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La violencia en Chile y el cambio de fase

23.08.11

La ciudadanía está cansada de tanta violencia. Todos los días aparecen noticias en los canales de TV sobre la muerte de un balazo en un barrio, de un conscripto muerto en ejercicios durante su servicio militar, no es posible olvidar la muerte de decenas de conscriptos en Antuco, de 40 muertos en accidentes al salir de Santiago un fin de semana, de animales y cosechas muertos de frío por las nevadas, 11 mil adultos durmiendo en las calles, niños y niñas manoseados por curas, una niña violada y arrojada a un pozo séptico, miles de muertos en Libia, Siria, Israel y demás países árabes, niños muriendo de hambre en Somalía, un periódico jugando sibilinamente con el cuerpo de una dirigente juvenil superstar, otros periódicos promoviendo el sexo, miles de mujeres vendiendo su piel en las calles, miles de cesantes, carabineros entrando a sangre y fuego en comunidades mapuche, niños envenenados por tóxicos en Ventanas, en fin, la lista es de nunca acabar.

La violencia está desplegada en Chile en el día a día de la gente. Los gobiernos de la Concertación se caracterizaron por varias muertes de comuneros mapuche, el actual prometió acabar con la delincuencia y los malandros se ríen en sus barbas, aunque casi la totalidad de las altas autoridades son lampiños, aumenta el narcotráfico por todos lados, fenómeno que acrecentó el gobierno militar, lo que redundó en jugosas cuentas bancarias del jefe supremo de la época, las cárceles están llenas y se incendian con facilidad mientras gendarmes se emborrachan. El hermano del presidente es detenido por borracho y parrandero, pero sale en libertad. Vivimos la ley del embudo, cuando son ellos, la boca es ancha, cuando es un popular, la boca es estrecha.

Todos los días la TV muestra su circo de violencia cotidiana para asustar a la gente, cuando ya está claro para todos que la violencia viene de arriba, de las instituciones. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Quien siembra vientos, cosecha tempestades. Allá arriba los partidos se reparten la torta, acá abajo aguantamos palos, tiros, envenenamientos, tóxicos y represión. Los cabros salen a protestar y dicen que ellos son los violentos.

Cientos de miles de estudiantes marchan y algunos despliegan su rabia de diferentes modos. Sobre ellos cae Némesis, el ángel vengador, el ladrón detrás del juez y algunos se dan el lujo de coordinar con carabineros para reprimir a los más activos, acusarlos apuntándolos con el dedo, mientras nada dicen de la violencia de los de arriba.

No estamos de acuerdo con actividades violentas, pero menos estaremos de acuerdo con aquellos que cumplen un rol de agentes policiales delatando a sus compañeros. Hay que apretar el torniquete en la lucha ideológica y en el debate universitario, arrinconar allí a los violentos, hay que argumentar, explicar, convencer, pero lo más importante es que hay que levantar alternativas concretas, verificables y palpables, ya que el movimiento se ha quedado en un simple medio de presión a las autoridades. No han podido negociar y vender al estudiantado como hicieron veces anteriores, solamente porque cambió la composición interna de la Confech, lo que obligó a los militantes del PC a bajar el moño habiendo perdido su hegemonismo, por lo que han requerido la “ayuda” del Colegio de Profesores para mantener cierto predominio en los hechos del afán de vanguardia del PC, partido aliado a la Concertación, como que la gente fuese a olvidar tan facilmente el papel nefasto jugado por ese conglomerado de partidos neoliberales que hoy quieren posar de progresistas.

El PC se ha caracterizado estos últimos años por acusar, denunciar y apuntar con el dedo a los que optan por la lucha callejera, con los cuales no compartimos que se quieran tomar la justicia en sus manos, como que fuesen elegidos de los dioses, ya que ese papel le corresponde a la organización popular y no a las “vanguardias”. Es asqueroso ver como dirigentes y militantes de “izquierda” combinan con carabineros la represión a los que llaman “ultras” y además corren detrás de los muchachos atacándolos. Algunos pueden pensar que la confrontación interna en los estudiantes y organizaciones populares es entre “violentistas” y moderados, lo que está muy lejos de la realidad, pues los verdaderos parámetros son que las diferencias se dan entre los negociadores y conciliadores que hacen arreglines por arriba entre partidos, y aquellos que se deben a sus asambleas y fomentan el espíritu democrático y participativo.

La ciudadanía no tiene que escoger entre violentos y moderados, ya que con ello se tergiversa la realidad, sólo que no consigue ver las diferencias en los hechos, pues los estudiantes asamblearios y democráticos aún no han demostrado ese espíritu en los barrios y localidades, salvo algunas honrosas excepciones. Los vecinos son meros espectadores del espectáculo que les presenta la prensa, pues son sólo algunos pocos los que se informan a través de medios alternativos.

Eso lleva a la necesidad urgente de cambiar el escenario, no permitir que sea la represión la que capitalice el movimiento en el centro ni que tenga que venir el gobierno a aplaudir a los “moderados”, ya que si el gobierno está contento por algo, más vale desconfiar. Además de las marchas hay que llegar a los barrios y hacer asambleas y cabildos con los vecinos, muchos de los cuales están ansiosos por descubrir nuevos modos de organización y acción social, cansados de la partidocracia.

De allí que la lucha ideológica y el debate estudiantil debe pasar de la precisión de las demandas y metodologías de presión, a la definición de actividades concretas en barrios, descubriendo y desnudando a los que están sólo por la “presión” e incorporando tareas barriales al conjunto de actividades que se desarrollan. No basta con efectuar actividades recreativas y artísticas para mostrar que hay más gente “a favor”, como que esa fuese una fuerte “medida de presión” a las autoridades. Esa es la táctica del ganado: “tengo más ovejas que las que tienes tú”. No basta ganar “simpatía” en la población, que ya está mayoritariamente a favor, hay que pasar a una fase organizativa local que exprese la potencia creadora de la gente, de otro modo muy luego llegará la tendencia al desgaste, que es la apuesta del gobierno, y nos quedaremos sin pan ni pedazo, sólo con dos o tres figuras que ya sabrán los partidos utilizar en las elecciones por venir.

El movimiento va bien, viva el movimiento, pero ya hay que pasar a otra fase.

Abrazos

Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)
profesor_j@yahoo.com


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