Coyuntura descoyuntada y mundo al revés

¿Por qué convocar a una Asamblea Constituyente si se tiene una Constitución bolivariana?



03.05.2017
Coyuntura descoyuntada y mundo al revés

Raúl Prada Alcoreza
http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/coyuntura-descoyuntada-y-mundo-al-reves/

Por qué convocar a una Asamblea Constituyente si se tiene una Constitución bolivariana

¿Por qué convocar a una Asamblea Constituyente si se tiene una Constitución bolivariana? Parece que los que gobiernan a nombre de esta Constitución y en la República Bolivariana de Venezuela, la que fundo dicha Constitución, perdieron los ejes cardinales. No se encuentra coherencia a esta decisión gubernamental; tampoco parece tener asidero político, en el sentido de encontrar un marco o contexto donde sostenerse, sin hablar de horizonte, que sería mucho pedir. La responsabilidad de los llamados “chavistas” es precisamente defender la Constitución y la República Bolivariana de Venezuela, recientemente constituida; sin embargo, asistimos a un contrasentido político; los mismos “chavistas” deciden convocar a una Asamblea Constituyente. Esto solo tendría coherencia si los que convocan fuesen los que se opusieron a la constituyente y después a la Constitución bolivariana, incluyendo a la institucionalidad constituida e instituida, la República Bolivariana de Venezuela. Es más, los que defienden la Constitución son los de la llamada “oposición”. Es como si asistiéramos a las manifestaciones de un mundo al revés.

En el análisis de la crisis política de Venezuela, sobre todo, del partido gobernante, no se puede soslayar la derrota sufrida en las elecciones legislativas; el partido de mayorías, incluso absolutas, desde la lectura de la representación y delegación congresal, terminó siendo una minoría en la representación popular parlamentaria. Esto es no solamente una derrota contundente, que no quiere aceptar el oficialismo, tampoco la “izquierda” apologista, aduladora y caudillista, sino es un aplazamiento político. Los sucesores de Hugo Chávez acabaron con la revolución bolivariana; son el termidor de la revolución. Lo lamentable es que lo hagan a nombre de la “revolución” misma. Ahora, después que acabaron con la revolución, detuvieron el “proceso de cambio”, llegando a un punto de inflexión, desde donde retrocedieron, convirtiendo el proceso en regresivo, quieren también acabar con la República Bolivariana de Venezuela; desechando el logro jurídico-político, que es la Constitución. La misma que se efectuó en pleno asenso popular y multitudinario; ahora, con las fuerzas debilitadas, sin orientación política, sin capacidad para enfrentar la crisis, con gran parte del pueblo, que apoyó, sucesivamente al proceso de cambio, en pleno desencanto, incluso, desplazándose fuera del “chavismo”, llaman a una Asamblea Constituyente, en pleno desbande y desmoronamiento de la revolución. ¿Qué puede salir de semejante engendro forzado? Por cierto, hay que descartarlo, no una Constitución más avanzada que la bolivariana. Estamos ante el desmantelamiento de la Constitución bolivariana, de la República Bolivariana de Venezuela, por los autodenominados “bolivarianos”, que incluso se pretenden “socialistas”.

Lo que no solamente parece un mundo al revés, en una coyuntura, no solamente momento intenso de la crisis política y económica, sino coyuntura descoyuntada, podríamos imaginar, para continuar con esta sucesión de hechos, que parecen de ficción política, a una “oposición” que lo único que tiene que hacer para que sus deseos conservadores se cumplan, es dejar hacer a “chavismo” gobernante, dejar que desmantelen los propios logros de la revolución. Ciertamente eso no va ocurrir. La “oposición” está tan obcecada como el oficialismo; la ventaja comparativa que tiene la “oposición” es que conserva cierto principio de realidad, por lo menos, ciertos referentes, que de todas maneras orientan en el quehacer político; paradójicamente, defiende la Constitución y su institucionalidad.

Pocas veces, en la historia política de la modernidad, se asiste a algo semejante; a la total perdida del principio de realidad. Al desborde descomunal y perverso del principio de placer hedonista, narciso y compulsivo. Los que se sientan en el poder o lo ejercen desde el gobierno, desde los aparatos de Estado controlados, son los propios sepultureros de su gubernamentalidad. Se trata del desenfreno de la conducta política desorientada, imbuida de imaginarios insostenibles. Como los de la convocatoria popular, perdida hace un tiempo; como cuando creen hablar desde el monte de la historia para salvar a los desposeídos. A los únicos que hablan es a sus propios fantasmas.

Esto no solamente es muestra de las consecuencias de una derrota no aceptada, sino del desmoronamiento político más decadente. Los símbolos mismos de toda revolución, sobre todo, de la combinación singular de la revolución nacional-popular y social, son tirados al suelo, manoseados por impostores, que están muy lejos de la conducta revolucionaria, así como están distantes de lo que fue notoriamente la convocatoria del mito encarnada en Hugo Chávez.

Tantas veces hemos repetido y nos hemos acordado de una lúcida apreciación de Karl Marx en el 18 de brumario de Luis Bonaparte; que la historia no se repite dos veces; si lo hace, una es como tragedia y la otra como farsa. Nunca está de más volverlo hacer, sobre todo, en estas circunstancias tan elocuentes en lo que respecta a lo que señala el enunciado. Sin embargo, habría que anotar que, cuando se repite por tercera vez, sin haber aprendido las lecciones de la historia política, sobre todo, de las revoluciones, se repite como comedia grotesca, espantosa; perdiendo no solamente el encanto y el entusiasmo que suscitaba en el pueblo, sino incluso las tibias y superficiales analogías, que todavía conservaba la comedia o la farsa. Sin entusiasmo ni encanto, tampoco sin analogías, la revolución hecha por las multitudes sublevadas en el Caracazo, pues ahí comenzó todo, por así decirlo, se derrumba de la manera más calamitosa.

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