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Una revolución que vuelve a florecer como los macachines

Daniel Tirso Fiorotto :: 29.05.16

Küme mongen (o küme mogñen), dicen en la Patagonia chilena y argentina. Es un estado de equilibrio, estar bien, vida buena, con respeto por la Ñuque Mapu (madre tierra), en comunión con la naturaleza, en armonía personal, familiar y comunitaria. Está relacionado con el hogar, el humano en su entorno y la autonomía.

Una revolución que vuelve a florecer como los macachines

Venidos del fondo de los tiempos y siempre renovados con sus colores vivos como las más bellas tradiciones, los macachines remozan el paisaje cuando todo enfila al invierno. Aquí una comparación de flores y saberes.

Rosados o amarillos, los macachines (oxalis) expresan el otoño entrerriano sin que nadie los siembre ni los riegue, son de acá nomás y con nombre mapuche.
Sus pétalos, linternitas encendidas por la Pachamama contra la resignación.
Algo similar ocurre con el sumak kawsay (vivir bien), una visión connatural al paisaje latinoamericano, un jardín de vida que el Abya yala (América) regala a las personas y los pueblos con ojos para las flores.
Vivir bien en las regiones del altiplano se pronuncia sumak kawsay, suma qamaña; en el universo del guaraní tekó porá y entre los mapuches küme mongen.

Buena vida

Küme mongen (o küme mogñen), dicen en la Patagonia chilena y argentina. Es un estado de equilibrio, estar bien, vida buena, con respeto por la Ñuque Mapu (madre tierra), en comunión con la naturaleza, en armonía personal, familiar y comunitaria. Está relacionado con el hogar, el humano en su entorno y la autonomía. Fuera de este estado sobrevienen enfermedades.
El comportamiento de los humanos se concibe entre los mapuche en directa relación con su entorno, “relación en la cual ser humano y medioambiente (sociocultural y ecológico) llegan a conformar una unidad”, dice un estudio de Felipe Nayip Hasen Narváez y Mauricio Andrés Cortez López.
“Esta relación ser humano/naturaleza, es un punto central a la hora de comprender el fundamento de la vida mapuche, teniendo el concepto de küme mogñen (buena vida) un enorme arraigo a la preservación de equilibrio de las fuerzas que constituyen su mundo, a través de las rogativas, ceremonias y ritos”. (Ceremonias como el nguillatún y las machi con el kultrun devuelven el estado de armonía).

Los colores de
la resistencia

Hay supuestas tradiciones que obedecen más al ámbito del folclore y cuyo origen está un tanto discutido. Es el caso de las normas morales del “no robes, no mientas, no seas flojo” (ama sua, ama llulla, ama quella) que algunos estudiosos atribuyen a un mandato occidental, aunque con honduras notables para explorar.
Otros principios son a todas luces tradicionales, y es el caso del sumak kawsay y sus pares de otras culturas.
Estos principios compartidos son flores del camino como los macachines, bellas expresiones de la resistencia porque no mueren, porque reverdecen por más que la cultura occidentalizada los menosprecie, los tenga por inferiores o los maltrate con la indiferencia para imponer sus modos.
Se muestran a los que saben ver, se dan sin pedir nada a cambio. De pronto, cuando tantos están preocupados por el valor inmobiliario del terreno, los impuestos, los títulos de propiedad, florecen los macachines y no reclaman registros ni patentes; ni compiten con nadie.
Así son los saberes antiguos y vigentes del suelo. Raro que no nos lancemos a ese colchón fresco que dice armonía, dice comunidad porque se entrega a todos sin distinción.
Es que los casilleros occidentales del conocimiento impuesto no dan lugar a esas flores, a esos saberes. En el menosprecio de nuestros lugares, nuestras culturas, nos hemos cegado a las flores que están a la vista.

Pablo Dávalos

Dice el economista y profesor universitario ecuatoriano Pablo Dávalos: “La noción del buen vivir (sumak kawsay), como una nueva condición de contractualidad política, jurídica y natural, ha empezado su recorrido en el horizonte de posibilidades humanas, y de la mano de los pueblos indígenas de Ecuador y Bolivia”.
“El conocimiento moderno, sobre todo aquel que legitima las relaciones de poder, como es el caso de la economía y las teorías del desarrollo, se ha convertido en una escolástica que invisibiliza y castiga con el olvido intencional cualquier posibilidad de saberes alternativos”.
“Las voces críticas que dicen que el desarrollo en sí mismo es un problema son minoría y han sido reducidas a espacios exiguos sin posibilidades de generar prácticas contestatarias”.
“Esas voces críticas decían que la salida del subdesarrollo no es el desarrollo, porque no se trataría de una salida sino más bien de una entrada en la modernidad… hay que asumir al desarrollo como una patología de la modernidad. Lo que es necesario asumir y transformar, entonces, es todo el proyecto civilizatorio en el cual el ‘Norte’ cree a pie juntillas”.

Problemas ambientales

“Al interior de las teorías económicas vigentes, incluidas las teorías del desarrollo, no existe, al momento, ninguna alternativa ante los graves problemas ambientales que provoca el crecimiento económico”, dice Pablo Dávalos.
“De continuar con el actual ritmo de producción y consumo, las teorías del calentamiento global predicen una catástrofe ecológica de consecuencias inimaginables”.
“De los conceptos alternativos que han sido propuestos, aquel que más opciones presenta dentro de sus marcos teóricos y epistemológicos para reemplazar a las viejas nociones de desarrollo y crecimiento económico, es el sumak kawsay, el buen vivir. Es un concepto que está empezando a ser utilizado en Bolivia y Ecuador, a propósito de los cambios constitucionales de ambos países; el sumak kawsay (buen vivir), como un nuevo referente al desarrollo y al crecimiento económico, es una de las propuestas alternativas más importantes y novedosas ante la globalización neoliberal”.

En los estatutos

Diremos aquí que en la provincia de Entre Ríos ya existen sindicalistas que expresan, en los estatutos gremiales, el principio del sumak kawsay por la importancia de esta cosmovisión en la tarea diaria. (Por ejemplo en el sindicato de periodistas Setpyc).
Eugenio Zaffaroni aborda el vivir bien en su obra La pachamama y el humano. “Gaia llega de Europa y la Pachamama es nuestra, pero esos son sólo nombres de la Tierra, en la que no sólo estamos, sino de la cual formamos parte. Se trata de un encuentro entre una cultura científica que se alarma y otra tradicional que ya conocía el peligro que hoy le vienen a anunciar y también su prevención e incluso su remedio”, dice el ex juez de la Corte.
Y bien: en tiempos de apuro, consumismo, individualismo, extractivismo, han vuelto por sus fueros las austeras flores del vivir bien.

Un acto de violencia

El estudioso Fernando Huanacuni Mamani ha difundido trece principios que constituyen el vivir bien del altiplano.
Saber vivir y convivir equivale a no alterar el entorno, porque sabemos que todo está interconectado.
Esos principios se sintetizan así: saber comer (en aymara suma manq aña - no en referencia al estómago), saber beber (suma umaña - lo mismo, en referencia al fluir del corazón), saber bailar (suma thokoña o thukkuña – Huanacuni dice “saber danzar, entrar en relación y conexión cosmotelúrica, toda actividad debe realizarse con dimensión espiritual”).
Luego: saber dormir, saber trabajar, saber pensar o meditar (“el silencio equilibra y armoniza”), saber reflexionar desde el corazón, saber amar y ser amado (chachawarmi, complementariedad), saber escuchar (no sólo con los oídos – recordemos que también para el charrúa las piedras hablan, la piedra no es la piedra que los occidentales ven); saber hablar (para lo cual hay que sentir y pensar bien), saber soñar (proyectar), saber caminar (con la Pachamama), y saber dar y recibir.
Dávalos apunta: “Sumak kawsay es la voz de los pueblos kechwas para el buen vivir. El buen vivir es una concepción de la vida alejada de los parámetros más caros de la modernidad y el crecimiento económico: el individualismo, la búsqueda del lucro, la relación costo-beneficio como axiomática social, la utilización de la naturaleza, la relación estratégica entre seres humanos, la mercantilización total de todas las esferas de la vida humana, la violencia inherente al egoísmo del consumidor, etc. El buen vivir expresa una relación diferente entre los seres humanos y con su entorno social y natural. El buen vivir incorpora una dimensión humana, ética y holística al relacionamiento de los seres humanos tanto con su propia historia cuanto con su naturaleza”.

Naturaleza en la historia

Y agrega Dávalos: “mientras que la teoría económica vigente adscribe al paradigma cartesiano del hombre como amo y señor de la naturaleza, y comprende a la naturaleza desde una ámbito externo a la historia humana (un concepto que incluso es subyacente al marxismo), el sumak kawsay (buen vivir) incorpora a la naturaleza en la historia”.  

Daniel Tirso Fiorotto
Diario UNO, Entre Ríos, Argentina, 23 de mayo de 2016


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