre en la democracia institucional.

Otro ejemplo, el tema comunicacional. Los anteriores conflictos, más mediáticos que otra cosa, en torno a la Ley de comunicación, no tomaron para nada en cuenta a los usuarios; a quienes se ignora. Se los condena a sufrir mediocres programas mediáticos de toda clase, incluso de pésima calidad comunicacional y periodística, perdiendo la característica de la información.

Un tercer ejemplo, respecto a la aplicación de la Constitución, no se ha tomado en cuenta al pueblo, a los pueblos indígenas, a las multitudes, a las colectividades, a los grupos y a los individuos. El monopolio político oficialista decidió interpretar a su regalado gusto la Constitución y promulgar leyes que no corresponden al desarrollo legislativo constitucional, sino son la continuidad de la estructura jurídica y política del Estado-nación. El Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico brilla por su ausencia, salvo en los símbolos folclóricos introducidos como nombres rimbombantes, sin asidero ni contenido, y en las forzadas ceremonialidades del poder.

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