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México: Temblor y solidaridad

Gloria Muñoz Ramírez :: 09.09.17

Una vez más, como en 1985, es la población la que responde a la emergencia, el México de abajo que organiza brigadas y lugares de acopio.
El descrédito en las instituciones y partidos permea entre la ciudadanía. La gente quiere que el jabón, las bolsas de frijoles y arroz, el aceite, el agua y los medicamentos que reúnen con sus propios recursos lleguen a su destino.

Los de Abajo

Temblor y solidaridad
Gloria Muñoz Ramírez
La Jornada

Tres minutos eternos se vivieron la medianoche del 7 de septiembre, 12 días antes del 32 aniversario del terremoto que derrumbó casas y edificios en la Ciudad de México, pero no a su gente. El primer temblor de estas características (8.2 en la escala de Richter, lo que lo hace el de mayor magnitud en el siglo) que se vive en México bajo el imperio de las redes sociales. Lo que se hubiera logrado con ellas aquel 19 de septiembre de 1985.

En la Ciudad de México se reporta saldo blanco en cuanto a vidas se refiere. El Istmo de Tehuantepec, el Juchitán tan retratado por Graciela Iturbide con sus mujeres con iguanas en la cabeza, arroja hasta el momento 45 personas fallecidas, miles de damnificados e incuantificables daños. Los juchitecos, y sobre todo las juchitecas, son gente guerrera y buscan vida bajo los escombros.

Minutos después del temblor empiezan a circular los videos de la gente pidiendo ayuda. La población se dirige a sus pares. “Vengan a ayudarnos. Necesitamos manos que nos ayuden a rescatar a gente viva”, dice una mujer que en medio de su desesperación convoca a la sociedad civil a unir esfuerzos. Una vez más, como en 1985, es la población la que responde a la emergencia, el México de abajo que organiza brigadas y lugares de acopio.

Desde las primeras horas de la mañana circulan carteles con la dirección de los lugares que los colectivos van abriendo. Los gobiernos locales ponen los suyos, pero mucha gente no confía. El descrédito en las instituciones y partidos permea entre la ciudadanía. La gente quiere que el jabón, las bolsas de frijoles y arroz, el aceite, el agua y los medicamentos que reúnen con sus propios recursos lleguen a su destino.

En la chilanga colonia Roma, una de las más afectadas por el temblor de hace 32 años, la gente se junta a medianoche. Hay abrazos y ayuda para quienes son presas del pánico. Pijamas de todos los colores esperan en las calles oscuras, mientras los postes de luz se tambalean y se oye el crujido de las casas. Pasan las patrullas en su recorrido y se escuchan los helicópteros nocturnos, pero los vecinos están entre ellos, igual pasa en la Doctores y en la Obrera, donde la experiencia permea.

A los pocos minutos del temblor el humor negro mexicano inunda las redes: un bolillo para el susto o el de “no se asusten, estamos moviendo a México”, con la imagen de Peña Nieto sonriendo. En el sur, de entre los escombros del palacio municipal de Juchitán un hombre rescata la bandera de México, la limpia y la coloca de pie entre las piedras.

“Que no se politice y que no se queden con la ayuda los líderes”, reclaman a Peña en su gira por Juchitán, donde la gente lo encara dolida, enojada y también organizada.

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