La concepción proyectada del mal

La precisión de Marx sobre la ideología, en lo que respecta a la fetichización, es decir, el de atribuir vida propia o autonomía a la mercancía - cuando no se trata, de ninguna manera, de relaciones entre cosas, sino, mas bien, de relaciones sociales -, en gran parte se ha perdido, en la mayoría de las corrientes marxistas. Nosotros retomamos este sentido.
En este ensayo buscamos observar ciertos comportamientos ideológicos de las mallas institucionales en relación a las formas desbordantes y perversas del mismo sistema-mundo capitalista; haciendo o suponiendo como si no formaran parte de este sistema-mundo. Hablamos de la economía política del narco-tráfico desde una perspectiva normativa; otra, desde una perspectiva política; una tercera, lo hace desde una perspectiva policial.
No solo que la norma ha sido desbordada, no solo que ha resultado inútil, para enfrentar el narcotráfico, sino que las instituciones que norman han sido atravesadas por las redes vinculadas a esta economía política del narcotráfico.



13.07.2017
La concepción proyectada del mal

Raúl Prada Alcoreza
http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-concepcion-proyectada-del-mal/

La ideología obviamente no es monolítica ni homogénea; de manera diferente, acontece de forma variada. Por eso, se la nombró, mas bien, pluralmente, como ideologías. Sin embargo, cuando nos referimos de esa manera, singular, a la ideología, lo hacemos para destacar su característica peculiar, lo que la hace como tal; hablamos de su facultad o su magia de fetichizar. La ideología es propiamente el acontecimiento de la fetichización, tal como Karl Marx la definió tan claramente para referirse al fetichismo de la mercancía. Aclarado esto, nuestro punto de vista, nuestra manera de abordar el tema, no se resuelven todos los problemas inherentes al respecto del concepto de ideología. El sentido estricto, etimológico, de ideología, es estudio de la idea o, si se quiere, de la capacidad de ideación. En su tiempo Antoine-Louis-Claude Destutt, marqués de Tracy, la definía como ciencia del pensamiento. Es el uso político la que trastrocó el sentido. Primero, como estigma de descalificación; los “ideólogos” eran para Napoleón Bonaparte los que están perdidos en el mundo de las ideas. Sin ir a los pormenores - remitiéndonos a anteriores escritos, incluso del periodo de Comuna o antes, del periodo de Episteme[1] -, quizás de ahí provenga, de esta deviación semántica, el sentido atribuido como idealistas, teniendo en cuenta, además, la calificación inherente al romanticismo. El marxismo le atribuye varias connotaciones; desde la que tiene que ver con la consciencia falsa o, si se quiere enajenada, hasta el de espacio de representaciones, donde la lucha de clases se convierte en lucha ideológica[2]. Sin embargo, la precisión de Marx, en lo que respecta a la fetichización, es decir, el de atribuir vida propia o autonomía a la mercancía - cuando no se trata, de ninguna manera, de relaciones entre cosas, sino, mas bien, de relaciones sociales -, en gran parte se ha perdido, en la mayoría de las corrientes marxistas[3]. Nosotros retomamos este sentido y esta perspectiva, el de la fetichización, de gran alcance crítico, y expandimos este acierto de Marx generalizándolo; hablamos de la fetichización generalizada y de la ideología como un fenómeno integral del sistema-mundo capitalista, incluso de la civilización moderna[4].

En este ensayo no buscamos volver a estos temas, tópicos y crítica de la ideología generalizada, sino partir de estas anotaciones para observar ciertos comportamientos ideológicos de las mallas institucionales en relación a las formas desbordantes y perversas del mismo sistema-mundo capitalista; haciendo o suponiendo como si no formaran parte de este sistema-mundo. Hablamos de la economía política del narco-tráfico, del conjunto de tráficos, calificados de ilícitos, de la violencia vinculada a los mismos, además de sus formas de organización como los carteles. Para resumir estos comportamientos a un perfil ilustrativo, que destaca la líneas de comportamientos más notorios, diremos que una de ellas, es el que enfoca el problema desde una perspectiva normativa; otra, desde una perspectiva política; una tercera, lo hace desde una perspectiva policial. Por el momento, nos vamos a quedar con estas tres actitudes estatales ante lo que hemos llamado economía política del narcotráfico, que forma parte de la economía política del chantaje[5].

El enfoque normativo señala al fenómeno desmesurado y perverso del narcotráfico como fuera de la norma, como anormal. A partir de esta consideración tipifica las actividades vinculadas como delitos, ponderados y clasificados de acuerdo al discurso jurídico y penal. Se trata de actividades que se mueven en los ámbitos de lo prohibido. La ley, entonces, criminaliza estas actividades y descalifica a las personas involucradas, señalándolas como delincuentes y criminales. Todo este dispositivo legal sirve para juzgar a los delincuentes y criminales dedicados a la actividad señalada; ponderando sus culpas, de acuerdo a la clasificación de los delitos y el alcance de su involucramiento. Sobre todo, cuando son capturados y llevados a juicio.

¿Cuál es el problema a respecto? No solo que la norma ha sido desbordada, no solo que ha resultado inútil, para enfrentar el narcotráfico, sino que las instituciones que norman han sido atravesadas por las redes vinculadas a esta economía política del narcotráfico. En consecuencia, en unos casos la ley es usada para encubrir a los capos, otras veces es usada para castigar a los involucrados más vulnerables, que hacen de “mulas” o trafican como hormigas, sin que caigan los jefes. Cuando ocurre esto, cuando caen algunos jefes, se debe o a la propia guerra entre carteles, guerra que involucra al mismo gobierno o parte de su burocracia. Sin embargo, los carteles siguen, aunque cambiando el mapa de sus dominios y las siglas de sus organizaciones, debido a la competencia despiadada y violenta, en la llamada guerra entre carteles; los carteles que caen y desaparecen son sustituidos por otros. Otras veces, aun cuando la Ley se endurezca, incluso llegando a afectar los derechos humanos, reconocidos y convenidos mundialmente, la ley dura como que empuja a los carteles organizarse mejor, camuflarse mejor, copar no solamente territorios sino incluso instituciones.

El enfoque político considera al narcotráfico, en conjunto, como enemigo, incluso principal, de la sociedad. Lo llega a calificar, por su denotada violencia, como “narco-terrorismo”. Son conocidas las declaraciones de guerra de los gobiernos al narcotráfico, incluso iniciarla frontalmente. Estas guerras iniciadas por los gobiernos han sido perdidas por los estados; incluso los estados potencias; es más, por el propio orden mundial, que ha conformado dispositivos en distintos niveles para atacar este mal.

El problema, en este caso, relativo al enfoque político, es no solamente el notorio fracaso de las políticas contra el narcotráfico y contra el “narco-terrorismo”, sino que gobiernos y estados han sido atravesados, de una u otra manera, por lo que hemos nombrado como el lado oscuro del poder. El ejercicio político, que ha estado peleando contra su enfermedad congénita, la corrupción, ahora, se ve contagiado por una enfermedad peor, la de los tráficos ilícitos, que lo atraviesan y han cooptado, por lo menos, parte de su malla institucional.

El enfoque policial tiene al narcotráfico como objeto o campo de objetos, como objetivo o mapa de objetivos, de su persecución y lucha; por lo menos, como tareas asumidas, como programas de la institución, como discursos dichos. Las personas involucradas, los carteles, las asociaciones, involucradas, no solamente son el enemigo, como en el caso del enfoque político, sino son el mal, son los perseguidos, los buscados, contra los que se lucha, contra los que se tiene activados los dispositivos y la estructura misma de la institución policial, incluso militar.

El problema es que aquí también la policía ha sido atravesada por las redes y circuitos de esta economía política paralela y clandestina. Por lo menos, parte de su organización institucional ha sido cooptada por los carteles, de una u otra manera, directa o indirecta. Para el colmo, las reformas de la policía, las reestructuraciones, las disposiciones de castigo y expulsión de elementos contaminados o involucrados, si bien, en algunos casos, han servido un lapso para diferir el problema, con el tiempo se ha vuelto a situaciones parecidas o peores.

En los tres planos relativos a los tres enfoques de “lucha contra el narcotráfico”, las instituciones, estructuras, enfoques, estrategias, dispositivos, han perdido esta lucha. El balance es contundente y el panorama puede parecer desolador, a pesar de los denodados esfuerzos institucionales, estatales y del orden mundial por mostrar otra cosa. Sin embargo, los tres enfoques parten de un error inicial; consideran que lo que señalan como anormal y perverso, como delito y crimen, como enemigo de la sociedad, como el clandestino opaco perseguido, no forma parte del sistema mismo social, político y económico. Como si fuese externo al funcionamiento del sistema-mundo capitalista. Dicho en otras palabras, estos enfoques miran afuera y no miran adentro.

Como hemos venido mencionando desde Diagrama de poder de la corrupción[6], este diagrama de poder forma parte de la economía política del chantaje; esta economía política contiene como eje de funcionamiento y como núcleo estructural al narcotráfico, en la contemporaneidad álgida y problemática. La economía política del chantaje no se explica sin la economía política institucionalizada, de la que forma parte, como desprendimientos y desbordes. En pocas palabras, el peso de este tipo de economías políticas se ha expandido en la etapa especulativa del ciclo vigente del capitalismo, cuando la dominancia del capitalismo financiero se impone.

Exagerando, para ilustrar, es como decir, que el Estado y el orden mundial han perdido la guerra porque no pueden pelear contra sí mismos; aunque crean que pelean contra otro, el delincuente, el criminal, el terrorista, el enemigo social, el clandestino. El problema es que todos ellos, dependiendo desde donde se los nombra y ataca, han salido de la misma sociedad institucionalizada, donde se encuentran las instituciones que luchan contra este mal.

Una primera conclusión, rápida, de este balance sucinto de la llamada “lucha contra el narcotráfico”, es que no se puede ganar la guerra contra el narcotráfico cuando esta economía política paralela y clandestina, si se quiere, perversa, es una de las formas de la economía política capitalista y de la economía política generalizada.

Un reportaje de la situación

En un reportaje de la BBC Mundo, el escritor mexicano Juan Villoro habla sobre la esquizofrenia del país, además de por qué “toda bala es una bala perdida”. Dice que al cumplirse 10 años, el 11 de diciembre, del inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, sólo puede encontrar palabras oscuras para definir lo que ha significado este período aciago para el país. Ni siquiera hay claridad sobre el impacto en cifras. Los muertos como consecuencia de este conflicto podrían ser alrededor de 150.000, los desaparecidos casi 30.000; las últimas cifras que se manejan son de 300.000, sumando muertos y desaparecidos. México “se ha convertido en una gigantesca necrópolis”. No hay duda del resultado negativo de la estrategia de combate a los carteles, iniciada en 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón. “El Estado ha perdido total soberanía, la desigualdad social ha aumentado, el consumo de drogas no ha bajado. Entonces ha sido un fracaso total, porque se ha entendido que para combatir el problema del narcotráfico la única solución es militar y a lo único que se ha llegado, a mí me parece, es a la comprobación de que toda bala es una bala perdida”. “Ninguno de nosotros calculó la dimensión de lo que iba a alcanzar”. “El baño de sangre en el que nos íbamos a meter, por la inmensa irresponsabilidad del presidente Felipe Calderón, que desconocía por completo al enemigo que iba a enfrentar; no tenía ninguna estrategia al respecto”. Pese a que el enfoque gubernamental no ha dado resultados, no existe en el país ninguna señal que, desde la cúpula del poder, se busque una alternativa. “La estrategia militar ha sido un desastre porque no ha habido un repliegue de la violencia, no ha habido una disminución del tráfico de drogas y esto solo ha contribuido a acentuar el baño de sangre. No hay ninguna evidencia, desde el punto de vista práctico, que avale esta estrategia. Si eso no ha cumplido su cometido, es hora de cambiar el enfoque, pero esto no se ha hecho”. Aunque cuando llegó Enrique Peña Nieto a la presidencia hace cuatro años, en un principio el discurso fue otro, en términos prácticos y sobre el terreno la situación no ha cambiado. “Hubo signos alentadores, en el sentido de que él dijo que el narcotráfico no debía ser enfocado como un problema de seguridad nacional sino de salud pública”; pero, no se crearon los suficientes mecanismos para poder modificar la estrategia”.

Villoro destaca un momento central de estos diez años al recordar una declaración de Calderón sobre la existencia de 7,5 millones de “ninis” en el país, es decir, jóvenes que no estudiaban ni trabajaban. “Curiosamente el mismo presidente que daba esa estadística no hacía nada para enfrentar el problema”. “Evidentemente ese tipo de jóvenes son el caldo de cultivo perfecto para el narcotráfico, no se convierten en sicarios porque tengan una vocación demoníaca. La mejor oferta racional sensata que tienen enfrente es la de entrar al narcotráfico”. Es la existencia de fondo de un problema social más complejo, que no ha sido atacado y que no se soluciona con los militares en las calles, intentando capturar a líderes de los carteles. Y no sólo se trata de complementar y diversificar una estrategia militar. “Como pudimos ver en el caso Ayotzinapa”, “los narcotraficantes y las autoridades están plenamente coludidos; entonces, atacar a los narcotraficantes significa investigar al gobierno”. Allí se encuentra uno de los desafíos mayúsculos a la hora de combatir la situación. Recuerda una frase del escritor mexicano Élmer Mendoza: “No hay que cuidarse de los malos, sino de lo que parecen buenos”.

Al haber demasiados intereses en juego, lo que falta es voluntad política para enfrentar el problema. Quienes “pretenden mantener una fachada honorable y sirven de contacto o de socio al narcotráfico: esas son las gentes que tienen mucho que perder, si se sabe que tienen contacto con el crimen organizado, por lo tanto, son estas personas las que más amenazan a los periodistas, las que se encargan de proteger, desde una sociedad aparentemente institucional, al crimen organizado”. “Todas las sociedades del mundo tienen corrupción y todas tienen una zona donde lo ilícito se vuelve aparentemente lícito; pero el problema en México es que esto ha alcanzado una escala enorme, entonces el rango de empresarios, militares, policías y políticos coludidos con el crimen organizado es enorme; es muy difícil combatirlo y este es el sector que es más peligroso para quien trata de hacerlo”. Y si aquí la magnitud del fenómeno alcanzó cotas inimaginables, en parte, es por tener al otro lado de la frontera a Estados Unidos. “Hay que entender que somos vecinos del país que más drogas consume en el mundo y que más armas vende en el mundo; eso define mucho la situación mexicana”.

Villoro no encuentra mucha comprensión sobre la brutalidad de la violencia. “De alguna manera, el verdugo se siente más protegido con esta aniquilación extrema”; “pero es un fenómeno difícil de explicar y que no habría nada más grave que esto nos comenzara a parecer normal”. Villoro hace hincapié en la necesidad de hacer a un lado el pesimismo, pese a que el entorno no ayuda a ver las cosas de otra manera. “El optimismo es un gran desafío y es una radicalidad. Hoy día ser optimista pertenece a la disidencia, pertenece a la rebeldía; parecería que no hay muchas posibilidades de serlo, pero creo que vale la pena pensar que las cosas pueden ser diferentes”. Aprovecha el asunto del optimismo para explicar que los mexicanos no deberían resignarse a tener el país que tienen hoy día; añade que México, su realidad, es esquizofrénica. Todavía se trata de un país rico, pese a que casi la mitad de la población es pobre, aumenta el turismo, crecen las industrias y hay un ambiente cultural creativo enmarcado en una nación de “dos velocidades”. Ilustra esta divergencia con un ejemplo: la ciudad de Guadalajara es escenario cada año de la feria del libro más importante del idioma español y al mismo tiempo recuerda que se encuentran cadáveres fuera del propio evento.

La hoja de ruta que considera hacer incluye que el Estado vuelva a controlar las zonas donde se ha replegado y el narcotráfico actúa a sus anchas; también la legalización de algunas drogas. “En un país donde el Estado no imparte justicia, no ofrece opciones laborales, no garantiza la seguridad, es el narcotráfico el que, por sustitución, cumple esas tareas y eso es lo grave. Hay, por supuesto, maneras de recuperar la presencia del Estado, eso es innegable, es difícil, pero se puede hacer”. En el plan que propone, advierte la necesidad de integrar a la sociedad, que una parte de ella se sacuda de una peligrosa indiferencia hacia el horror que atraviesa el país.

Aunque las autoridades tienen más responsabilidades, recuerda un comentario de la escritora Cristina Rivera Garza sobre la gente que practica una suerte de “indiferencia militante, una apatía como forma de vida, para no asumir la responsabilidad de hacer algo”. “Hay todo para que estemos indignados y para que actuemos, pero, al mismo tiempo, siempre es más cómodo no hacer nada. Entonces hay una apatía cultivada por amplios sectores de la población y hay también sectores de la población dedicados a fomentar esa apatía”. “Muchas veces la indignación se queda en un tuit. Si vamos a cambiar el mundo en ese espacio muchas veces menospreciado que es el de la realidad, hay que pasar de la crítica a la transformación”.

Villoro considera que si alguna enseñanza han dejado estos diez años de guerra contra el narco es la del camino que se debe dejar atrás. “La única pedagogía ha sido la del error, sabemos que esto no se debe hacer, al menos no de esta manera, y es el único provecho que podemos sacar de estos años”[7].

Una descripción de las mutaciones

Otro reportaje de la BBC Mundo hace una descripción ilustrativa de los cambios en el mapa de dominio de los carteles. Se escribe que:

En los últimos años, prácticamente desaparecieron algunos de los carteles considerados en su momento como de mayor riesgo para el país. Otros, de reciente creación, aumentaron su presencia incluso en zonas históricamente controladas por organizaciones más antiguas. Al menos uno se fragmentó, otro fue diezmado por la persecución militar y dos más perdieron la guerra contra sus rivales. Así, el escenario ahora es distinto al de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico. Pero lo que no cambia es la violencia, que en lo que va de 2017 recuperó los niveles de los años más complicados de la lucha contra los carteles. En mayo pasado, por ejemplo, se registraron 2.186 homicidios violentos de acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Es el mes de mayor violencia desde 1997, cuando empezó el registro de crímenes en el país. En los 11 años que dura la guerra contra el narcotráfico han muerto más de 188.000 personas, según datos oficiales.

En lo que respecta a los cambios en el mapa de dominio de los carteles, el caso más notable es el del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que según las autoridades registra el mayor crecimiento de todas las organizaciones de narcotráfico. El grupo era parte del Cartel de Sinaloa, el más antiguo de México, y estaba bajo las órdenes de uno de sus fundadores, Ignacio Coronel “El Nacho”. Cuando en 2010 el capo es abatido por la Marina, la banda se independizó y en pocos años extendió su presencia en México. Actualmente el CJNG opera en Nayarit, Colima y Michoacán, en el occidente del país, así como en la región de Mexicali, Baja California, en el noroeste. También mantiene presencia en el Estado de México, Querétaro y una parte de San Luis Potosí, en la región central, así como en Veracruz, en el sureste, y las regiones costeras de Guerrero y Oaxaca, al sur. Pero su bastión central es Jalisco, territorio que arrebató a su antiguo socio, la organización de Sinaloa, considerada por autoridades mexicanas y estadunidenses como la más poderosa del continente. Para el grupo el estado en el oeste del país es emblemático: allí viven las familias de sus principales líderes, y durante décadas ha sido una de sus principales zonas de operación financiera.

A la pregunta de ¿cómo perdió su histórico bastión el Cartel de Sinaloa? Alberto Nájar, reportero de la BBC Mundo, escribe:

Por dos razones centrales, dicen especialistas como Alberto Islas, de la consultora Risk Evaluation:

El CJNG tiene una eficiente estructura financiera y militar… Y su rival se debilitó tras la captura y extradición de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, a quien dentro de su organización le llamaban también “El General”. El Cartel de Sinaloa, también conocido como La Federación, perdió algunas zonas importantes pero también extendió su territorio. Y lo consiguió tras derrotar a organizaciones rivales con una intensa guerra que causó la muerte a miles de personas.

Así ocurrió con Chihuahua, en el norte del país, que era controlado por el Cartel de Juárez. La organización ahora sólo tiene presencia en algunas regiones montañosas del estado, y en la fronteriza Ciudad Juárez, donde nació. Es el mismo caso del Cartel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix, quienes perdieron el control de la península de Baja California. Ahora el grupo sólo controla la ciudad fronteriza de Tijuana. La Federación también se extendió a Yucatán, en el sureste, donde anteriormente operaban Los Zetas.

Otro perdedor de la guerra es el cartel de los hermanos Beltrán Leyva, que perdieron el bastión de Sonora, en el noroeste del país. Ahora su presencia se reduce a la capital del estado, Hermosillo, la región costera cercana a la población y una parte de las montañas de Sinaloa. En esa región, una de las más productivas de heroína y marihuana del país, los Beltrán Leyva mantienen una intensa batalla contra la familia de Guzmán Loera.

Pero el mapa del narcotráfico también cambió por el combate de las autoridades. Con operaciones militares capturó o abatió a los fundadores del cartel de Los Zetas, uno de los más violentos de México y Centroamérica. El grupo perdió casi todo su territorio, que comprendía los estados costeros del Golfo de México y la península de Yucatán. Ahora opera en una parte de Coahuila y Tamaulipas, en el noreste, pero en éste se enfrenta con su antiguo aliado, el Cartel del Golfo. Los Zetas mantienen operaciones en Campeche y Tabasco, en el sureste, y controlan además Cancún, Quintana Roo, el principal destino turístico del país.

El caso donde más se nota la operación gubernamental es el de La Familia Michoacana y su sucesor, Los Caballeros Templarios. La organización mantenía el control del tráfico de drogas, la extracción de minerales y la venta de cítricos y aguacate en Michoacán. Ahora prácticamente desapareció, tras el combate de grupos de autodefensas promovidos por el gobierno federal y operaciones de inteligencia militar. Sus fundadores como Nazario Moreno González, “El Más Loco” o Servando Gómez, “La Tuta”, fueron abatidos o capturados. El territorio que controlaban es ocupado ahora por el Cartel Jalisco Nueva Generación[8].

Algunas maneras de soslayar el problema

Lo que ocurre en México no ocurre solo en México, sino, por así decirlo, en todo el mundo, en todas partes. El fenómeno que hemos denominado como decadencia extrema, que se manifiesta cuando el lado oscuro del poder toma el lado luminoso del poder[9], cuando las formas del poder paralelo y clandestino toma las estructuras del lado del poder institucional, no pasa solo en México, como insinúan los medios de comunicación, los “analistas políticos” y otros comentaristas, sino es un fenómeno desplegado y evidente en el sistema-mundo capitalista, casi en todos los estados. Que en México se de en formas desmesuradas y demoledoras es la singularidad de cómo acaece en el país, de una manera exacerbada, pavorosamente intensa y descomedidamente extensa; aquí se muestra el fenómeno en su apogeo, muestra al fenómeno en su manifestación hipertrofiada y espantosamente desmesurada, fenómeno que ocurre en todas partes de una manera menos descomunal. Puede el fenómeno llegar a adquirir esas dimensiones en otros países; todo depende del despliegue de la decadencia local.

A lo que ayuda la observación del fenómeno mexicano es a visualizarlo en sus composiciones extremas, perversas, demoledoramente violentas. A comprender hasta donde se llega en esta compulsión por la ganancia desmedida, el enriquecimiento despavorido, el extractivismo desbocado, la banalidad del consumo compulsivo, el deseo anhelante, ansioso y enfermo de reconocimiento artificial, de prestigio comprado, el atroz desprecio a la mujer, el absurdo ultraje y desconocimiento de la vida. A donde llevan las políticas del “desarrollo” a cualquier costo, a donde lleva la concentración de riqueza en pocas manos y el monopolio extremo de las disponibilidades de fuerza. Como dijimos más arriba, el fenómeno invasivo del lado oscuro del poder se encuentra inherente en las maquinarias de poder, en la máquinas económicas, en las máquinas de guerra, del sistema mundo capitalista, en su geopolítica de división de roles, en el funcionamiento de las maquinarias estatales. Un sistema-mundo sustentado en la destrucción planetaria, en la destrucción de los ecosistemas, es decir, en la destrucción de la vida, no puede sorprender que arroje el desprecio nihilista de las vidas humanas y el odio recóndito a la mujer.

Por eso, podemos decir que los enfoques normativos, políticos y policiales mencionados, que hacen eco a la concepción proyectada del mal, es decir, a señalar al mal como causante del drama y la tragedia humana, además proyectándola como si ocurriera afuera, en lugares innegables, son cómplices, al final de cuentas, de lo que ocurre, de que no se resuelva el problema amenazante. En el mejor de los casos, atinan a menguar las dimensiones del fenómeno; el pragmatismo norteamericano llega al cinismo de definir márgenes de tolerancia. No se plantean resolver el problema; lo que equivale a hacer desaparecer, para decirlo, de un modo conocido, sus causas. De lo que se trata no es de calmantes, de adormecentes, de atenuar las proporciones destructivas del fenómeno; tampoco de arrinconarlo por represión, por “guerra contra el narcotráfico”; lo que termina no solo intensificando la espiral de violencia, sino que, paradójicamente, refuerza la estructura organizativa de los carteles, de esta parte del lado oscuro del poder. Ocurre como si estos ataques alentaran la evolución misma del fenómeno. De lo que se trata es de diseminar las condiciones de posibilidad de este fenómeno de la compulsión destructiva, es diseminar el substrato del que se alimenta. Esto implica no otra cosa que desmantelar el sistema-mundo capitalista. Si no hay voluntad de hacer esto es que no se ha comprendido la gravedad del problema mayúsculo, no solamente este síntoma descomunal de la decadencia, que es la economía política del narcotráfico, sino la crisis ecológica, la crisis civilizatoria, la crisis cultural, optando, mas bien, por el sistema-mundo de la banalidad, de la acumulación abstracta, sustentado en la destrucción de la vida, de los ciclos vitales, de las ecologías planetarias.

[1] Ver Pensar es devenir. También Las armas de la crítica en la ontología de la praxis. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/pensar_es_devenir.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/las_armas_de_la_critica.

[2] Ver Fetichismo ideológico. https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/25/fetichismo-ideologico/.

[3] Revisar de LeszeK Kolacowski Principales corrientes del marxismo I,II y II.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/kolakowski_leszek_-_las_principales.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/kolakowski_leszec_-_las_principales.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/kolakowski_leszek_las_principales_c.

[4] Ver Crítica de la economía política generalizada.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_econom__a_pol__tica_.

[5] Ver Cartografías políticas y económicas del chantaje. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cartograf__as_pol__ticas_del_chanta.

[6] Ver Diagrama de poder de la corrupción. También Consideraciones sobre el diagrama de poder de la corrupción.

https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/06/diagrama-de-poder-de-la-corrupcion-2/.

https://pradaraul.wordpress.com/2016/05/26/consideraciones-sobre-el-diagrama-de-poder-de-la-corrupcion/.

[7] Ver 10 años de la guerra contra el narcotráfico en México: Juan Villoro habla sobre la esquizofrenia del país y por qué “toda bala es una bala perdida”. BBC Mundo.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38191600.

[8] Ver Los mapas que muestran los radicales cambios de influencia territorial de los carteles del narcotráfico en México. BBC Mundo.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40576103.

[9] Ver El lado oscuro del poder. https://pradaraul.wordpress.com/2016/03/17/el-lado-oscuro-del-poder/.

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