La Otra: Llega el subcomandante Marcos a Sahagún

01.Mar.06    Análisis y Noticias

El subcomandante Marcos, poco después de su llegada a Ciudad Sahagún, estado de Hidalgo, dando inicio a la gira zapatista por esta entidad, ayer, Día de la Bandera Foto Víctor Camacho

Sábado 25 de febrero de 2006

Llega el delegado Zero a una “triste, pobre y abandonada” Ciudad Sahagún

“Políticos y ricos han humillado la bandera como nunca en la historia”
En Tlaxcala escuchó a campesinos: Cervecería Modelo impone el precio a la cebada

La Jornada

Ciudad Sahagun, Hgo., 24 de febrero. Esta tarde llegó la otra campaña a una ciudad industrial donde el colapso ya pasó, y hoy es fantasma de sí misma. “Ciudad triste, pobre y abandonada”, la define uno de los jóvenes que reciben esta tarde al delegado Zero en el parque Rodrigo Gómez, en lo que formalmente es el centro de un lugar sin centro. Ubicada en un extremo de los llanos de Apan, Ciudad Sahagún conserva algo de su actividad fabril, pero muestra los estragos de las “nuevas” fábricas que nadie se molestó en concluir y son sólo esqueltos de viga o pesadas naves de hormigón que ya no alcanzaron a tener ventanas ni acabados. O de las unidades habitacionales semiabandonadas, sobre las tierras de los herederos del millonario porfirista Torres Adalid.

Otro de esos sueños del desarrollo que puntúan la historia de México. El gobierno de Luis Echeverría puso aquí un ambicioso polo industrial que en un tiempo récord se pobló de obreros calificados de otras ciudades que hicieron funcionar automotrices, constructoras de vagones y otros gigantes fabriles. La bonanza industrial trajo no pocas batallas sindicales dignas de memoria, cuando la lucha de los obreros democráticos palpitaba en el corazón del país, a pesar del charrismo, en los tiempos del Fidel Velázquez y toda esa picaresca priísta.

En su aparente normalidad, pero trasunto del Flint (Michigan) de Michael Moore, Ciudad Sahagún muestra los estragos del progeso que siguió de largo. Buena parte de su población masculina ha emigrado al norte, al otro lado, dejando a sus espaldas esto que se puede ver.

Bandera rendida

Al dirigirse a un grupo reducido de personas en el centro de esta ciudad (pues el acto inició con cinco horas de retraso) el subcomandante Marcos dice esta tarde: “Ahora que es el Día de la Bandera es importante que nos refiramos a lo que está pasando allá arriba, en los gobiernos, porque se supone que Fox y los gobernadores y los presidentes municipales están haciendo actos, según esto, en honor a la bandera, pero la realidad que estamos viendo en nuestro país nada tiene que ver con esos honores. Lo que estamos viendo en realidad es que están rindiendo nuestra bandera a los extranjeros”.

Ante jóvenes que hablaron sobre el declive de la educación pública, Marcos dice: “Un grupo de ciudadanos y ciudadanas, primero cientos, luego miles, luego decenas de miles, ahora ya cientos de miles, dijimos que no estamos de acuerdo con eso de que en el mundo se entienda que los gobiernos que están en México nos representan. No estamos de acuerdo con que esté ese país allá arriba representándonos, y además viviendo a nuestra costa”.

Un joven había dicho poco antes: “La vida de estudiante está por desaparecer, o privatizarse, que es lo mismo”.

No lejos, en Calpulalpan, el subcomandante Marcos había hablado después del mediodía ante centenares de personas que lo despidieron del estado de Tlaxcala: “Hace cinco años, un 24 de febrero, iniciamos la marcha del Color de la Tierra. Junto con millones de mexicanos, fuimos al Distrito Federal para exigirle al gobierno que reconociera los derechos y la cultura de los pueblos indios. En ese entonces, en el Zócalo de la ciudad de México y frente al palacio del gobierno federal, señalamos nuestra bandera y dijimos entonces que pedíamos el apoyo de todos para que no volviera a amanecer en este país sin que esa bandera tuviera los pueblos indios y los reconociera. Lo que pasó después ya es público, los grandes partidos políticos, esos que hoy nos engañan diciendo que votemos por ellos porque ahora sí van a cambiar las cosas, dieron para atrás con toda esa demanda de millones de mexicanos y de gente en todo el mundo”.

Hablando al nivel de la calle, con una manta a sus espaldas que anunciaba la otra campaña y cerraba el paso de vehículos, el delegado zapatista señaló: “Durante estos 12 años hemos visto que esa bandera que no nos aceptó, ahora ha ido expulsando de los colores patrios a muchos más millones de mexicanos. Ha expulsado niños, mujeres, jóvenes, trabajadores del campo y de la ciudad, ancianos. Esos que están allá arriba han agarrado esa bandera como si fuera un trapo, la han enlodado, la han llenado de mierda y cada vez que llega la orden de Bush o de su gente, la ponen en el suelo para que no se manchen sus zapatos. Los políticos y los ricos han humillado esa bandera como nunca antes en la historia de este país”.

Los zapatistas “pensamos que teníamos que hacer un gran movimiento. Buscar a hombres y mujeres como ustedes, que no pueden ver, sin hacer nada, que esa bandera sea enlodada y ensuciada. Sin hacer otra bandera y levantarla desde donde se levantan las banderas, que es de abajo, con gente humilde y sencilla como nosotros”.

Haciendo referencia a Ernesto Zedillo y Vicente Fox, expresó: “Es una vergüenza que este país lo represente gente así. Es una vergüenza que esa bandera esté siendo honrada y levantada por el gobernador de Tlaxcala, que también es un ladrón. Y es una vergüenza que en cada estado de la República, gobernantes que son del PRI, el PAN, el PRD, el PT, Convergencia, PVEM, estén levantando esa bandera cuando lo cierto es que la están tirando todos los días, ante las demandas de los ricos sobre todo extranjeros. Con qué vergüenza pueden ellos saludar esa bandera si se están riendo dentro, y se están riendo también de nosotros”.

Luego de recorrer miles de kilómetros de carreteras y avenidas en nueve estados del sur y centro mexicano, Marcos evaluó hoy que “las campañas electorales son puros anuncios ridículos que no dicen nada. Y sentimos cada vez que los escuchamos en la radio, o los vemos en la televisión o en los periódicos, que se están burlando de nosotros, que nos están diciendo: ‘Yo te quité el dinero, te lo robé, yo te despojé de tu tierra. Yo tengo un sistema legal que permite que el rico nunca pague y que el pobre que lucha termine en la cárcel. Soy el que permite que como mujer seas perseguida y hostigada, el que permito y hago leyes para que como joven te traten como delicuente. Soy el que permite y promueve que te desprecien por el color indígena y la cultura y la lengua que tienes. Yo soy el que permito que en el trabajo te humillen los patrones, no respeten tus derechos y te paguen una miseria. Soy el mismo que hace leyes para que los productos del campo no valgan nada. El que te estoy expulsando de este país para que te vayas a buscar trabajo con mi patrón Bush’.

“¿Cómo nos van a pedir respeto? Ellos que se han burlado toda vez que llegaron al poder. Lo que estamos diciendo es que no hay que ver arriba ni escuchar arriba. No hay que hacer caso a ese ruido que nos están metiendo. No es cierto que la solución de este país va a estar allá arriba. Y no es cierto que el rescate de la Bandera Nacional lo van a hacer esos políticos. Nosotros decimos que tenemos que mirar hacia abajo, mirar a gente como la que estamos aquí, que no importa si somos muchos o somos pocos, pero es gente que está decidida a cambiar.”

El delegado Zero aprovechó el Día de la Bandera para declarar: “Ahora que se están haciendo elecciones, nosotros ya elegimos y elegimos mirar abajo, escuchar a gente como ustedes en todo el país y unir todas esas luchas y levantar un gran movimiento nacional que mande a la cárcel a todos los grandes políticos. Y con ellos a los grandes propietarios, los grandes patrones. Que se vayan juntos, y entonces empecemos a levantar junto con la Bandera nacional a otro país. Hoy 24 de febrero venimos a decir que nuestro movimiento quiere levantar otra bandera, la de México, pero ahora con orgullo y con dignidad”.

Capital sedienta

Antes de que el subcomandante Marcos tomara la palabra en Calpulalpan lo hizo el doctor Francisco Castro Pérez, comisionado de ecología en las llanuras tlaxcaltecas; se preguntaba sobre el futuro del lugar.

“Esta es una zona reservada para cuando el Distrito Federal esté sediento”, comenta en breve entrevista el doctor Castro Pérez, quien también estuvo ayer en Acuitlapilco, otro lugar donde el tema del agua es muy sensible. Señala que Camilo García, del grupo Modelo, puede disponer libremente de los recursos hídricos de la zona; los pobladores no.

La empresa cervecera, que reina en estas tierras, hace que los campesinos vendan la cebada a los precios que Modelo impone. Y si los productores exigen mejores precios, son amenazados inmediatamente con que su cebada es prescindible, Modelo puede irla a conseguir en cualquier otra parte.

En el altiplano también conocido como Pie Grande, el especialista apunta: “El gobierno pretende entregar nuestro recursos, y nosotros nos preguntamos con la voluntad de quién”.

El profesor Filiberto Ruiz Torres, al hablar también en la plaza de Calpulalpan, “en el corazón del mundo acolhua”, reveló que en el altiplano trabajan 50 mil productores de cebada. “En Calpulalpan, el neoliberalismo ha puesto su marca.” Y los partidos políticos, dijo, “se han dedicado a administrar la pobreza”.

Hizo referencia a Mariasún (María Asunción Aramburuzavala), una de las cinco mujeres más ricas de América Latina, tycoon de la Cervecería Modelo y huésped habitual de las revistas de sociedad y “del corazón”. Ella representa el poder casi total del capitalismo sobre miles de productores agrícolas.

Al concluir el acto en Calpulalpan, la caravana del delegado Zero atravesó los dorados campos de cebada de Apan, otrora capital mundial del pulque, rumbo a Ciudad Sahagún, para iniciar el recorrido hidalguense de la otra campaña por “la puerta grande”, como proclaman los letreros municipales que señalan las entradas a Tlaxcala e Hidalgo en este punto, no lejos de Texcoco, donde ocurrió hace mucho uno de los grandes desastres ecológicos, con la muerte del agua y la eclosión de la “mancha urbana” que, sedienta, acecha desde el valle de Anáhuac.