La historia del gallego perseguido en España por luchar junto a los kurdos contra el Estado Islámico

Hace dos años y medio, entró en contacto con las fuerzas kurdas a través de internet y, aunque por seguridad no puede dar detalles sobre cómo ha entrado en el territorio sirio, señala que no ha sido a través de la frontera con Turquía.
Fue imputado por la Audiencia Nacional española del “homicidio” de 28 yihadistas en esta región, cargos que después fueron desestimados.



Contra Estado Islámico
Arges Artiaga, el francotirador español que lucha junto a los kurdos en Raqa

Vigilar, apuntar y disparar, así es la rutina de este gallego de 42 años en su tercer viaje a Siria, donde combate a los yihadistas desde las filas de las Fuerzas de Siria Democrática

Arges Artiaga, el francotirador español que lucha junto a los kurdos en Raqa
Un miembro de las FSD señala las posiciones de los francotiradores de Estado Islámico en Raqa (AFP)
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Redacción
27/07/2017 00:05

Fusil en mano, Arges Artiaga (nombre de guerra) y otro británico son los únicos extranjeros que combaten desde su posición al grupo terrorista Estado Islámico (EI) en la ciudad siria de Raqa, la ‘capital’ del autoproclamado califato por los radicales en julio de 2014.

Unido a las filas de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza armada encabezada por milicias kurdas y apoyada por EE.UU., este gallego, de 42 años, vigila, apunta y abre fuego contra los yihadistas desde una posición de 200 metros, según asegura él mismo a la agencia Efe. A través de su mirilla los tiene casi a tocar.

Jamás confesaré que he matado a nadie, eso queda entre el Creador y yo”
Arges Artiaga

Tras recolectar fondos desde España con el fin comprar material médico para las milicias que combaten EI, Artiaga llegó hace dos meses y medio a la norteña ciudad, feudo extremista, pero que a día de hoy los kurdosirios han conseguido arrebatarles el control de casi la mitad del territorio, tras meses de una intensa ofensiva.

No es la primera vez que el francotirador español viaja a Siria, porque antes estuvo en otras dos ocasiones con los grupos kurdos, “en total casi un año y medio”, en lugares como Tel Tamr, en la provincia de Al Hasaka, y en la presa de Tishrin, cerca de Kobani, en la región de Alepo.

Arges Artiaga (izquierda), junto a un compañero, en una foto de publicada en su Facebook en marzo

Pisó suelo sirio por primera vez en febrero de 2015, cuando, según explica en una entrevista que le hizo Público , “no había unidades específicamente creadas para acoger a voluntarios extranjeros”. A quienes como él, llegaban de todas las partes del mundo para unirse a los kurdos en la lucha contra los islamistas, pasaban menos de una semana de entrenamiento, mezclados con combatientes milicianos kurdas y kurdos. Artiaga, como todos los que vinieron a unirse a la causa, tenía formación militar. En su caso, tenía seis años de experiencia en el ejército, en los que había participado en varios escenarios bélicos.

Cara a cara con el enemigo

Si bien acostumbra a lidiar con el enemigo en la distancia, alguna vez se ha topado e incluso conversado con algún combatiente del EI. “Mi antigua unidad capturó a varios prisioneros”, afirma a la agencia española. “Hay de todo, desde el típico que te dice que se vio obligado (a unirse al EI) por las más variopintas excusas y que lo engañaron, hasta que el que te dice que lo que ha hecho es normal y que tiene todo el derecho a hacerlo”, subraya.

Han intentado juzgarme acusándome de 28 homicidios, de participar en un conflicto extranjero, de usar armas de guerra …”
Arges Artiaga

Pese a ser francotirador de las FSD, “jamás confesaré que he matado a nadie, eso queda entre el Creador y yo”, apunta Artiaga, quien, no obstante, asegura que no es una persona religiosa. “No creo ni en dogmas políticos ni religiosos”. De hecho, tras sus primeras dos estancias en Rojava, nombre con el que se conocen los territorios gobernados por los kurdos en el Norte de Siria, Artiaga fue imputado por la Audiencia Nacional española del “homicidio” de 28 yihadistas en esta región, cargos que después fueron desestimados.

“Han intentado juzgarme acusándome de 28 homicidios, de participar en un conflicto extranjero, de usar armas de guerra …”, enumera Artiaga, que nunca ha sido detenido por ello. “¡Ah! La mejor es esta, poner en riesgo la neutralidad de España. Podemos explicarle al ‘Dáesh’ (acrónimo en árabe de Estado Islámico) que somos neutrales”, dice irónico.

A las presiones institucionales se le añaden las amenazas de muerte que recibe de los nacionalistas turcos por haber luchado junto a los kurdos, enemigos históricos de Ankara. Las empezó a recibir, sobre todo en su perfil de Facebook, tras aparecer públicamente en una entrevista para Vice News. De ahí que use un nombre en clave y sea receloso de publicar su rostro en los medios.

La masacre de los yazidíes en Irak, el motivo de su entrega

Antes de acudir a Siria, este hombre trabajaba “un poco de todo. Economía española, ya sabes”.

Decidió dejar atrás novia, familia y amigos no tanto con la idea de luchar contra el EI como con la voluntad de ayudar a la gente y proteger a sus hijos. El resorte que le movió a viajar fue la masacre de los yazidíes en Irak. “Me quedé muy tocado, y viendo que ningún Gobierno movía un dedo después del ataque a Kobani (en Siria) decidí hacer algo yo”, recuerda este hombre, que se sufraga él mismo todos los gastos.

Me quedé muy tocado, y viendo que ningún Gobierno movía un dedo después del ataque a Kobani decidí hacer algo yo”

Hace dos años y medio, entró en contacto con las fuerzas kurdas a través de internet y, aunque por seguridad no puede dar detalles sobre cómo ha entrado en el territorio sirio, señala que no ha sido a través de la frontera con Turquía.

Artiaga destaca que no es ni mucho menos un loco y reconoce que en muchas ocasiones se ha hallado en situaciones peligrosas en las que se ha planteado regresar, aunque siempre hay algo que le lleva a quedarse.

”Simplemente no puedo olvidar y marcharme como si nada, he perdido a muchos amigos aquí, su sangre está en esta tierra, así como la mía y mis lágrimas”, reflexiona. ”Además, sigo teniendo amigos aquí que son como mi familia, he visto lo que el ‘Dáesh’ hace con mujeres y niños, esta es mi tierra también ahora”, añade. Hace poco, Artiaga perdió a cuatro amigos “de un plumazo, fue un coche trampa” que intentaron desactivar cuando estalló.

Además, hace año y medio resultó herido por un trozo de metralla que alcanzó el visor de su rifle y que estalló en su ojo, aunque actualmente está recuperado tras recibir tratamiento en Al Hasaka y en España.

Pese a que arriesga su vida todos los días, Artiaga permanecerá en Raqa hasta el final. ¿Y el día que el EI desaparezca? “Supongo que sentaré la cabeza”, dice mientras se ríe el español, quien matiza enseguida: “la verdad es que no tengo ni idea de cómo voy a volver a una vida normal después de esto”.

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