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El sindicalismo y la destrucción de Sodoma

29.10.11

Por: Acratosaurio rex, Alasbarricadas. - Viernes.28 de octubre de 2011

Asisto como periodista acreditado a una reunión de delegados del sindicalismo radical, para preparar las maniobras que den lugar a una jornada de pelea, huelga o similar, que salve el honor sindical al margen del sindicalismo canalla.

Se espera la asistencia de trescientos delegados con sus horas sindicales. Doscientos no asisten por estar interceptados, sea en rollos electorales, sea en juicios, sea atendiendo gente, sea en tareas misteriosas. Pero aquí están el centenar de los que al toque de asamblea, cogen las horas para el magno acto. Son los elegidos para la gloria. A las diez de la mañana.

El dirigente de la Estructura Superior no se anda por las ramas: La Lucha de clases la está ganando la patronal y el Estado. Hay que dejar el sindicalismo de juicios, mediación y enjuague, y lanzarse de cabeza a la confrontación.

A las doce, por pitos y por flautas, un tercio de los cien está por los Cerros de Úbeda. Comentario de los sindicalistas: «este payo, que no tiene que lidiar a diario con los currelas que son tela marinera, ¿nos está diciendo que convenzamos a nuestros afiliados de ir a una huelga general? ¿Para conseguir qué? ».

Así que la mayoría se revuelve incómoda en sus asientos, mirando al infinito. Ah, escuchad, un delegado hace propuestas audaces: dice que podemos paralizar sectores enteros mediante sabotajes, ya que iniciativa nos sobra. Dice que los del 15-M aguantaron hasta las dos de la mañana protestando por la Reforma Laboral, hecho inédito en décadas de finalización de protestas a la hora de la cerveza. Dice que la marea está cambiando. Aquí, en este punto, las miradas al infinito sonsustituidas por rostros que se sumen en pensamientos metafísicos.

El dirigente sindical, que no tiene ni un pelo de tonto, se da cuenta del panorama: sus huestes han sido votadas para cuadrar cuadrantes y negociar días de permiso, no para organizar huelgas; los delegados no quieren enfrentarse a los trabajadores por una parte, y a los directivos con los que negocian por otra. Pero insiste en la trasmisión del mandato: lucha, confrontación, pelea. Los delegados, que tampoco son idiotas, piensan que en cuanto acabe el acto, el tipo del Aparato volverá a la oficina, y a su rutina de miembro de la Estructura Superior y a sus mil problemas de equilibrios, y que aguantando sin abrir el pico, todo pasará enseguida.

Efectivamente. A las dos, como movidos por un resorte telúrico, sin señal ni aviso, los delegados se levantan al unísono. Los que se quedan, unos diez, quince, suspirando, sacan las pinturas de guerra y juran vencer o vencer.

Es decir: para salir de la trampa y realizar la catarsis, hay que saber que estás en ella.

Diez justos hubiere, y no destruiré Sodoma. Criticar es sencillo, el problema es complejo, la solución es negra. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.


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