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Nadie puede enseñarnos a odiar, nos negamos a ser enemigos

Tortuga :: 05.07.14

La pacífica resolución de una familia de granjeros palestinos

La pacífica resolución de una familia de granjeros palestinos
Domingo.29 de junio de 2014 356 visitas - 3 comentario(s)
Ejemplo de noviolencia. #TITRE
Daniel Silas Adamson

Una familia cristiana palestina que predica la noviolencia desde una granja en Cisjordania se encuentra en medio de una batalla para mantener la posesión de la tierra que ha sido suya 98 años. Rodeada de asentamientos israelíes, la familia es un ejemplo viviente de la idea de la resistencia pacífica.

La fruta está esparcida por el terreno recién abierto y marcado por las huellas de una retroexcavadora. En el borde del campo, las ramas se asoman desde dentro de un montículo de tierra, el tronco desnudo y retorcido, con almendras verdes todavía colgadas de los árboles.

El 19 de mayo, un pastor palestino del poblado de Nahalin, que se encontraba fuera al amanecer, vio la retroexcavadora operando en el campo, bajo la vigilancia de soldados israelíes.

Para cuando Nassar llegó, todo el manzanar -que representaba el trabajo de una década- era historia.

“Nadie puede forzarnos a odiar. Nos negamos a ser enemigos”

Su inglés no es nada fluido, pero el dolor emana claramente de su tono de voz: “¿por qué rompieron los árboles?”, pregunta.

Un portavoz de las autoridades militares israelíes en Cisjordania dijo que habían sido plantados ilegalmente en tierras estatales.

La hermana de Nassar, Amal, tiene otra explicación. El gobierno, junto con los colonos israelíes que viven en los alrededores de la granja, está “tratando de empujarnos a la violencia o a irnos”, dice. Amal insiste en que su familia no se moverá de esas tierra ni abandonará su compromiso con la resistencia pacífica.

“Nadie puede enseñarnos a odiar, nos negamos a ser enemigos”

Esa frase, que está pintada en una piedra en la entrada de la granja, la usó primero su padre, Bishara Nassar. Mucho antes de que el concepto se propagara entre los palestinos, le enseñó a sus hijos la teoría de la no violencia, que tenía sus raíces en sus creencias cristianas.

Bishara (que significa “evangelio”) Nassar era un niño cuando su padre compró la tierra en 1916. Incluso entonces, cuando la Primera Guerra Mundial transformaba a Medio Oriente y el Imperio Otomano se precipitaba hacia su final, los cristianos palestinos estaban comenzando a emigrar. Bishara Nassar

Bishara Nassar creía que con música e historias podría profundizar la fe de los niños de Belén.

Tras la guerra de 1948, el éxodo cristiano de Cisjordania se aceleró, y Bishara, quien era un predicador brillante y tocaba el acordeón, comenzó a viajar por los pueblos cercanos, cantando canciones y liderando el estudio de la Biblia en los hogares. La música y las historias, pensaba, profundizarían la fe y elevarían el espíritu de los niños cristianos de Belén, animándolos a quedarse.

Bishara también llegó a creer que la comunidad cristiana tenía un papel especial que jugar en la construcción de un futuro más pacífico.

“Mi padre siempre dijo ’nunca lograremos la paz en Palestina e Israel con sólo estrechar manos: tenemos que trabajar con la gente, empezar por la base’”, recuerda Amal Nassar en conversación con la BBC.

“Así que lo que hacemos ahora como familia -añade-, es realizar el sueño de mi padre de que la gente puede construir puentes, para la esperanza, para el entendimiento, la reconciliación, el diálogo, para alcanzar la paz. Esa es la idea”.

Enseñando resistencia sin violencia

“Mi padre siempre dijo ’nunca lograremos la paz en Palestina e Israel con sólo estrechar manos: tenemos que trabajar con la gente, empezar por la base’”

Guiados por esta visión, ella y sus hermanos han transformado la granja en un centro para la paz y la resistencia no violenta, llamado “Tienda de Naciones”.

Por más de 20 años han organizado talleres, dándole la bienvenida a estudiantes israelíes, rabinos y activistas, así como a grupos de Europa y Estados Unidos.

Allí se llevan a cabo campamentos de verano para escuelas locales, en los cuales le hablan a los niños palestinos sobre la no violencia y los animan a desarrollar un amor por la tierra trabajando y jugando en la granja.

Esto es especialmente importante, dice Amal Nassar, para una generación que ha crecido en campos de refugiados y en desarrollos urbanísticos que serpentean detrás de la barrera de separación israelí.

Nassar también entrena a mujeres palestinas en la no violencia, mientras que su madre -la viuda de Bishara, Milada- cocina platos tradicionales para los invitados del día.

Milada Nassar dice que su esposo hubiera estado orgulloso de lo que sus hijos han creado, a pesar de que en los años que siguieron a su muerte en 1976, el compromiso de la familia con la no violencia ha sido puesto a prueba de formas que nunca habría imaginado.

Amal Nassar está convencida de que militares israelíes están aplicando una estrategia de intimidación.

En ese entonces, Cisjordania había estado bajo el dominio militar israelí por casi una década y los colonos judíos estaban comenzando a mudarse al área al sur de la granja. Sin embargo, la mayor parte de las montañas en los alrededores de la tierra de Bishara seguían siendo campo abierto, cultivado por familias palestinas o utilizadas para llevar a los animales a pastar. Ahora, 40 años después, hay asentamientos judíos en cada una de ellas.

Hay cinco asentamientos en total, el más cercano de los cuales está tan cerca que las voces de los colonos cruzan el valle y llegan a la granja.

El asentamiento más reciente, Netiv Ha’avot, es poco más que una franja de casas rodeadas por alambre y engalanadas con banderas israelíes. El más grande, Beitar Illit, es un pueblo de más de 40.000 habitantes, sembrado de luces que titilan desde la ladera de la montaña de noche. Todos ellos están considerados como ilegales según la legislación internacional, algo que Israel disputa.

Mientras veían los asentamientos crecer a su alrededor en los 80, los Nassar comenzaron a preocuparse. Su granja estaba una ubicación privilegiada, cerca de la carrera principal que va de norte a sur a través de Cisjordania en tierra alta.

Valiosos documentos

Con estos documentos, la familia ha llevado su caso a los tribunales israelíes.

En 1991, sus temores se vieron confirmados. Las autoridades militares declararon que más del 90% de la granja le pertenecía al Estado de Israel. Gush Etzion, uno de los principales vencindarios de Cisjordania, parecía listo para expandirse sobre la tierra de Nassar.

Los Nassar, sin embargo, se negaron a abandonarla o a acceder a su partición. Y como casi ningún otro agricultor palestino, tenían los documentos que necesitaban para introducir una apelación en los tribunales israelíes.

En 1924, dándose cuenta de que el Imperio Otomano se había terminado y preocupados por las crecientes tensiones entre árabes y judíos, el padre de Bishara Nassar registró su propiedad con los nuevos gobernantes imperiales de los palestinos. Los británicos le otorgaron un título de tierras que especificaba el tamaño y los límites de la finca, y el padre de Bishara, que sabía leer y escribir, guardó los documentos.

Casi 70 años después, esos papeles forman la base de un expediente legal que ha estado en manos de los tribunales israelíes por 23 años. El caso sigue sin resolverse.

“Ellos saben muy bien que los palestinos no tienen cómo defender la tierra, razón por la cual pierden la esperanza y se van”, dice Amal Nasar. Pero de alguna manera la familia ha logrado encontrar el dinero y la determinación para mantener su apelación viva.

Cuando se les informó, después de 10 años en los tribunales militares, que su abogado palestino no está habilitado para pelear su caso en la Corte Suprema de Israel -porque tenía documetos de identidad de Cisjordania- encontraron una firma de abogados israelí dispuesta a tomarlo.

Cuando se les pidió que suministraran un estudio de tierras, contrataron (a un costo de US$70.000) un perito israelí y lo enviaron a consultar mapas y documentos en los archivos imperiales de Londres y Estambul.

Cuando se les pidió que produjeran testigos para apoyar su versión de que habían cultivado la tierra por tres generaciones, alquilaron un autobús para llevar a más de 30 palestinos al tribunal militar cerca de Ramala.

“Cada vez que ven que estamos preparados para responder a sus exigencias nos piden algo más y más difícil, de manera que uno diga: ’estoy harto, no puedo más’ (…) Es un juego para forzarnos a irnos”

“Tuvimos que esperar cinco horas afuera del tribunal bajo el sol”, recuerda Amal Nassar. “Y entonces, pasadas cinco horas, salió un soldado y dijo: ’no queremos sus testigos, váyanse a casa’”.

“Cada vez que ven que estamos preparados para responder a sus exigencias nos piden algo más y más difícil, de manera que uno diga: ’estoy harto, no puedo más’. Lo sabemos. Es un juego para forzarnos a irnos”. A la fuerza

Según Amal, como el estamento militar israelí y los colonos fracasaron en su intento de sacar a la familia por medios legales, están tratando ahora de forzarlos a salir. Recuerda a los colonos que arrancaron de raíz 250 olivos jóvenes en 2002 y que permanentemente cerraban el camino a la granja con basura; las órdenes de demolición colocadas en la puerta, que amenazaban con destruir la casa de los Nassar; los soldados que, en 2009, forzaron a su madre de 72 años a salir de la cama a punta de pistola en medio de la noche y la hicieron esperar en el frío mientras registraban la granja. “Combate la violencia con amor”

“Luche contra la violencia con amor”: los Nassar se dicen firmes creyentes de la no violencia.

Las autoridades iraelíes en Cisjordania insisten en que al destuir el manzanar de los Nassar y al colocar órdenes de demolición en la Tienda de Naciones están simplemente haciendo cumplir regulaciones de planeación.

“No estamos intimidando a la famlia”, le aseguró a la BBC un portavoz de CoGAT, el organismo responsable de implementar las políticas iraelíes en Cisjordania. “No estamos tomando ninguna de estas medidas para hacer que se vayan. Estamos haciendo cumplir la ley”.

“Las FDI sigue comprometidas con llevar a cabo su misión de salvaguardar la seguridad y la estabilidad en la región, de una forma altamente profesional basada sobre la moral y el código de ética que constituye el pilar fundamental de todas las actividades de las FDI”

IDF israelí

Las autoridades militares israelíes no respondieron a las acusaciones específicas de los Nassar, aunque negaron que la familia esté siendo sometida a una campaña de acoso: “La afirmación de que las Fuerzas de Defensa de Israe (FDI) quieran intimidar como mecanismo de desalojo es absurda, y una absoluta contradicción de la realidad en el terreno en Judea y Samaria (Cisjordania)”.

“La realidad de Judea y Samaria, en las que actos de terrorismo palestino y violencia extrema continúan aumentando, crea una complejo reto en materia de seguridad. Sin embargo, las FDI siguen comprometidas con llevar a cabo su misión de salvaguardar la seguridad y la estabilidad en la región, de una forma altamente profesional basada en la moral y el código de ética que constituye el pilar fundamental de todas las actividades de las FDI”.

“Sembraré árboles. El doble de árboles”

El hermano menor de Amal Nassar, Daoud, no admira el código moral de los hombres que destruyeron su manzanar. Pero tampoco está enfadado. “Estamos dispuestos a construir un mejor futuro de una forma no violenta… sin odio”, dice. “Nuestra respuesta a esta injusticia nunca será violenta, y nunca nos rendiremos e iremos”.

Los palestinos tienen una palabra que capta su negativa a dejarse provocar o desmoralizar: sumud. Algunas veces traducida como “resolución”, sumud describe la testaruda y paciente determinación de permanecer en la tierra y seguir adelante a pesar de todas las dificultades de vivir bajo la ocupación militar.

Es una característica encarnada por Dasher Nassar quien, aún mientras camina por un campo vacío y lleno de cicatrices, se imagina el manzanar que cosechará en unos diez años.

“Sembraré más árboles”, dice. “El doble de árboles”.

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