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Preguntas inquietantes

Raúl Prada Alcoreza :: 05.08.14

¿A qué juegan unos contra otros? ¿A vencer sobre los otros, a costa de los otros? Volvamos los ojos a lo que importa, volvamos a palpar el cuerpo, volvamos a nuestros propios espesores, abandonemos las ilusiones de poder y de dominación. Démonos una oportunidad al deleitarnos de lo que puede el cuerpo, de su potencia creativa, de su capacidad imaginativa. Démonos la oportunidad al desatar afectos, la memoria sensible, que es la vida

05-08-2014
Preguntas inquietantes

Raúl Prada Alcoreza

​Dedicado a mis hermanos y hermanas humanas. Con Afecto.

¿Cómo un pueblo que fue víctima, que experimentó el horror del holocausto nazi, puede convertirse en agresor, incluso convertir a su Estado en genocida? ¿Se ha asimilado la terrible experiencia del holocausto del genocidio nazi? ¿Por qué no se mira la vida a partir de la sobrevivencia, habiendo vencido a la muerte del pueblo, por qué no se valora la vida, dejándose llevar por cálculos geopolíticos, como si nada hubiera pasado?

Estas son preguntas que debemos abordar con todo el asombro que conllevan, preguntando, paralelamente, sobre la condición humana. ¿Qué somos los humanos, quiénes somos, que olvidamos tan rápido las tremendas experiencias que nos mostraron el abismo? ¿Por qué se retoma con tanta facilidad las costumbres atareadas en los pleitos cotidianos, de corto alcance, y sin sentido? Pues quedan así, ponderadas en su mensurabilidad fortuita, desde la perspectiva que ve con asombro el acontecimiento de la vida. ¿No ha servido de nada la espantosa experiencia de los campos de concentración y de exterminio? ¿No bastaba esta experiencia para comprender que no tienen ningún valor los juegos de poder? ¿Qué clase de animal racional es el ser humano que se pierde en pequeños asuntos, buscando en estas minucias algún sentido, cuando el sentido está ante sus ojos como acontecimiento creativo de la vida? ¿Por qué se comporta de manera tan arrogante, cuando su orgullo se basa en fugaces dominios de elementales circunstancias, que solo se pueden tomar en serio por la imaginación delirante?

La humildad es la grandeza con la que debemos recibir el acontecimiento de la vida. Teniendo los ojos abiertos, los poros abiertos, dispuestos los sentidos a aprender. ¿Se vanagloria de su tecnología, cuando es una imitación de las formas de potencia compuestas en el universo? ¿Se vanagloria de su ciencia, cuando ya las células, los organismos, para reproducirse, para prologar la vida, para generar neguentropía, tuvieron que conocer, calcular, informarse, retener información, usarla, de acuerdo a sus múltiples maneras de efectuarlas, desconocidas por nosotros? Estas pretensiones muestran la patética actuación, comedia en la que se inviste de amo y señor del universo, en el centro del todo, cuando es apenas una fugaz huella en las proliferantes formas de vida, que alegran luminosamente la inmensidad de la energía oscura y la materia oscura.

¿A qué juegan unos contra otros? ¿A vencer sobre los otros, a costa de los otros? ¿Con esto qué se logra? ¿Humillarlos? ¿Dominarlos, explotarlos, esclavizarlos? ¿Se hacen ricos, enormemente ricos? ¿Detienen con esto su trayectoria fugaz? Olvidan que la vida no se reduce a la individualidad, entiéndase como se entienda, como organismo o como espíritu. La vida es fundamentalmente plural, asociación de pluralidades, dinámica de paradojas, la vida es el múltiple entrelazamiento de formas que se componen en distintos planos y niveles del tejido del espacio-tiempo. Pretender que el principio es el antagonismo es no haber entendido nada. Si fuese así nunca no se hubiera dado la vida nunca. Lo primordial, el inicio, si se puede hablar así, es la complementariedad, que sostiene toda forma de asociación, desde las partículas infinitesimales, hasta las constelaciones, quizás los universos, pasando por las asociaciones y entrelazamiento de los nichos ecológicos.

Los que piensan así, a partir del antagonismo, no solo son asesinos de la vida, pues atentan contra sus condiciones de posibilidad, sino también suicidas. Primero acaban con los que consideran sus enemigos, después se quedan solos, abandonados en el desierto que dejaron, queriendo llenarlo con la población de fantasmas que imaginan. Este es el momento que descubren que cavaron su tumba.

Debemos hacernos estas preguntas. Dejar a un lado los absurdos discursos del poder, que devanean para explicar y justificar sus actos insólitos; discursos lúgubres por la pobreza de sus argumentos, sólo sostenidos por el andamiaje desvencijado de los bulliciosos medios de comunicación. ¿Creen que porque viven en casa lujosas, porque controlan las finanzas del mundo, porque se reúnen entre ellos, en ostentosos salones, atendidos por garzones elegantes, escapan de la levedad? No son nada, no son nadie, si no han aprendido de la maravillosa inteligencia creativa de la vida; son mascaras ridículas desfiguradas por sus pretensiones baratas.

Volvamos los ojos a lo que importa, volvamos a palpar el cuerpo, volvamos a nuestros propios espesores, abandonemos las ilusiones de poder y de dominación. Démonos una oportunidad al deleitarnos de lo que puede el cuerpo, de su potencia creativa, de su capacidad imaginativa. Démonos la oportunidad al desatar afectos, la memoria sensible, que es la vida. Démonos la oportunidad para comprender esta maravilla que somos y de dónde estamos.

Detengamos esta marcha alocada al abismo; hagamos caso a la intuición estética de Walter Benjamín.


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