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Culturas precolombinas en Colombia. Tan evolucionadas como los aztecas, mayas e incas

05.05.12

La Época precolombina en Colombia es en la actualidad es la materia del interés de la ciencia y la cultura como una manera de acercarse a la identidad y a la génesis de la nación colombiana. Si bien la época precolombina puede ser compleja, en muchos casos la información es incompleta o es asumida desde muchos puntos de vista, lo cierto es que ocupa el interés de ciencias como la arqueología, la antropología, la historia, la sociología y otras ciencias. En el estudio de la época precolombina en el territorio nacional son útiles los trabajos y avances de las investigaciones sobre la época precolombina en los demás países americanos. El término “precolombino” se refiere a los pueblos que habitaban América antes de la llegada de Cristóbal Colón en 1492, pero aplicado exclusivamente a las antiguas colonias españolas en el continente, lo que hoy conocemos como Hispanoamérica.

Primeros pobladores (20 000 a. C.)

El periodo indígena en Colombia comenzó cuando llegaron sus primeros pobladores hace aproximadamente 20.000 años. Los primeros habitantes de nuestro actual territorio penetraron la costa caribe y por el oriente. Desde allí, numerosos grupos se desplazaron lentamente hacia el interior y ocuparon las cordilleras andinas. Algunos pueblos pasaron del nomadismo al sedentarismo mientras que otros mantuvieron su vida nómada.

Pueblos Indígenas en Colombia

Los pueblos ancestrales en Colombia se han censado dando como resultado 87 pueblos, esto contrastado con cifras presentadas por las organizaciones que representan a estas comunidades, (ONIC) quienes afirman que existen 102 pueblos indígenas en Colombia, 18 de ellos en peligro de extinguirse. La población indígena total en Colombia se calcula en 1.378.884 personas de ellas 933.800 se asientan en los 710 resguardos existentes.

En los abrigos rocosos del El Abra; al oriente de Zipaquirá, en la Sabana de Bogotá, se encontraron instrumentos líticos de hace más de doce mil años en 1967, datados el 10460 a. C. ± 160. Este hallazgo en el centro del país significa que las migraciones paleoindias llegaron a Suramérica con años de anterioridad a estas fechas. Recientes dataciones con radiocarbono del sitio de Pubenza, Cundinamarca, indican que esos primeros pobladores llegaron antes del 20000 a. C.

En la Sabana de Bogotá se encontraron en el abrigo de Tequendama herramientas de piedra elaboradas con esmero, como raspadores, cuchillos laminares, y puntas de proyectil, que datan de un milenio más tarde. Fueron elaborados por grupos de cazadores especializados, de quienes apenas se han encontrado cinco falanges. De entre el 7500 a. C. y el 6500 a. C. provienen menos objetos de piedra pero aparecen jabalinas y otros objetos de madera, así como múltiples instrumentos de hueso de animal, y además huesos humanos calcinados. Se encuentran esqueletos completos del 5000 a. C., de un tipo físico diferente al de los Muiscas, y que llegaron posteriormente a la región.

Culturas agrícolas (5000 a. C. - 1200)

Los primeros vestigios conocidos de cultura hortícola sobre el territorio colombiano, son ubicados en la zona de influencia de los Montes de María, que surcan los departamentos de Bolívar y Sucre, además de una escición de estos montes hacia el departamento del Atlántico donde también hubo pequeños asentamientos relacionados con tribus que se formaron sobre todo en el área denominada Puerto Hormiga, donde se han realizado excavaciones, y se han encontrado vasijas y alfarería, a la que se les han practicado pruebas que ubican a esta cultura entre los 5000 y 4000 a. C. Estas comunidades, se fueron dispersando, y parece que trasladaron sus concocimientos en pesca y alfarería a la Cultura Zenú, a la cual se integraron al migrar al norte.

Para sorpresa de muchos en Arararcuara, en plena Amazonía se encontraron restos de asentamientos y prácticas hortícolas, así como cerámica provenientes del año 2700 a. C.

El sitio Zipacón, indica que los desarrollos agrícolas en la Sabana se remontan más allá del año 1320 a. C.; con coexistencia de la cacería y recolección, junto con prácticas agrícolas y alfarería.

La cultura San Agustín

Esta cultura, a pesar de lo nombrada en muchos libros de historia, e investigada, es técnicamente desconocida, pues el pueblo agustiniano desapareció alrededor de 1250 y para 1300 la selva envolvía ya las ciudades agustinianas. La falta de recursos para investigar ha producido una avalancha de interpretaciones acerca de los orígenes, el desarrollo y la caída de la Cultura San Agustín, hasta el punto que algunos expertos afirmaron que algunos pueblos mesoamericanos, específicamente las culturas de Teotihuacán y la Oaxaca (Monte Albán, Mitla, etc.) llegaron por agua o vía Centroamérica y se asentaron en esta zona. Esa teoría ha sido ampliamente refutada.

Como la teoría “mexicana” hay muchas, por ello es bastante inútil adentrarnos en cada una de ellas; pues todas, sino la mayoría nos dejan en un callejón sin salida gracias a la falta de indicios causado por la misteriosa extinción de la Cultura Agustiniana. Por eso, lo importante de San Agustín es conocer basándonos a lo que tenemos: los restos arqueológicos ubicados en el Huila, exactamente en el Parque Nal. Arq. San Agustín. Dentro de este, hay básicamente tres sitios de importancia: Fuente-Templo de Lavapatas, Bosque de las Estatuas y el Museo Arqueológico, que nos permiten conocer lo que los Agustinianos quisieron que viéramos, pues hay otros sitios con esculturas monolíticas; pero estos se encuentran en pésimo estado, y son técnicamente irrecuperables gracias a la lenta pero efectiva acción de la maleza.

La Fuente de Lavapatas, es una magnífica demostración de las habilidades escultóricas y la creatividad de la Cultura Agustiniana, pues la Fuente, está ubicada sobre una quebrada natural, y ellos tomaron las piedras que estaban sobre la quebrada y fueron esculpiendo sobre ellas, creando una intrincada red de canales y caídas artificiales de agua, rodeadas de figuras zoomorfas, antropomorfas o mezclas de ambas. Algunas teorías afirman que los Agustinianos contaban con primitivos conocimientos físicos, ya que las curvas de estos pequeños canales, y los círculos para las pozas de esta Fuente, son de tal perfección que tuvieron que ser hechos con la ayuda del agua y sus renombradas propiedades que facilitan el erosionamiento controlado de la piedra, y otros materiales. En investigaciones posteriores a la expedición del Arqueólogo alemán Konrad Preuss, se ha afirmado, que las figuras presentes en la Fuente de Lavapatas pertenecen a las deidades Agustinianas del Agua, la fertilidad, la prosperidad o ambas y que por ello, además de las características arquitectónicas y la dedicación en su construcción, la Fuente de Lavapatas funcionó como templo. Por ello más tarde se le ha ido aceptado como Fuente-Templo de Lavapatas.

El bosque de las Estatuas, ubicado en el Parque Nacional Arqueológico de San Agustín, es una amplia explanada llena de las mejores expresiones monolíticas y dolménicas fruto del Ingenio Agustiniano. En esta explanada se admira tanto la sencillez de ciertas estatuas, como la preocupación por la ornamentación y el detalle de otras, figuras zoomorfas, amplios tocados, figuras de piedras con alusión al “Alter ego”, lo que nos plantea nuevas preguntas, ¿Los agustinianos eran simples escultores o avanzaron en otras ciencias?, ¿La Profundidad de ciertas esculturas es sinónimo de nociones Filosóficas en la Cultura Agustiniana?, ¿Si es tan gloriosa, por qué desapareció San Agustín?… Eso es San Agustín, una pregunta detrás de otra hasta encontrarnos con estas misteriosas estaturas, los testigos inmarcesibles de los desconocidos orígenes, la gloria y la súbita desaparición de la Cultura Agustiniana.
La cultura Tierradentro

Esta también tuvo importantes contribuciones a la estatuaria y la alfarería, pero esta entró más profundo en lo relacionado con el asunto de la vida y la muerte, pues los vestigios más tangibles de ella son los hipogeos, que estos dejaron en el Alto Cauca, exactamente en el corregimiento de San Andrés de Psimbalá, Mpio. de Inzá. estos dos, y casi el 80% de la zona de la influencia de la Cultura Tierradentro, son controladas por un resguardo a nombre de los Indios Paeces, aparentes descendientes de los habitantes de Tierradentro. En estos resguardos, los indígenas cuentan con su propio gobierno e instituciones, se habla una lengua autóctona que puede descender de la hablada por los Tierradentro.

Tierradentro fue el nombre que los españoles le dieron a esta zona por lo tupida de la selva, los constantes y profundos precipicios, la impenetrable neblina e interminables cadenas de lomas; paisaje común a la zona del Macizo Colombiano. Los Tierradentro, construían varias clases de tumbas, las hay sencillas, un simple huevo con un pasadizo hasta las más complejas, que avanzan hasta ocho metros bajo tierra con amplios salones ovalados o circulares en torno a una columba central. Estos están profusamente decorados con figuras zoomorfas y geométricas. Tierradentro, al igual que San Agustín, desapareció, pero investigaciones indican que los Paeces y Guambianos, habitantes indígenas de la zona, son los supervivientes al mestizaje, la colonización y todos los procesos históricos de Colombia hasta hoy.
Las Culturas Doradas (1200-1510)

Las culturas precolombinas del período preclásico.

El Periodo Preclásico, como es conocido el lapso de tiempo en Colombia comprendido entre 1200 y 1510, donde se formaron las Culturas más complejas a las cuales los indígenas colombianos llegaron antes de la intervención cultural española. Intrincadas jerarquías, eficiente estructura político-administrativa, monumentales ciudades, incontables obras de arte, tradiciones orales e inmateriales que nos revelan el nivel de desarrollo de estas verdaderas civilizaciones.

Cultura Tayrona.

Los Tayronas, habitaron la zona más septentrional de Colombia, exactamente en la Sierra nevada de Santa Marta. Ellos alcanzaron un nivel de desarrollo envidiable por otras culturas colombianas, e inclusive de otras foráneas. Sus conocimientos de arquitectura, agricultura e hidráulica nos dan la imagen de una nación bien estructurada, avanzada, y que en comparación con algunas naciones europeas, con muchos adelantos con respecto a ellas. El ocaso de la Nación Tayrona, comenzó a la llegada de Rodrigo de Bastidas, en 1528, a la zona donde ellos habitaban, y para 1550, se podría afirmar que ya habían sido exterminados en más de un 80%, el otro 20% se dividió en aquellos que se refugiaron en las zonas más altas de la Montaña, y los que sucumbieron en el proceso de mestizaje. Aquellos que se quedaron en las partes altas de la Sierra, hoy aún sobreviven, como legado de la Cultura Tayrona, son los Kogui, los Ika y los Sanká.

Primero hablemos de las obras públicas de los Tayronas. Dentro del territorio Tayrona, todos los pueblos y ciudades estaba comunicado por una red de caminos de piedra, que recorría desde las faldas más habitadas hasta los parajes más indómitos de la Sierra Nevada. Analizando el diseño de las viviendas que ellos dejaron, de forma circular; construidas generalmente sobre terrazas de piedra; sin ventanas, pero techadas de palma de montaña, haciéndolas frescas; sin decoración alguna, solamente pintadas con cal y agua sobre los muros de barro y piedras pequeñas, los muros también eran de paja en las ciudades más cercanas al agua. Los Tayronas planificaban el crecimiento de sus ciudades, construyendo terrazas que primero servían para la tala organizada de árboles, luego la agricultura y posteriormente viviendas, y así sucesivamente, además las ciudades contaban con canalizaciones de agua de montaña para llevar organizadamente el recurso vital a las viviendas, estas canalizaciones, las ciudades en sí y las terrazas de cultivo fueron diseñadas de forma tal que evitaba la erosión y cualquier rompimiento con el normal curso de la naturaleza. Los Tayronas fueron realmente una cultura ambientalista. Respecto al tamaño de las viviendas a medida que era más grande, mayor la importancia del morador. Habían también casas especiales, o casas sagradas, donde se reunían todos los hombres y niños a la llegada de los sabios ermitaños; que frecuentemente bajaban de sus viviendas en los páramos, para llegar a las ciudades y transmitir las palabras de los dioses y enseñar a los niños las tradiciones de la nación.

Técnicamente, los Tayronas no contaban con un ejército nacional organizado, pero cada ciudad aportaba sus mejores hombres, para ser entrenados como guerreros, esto estaba a cargo de consejos conformados por representantes de los caciques de cada ciudad. Al terminar su entrenamiento, los hombres se transformaban en Manicatos, los Manicatos eran los guerreros de la nación Tayrona.

La estructura político-administrativa de los Tayrona no es muy clara, pero las investigaciones han concluido que concentraba aspectos federales con otros radicalmente centrales. Cada ciudad grande (unos 1000 habitantes) generalmente contaba con un Cacique, figura más bien administrativa, con pocas atribuciones divinas, a diferencia del resto de culturas de la América Prehispánica, que semi-deificaban a los líderes de las tribus o ciudades. El cacique, dentro de los límites de su ciudad, cumplía funciones ceremoniales, ejecutivas, y judiciales. Los caciques podían tener opiniones divergentes, pero las instituciones inermes e uniformes de la Nación Tayrona eran los sacerdotes; respetados e incluso venerados, ellos, a pesar de carecer de autoridad ejecutiva, influenciaban notablemente en las decisiones de los consejos y regían la vida de los habitantes bajo los preceptos de los dioses.

La lengua de los Tayronas, el Tayrona, pertenecía a la familia lingüística Chibcha, de la cual también eran miembros los Muiscas y las incontables variaciones dialectales de cada conurbanado de la Confederación Muisca. Por eso, entre los muiscas y los tayronas existían ciertos lazos culturales, haciendo las relaciones entre ellos más fluidas que en comparación con otras como la Quimbaya.

En el área de la Orfebrería, los Tayronas gozaban de un papel principal dentro de este oficio. Pues desarrollaron bastante técnicas como la cera perdida, que consistía en hacer moldes de barro rodeando una figura de cera, que se derretía después de calentar el empaque de barro. Luego de sacar la cera derretida, el orfebre vertía el oro líquido en el espacio dejado por la figura de cera, posteriormente esperaba a que se solidificara y rompía el molde resultando la figura deseada. El uso de la tumbaga, una aleación de cobre y oro permitieron ahorrar recursos y derretir más fácil el oro. Los tratamientos para mejorar la calidad del oro, como calentarlo hasta la oxidación del cobre y luego sumergirlo en agua helada para que permaneciera una pátina permanente de oro y evitar que la pieza se cuartee. Finalmente el proceso terminaba con lijar la pieza hasta que llegara a la perfección. Se cree que varias de estas técnicas fueron desarrolladas por los Muiscas y exportadas a la cultura Tayrona. Aunque los Tayronas, también se les considera exportadores de técnicas de orfebrería e hilados. Eso se ve en que la mayoría de las obras muiscas parecen ser toscas y mal terminadas aunque la calidad del oro era superior, y las Tayrona técnicamente perfectas, los Muiscas al aprender la técnica de la cera perdida mejoraron la estética de sus obras, prácticamente abandonaron el método del repujado directo, que además de inexacto le restaba vida útil a la pieza pues esta cogía más riesgo de cuartearse y también restringía las obras a solamente láminas, ya que repujar sobre el oro bruto es casi imposible. A su vez, los Tayronas al aprender métodos como la inmersión de la pieza en agua mejoraron sustancialmente la calidad del material y la belleza misma del ornamento.

La economía Tayrona, era poco dependiente del comercio, es más, es posible afirmar que era autosuficiente, pues los territorios tayronas comprendían todos los pisos térmicos, desde zonas al nivel del mar, donde tenían acceso a la pesca, pasando por áreas templadas hasta llegar a áreas cultivables paramunas, Todas profusamente recorridas por ríos de todos los tamaños. En lo referido a su alimentación, los Tayronas fueron los inventores de los bollos, pues el maíz producido en la Sierra Nevada era demasiado duro para comer, y amasándolos eran más fáciles de cocer. La técnica del bollo fue posteriormente mejorada por la Cultura Zenú, cuyos territorios eran mejores para el cultivo del maíz, hasta que actualmente se considera que los departamentos de Córdoba y Sucre (Zona de infliencia Zenú) son los creadores de esta receta. Además de bollos, los Tayronas eran consumidores de chicha y arepas en grandes cantidades. Para endulzar las bebidas, usaban la miel, que producían en colmenas hechas por ellos. En el ámbito frutal, sobresale la producción de hortalizas, las guanábanas, piñas, aguacates y guayabas. El consumo de carnes era escasa, usualmente consumían carnte de cabra y roedores en tiempos especiales, pero generalmente comían pescado.

Los Tayronas, desarrollaron sobremanera la habilidad de usar las plumas para decorar tocados y vestidos. Hasta llegar al punto que tenían la tradición anual de pelar las guacamayas y otras aves para el festival del maíz (Solsticio de Verano). En lo referente a sus mitos y tradiciones, los Tayronas contaban con incontables dioses, aunque poco se sabe de ellos, ya que no tenían lengua escrita y los cronistas de la colonia no se adentraron en la sierra para contarnos esto como ocurrió con otras culturas como la Muisca. Pero si nos han llegado de los Kogui y las otras tribus que hoy sobreviven en la Sierra, los mitos cosmogónicos (creación del mundo) de la Cultura Tayrona. Se dice que antes que todo existiera, el Mundo estaba cubierto por tinieblas, y todo estaba oscuro. En aquel tiempo, ya vivía una mujer, llamada la Madre del Universo, que nunca dijo como exactamente surgió, al nacer de ella el primer hombre, por fin llegó la luz, y ese fue el primer día. El recién nacido, llamado Sintana, se volvió un héroe cuando creció, y organizó el primer ejército de Manicatos. Pero el mundo aún no tenía forma, y Sintana vivía solo, entonces la Madre del Universo, que sabía hilar, hizo un gran huso, que clavó en el pico más alto de la Sierra, del jaló y jaló, sacando mucho hilo, que dispuso como un círculo alrededor de la sierra. Mientras hacía el redondel, ella decía “Esta será la tierra de mis hijos”. Y así el mundo tomó forma.

La verdad, es que los Tayronas son, sino la más avanzada, una de las más avanzadas culturas de la América Prehispánica, pues sus niveles de civilización, comparables con otras más investigadas y aparentemente más gloriosas como la Inca, la Maya y la Azteca. Francamente, son una expresión cultural digna de admirar y preservar por todos los colombianos y el Mundo.

Los muiscas

Habitantes de la zona central de Colombia, específicamente el Altiplano Cundiboyacense, fueron la cultura que más llegó a evolucionar en lo que se refiere a la administración y la estructura político-administrativa hasta llegar a la conformación oficial de una confederación de cacicazgos, conocida en la actualidad como Confederación Muisca con un sistema uniforme de caminos, lengua, impuestos, religión y leyes. La palabra “muisca” viene del muyskkubun (idioma muisca) muyska, que significa persona o gente.1

Existen otros mitos como el de Bachué, la madre de los muiscas. Un día salío de la laguna de Iguaque una mujer esbelta y bella, acompañada de un niño pequeño. Ella era Bachué, quien se sentó a la orilla de la laguna y esperó hasta que el niño creciera. Cuando alcanzó la edad suficiente, se casó con él y tuvieron muchos hijos; esos hijos son los muiscas. Bachué les enseñó a cazar, cultivar, respetar las leyes y adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que los mismos muiscas se referían a ella también como Furachoque (”mujer buena” en lengua muisca). Cuando ya eran ancianos, Bachué y su esposo decidieron volver a Iguaque y se convirtieron en serpientes. Esas serpientes se sumergieron en el lago. Ese día los muiscas estuvieron muy tristes, pero sabían que Bachué, su madre, era feliz.

De los muiscas nos han llegado muchos mitos, debido a que Bogotá se instituyó como capital del Nuevo Reino de Granada, y muchos cronistas se asentaron allí. Según los muiscas, había muchos dioses, pero los más importantes eran Sua (El Sol), a quien erigieron el templo de Sugamuxi o Suamox (Sogamoso). Chía (La Luna), y su templo en el pueblo que hoy lleva ese mismo nombre, el segundo en orden de importancia. Otros personajes como Bochica, que no eran dioses, eran recordados por todos con respeto y afecto.

La contribución de los Muiscas a la cultura nacional colombiana es quizás la más importante. Se destacan juegos como el tejo (turmequé), que fue inventado por los muiscas, y al que los españoles le agregaron el detalle de la pólvora. Entre los muiscas, se celebraban torneos de lucha, y el ganador era premiado por el cacique con una manta fina de algodón y se convertía en guerrero (güecha).

Quizás la razón por la cual los muiscas han permanecido en la memora es por ser la nación que dio origen a la leyenda de “El Dorado”, que se originó porque cada cierto tiempo, en la laguna de Guatavita, a unos 50 km de Bogotá, el zipa de Bacatá se subía a una balza, cubierto de oro en polvo que se adhería con una resina especial. Sin que sus ojos dignaran verle, los súbditos iban tirando ofrendas de oro a la laguna, y el zipa se sumergía en ella mientras los bálsamos dorados se desprendían y teñían el agua de color dorado.

El sistema político-administrativo de los muiscas, es el más avanzado entre las culturas asentadas en Colombia. Este es el de Confederación de Cacicazgos. Dentro de la nación muisca, había dos grandes confederaciones: la del zipa de Bacatá (Bogotá) y la del zaque de Hunza, siendo Funza la capital de la confederación de Bacatá. El funcionamiento de estas confederaciones consistía en que cada poblado miembro de la Confederación, le debía tribto al zipa o zaque, dándole tributos y recursos de su zona; a cambio de protección y mercado para sus productos. Por su parte, el gobierno central, a cargo del Zipa o del Zaque creaba las reglas de convivencia. También era trabajo del Zipa o Zaque la formación de los guerreros o güechas, que en la cultura muisca estaban organizados en forma de ejército, pues dependían directamente de los grandes señores. Todos los bosques y lagunas eran públicos, la caza estaba organizada y usualmente hombres de todas las posiciones sociales iban a ellos a pescar y cazar libremente. En tiempos de guerra todos los huzaques, o señores menores, se reunían con zipa o el zaque y tomaban las decisiones. Esto también pasaba cuando había hambrunas o sequías. Cuando finalizaba la reunión, los caciques comunicaban su decisión a los Tiuquines, fuertes mensajeros que corrían por todo el altiplano llevando el mensaje de la decisión tomada.

Los muiscas estaban ubicados en el Altiplano Cundiboyacense, desde el río Chicamocha, Hasta el Páramo de Sumapaz, y desde los declives de la cordillera Oriental, en Cundinamarca hasta Santa Rosa y Sogamoso, limitando con los pijaos y los panches.

Eran los únicos productores de esmeraldas, monopolizaron la minería del cobre, el carbón tanto vegetal como mineral, y contaban con las enormes minas de sal de Nemocón, Zipaquirá y Tausa. Las esmeraldas, la sal y el cobre, necesarios para fabricar joyas, eran canjeadas con los pijaos y los panches, que habitaban el sur; en cambio, estos les daban oro, que tenían en abundancia.

Los bosques eran públicos, al igual que las lagunas, los páramos y las riveras de los ríos, haciendo la producción alimenticia acorde a las necesidades de cada habitante. En Bacatá, Chocontá y Hunza, se establecieron los tres grandes mercados donde la gente se reunía a cambiar sus mercancías. Las fuentes saladas estaban rodeadas de hornos, que podían ser usados por todos para evaporar el agua y obtener sal gema. En los mercados se cambiaban productos de primera necesidad, como el maíz, la sal, miel, frutas y granos, hasta los de lujo, entre los cuales se encontraban las plumas, el oro, el cobre, algodón, coca y caracoles marinos importados desde la tierra de los tayronas.

El calendario de los muiscas era bastante impreciso. Sabían que durante el solsticio de verano el sol duraba más tiempo, y el 21 de junio (Calendario Gregoriano), se iban todos a Suamox o Sugamuxi, donde estaba el Templo de Sua, el Sol a ver la procesión de los más importantes miembros de la corte del zaque Esa era una ocasión muy festiva y especial, donde todos, hombres, mujeres y niños se pintaban con índigo y achiote mientras cantaban y saltaban, embriagados con chicha. Al día siguiente, todos asistían a la ceremonia de entrega de ofrendas, pidiendo por un buen año y mejores cosechas.

La casta sacerdotal era instruida desde la infancia y al crecer, éstos se volvían jeques, o sacerdotes, que dirigían las ceremonias religiosas y enterraban a los muertos. Sólo ellos entraban a los recintos interiores de los templos, y en sus mochilas cargaban coca que mascaban con cal, revuelta en sus poporos para celebrar sus ritos en trance. Cada familia alguna vez tuvo que ofrecer a uno de sus hijos en moxas, jóvenes que eran instruidos por los jeques hasta los 15 años, posteriormente los sacrificaban y le ofrecían su sangre al Sua. Esto era considerado un gran honor, pero con el tiempo esa tradición fue siendo relegada por ofrendas de oro o de loros importados de las tierras cálidas a los que se les enseñaba a hablar antes de ser sacrificados. Para 1300 la tradición de sacrificios humanos pudo haber desaparecido.

El idioma muisca pertenecía a familia lingüística de lenguas chibchas, lo que les permitió mantener fluidas relaciones con los pances, los motilones, los tayronas y los opitas, miembros dialectales de ese mismo grupo lingüístico.

Para 1537, año de la llegada de los españoles al altiplano cundiboyacence, se estima que los muiscas eran un poco más de 1 millón, organizados en 56 tribus, adscritas o al zipazgo o al zacazgo, que casi siempre convivían en paz.

En la actualidad los descendientes directos de los muiscas están organizados en torno al Cabildo Mayor del Pueblo Muisca, en Bogotá, al que están adscritos cabildos como el de Suba y el de Bosa. En 2010 se fundaron dos jardines infantiles para que los niños de los cabildos muiscas aprendan tradiciones como el tejido y la orfebrería, además de la lengua muisca, que se pretende revitalizar.

Los Quimbayas

Rodeados por eternos guaduales y yarumos, los Quimbayas son famosos por su habilidad de construcción con la guadua, su exquisita orfebrería y sus valientes guerreros. Estos habitaron la región del actual Eje Cafetero, sobre todo en el actual Depto. del Quindío. Los Quimbayas, son los creadores de quizás la más famosa pieza de oro precolombino del Mundo: el Poporo Quimbaya (Museo del Oro), y una de las más deslumbrantes colecciones de Arte Prehispánico: El Tesoro de los Quimbayas (Museo de América - Madrid).

Los Quimbayas, se calcula que eran casi 100000, vivían en chozas redondas de guadua y techos de palma. Los fogones eran públicos, y eran compartidos por tres o cuatro familias cada uno y estaban aparte en una choza cercana a las tres casas. Los poblados eran bastante compactos, y era común que cada poblado Quimbaya no superara tres familias diferentes, haciendo el trato dentro de los poblados muy cordial y familiar.

La producción agrícola de los Quimbayas, no era tan eficiente como en otras culturas, pero conocían y practicaban la rotación de cultivos. Ellos cultivaban una tierra y la dejaban descansar, mientras el año siguiente se tomaba otra, y así sucesivamente. Su método era quemar la tierra, talar lo que quedaba en pie y surcarla para sembrar, lentamente agotando los nutrientes de la tierra. Eran expertos en hacer terrazas en las zonas más pendientes, de esa forma evitaban la erosión. Pero esos métodos de quema eran compensados con la siembra de guaduales, que además de ser fuente de madera, conservaban mucha agua y restablecían los nutrientes de la tierra. Los cultivos más comunes, eran los de maíz, arracacha, fríjol, fique y yuca.

Los Quimbayas desarrollaron sobremanera la recolección sistematizada de frutas y bayas, especialmente las de guamas, pithayas, guayabas, aguacates y caimitos. Pero el árbol que más usaron, era la guadua. La guadua, es un árbol abundante en la región del actual Eje cafetero, y fue usada por los Quimbayas para elaborar desde juguetes hasta armas y casas. Los Quimbayas aún no construían las colmenas, acostumbrándose a recoger los panales que se formaban en los árboles. De estas colmenas, extraían miel, la cual consumían virgen y también sacaban cera, que usaban para hacer las piezas de oro bajo la técnica de la cera perdida.

La sal fue una de las razones por la cual los Quimbayas no fueron conquistados por pueblos belicosos como los Muzos y los Panzes, las fuentes saladas de Consota, Cori, Coinza y Caramanta fueron monopolizadas por los Quimbayas, que controlaban el comercio del mineral en la zona al occidente de la cord. Central. En estas fuentes saladas, el ingenio Quimbaya dividía las aguas saladas de las dulces y la salada llevada por tubos de guadua a los hornos. donde era evaporada y extraída. Los Quimbayas guardaban toda la sal en depósitos especiales propiedad de cada familia. La sal era usada para pagar tributo al cacique y a tribus vecinas.

Los Quimbayas eran hábiles cazadores. Era usual que padres e hijos fueran a la selva por la noche a cazar y llegar al día siguiente con dantas, zarigüeyas, osos hormigueros y las muy preciadas guartinajas y venados. La carne de estos la salaban para consumirla más tarde. En estas también perseguían guacamayas, a las cuales pelaban, para usar sus plumas como decoración y consumir su carne azul.

El oro Quimbaya no provenía de minas como ocurría con los Tayronas o los Calimas y Pances, ni del comercio, como los Muiscas, sino de los ríos. Los Quimbayas iban a los ríos con frecuencia y con macanas recolectaban oro. Cuando eran demasiado caudalosos, o crecían esperaban las sequías para recoger el oro de la arena, junto con el limo, muy bueno para cultivar. El oro bruto era llevado a casas de orfebrería, donde era molido con grandes piedras, cuando era casi polvo, era mezclado con cobre para hacer tumbaga que era más fácil de fundir. Los Quimbayas obtenías figuras en tumbaga con la técnica de la cera perdida y posteriormente les practicaban el templado: calentarlas y sumergirlas en agua helada, luego martillarlas, para sacar las impurezas y darle resistencia. Los Quimbayas fueron los que mejor practicaban el templado, pues martillaban y repetían el proceso varias veces. Por ello las figuras Quimbayas que vemos en los museos brillan más y no han sufrido tanto el paso del tiempo. Además de la cera perdida, que era más usual en los elementos decorativos y las piezas ceremoniales sacerdotales o civiles, se usaba también el repujado o martilleo delicado de hojas de oro. Esta técnica era más usada en las armas, cascos y pectorales de los guerreros, pues se hacía con láminas que eran más livianas en el combate.

La cultura Quimbaya practicaba la antropofagia ceremonial. Cuando una tribu iba a la guerra el cacique sacrificaba dos de sus esclavos y todos bebían de su sangre y comían de su carne, según creían, esto les daba valor y fuerza para el combate. Esta práctica solo se daba en tiempos de guerra y en ceremonias religiosas.

El entierro de un cacique era un evento importante. Los sacerdotes organizaban una gran ceremonia, pintaban y adornaban el cuerpo del cacique, que era ataviado con adornos de oro y mantas lujosas. El cacique era velado por varias semanas en su residencia, luego era llevado a lo alto de una colina, donde se habían cavado un hueco en el que habían puesto muchas joyas y ropajes, unos esclavos vivos para servirle durante su nueva vida, y mientras llevaban el cuerpo del cacique, sus esposas estaban felices de acompañarlo a la vida eterna. Finalmente lo enterraban.

La estructura administrativa Quimbaya era bastante dispersa, había más de 80 caciques, aunque entre ellos reconocían a cinco como superiores. En lo referente a las relaciones con tribus cercanas, los Quimbayas y sus vecinos, a diferencia de otras culturas, tenían relaciones constantes pues las distancias entre sus poblados era escasa. Las relaciones eran mantenidas de cacique a cacique y siempre se usaban intérpretes. Entre esas tribus se encontraban: los Ansermas, los Irras, los Quindos, los Caramantas, los Pícaras, los Pozos y los Armas.

Los Ansermas, eran muy poderosos, y estuvieron incluso a punto de invadir el territorio Quimbaya. Los Pozos y los Armas eran caníbales y siempre estaban peleando con sus vecinos.

Los Quimbayas no tenían ejércitos organizados, pero en el combate los guerreros Quimbayas, entrenados por los caciques, liderban milicias conformadas por hombres y mujeres de todas las edades que combatían en igualdad de condiciones: en esos momentos lo importante era conservar a la Nación Quimbaya. En tiempos de paz, los Quimbayas organizaban brigadas de centinelas y espías que cuidaban las fronteras. En caso de invasión avisaban a los caciques, quienes decidían reunir a la gente. Se ha descubierto, que los Quimbayas eran hábiles constructores de trincheras y trampas, cavando zanjas profundas, que llenaban de filosas estacas mojadas en veneno, disimuladas con maleza y paja. Otras técnicas de defensa eran las de esconderse en fortines de guadua en los árboles donde esperaban para emboscar al enemigo con flechas envenenadas. En las batallas, los niños cargaban las banderas de las tribus, las mujeres tiraban piedras, lanzas y agua hirviendo desde las colinas, los hombres y los jóvenes estaban en el frente con flechas y arcos. Al triunfar, todos se reunían en el poblado y celebraban bailando y haciendo combates ficticios entre ellos.

Fueron una de las últimas culturas en desaparecer pues las zonas que habitaban eran casi inaccesibles, rodeados a lado y lado por nevados y con dos tapones de selva al norte y al sur. Aun así los españoles al mando de Jorge Robledo, que había ya conquistado el Norte de Antioquia llegaron a la región que habitaban. Robledo primero los trató bien pero luego comenzó a mandarlos a las encomiendas a trabajar. Los Quimbayas se resintieron y comenzaron una guerra. Fue inútil, Robledo venció y los últimos Quimbayas escaparon al Chocó. Lentamente desaparecieron y nos dejaron maravillosos tesoros, el más famoso, es el “Tesoro de los Quimbayas”, encontrado enterrado en Quimbaya, Quindío a finales del siglo XIX, este tesoro está hoy en el Museo de América de Madrid. Aunque la pieza más representativa del arte Quimbaya, el Poporo Quimbaya, reposa en las bóvedas del Museo del Oro de Bogotá, siendo la primera pieza que el Museo tuvo, en el año de 1933.

Los Zenúes

En las de los actuales departamentos de Sucre y Córdoba, existió un pueblo conocido como los Zenúes. Los Zenúes fueron la única cultura que estableció un gobierno centralizado, pues los tres grandes caciques, El cacique de Panzenú, el de Zenufana y la gran Cacica de Finzenú. La estructura se le puede llamar centralizada, pues los caciques de los tres territorios eran hermanos y los de Panzenú y Zenufana le debían tributo a la Gran Cacica de Finzenú, quien era su hermana mayor. El sistema centralizado, causó la concentración de los Zenúes en grandes ciudades, y no en pequeños poblados independientes. Estas ciudades son: Yapel (Hoy Ayapel, Córdoba), Mexión (Tuchín, Córdoba), Faraquiel (Al Sur de Montería) y la gran capital de Finzenú (Montería, Córdoba).

No hay registro de los mitos de los Zenúes pero se sabe que contaban la historia de hydju θun gran diluvio que inundó todo. Desde ese diluvio los Zenúes aprovechaban el tiempo seco para cavar canales que drenaran el agua, pues además de las frecuentes lluvias, la tierra de los Zenúes era regada por caudalosos ríos: el río Sinú y su cuenca así como el Cauca y sus tributarios. Los Zenúes se dedicaron a construir canales hasta dejar una red intrincada que unía las cuatro ciudades y los pequeños pueblos. Se sabe que los zenues construyeron una red secundaria de caminos que bordeaban las montañas y en las zonas altas de las planicies para mantener conectadas las ciudades y el campo durante las sequías y las inundaciones. Estos grandes canales fueron en su mayoría enterrados por los españoles al colonizar Córdoba a mediados del S. XVII. Aun así, en la zona de la depresión momposina, poco explorada por los españoles, se puede admirar esta magnífica obra de ingeniería.

Las grandes ciudades eran interdependientes: Mexión, que rondaba los 25000 habitantes, en su mayoría tejían canastos, sombreros, viseras, mochilas, taparrabos, mantas, hamacas y otros utensilios. Las mochilas y taparrabos eran de algodón que recogían, hilaban, tejían y teñían. Yapel, un poco más grande que Mexión, con unos 30000 habitantes, era la ciudad de la alfarería, allí se fabricaban casi todos los artículos de barro del País Zenú. Finzenú era la capital del país, y aunque Yapel era la capital de Panzenú, y Zenufana tenía también la suya, los caciques de estas, relegaban su posición a la de regiones de la nación Zenú. Finzenú tenía alrededor de 70000 habitantes, y era la ciudad más grande. Además de ser el centro de la vida administrativa y la residencia de la gran Cacica de los Zenúes, era el centro productor del oro Zenú, pues el río Sinú le daba el mineral. Por último, estaba Faraquiel, la ciudad espiritual de los Zenúes, no lejos de Finzenú. Al templo de Faraquiel, todo buen Zenú debía ir, siquiera una vez en la vida. La interdependencia de las ciudades era que entre ellas se exportaban e importaban los productos de cada una, ninguna era autosuficiente, esto garantizó la estabilidad territorial Zenú. Aun así, cada región tenía sus espacios de agricultura que explotaba independientemente.

El Templo de Faraquiel era el centro de la vida religiosa, quedaba en la cima de una colina. Consistía en un gran bohío rodeado de árboles, a los que les colgaban campanillas de oro en las ramas, y dentro del bohío había seis ídolos gigantes de oro puro, de los que colgaban hamacas llenas de ofrendas de oro. En la cultura Zenú no existía la deificación de los caciques ni de los templos ni de los sacerdotes. Hasta la gran cacica de Finzenú concedía audiencias a ciudadanos rasos; todos podían entrar a los templos libremente y dar sus ofrendas, a diferencia de culturas como la Quimbaya y la Muisca. Aunque podían ser vistos, salir en público, y conceder audiencias, los caciques no podían tocar el suelo desnudo, ni ser tocados por nadie.

Los ritos mortuarios Zenúes eran bastante simples pero esto no les restaba belleza. Cuando alguien moría era llevado en una chalupa por los canales hasta Finzenú donde todos los Zenúes eran enterrados. Si era un importante dignatario, la misma cacica de Finzenú presidía en su chalupa. Todos los muertos eran enterrados mirando hacia oriente para que todos los días vieran la salida del sol. Realmente la muerte para los Zenúes no era triste, lo tomaban con un aire festivo, pues pensaban que ahora la vida era más feliz, ya que el espíritu no tenía un cuerpo al que le deba obligaciones y ahora es todo diversión. Los asistentes al rito, beben y comen, mientras pisan la tierra donde la persona va aser enterrada. Al final del entierro, se siembra un árbol sobre el montículo y se disuelve la reunión.

Los Zenúes, con sus falencias como nación, avanzaron notablemente, en materia administrativa y en la producción, además de domar los ríos Zenú y Cauca, su exquisita orfebrería, es única entre las precolombinas, pues ellos dominaron el arte de la filigrana, cosa que ninguna otra logró. Los Zenúes fueron la última Cultura en ser encontrada y conquistada por los españoles, es más, en la actual Córdoba, existen herederos de los Zenúes.

Cultura Calima

La Cultura Calima es la manera como los arqueólogos han denominado al asentamiento humano que pobló la zona de influencia de los ríos Dagua, Calima y San Juan en el Departamento del Valle del Cauca y que habitaron según los estudios entre el Holoceno y el siglo XV.3 De las excavaciones practicadas en el lugar se han encontrado utensilios, cerámicas, orfebrería y tumbas que denotan una gran actividad de un pueblo que se ubica dentro de la familia lingüística Caribe. Los restos arqueológicos que quedan de este pueblo extinto se cuentan entre las piezas más preciadas del arte precolombino.

Cultura Nariño

Habitaron el Macizo Colombiano en su Zona Occidental, un altiplano accidentado, situado a más de 3.000 m s.n.m., próximo a la fontera con el Ecuador, fueron exterminados por la expedición de Sebastián de Belalcázar, su orfebrería era cercana a los patrones artísticos de los Incas.
El altiplano en esta parte de la cordillera se caracteriza por tener suelos muy fértiles, formados a partir de cenizas volcánicas. En la zona se encuentran los volcanes: Chiles, Cumbal, Azufral, Galeras, Doña Juana, Patascoy. El paisaje es ondulado y está constituido por lomas bajas alternadas con hondonadas.

Se han definido dos complejos cerámicos distintos.4 Capulí se encuentra tentativamente datado, a partir del siglo XII d. C., y Piartal-Tuza, fechado entre el siglo VII y XVI d. C.

El Complejo Capulí

Los hallazgos se sitúan en el municipio de Ipiales. Los entierros son muy profundos, de 22 a 40 m de pozo vertical redondo y cámaras laterales, individuales o colectivas. Los cuerpos se disponen en forma extendida sobre esteras tejidas con fibras vegetales.
La cerámica. Los recipientes funerarios difieren notoriamente de las vasijas de cerámicas de uso cotidiano, pues son trabajados finamente y están decorados con pinturas negativas negro/rojo. Predominan los motivos geométricos. Las piezas más comunes son copas de pedestal alto de gran cantidad de formas, existiendo ejemplos de copas dobles y triples. También son comunes las vasijas globulares decorados con figuras de animales en los bordes.
En las tumbas del complejo Capulí se encuantran también achas de puedra pulida, con un acabado muy cuidadoso, sin trazas de uso. Es frecuente encontrar también grandes caracoles marinos provenientes de la costa del Pacífico.

El Complejo Piartal-Tuza

El conocimiento del que se dispone de este complejo es mucho más completo que en el caso del Complejo Capulí. El territorio donde se tiene conocimiento de restos de esta época es muy amplio, y en el se han desarrollado investigaciones formales.

Los vestigiós encontrados permiten establecer dos períodos en su desarrollo: la fase más antigua, llamada Piartal, de una duración de 4 siglos, seguida de la fase Tuza, a partir del siglo XV.

Cultura Tumaco

En el siglo XVIII el monje fray Juan de Santa Gertrudis identificó las primeras piezas de lo que sería llamado la Cultura Tumaco.5 El área de influencia se extiende también, además del departamento de Nariño, a las provincias de Esmeraldas y Manabí en Ecuador. Vecinos de la Cultura Nariño, presenta sin embargo importantes diferencias, se especializaron en alfarería, ricamente decorada. La cultura Tumaco fue definida inicialmente con base en hallazgos de algunos conjuntos cerámicos sacados de su contexto y sin una evidente asociación. En realidad representan un conjunto de diversas culturas en un período de 2500 años. En realidad la costa del Océano Pacífico de Colombia es aún, a comienzos del siglo XXI casi inexplorada.6
La zona cubierta por selvas tropicales y tupidos manglares, baja y anegadiza, se sitúan en el borde de lo que se ha dado en llamar el “tapón de Darien”, una de las zonas con mayores precipitaciones en el mundo.las estatuas eran construidas por las mujeres ,y eran contruidas en arcilla moldeada Este espacio complejo ha posibilitado su ocupación en una u otra zona, por diferentes grupos humanos en el período que va desde aproximadamente los 500 a. C.
Las carácterísticas del paisaje, y la aparente unidad de los hallazgos arqueológicos, indujeron a hablar de una Cultura Tumaco, con base en el gran número de figurillas y materiales cerámicos que se fueron obteniendo, ya sea por excavaciones ilícitas o por hallazgos ocasionales. Estas primeras concepciones contrastan con los resultados arrojados por las investigaciones formales adelantadas en la costa del Departamento de Nariño y Valle del Cauca. Calamarí, Carrex, Bahaire, Cospique, Mocaná, que habitaban la zona que hoy ocupa Cartagena de Indias, vivían en el actual centro histórico, en la isla de Tierra Bomba, la Isla de Barú, y la actual zona industrial de Mamonal, respectivamente. Exterminadas después de la batalla de Yurbaco (Turbaco), también llamada de Guazabara, por el conquistador Pedro de Heredia.


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