No culpemos al cambio climático de la desertificación y la sequía

El empresariado y los políticos culpan al cambio climático de la desertificación y la sequía, lo que es al contrario, pues el mal tratamiento de suelos, árboles, siembras, ganadería, química, pesticidas, transgénicos, etc. genera las condiciones de esa desertificación que junto a otras causas, también de mala relación de los humanos con la naturaleza, han provocado el cambio climático, que entonces no es causa, sino efecto. Este estudio y análisis en España, sirve para los estudios y medidas en todas partes.



Isabel Fernández del Castillo

No culpemos al cambio climático de la desertificación y la sequía
27 Mayo, 2017
http://isabelfernandezdelcastillo.com/no-culpemos-al-cambio-climatico-de-la-desertificacion-y-la-sequia/

Se ha convertido en nuevo dogma atribuir la causa de la creciente improductividad y erosión de las fincas agrícolas al cambio climático, tanto entre productores como entre los gestores. Y sí, hay un problema climático global, que duda cabe, pero afecta mucho menos de lo que están afectando las actuales prácticas agricolas, ganaderas e incluso, en cierta medida, forestales.

Una parte importante del territorio español está afectado por una desertificación avanzada, y buscar al culpable ahí fuera nos está impidiendo ver hasta qué punto lo que estamos haciendo aquí dentro está contribuyendo a erosionar los terrenos y modificar el clima localmente. La realidad es que el cambio climático afecta a la agricultura, es cierto, pero lo contrario también lo es: la agricultura industrial, tal como se practica hoy en día, contribuye directamente al calentamiento global. Y sobre esto último sí tenemos control: podemos hacer las cosas de manera diferente.

En todo proceso de desertificación del terreno se producen varios hechos interrelacionados entre sí:

Progresiva desaparición de la capa fértil, de la estructura y porosidad del suelo, de la red de micorrizas y vida microbiana del suelo. Disminución progresiva de la materia orgánica del terreno y del carbono incorporado en el mismo. Se trata, por tanto, de carbono que se acaba en la atmósfera, agravando el calentamiento global.
La disminución del carbono en el suelo y la compactación del mismo reduce la capacidad del terreno para absorber y retener el agua de lluvia cuando cae (el terreno se deshidrata), y también para generar nubes (las lluvias disminuyen, aumenta la insolación y por tanto la temperatura).
La falta de vegetación genera un aumento de la temperatura local.

¿Hasta qué punto lo que se está haciendo en agricultura / ganadería y gestión del territorio contribuye directamente a generar estos efectos? Repasemos qué nos muestran algunos de los últimos descubrimientos científicos:

El nitrógeno sintético destruye el carbono del suelo por ello los suelos tratados químicamente van perdiendo fertilidad progresivamente. Como todo el mundo sabe, los fertilizantes químicos de uso habitual en agricultura sólo tienen 3 elementos: nitrógeno, fósforo, potasio. Las plantas crecen con deficiencias y la tierra se va empobreciendo paulatinamente en minerales, en vida microbiana, y en carbono, aumentando su vulnerabilidad a las enfermedades y la erosión. La contaminación de acuíferos y ríos por nitratos es un problema global. El resultado de este proceso es que cada año se desertifican 7 millones de hectáreas de tierras (hasta entonces) productivas.
Menos materia orgánica/ carbono en el suelo implica menos lluvia. El ciclo del agua local se interrumpe.
La labranza, y aún más con maquinaria pesada, compacta el suelo y destruye su capacidad para infiltrar el agua de lluvia. No sólo por lo que sucede a nivel de la estructura interna del sueño: también a causa de la suela de labor. Cuanto más tiempo han sido labrados, más impermeable la capa superficial y más dura y compacta la suela de labor, que impide que tanto el agua como las raíces de las plantas puedan entrar en profundidad. (Si, se puede cultivar sin labrar).
Los suelos desnudos no son capaces de retener el agua de lluvia, impidiendo que ésta se infiltre en profundidad y recargue los acuíferos. La escorrentía, la erosión, la deshidratación del terreno y el riesgo de inundaciones cuando llueve son fenómenos relacionados entre sí. Por eso las imágenes de inundaciones suelen ser de barro. Este vídeo de un experimento en laboratorio lo demuestra claramente. Este es un ejemplo de lo que ocurre en la práctica cuando se destruye la vegetación. Los suelos deshidratados, además, son más vulnerables al fuego y a la erosión.
Los suelos desnudos generan, además, islas de calor, con el consiguiente aumento de la temperatura, y por causas de origen local.
La progresiva simplificación de los entornos por una mal entendida “limpieza”, con aniquilación de toda vegetación no vendible o subvencionable, y desaparición de muchos setos vivos, árbolado diverso en las lindes, sotobosques y riberas, ha convertido grandes extensiones de terreno en un mero sustrato del que obtener productos para la venta. Esto implica la destrucción de la capacidad de autorregeneración de la tierra. La resiliencia de los ecosistemas es directamente proporcional a la complejidad de las relaciones entre los distintos elementos del sistema (biodiversidad); por tanto la simplificación extrema de nuestros campos los ha convertido en algo extremadamente vulnerable y necesitado de intervención externa para tratar de enmendar constantemente las consecuencias del desequilibrio: plagas, pérdida de la fertilidad, esquía. Y no es por el cambio climático, es por la destrucción de la biodiversidad, de la fertilidad y la capacidad de autorregulación, principalmente.
Los grandes monocultivos de olivar, viñedo o frutales con los suelos desnudos, erosionados a base de productos químicos, laboreo y “limpieza” de “todo lo que yo no he plantado y voy a vender yo” son también una anomalía ecológica, fruto de una visión competitiva de la naturaleza que no se corresponde con la realidad. Enfermedades como la seca de la encina, y la xylella, que afectan a olivos, viñas, etc. además del declive de polinizadores que, no lo olvidemos, trabajan gratis, deberían hacer sonar la voz de alarma de que algo (o mucho) no se está haciendo bien. Las subvenciones europeas que pagan por metro cuadrado de terreno desnudo, aunque eso suponga quemarlo, y las leyes nacionales que permiten la recalificación de los terrenos quemados no ayudan, precisamente. La gestión del territorio desde las administraciones es, en muchos casos, un escollo añadido.
Y sí, España es más vulnerable que otros países europeos porque se trata de un ecosistema en gran medida semiárido. Y la aplicación de productos químicos y técnicas inadecuadas en zonas áridas tiene un efecto pernicioso mucho más intenso que cuando se aplican en otras regiones con más humedad.

¿Y qué podemos hacer?

Te invito a ver estos vídeos, que demuestran que, trabajando a favor de la naturaleza y de sus leyes, y no contra ella como se hace ahora, es posible revertir la desertificación y regenerar la fertilidad y productividad de la tierra, restaurar los cursos de agua, y volver a la vida lo que parecía muerto. Pero reconducir la inercia destructiva requiere trabajo, respeto por la tierra y sobre todo, un conocimiento profundo de cómo funciona la naturaleza, para trabajar con ella y no contra ella.

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