África: el grito ‘amazigh’ del pueblo rifeño vuelve a alzarse como no lo había hecho desde tiempos de guerra. Las protestas vuelven a tomar las calles de Alhucemas sitiadas por la policía

Las marchas cumplen nueve meses, pero el paro multitudinario de hoy recuerda a la Primavera Árabe de 2011



MARRUECOS
Las protestas vuelven a tomar las calles de Alhucemas sitiadas por la policía

21 JUL. 2017 10:42
Las protestas incendian el Rif
http://www.elmundo.es/internacional/2017/07/20/5970f234e5fdea6b418b45b4.html

Al otro lado del Mediterráneo, a 169 kilómetros en línea recta de Málaga, el grito ‘amazigh’ del pueblo rifeño vuelve a alzarse como no lo había hecho desde tiempos de guerra. “Hoy empieza oficialmente una segunda Primavera Árabe”, dicen los más jóvenes desde la siempre peleona ciudad de Alhucemas, al noreste de Marruecos. Hoy, a las 17:30 de la tarde, han vuelto a tomar las calles sitiadas por la policía. Llevan nueve meses haciéndolo, sin miedo, pidiendo al reino alauita una serie de derechos sociales que su historia les ha vetado. Ahmed, un joven que ha vivido en Gerona, explica por qué la manifestación del día 20 es diferente a las demás. Lo hace mirando de frente a los centenares de policías marroquíes y antidisturbios que intentan evitar unas protestas prohibidas por el Wilaya (las autoridades locales). “Han metido en la cárcel a más de 200 rifeños por salir a la calle y pedir unos derechos básicos para que nuestro pueblo tenga futuro. Pedimos su libertad”, dice Ahmed. “Ya es hora de que el mundo mire y entienda lo que está pasando en el Rif. Nos pueden reprimir, detener y golpear, pero nunca nos silenciarán”. En las callejuelas del barrio de Sidi Abid, los manifestantes juegan al despiste con la policía. Mujeres, hombres y niños gritan, los agentes cargan con gases lacrimógenos, los rifeños se esconden para volver a aparecer divididos en grupos en otros barrios. “Toma, ponte tabaco en la nariz y cebolla en los ojos. Así evitas que te duelan y no te mareas con el olor”, dice una anciana que sale a socorrer a los manifestantes atrapados en el humo.El icónico líder de las revueltas, Nasser Zefzafi, ya convertido para muchos en un símbolo en la historia del Rif, convocó estas protestas antes de ser detenido el 26 de mayo. No era una fecha casual. Buscó un día célebre que empujara a sus vecinos. Un día en el que se conmemorara algo tan importante como la última gran victoria de su pueblo, la del guerrero Abd El-Krim El Khattabi y sus hombres contra las tropas coloniales españolas durante el Desastre de Annual en 1921. Si a esto se suma que muchos rifeños que viven en el extranjero o en otras partes de Marruecos han vuelto por vacaciones a su tierra y se han unido a las protestas, el resultado es una manifestación masiva junto una huelga general que comenzó a las 16:00 horas, que no se recuerda desde la Primavera Árabe de 2011. “Hemos venido a apoyar a nuestro pueblo, que vean que no estamos solos”, dice Masa, un chico que vive en Leganés (Madrid)

Mujeres de Alhucemas se enfrentan a la policía marroquí, durante las protestas. OLMO CALVO
Entre los numerosos rostros femeninos que han salido a las calles de Alhucemas, se reconoce el de Nawal Ben Aissa, la ama de casa, mujer de un taxista y madre de cuatro hijos, reconvertida en una de las líderes del movimiento popular. “Queremos libertad para los presos políticos y libertad de expresión. Hoy es un día para que Marruecos recapacite”.Todavía quedaban un par de días para la gran manifestación cuando en el autocar de madrugada que salía desde Tánger hasta Alhucemas no había ni una butaca libre. No importaban las casi 10 horas de viaje por las peligrosas carreteras montañosas del noreste. Algunos rifeños volvían a su casa con ganas de alzar la voz más alto que nunca. “Después de nueve meses de lucha pacífica siguen encarcelando a un pueblo que sólo pide derechos básicos para sobrevivir”, dice Abdu, estudiante de Arquitectura, desde el asiento 42.La noche anterior al día 20, aquel tópico de que la calma precede a la tempestad se iba a cumplir. El extraño silencio auguraba el mayor levantamiento que ha vivido el Rif estos meses. Esa noche, en un café en el barrio de Dhar Nessaud, a lo alto de la ciudad de Alhucemas, Roberto Sansano, un ex legionario y titiritero valenciano de 89 años que lleva 71 viviendo en Marruecos, explicaba esa sensación de nebulosa paz. “No han parado de llegar furgones policiales durante todo el día. Hoy la gente está tranquila, descansando. Se llama la falsa calma”. Pocas horas después, ya de madrugada, un autocar aparca en el centro de la ciudad y se bajan los familiares de los manifestantes y líderes del Hirak (movimiento popular del Rif), encarcelados en Casablanca. Vienen de visitarles en la cárcel de Okasha justo antes de que comiencen una huelga de hambre. “Nos han dicho que están bien y que necesitan que la gente salga a la calle”, cuentan los familiares. “¡Viva el Rif!”Alhucemas amanece el jueves tomada por los furgones azules de la policía marroquí. Desde la plaza del Rif hasta el barrio de Sidi Abid, el tránsito de grupos de agentes uniformados es constante. A las afueras de la ciudad, todas las carreteras y caminos están cortados por exhaustivos controles. Los accesos desde Beni Bouayach, Imzouren, Midar, Ajdir y El Aoui, están bloqueados para que los activistas y simpatizantes del movimiento no entren a la ciudad. Varios chicos de la localidad de Nador y rifeños que viven en Melilla, cuentan cómo la policía tenía sus nombres en una lista y no les han dejado moverse del control. Pero eso no impide que hombres y mujeres de todas las edades lleguen a Alhucemas por un paso alternativo, bajando a pie desde el monte o en barca por mar. “Viva el Rif”, gritan algunos.La manifestación comienza tras el rezo de media tarde. Es la más multitudinaria hasta ahora, convocada para reclamar la liberación de los activistas detenidos por el mero hecho de salir a la calle a pedir al Gobierno mejoras en sanidad, educación, empleo e infraestructuras. Las cifras oficiales dicen que hay 184 rifeños en la cárcel. Los vecinos hablan incluso de más de 300. “Ayer mismo detuvieron sin motivo a un joven activista, Wassim BenAmar”, explican. Los primeros activistas juzgados, 25 de Alhucemas y ocho de Nador, fueron condenados a 18 meses de prisión acusados, entre otras cosas, de manifestarse sin autorización y usar la violencia contra la policía. Aunque se les ha reducido la condena a siete meses en vísperas de la repercusión de la manifestación del día 20.Esta marcha pacífica, prohibida el lunes por las autoridades, ha sido apoyada por la organización islamista más fuerte de Marruecos, Juaticia y Espiritualidad y por numerosas entidades sociales tanto dentro como fuera de Marruecos. En ciudades como Madrid y Holanda (donde está la comunidad rifeña más numerosa de Europa), se han convocado también protestas paralelas en apoyo a las voces que han salido a la calle en Alhucemas.En el epicentro de las marchasEn el barrio de Sidi Abid, el epicentro de las protestas desde finales de mayo, los más jóvenes son los que están en primera línea plantado cara a los antidisturbios de la policía marroquí que intentan disuadir al movimiento.”¡Morimos por nuestra tierra!”, gritan alto. Muchos de estos chicos que han vivido en España. Sobre todo en Barcelona, donde más rifeños residen en la península. “Ya no aguantamos más esta represión. Sólo pedimos derechos fundamentales y a cambio el Gobierno nos responde deteniendo indiscriminadamente a nuestros activistas”, critica Youssef, vestido con la antigua segunda equipación negra del Barça. A su lado, otro joven llamado Assar, que vivió siete años en Málaga, no deja de levantar la bandera ‘amazigh’ queriendo reivindicar su identidad bereber. “Nos han acusado de ser independentistas, de querer desestabilizar a Marruecos. No es cierto. Sólo pedimos que liberen a nuestros hermanos que están en la cárcel por salir a la calle a contar la verdad”, explica Assar.La otra parte de los jóvenes rifeños, los que viven “sin futuro”, como dice ellos, avisan de que como el Gobierno siga sin hacer caso a sus reivindicaciones no les quedará otra que cruzar el Estrecho. “Lo hemos hablado muchas veces. Si nada cambia, iremos a España en masa durante la fiesta del cordero (septiembre)”, avisan. Algunos ya lo han empezado a cumplir y han arribado a las costas andaluzas pidiendo asilo político. Las ONG aseguran de que las revueltas en el norte de Marruecos son una de las razones por las que la llegada de pateras ha aumentado un 104% (según el ministro Zoido) respecto al año pasado. Tras la muerte el pasado octubre del vendedor de pescado, Mohcin Fikri, detonara el conflicto, los rifeños decidieron que era el momento de recordar a Marruecos las promesas de reactivación económica que el rey, Mohamed VI, prometió al pueblo. Un hospital multidisciplinar para poder atender en condiciones a los enfermos (sobre todo de cáncer) que hay en esta región del norte; una universidad; nuevas carreteras para reducir los muertos en accidentes de coche; programas de empleo y proyectos sociales… desde que el monarca ascendiera al trono en 1999, es la situación más complicada que le ha tocado lidiar. Por ello, prohibió a sus ministros cogerse vacaciones hasta que no resolvieran el conflicto.

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