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Conocimiento y escritura

Raúl Prada Alcoreza :: 09.07.15

Quizás uno de los tópicos problemáticos más gravitantes de la filosofía moderna y de la epistemología sea la del conocimiento. ¿Qué es el conocimiento? ¿Cómo se logra el conocimiento? ¿En qué se distingue el conocimiento de la intuición, sobre todo de la intuición sensible? ¿En qué se distingue el conocimiento de la imaginación, sobre todo de lo imaginario?

Conocimiento y escritura

Raúl Prada Alcoreza

Quizás uno de los tópicos problemáticos más gravitantes de la filosofía moderna y de la epistemología sea la del conocimiento. ¿Qué es el conocimiento? ¿Cómo se logra el conocimiento? ¿En qué se distingue el conocimiento de la intuición, sobre todo de la intuición sensible? ¿En qué se distingue el conocimiento de la imaginación, sobre todo de lo imaginario? ¿El conocimiento capta la realidad?, ¿de qué manera lo hace? ¿Selecciona lo significativo o logra captar la esencia, como verdad inmanente? ¿En qué se distinguen los conocimientos, cuándo aparecen como diferentes o cuándo colisionan? Estas son algunas de las preguntas que se han hecho en filosofía. En lo que respecta a la epistemología, llamada también filosofía de las ciencias, las preguntas giraron sobre ¿cuáles son las estructuras lógicas del pensamiento y de cómo estas estructuras lógicas se constituyen en la arquitectura de los conocimientos, saberes y ciencias? Otra epistemología, a diferencia de la filosofía de la ciencia, mas bien, presentándose como hermenéutica de la cultura, los saberes, los textos y los contextos, las narrativas y sus relaciones con los referentes de la realidad, se pregunta sobre los horizontes histórico-culturales, que totalizan, en el sentido no solo de integralidad, sino de contexto global, que se singulariza en lo particular y en la diferencia de las contingencias. ¿Cómo interpretar un horizonte histórico-cultural y lo que se da en este horizonte histórico-cultural desde otro horizonte histórico-cultural? ¿Es posible la interpretación o solo es una invención del otro, de lo otro, a partir de la mismiedad del horizonte-cultural donde participo? Una tercera epistemología se plantea el estudio de las estructuras de pensamiento como arqueología de los saberes, comprendiendo sus estratificaciones y sedimentaciones acumuladas, sus desplazamientos y rupturas, también sus actualizaciones y retornos. Una cuarta epistemología parte de la complejidad, es decir, de la articulación integrada de múltiples planos y espesores de intensidad que se entrelazan en la composición de las percepciones, las intuiciones, las imaginaciones, las conceptualizaciones, que, a su vez, se usan como dispositivos y herramientas en las acciones, actividades y prácticas sociales.

Estas cuatro epistemologías, como filosofía de las ciencias, como hermenéutica de las narrativas, como arqueología y genealogía del saber, como teorías de la complejidad, sin ilustrar sobre otras más, caracterizan lo que podríamos llamar la historia moderna de la filosofía y de la epistemología.

Nos interesa este contexto filosófico y epistemológico, como horizonte mutable del pensamiento, para abordar la discusión sobre el estilo, las formas y los contenidos, a lo que le agregaríamos las expresiones[1]. ¿Cuál es la relación? No por cierto de una manera general, como si estuviésemos esperando una regularidad generalizable, sino, mas bien, de manera singular, ¿cómo se ajustan en cada caso, cuando hablamos de autores, escritores, pensadores, “ideólogos”, teóricos, filósofos, cientistas, críticos? ¿En el estilo se manifiesta el contenido, de una manera clara o indirecta, incluso abigarrada? ¿En la forma aparece el contenido? ¿Lo hace desbordando el contenido a la forma o, mas bien, la forma inflamada oculta un contenido pobre? Por último, retomando lo que introducimos, esto de la expresión; ¿la expresión, si se quiere, la forma de expresión, transmite contenidos a la forma y al estilo, posibilitando su realización? ¿La expresión hace como síntesis compleja de contenido, forma y estilo, exponiendo un perfil elocuente y una actitud impactante, con distintas intensidades? Estas son las preguntas que abordaremos a propósito del debate sobre los estilos y las formas literarias de René Zavaleta Mercado.

Lo barroco

Sobresale la caracterización de la herencia del barroco latinoamericano del siglo XVIII, reciclado en el siglo XX, a partir del barroco literario y del espejo abigarrado de la escritura de las formaciones sociales abigarradas. Si bien se comprende el barroco en la literatura latinoamericana, por la boscosa metafórica de la narrativa densa e intensa, que expresa mundos conectados y, al mismo tiempo, separados, yuxtapuestos y, al mismo tiempo, autónomos, dejando que la figuras corporales, sensuales y desbordantes, se manifiesten como si fueran conceptos indeterminados, ¿qué se puede decir del estilo barroco en la exposición teórica? En este tema estamos de acuerdo con Hugo Celso Felipe Mansilla; no es estrictamente necesario, por así decirlo, el estilo barroco en la exposición teórica, pues este estilo termina turbando la exposición, donde, por las características de las reflexiones, el análisis y las descripciones sobre las temáticas históricas, políticas, sociales, económicas y culturales, se requiere, mas bien, claridad en los enunciados[2].

A propósito, manejamos una hipótesis interpretativa del estilo barroco en la exposición teórica; es la siguiente: Cuando aparece este estilo, denominado, mal que bien, quizás sin mucha razón, barroco, parece presentarse como síntoma problemático de que la comprensión de la complejidad en cuestión no se ha llevado a cabo completamente; se encuentra como a la mitad del camino, por así decirlo. Se trata de un estilo que responde a búsquedas, en una etapa de transición de los desplazamientos teóricos y de la construcción de la comprensión. En este sentido, se entiende que se use el estilo barroco - siguiendo con el uso de un término que no nos convence -, pues, de alguna manera ayuda, a articular figuras de distintos planos de intensidad, de distintos paradigmas, incluso haciendo bricolaje entre planos de intensidad teóricos y planos de intensidad literarios[3].

Sin embargo, volviendo al asunto, este estilo no le quita merito a la obra de René Zavaleta Mercado, sobre todo a los ensayos presentados en Lo nacional-popular en Bolivia[4]. Libro póstumo en el cual, según nuestra interpretación, Zavaleta se desplaza hacia un pensamiento propio[5]. El mérito del teórico, en este caso, consiste en el desplazamiento epistemológico ocasionado, atravesando los límites de los paradigmas anteriores, usados y de referencia, buscando atravesar los límites del horizonte de la episteme de la modernidad, universalista y con pretensiones de verdades generales, válidas para los espacios y tiempos del mundo, concebido como una homogeneidad global. Sean estas pretendidas verdades históricas, económicas, filosóficas.

También estamos de acuerdo en que resulta un exagerado montaje analítico el detenerse en los estilos y las formas, conformando toda una “ciencia” de los mismos, sin decir mucho, cuando se hace esto, de su vinculación con los contenidos y las expresiones. Resulta que para hacer esto, de todas maneras, se separa estilo de contenido, se separa forma de contenido, así como también expresión de contenido, como si pudiera haber un estilo sin contenidos, aunque sea la hipótesis metodológica, para analizar el estilo; como si pudiera haber forma sin contenido, aunque también se efectúe esta separación solo metodológicamente; lo mismo pasa con la expresión. Este análisis filológico, cuando se aplica al discurso teórico, termina perdiéndose en el camino, acabando de confundir conceptos sobre el referente en cuestión con conceptos sobre el estilo, la forma y la expresión.

Los problemas teóricos, relativos al despliegue de conceptos y enunciados, relacionados también, en el caso, a la construcción de conceptos nuevos y nuevos enunciados, no se resuelven en el manejo de estilos, formas y expresiones. Aunque parezca tautología, los problemas teóricos se resuelven teóricamente. La evaluación del discurso teórico no puede ser sino primordialmente valorización teórica.

El mismo René Zavaleta era consciente de lo que se escribía, en esa transición del despliegue epistemológico, que termina de publicarse en Lo nacional-popular en Bolivia; eran como prospecciones teóricas auscultadoras de la complejidad, visualizada por la experiencia social, la memoria social, sobre todo la experiencia y voluntad indagadora del autor. No es pues decir mucho cuando se dice que Zavaleta satura la exposición con su estilo barroco; esto ya lo sabía el mismo Zavaleta. Lo que debe discutirse no es si el estilo barroco era necesario o innecesario, sino si el despliegue conceptual logró efectuar recorridos aportadores en el avance de la comprensión de las formaciones sociales abigarradas. Al respecto, nuestras conclusiones fueron afirmativas en Pensamiento propio.

Cuando se critica a un pensador, ensayista, teórico y analista como Zavaleta, con el esmero de mostrar sus limitaciones, sus herencias gravitantes, sus vínculos con los imaginarios colectivos, se espera que, por lo menos, se ofrezca una exposición teórica más acabada y completa, donde los conceptos y enunciados realizados, aparezcan en la soltura de una exposición clara. Sin embargo, esto no aparece. En vez de esto vuelve a reaparecer la crítica repetitiva y recurrente liberal, haciendo gala de otros prejuicios, con pretensiones de verdades racionales, universales, democráticas, civilizadas, frente a la densidad obstaculizadora de culturas autoritarias, populismos carismáticos y clientelares, socialismos anacrónicos. Si se critica a los criticados como estigmatizadores, esquemáticos dualistas, se espera que, por lo menos, no se haga lo mismo. Sin embargo, también en el lado liberal se hace lo mismo. Lo que quiere decir que todos, pretendidamente “críticos” y los criticados, comparten este esquematismo dualista de amigo/enemigo, que deviene del esquematismo dualista religioso fiel/infiel.

Zavaleta es importante, no porque comparte prejuicios colectivos heredados, que al parecer todos lo hacen, solo que estos prejuicios se diferencias por sus pretensiones de verdad, sino porque los desplazamientos conceptuales que ocasiona su ímpetu intenso y acuciante, su afecto por la tierra y su pueblo, su preocupación por el destino, inauguran, compartiendo con otros y otras, la construcción de un pensamiento propio. Pensamiento propio que no tiene que ver con lo provinciano, como descalifican sus detractores, sino con esa singularidad de ser en el mundo, usando una frase que usa Zavaleta.

[1] Seguimos la propuesta del análisis lingüístico de Louis Trolle Hjelmslev. Revisar de Louis Hjelmslev Prolegómenos a una teoría del lenguaje. Madrid: Gredos; (1971). También Principios de gramática general; (1928); así como Principios fundamentales del lenguaje; (1943).

[2] Ver de Hugo Celso Felipe Mansilla Una mirada crítica sobre la obra de René Zavaleta Mercado. Nos referimos al capítulo 3; Lo que el estilo puede revelar sobre el contenido. Rincón Ediciones; La Paz 2015.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Episteme compleja. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.

[4] René Zavaleta Mercado. Obra completa. Plural Editores; La Paz 2013-2014.

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza Pensamiento propio. Dinámicas moleculares; La Paz 2014-2015.


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