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Mujeres perseguidas y amenazadas de muerte sólo por cantar

El Mundo :: 03.12.17

Como las Pussy Riot, esas fantásticas raperas rusas que cantan contra Putin arriba de los techos y lugares inverosímiles y ya han estado presas y amenazadas varias veces, en cada región, lucha, etnia, etc, hay casos similares. Un aplauso para ellas que representan la lucha contra el patriarcado, cada una a su modo y en su lugar alimentan la ternura, la fuerza y la esperanza de los pueblos.

Mujeres perseguidas y amenazadas de muerte solo por cantar

LOLA FERNÁNDEZ
elmundo.es
3 DIC. 2017 08:41

La cantante Masha Alekhina de Pussy Riot posa para un retrato, en el Teatro ‘La Mama’ en New York. FOTO: GTRES

Amenazas de muerte, persecuciones policiales, cancelaciones de conciertos, ‘fatwas’ (prohibiciones religiosas), atentados. Allí donde existe la más mínima posibilidad de expresión del deseo de un mundo mejor (de la denuncia de una sociedad injusta) encontramos mujeres. Las cantantes de las que hablaremos a continuación son popularísimas en sus respectivos países y también unas heroínas, porque se atreven a componer y cantar sobre lo innombrable: la represión, la violencia, la censura. Son mujeres peligrosas, porque su música produce lo más temido por la autoridad: una movilización emocional, una afectación mental, un sentimiento de reconocimiento y, a veces, un impulso de cambio social. En 1968, los Beatles admitieron en ‘Revolution’ que no tenían mayor interés en cambiar las instituciones, sino que lo que querían era “liberar las mentes”. Sabían que la revolución empieza en uno mismo y que, en este punto, una canción puede ser más peligrosamente contagiosa que un mitin. Pussy Riot no estuvieron en la cárcel más de dos años por vandalismo (esa fue la acusación oficial), sino por visibilizar que existe un pensamiento anti-Putin en una Rusia que controla férreamente la libertad de expresión.Sonita Alizadeh, afgana de Herat, fue vendida para casarse a los 9 años por 8.000 euros. La guerra impidió la boda, porque su familia tuvo que huir a Irán, pero desde ese momento vivió bajo la amenaza de ser devuelta a su pueblo para llevar a cabo el matrimonio. En Teherán descubrió el ‘hip hop’, a Rihanna y a Eminem, y escribió el ‘rap’ que le ha cambiado la vida, ‘Brides for Sale’ (novias en venta), donde dice lo siguiente: “Susurro mi historia flojito para que nadie oiga que estoy hablando de la venta de niñas. Dicen que si alzamos la voz contravenimos la ’sharia’. En esta ciudad las mujeres deben callar, pero yo hablo a gritos de un silencio de por vida. Grito desde un cuerpo traumatizado en rebeldía, grito desde un cuerpo exhausto en su jaula, roto por el precio que le ponen al llegar a la juventud. Aún soy una niña de solo 15 años, pero tengo a hombres adultos como pretendientes. Estoy confundida por la tradición de mi pueblo. Venden a chicas por dinero. La mujer no tiene elección. Seré la esposa del mejor postor. Como otras chicas, estoy enjaulada. Como un cordero criado para alimentar a otros”.El videoclip de ‘Brides for Sale’, visto por más de 900.000 personas en YouTube, dio lugar al documental ‘Sonita’, dirigido por Rokhsareh Ghaemmaghami en 2016, que se llevó el Gran Premio del Jurado en Sundance y, un año después, muchos más galardones en festivales de todo el mundo. Gracias a su ‘rap’ Sonita pudo escapar de su boda, hoy es cantante y activista y prepara su ingreso en la universidad estadounidense que la acepte. Quiere seguir rapeando y estudiar leyes para defender a las niñas obligadas a casarse en su país. Allí, en Estados Unidos, continúa también retando la ley islámica la popularísima cantante Aryana Sayeed, quien ha actuado varias veces en público este año a pesar de la oposición de los grupos religiosos extremistas. Estos no solo tratan de amedrentarla, sino que, de hecho, lograron echar abajo varias citas de su calendario de conciertos. Juez de la edición afgana del programa ‘La Voz’, Sayeed no se esconde ni se deja amilanar. Incluso recurre a la viralidad para cargarse de razones y apoyos. En mayo pasado, un vídeo en el que quemaba un vestido que llevó en un concierto en París y por el que la amenazaron de muerte (como era color carne imitaba la desnudez) corrió como la pólvora en las redes.
La cantante Nadezhda Tolokonnikova y Maria Alekhina de Pussy Riot hablan con Charlotte Church, en el centro, en el Festival de Música Glastonbury de 2015 en Worthy Farm, Glastonbury, Inglaterra. // FOTO: GTRESOtra cantante perseguida por mostrarse ’sexy’ es la libanesa Haifa Wehbe, hoy en el número uno de las listas árabes con ‘Baheb El Hayat’. Wehbe ha sido vetad a en Egipto, donde una periodista la denunció por llevar ’shorts’ en uno de sus conciertos. La cantante pop Shyma Ahmed, egipcia, ha sido arrestada este mismo mes de noviembre por comerse un plátano en un videoclip. Según las autoridades, “incita al libertinaje”.La lucha de la saharaui Aziza Brahim es otra. Ella es la voz de los campos de refugiados en el Sáhara Occidental, donde nació en 1976. Exiliada en España y respetada figura de la ‘world music’, sus canciones están prohibidas en su tierra por denunciar la violencia y la tortura sufridas por su pueblo y por los refugiados de todo el mundo, es considerada enemiga de Marruecos y se arriesga al arresto policial si pisa su país. Otro pueblo en represión constante, el kurdo, tiene en Hella Luv y Aynur Dogan dos bastiones musicales. Luv es considerada la Shakira kurda y sus canciones políticas le han valido un lugar en la lista de las más buscadas por el Estado Islámico. Dogan, apadrinada por el productor español Javier Limón, sí continúa en los modos de la canción tradicional, aunque desde una militancia identitaria que le ha valido ver cómo canciones y discos suyos eran secuestrados y prohibidos, además de ser amenazada por las autoridades turcas. En marzo de este año, Nahid Afrin, de 16 años y participante en el ‘reality’ televisivo ‘Indian Idol’, tuvo que empezar a vivir bajo la amenaza constante de una ‘fatwa’: 46 clérigos musulmanes le han prohibido actuar basándose de nuevo en la ’sharia’ (la ley islámica). Casualmente, poco antes de recibir la orden Afrin había cantado en televisión un tema contra el terrorismo y el ISIS. Ahora lleva seguridad a todas partes. Al otro lado del mundo, en Ciudad Juárez, la agrupación de raperas Batallones Femeninos denuncia los feminicidios en México con tal potencia que incluso han sido agredidas por colegas de la escena ‘hip hop’ de su país. De hecho, ingenieros de sonido han llegado a desconectarles los micrófonos o manipulado sus equipos para que no se las escuchara en sus conciertos.Otro lugar peligroso para la disidencia, cantada o no, es Israel. La intérprete de ‘folk’ Chava Alberstein puede ser la cantautora más icónica del país, a la altura de un Amos Oz en literatura. A sus 70 años, su repertorio es vastísimo y toca varios idiomas, incluido el ‘yiddish’. Sin embargo, el reconocimiento mundial a su talento no la salva de recibir amenazas por parte de grupos sionistas, que la acusan de haberse “occidentalizado” por cuestionar públicamente la política del Gobierno israelí. Ema Shah, famosa cantante, escritora y actriz kuwaití, lleva desde el año 2010 cantando en árabe, francés y hebreo, retando así a los que prefieren pueblos y culturas enemistados. Por ello ha sido agredida y recibe constantes amenazas de muerte. “No me queda mucha esperanza en el género humano”, ha admitido en una reciente entrevista, “me interesan más los animales porque he comprobado que el cerebro solo le sirve al 0,00001% de la humanidad”.


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