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Opiniones de Krisna, gay, trabajadora sexual transgénero, sobre su experiencia en la Escuelita Zapatista

Desinformémonos :: 02.09.13

La aprecio y admiro porque a su corta edad tiene bien cimentada la lucha zapatista, es como si la tuviera tatuada en su piel

Los compañeros nos mostraron las otras caras de esa, su muy suya resistencia: Krisna, trabajadora sexual transgénero

“Tuve la curiosidad de saber qué me iba a tocar, hombre o mujer, porque soy gay y ya estaban asignando a una mujer con otra, y un hombre con otro, pero ¿y yo qué?”
Krisna

Llegamos un sábado a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, e inmediatamente fui con mis compañeros al CIDECI (Centro Indígena de Capacitación Integral) a inscribirnos al curso llamado “La Libertad Según los Zapatistas”, impartido por los mismos compañeros que viven en las comunidades autónomas. Nos entregaron cuatro libros y dos videos en una bolsa de plástico transparente, pero no quise sacarlos en esos momentos.

Debo confesar mi ignorancia ¿Qué nos querrán enseñar? ¿Seríamos repartidos en diferentes salones? ¿Algún comandante del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) sería uno de nuestros profesores? ¿Calificarían mi conocimiento? ¿Darían diploma, certificado o alguna constancia por haber aprobado el curso? Esas y otras preguntas venían saliendo a medida que me adentraba a la Universidad.

Tuve suerte de que me asignaran el mismo lugar para tomar el curso, el CIDECI. Empecé a observar cómo iban llegando camionetas con bastantes compas encapuchados y, por un momento, imaginé que nos iríamos a apoyarlos a algún plantón o protesta, sin embargo no ocurrió así. También vi a más compañeros llegar para inscribirse y los saludé. Cuántas personas que he conocido en sus y nuestras luchas, y qué pocas veces nos hemos vuelto a ver; la mayoría de las veces, en estos eventos. Estaban haciendo un evento artístico y el barullo iba creciendo cada vez más.

El curso empezó el lunes a las nueve de la mañana en el auditorio del CIDECI. Mis compañeros y yo procuramos sentarnos juntos para tomar la clase, pero fue una sorpresa para mí cuando inicio el evento y un compa zapatista nos comunicó a todos que íbamos a tener un Votán, que en lengua maya significa guardián o corazón del pueblo. Tuve la curiosidad de saber qué me iba a tocar, hombre o mujer, porque soy gay y ya estaban asignando a una mujer con otra, y un hombre con otro, pero ¿y yo qué?

En poco tiempo supe que me tocó una compañera de 14 años llamada Rosiney, del Caracol uno, de la comunidad la Nueva Creación. Nos dijeron que estudiaríamos donde quisiéramos dentro de la Universidad. El Votán que nos tocara, él o ella según el caso, nos sacaría de alguna duda que tuviéramos acerca de lo que decía en los libros.

Cuando empecé a leer el libro junto con mi guardiana, supe que los compañeros nos estaban contando por qué se habían organizado, sus logros, errores, sus formas y sus modos para seguir resistiendo. Lo primero que hice fue observar la redacción del texto.

Estábamos hospedados en un hotel en San Cristóbal de las Casas, nos levantábamos a las seis o seis y media de la mañana para bañarnos, desayunar e irnos a la clase. A veces, cuando se nos hacía tarde, nos íbamos en taxi para allá. Nos hacíamos 15 minutos en llegar, pero como en dos ocasiones me llegué a ir en un transporte colectivo y llegaba en 25 o 30 minutos.

Al siguiente día tuve respuesta a mis dudas, cuando en la sesión de preguntas y respuestas el compañero Fidel -que estaba moderando la mesa- nos dijo que no nos habían invitado para enseñarles si no para que ellos nos enseñaran. A partir de ese momento entendí la propuesta y el significado de la escuelita zapatista. Qué ya no llegáramos a alfabetizarlos, evangelizarlos o salvarlos sólo porque son indígenas y pobres.

Nos compartieron que el dinero no es tan importante y que le dan más valor al pozol (maíz) porque nos da de comer a través de la madre tierra, y por eso es importante defenderla y cuidarla. Supimos que están erradicando el alcoholismo y el machismo, cuya práctica fue enseñada a sus abuelos por los hacendados y dueños de fincas para menospreciar a la mujer.

Comíamos afuera del CIDECI en un puesto ambulante, tenían tamales, atole, a veces tacos de papa, caldo de res, y en otras ocasiones dentro de la Universidad, en el comedor, pero la verdad a veces no queríamos entrar porque pensábamos que no les iba a alcanzar la comida para todos los compañeros que venían de diferentes caracoles.

Analizamos lo que dice el mal gobierno cuando anuncia apoyo de vivienda a las comunidades indígenas, mientras que los compas se preguntan si con cuatro laminitas de acero van a hacer una casa. La forma en que actúa el gobierno es diferente a ellos. Los compañeros y compañeras se rigen por los siete principios zapatistas: obedecer y no mandar, representar y no suplantar, bajar y no subir, servir y no servirse, convencer y no vencer, construir y no destruir, y proponer y no imponer.

Me di cuenta de que están dignificando a la mujer, por eso no engloban a hombres y mujeres en un todo: hombres. Darle el lugar a cada uno como él y ella, niños y niñas, jóvenes y jovenas, hasta en su gobierno autónomo, agentes y agentas, promotor y promotora, gobernante y gobernanta, en fin, mencionar a todos y todas aunque nos cueste más trabajo. No me había puesto a pensar en lo importante que es darle a cada quien su lugar.

A mi Votán la aprecio y admiro porque a su corta edad tiene bien cimentada la lucha zapatista, es como si la tuviera tatuada en su piel. Al principio creí que por su edad no iba a tener idea de lo que hablábamos y leíamos, pero me equivoqué. Ella, Rosiney, me enseñó qué es vivir y caminar con dignidad. La oportunidad de interactuar con un compa zapatista de algún Caracol no es de todos los días, de hecho es la primera vez que me pasa; entender y respetar su forma de vivir, de hablar, cómo ven la vida, el mundo, sus aspiraciones, sus resistencias.

Creo que es necesario o diría que hasta indispensable redefinir diferentes conceptos que tenemos de ellos y de la vida. Los compañeros nos mostraron las otras caras de esa, su muy suya resistencia. No podremos del todo entender qué es el zapatismo si vamos todavía con la idea de que hay que educar a los salvajes indios. Si queremos apoyar, eso no significa manejar su lucha o imponer nuestras ideas.

Empezó el lunes la escuelita y terminó el viernes, cinco días, muy poco tiempo para aprender. Me dio tiempo de irme a dar mi vueltita a la plaza de Santo Domingo para comprar unas blusas que me había encargado una tía, alguna prenda para mi mamá y detallitos para mis amigos y hermanos. Salimos el viernes en la noche rumbo al DF, con mucho cansancio pero satisfechos por estar en este curso. Dormirnos a las 11 o 12 de la noche y pararse temprano no es fácil.

Lo chido de la escuelita zapatista fue que los compañeros indígenas zapatistas intentaron civilizar al hombre de la capital, tarea no fácil para los maestros y maestras. No cabe duda. Fue entrar a su mundo, que creí conocer.


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