África: Se fortalece la rebelión tuareg


4-03-2012

Malí
La rebelión tuareg se hace fuerte en Tessalit

José Naranjo
Guin Guin Bali

El pasado sábado, los rebeldes tuareg lograron finalmente y tras una semana de intensos combates hacerse con el control de la base militar de Amashash, situada a seis kilómetros de Tessalit. El Ejército de Malí ha confirmado que los 600 soldados que resistían en esta base la han abandonado en lo que califican un “repliegue táctico”. Lo cierto es que la rebelión tuareg está más fuerte que nunca y está provocando un gran éxodo de civiles hacia Burkina Faso, Argelia, Mauritania y Níger que amenaza con convertirse en crisis humanitaria.
La rebelión tuareg ha logrado una importante victoria con la toma de la base militar de Amashash (Tessalit), en la que se habían refugiado varios miles de habitantes civiles de la ciudad. Un equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) acaba de llegar este lunes a Tessalit para realizar una evaluación de la situación y poner en marcha las medidas necesarias para ayudar a los civiles heridos o desplazados por los combates.

La última rebelión tuareg estalló el pasado 17 de enero liderada por el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) que reivindica la independencia de este enorme y desértico territorio que incluye tres regiones del norte de Malí, Tombuctú, Gao y Kidal. En este momento es difícil precisar, dada la falta de información independiente, el estado de la rebelión. Por un lado, los rebeldes aseguran tomar ciudades que días después son recuperadas por el Ejército maliense, mientras que los soldados del Estado califican de “repliegues tácticos” lo que podrían ser retiradas en toda regla.

En todo caso, lo que sí parece evidente es que esta rebelión ya se ha cobrado la vida de cientos de combatientes en los dos bandos. Los rebeldes han mostrado una gran capacidad para golpear en todo el Azawad, desde el oeste cerca de la frontera con Mauritania hasta el este junto a Níger, y desde el norte fronterizo con Argelia hasta más allá de los límites de este territorio, con escaramuzas en la región de Ségou, al sur de Malí.

Y como en todo conflicto se están produciendo abusos sobre la población civil. Médicos sin Fronteras ha denunciado que el pasado 22 de febrero varios helicópteros del Ejército malí bombardearon un campo de refugiados cerca de Kidal, lo que provocó la muerte de una niña y heridas a nueve mujeres y niños. Amnistía Internacional ya ha pedido a Malí que deje de bombardear a la población civil en el norte del país.

Asimismo, circulan numerosos comentarios acerca de las presencia de mercenarios ucranianos especialmente agresivos que están pilotando estos helicópteros. Igualmente existen denuncias de graves abusos y detenciones indiscriminadas por parte de las milicias progubernamentales.

Frente a estas denuncias, el Gobierno malí insiste en señalar los supuestos vínculos entre los rebeldes y los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y señalan a la presunta matanza de decenas de soldados el 24 de enero en Aguelhok, desarmados y ejecutados de un tiro en la nuca. Sin embargo, los rebeldes niegan el vínculo con AQMI y aseguran que tratan bien a sus prisioneros, denunciando que algunas fotos que circulan en Internet sobre esta matanza son, en realidad, fotos de hace cinco años tomadas en Níger.

Mientras la posición oficial malí sigue tachando de “bandidos armados”, “terroristas” y “traficantes de droga” a los rebeldes, también apunta en la dirección de que están dirigidos por mercenarios que lucharon a favor de Gadafi en el reciente conflicto libio. Sin embargo, la realidad parece ser otra. Aunque sí hay ex oficiales gadafistas en la cúpula del MNLA y es evidente que algunas de las armas que poseen proceden de esta guerra, lo cierto es que otros dirigentes del MLNA no estuvieron en Libia y proceden de anteriores rebeliones o incluso del propio Ejército malí, de donde procede también la mayor parte del stock armamentístico rebelde.

La rebelión ha provocado ya dos consecuencias inmediatas. La primera es un incremento del nacionalismo bambara (principal etnia de Malí) y anti tuareg en el resto del país, lo que ha degenerado en abusos contra establecimientos y propiedades de tuaregs en ciudades como Kita y Bamako, la capital. Sin embargo, el problema más acuciante en este momento es la huída de decenas de miles de personas del escenario del conflicto, lo que se está convirtiendo en una crisis humanitaria de consecuencias imprevisibles.

El norte de Malí es una región ya de por sí frágil debido a la sequía, la presencia de terroristas de AQMI, especializados en secuestros de occidentales, y de traficantes de droga. Las agencias internacionales ya habían advertido de que el Sahel iba a sufrir una hambruna esta primavera y un éxodo de su población. Pero este éxodo se ha precipitado en Malí por la rebelión tuareg, que ha provocado la salida de al menos 100.000 personas a países como Mauritania, Níger, Argelia y Burkina Faso y la existencia de unos 70.000 desplazados internos en Malí.

Fuente: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=3&id=2678

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