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Nueva ofensiva de calle de la resistencia contra Ortega en Nicaragua

Agencias :: 26.06.18

Lo que comenzó como un rechazo a unas inconsultas reformas a la seguridad social se ha trocado ahora en el más grave desafío de masas que ha tenido un pretendido gobierno progresista en América Latina, pretensión progresista, de la que por cierto, ya solo quedan los pellejos mal asoleándose en el patio trasero.
Las modalidades de lucha que en estos casi dos meses se han ido desplegando en Nicaragua hablan de la calidad del empeño ciudadano y de su energía rupturista con el estado de cosas prevaleciente.
Frente a las gigantescas movilizaciones ciudadanas el gobierno nicaragüense respondió con balas y con modestísimos despliegues de adeptos. Para levantar los bloqueos de carretera y las barricadas en las ciudades recurre a infructuosas operaciones relámpago. Ante la demanda de su renuncia en la mesa de diálogo sus voceros se hacen los desentendidos.
Todo indica que el presidente atrincherado solo a los empellones se moverá.

Anuncian más protestas en Nicaragua con presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
INTERNACIONAL
25 Jun 2018
EFE

Alianza Cívica anunció más protestas contra el presidente Daniel Ortega en Nicaragua, con la presencia de la CIDH y la ACNUDH
La Alianza Cívica anunció este lunes más protestas contra el presidente Daniel Ortega en Nicaragua, con la presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

“En las últimas semanas no habíamos convocado a ninguna manifestación social en las calles, porque teníamos que salvaguardar las vidas de los nicaragüenses, porque sabemos los altos índices de represión que ha habido en estos últimos días”, dijo el miembro de la Alianza, Lesther Alemán.

Datos de la CIDH indican que al menos 212 personas murieron en Nicaragua a causa de la represión de Ortega contra protestas pacíficas entre el 18 de abril pasado y el 19 de junio, a lo que se suman otras 9 víctimas en los últimos 3 días, según organismos humanitarios locales.

Organizaciones No Gubernamentales como el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) hacen llegar la cifra de muertos a 218.

La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, compuesta por empresarios, sociedad civil, estudiantes y campesinos, espera que Ortega no se atreva a reprimir las manifestaciones ante la presencia de la CIDH y la ACNUDH, que llegará a Nicaragua el próximo miércoles, ya que quedaría en evidencia como “genocida”.

“Vamos a retomar las marchas, prometimos que cuando tuviésemos las garantía de seguridad mínimas, que es la presencia de estos organismos internacionales, íbamos a retomar el tema de las marchas”, afirmó el también miembro de la Alianza, Víctor Cuadras.

La constitucionalista Azahalea Solís, también integrante de la Alianza, afirmó que mantener las protestas cívicas es importante porque el Gobierno no está en el diálogo nacional por su voluntad política.

“No hay manera de resolver esto si no es con la insurrección cívica que ha habido durante todo este tiempo, el Gobierno no está sentado en la mesa porque tenga voluntad de paz, está sentado porque el pueblo de Nicaragua lo puso en la mesa, cómo, con actividades de movilización”, sostuvo Solís.

Los miembros de la Alianza afirmaron que anunciarán las actividades a lo largo de esta semana, sin que esto afecte las negociaciones con el Gobierno en el diálogo nacional, que tiene como mediador al Episcopado.

Nicaragua lleva más de dos meses sumergida en la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, con Ortega también como presidente.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años consecutivos en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.
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26 de junio de 2018
Nicaragua se mueve
Por Jaime Barba
Página12

Como si se tratase de un enjambre sísmico, la situación política nicaragüense después del 19 de abril sigue sacudiéndose y mostrando las posibilidades y los frenos para una salida sensata al cuadro crítico que allí se vive.

Lo que comenzó como un rechazo a unas inconsultas reformas a la seguridad social se ha trocado ahora en el más grave desafío de masas que ha tenido un pretendido gobierno progresista en América Latina, pretensión progresista, de la que por cierto, ya solo quedan los pellejos mal asoleándose en el patio trasero.

Las modalidades de lucha que en estos casi dos meses se han ido desplegando en Nicaragua hablan de la calidad del empeño ciudadano y de su energía rupturista con el estado de cosas prevaleciente.

La represión del gobierno nicaragüense no ha cesado e incluso puede decirse que ha adoptado un formato de dos caras: la Policía presionando y tratando de acorralar a la ciudadanía y por el otro lado los grupos paramilitares progubernamentales imponiendo el terror en las ciudades.

Pero este proceder no ha hecho que ceje la respuesta popular y ciudadana. Lo que comenzó como una irrupción de estudiantes universitarios es ahora una amalgama de iniciativas de diversa naturaleza que va ganado cuerpo y discurso, y que discurre en los varios terrenos de lucha que están plantados.

No obstante que la situación nicaragüense cada día se descompone más, hay que decir que aún faltan episodios decisivos para saber lo que resultará de esta convulsa situación.

Daniel Ortega, el presidente cuestionado y atrincherado en el fortín de El Carmen, aunque trata de mostrarse inamovible en su posición, tal y como lo aseguran sus emisarios, en realidad se encuentra en una posición muy incómoda, como en un clinch del que quizá no saldrá con bien. Ha errado al enfrentar este colosal desafío de masas que de seguro no lo tenía anotado en su agenda entronización política. Se deslizó por el aniquilamiento ciudadano, al principio de la juventud universitaria, y después de forma indiscriminada, y lo que le ha venido de vuelta es la exigencia de su salida del poder gubernamental.

Parece que Daniel Ortega no se ha movido, y sin embargo sí lo ha hecho. Se ha visto obligado a darle continuidad a las reuniones de diálogo, aunque sus heraldos tienen la misión de la dilación. Aceptó que llegara la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aunque ahora reniegue de sus recomendaciones. Se ha movido porque dijo al enviado norteamericano con el que conversó que sí adelantaría las elecciones pero él siempre sería el presidente.

El reciente primer paro nacional mostró el rechazo generalizado hacia el actual gobierno nicaragüense, y al parecer ya no importa cuál fue su signo político-ideológico ni cuáles sus orígenes primigenios, lo que cuenta, hoy, es su carácter ilegítimo por los continuos asesinatos políticos perpetrados y la destrucción de la institucionalidad del país. El lamentable caso de la desnaturalización de la Policía Nacional es inocultable.

Frente a las gigantescas movilizaciones ciudadanas el gobierno nicaragüense respondió con balas y con modestísimos despliegues de adeptos. Para levantar los bloqueos de carretera y las barricadas en las ciudades recurre a infructuosas operaciones relámpago. Ante la demanda de su renuncia en la mesa de diálogo sus voceros se hacen los desentendidos.

Sin embargo no parece claro cómo podrán contener las avalanchas de masas que han comenzado a ensayarse en lugares como Estelí y Jinotepe, donde los puestos policiales han sido abandonados frente al avance de centenares de ciudadanos hartos de la represión. ¿Y si eso ocurriera en el fortín de El Carmen donde Daniel Ortega campea el temporal?

Todo indica que el presidente atrincherado solo a los empellones se moverá más rápido, porque no ha comprendido que la sociedad se está moviendo a gran velocidad para salir del empantanamiento, mientras él vive en una confusa realidad que no tiene ni pies ni cabeza.

La Iglesia se ha movido. La empresa privada se ha movido. La comunidad internacional se ha comenzado a mover. ¿El Frente Sandinista de Liberación Nacional, si es que tal entidad existe y no es mero adminículo se moverá y guardará distancia de todo este desatino gubernamental? ¿El Ejército de Nicaragua dejará de ser la estatua de sal que es en este momento?

¿Se verán cosas?

Jaime Barba: REGIÓN Centro de Investigaciones.
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El Gobierno de Nicaragua no cede en adelantar las elecciones mientras sigue la violencia
Tres personas murieron este lunes y seis ciudades fueron atacadas por las “fuerzas combinadas” del Ejecutivo en el mismo momento en que se celebraba la mesa de diálogo
14ymedio.com
Managua | Junio 26, 2018

(EFE).- El Gobierno de Nicaragua no se mostró hoy partidario de adelantar las elecciones, una de las exigencias de la Alianza Cívica en el diálogo nacional que pretende poner fin a una ola de violencia que no cesa y a una crisis sociopolítica que se ha cobrado la vida de, al menos, 221 personas.

Mientras este lunes se reanudaba este espacio, instalado a mediados de mayo con la mediación de la Conferencia Episcopal entre el Gobierno de Daniel Ortega y la Alianza Cívica, seis ciudades fueron atacadas por las “fuerzas combinadas” del Ejecutivo.

Los focos de la violencia fueron Diriamba, Managua, Masaya, Matagalpa, Nagarote y Tipitapa, atacados desde la noche del domingo por estos grupos integrados por policías, antimotines, parapolicías, paramilitares y grupos oficialistas, según denunció el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Los movimientos de ciudadanos “autoconvocados” de las diversas ciudades informaron de la muerte de al menos dos personas en Managua y una en Tipitapa, mientras que en Nagarote reportaron 4 heridos, uno de ellos de gravedad.

Y es que la violencia persistió en Nicaragua a pesar de que un equipo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se instaló con el fin de dar seguimiento al cumplimiento de las recomendaciones y medidas cautelares emitidas por el organismo, entre las que destaca el cese de la represión.

En la CIDH y en el diálogo -que discute la hoja de ruta planteada por los obispos para solucionar la crisis con temas como el adelanto de elecciones presidenciales, la renuncia de los miembros del poder electoral y una nueva ley de partidos- está puesta la fe de muchos nicaragüenses para poner fin a esta violencia.

Las mesas de trabajo por el Diálogo Nacional de Nicaragua se instalaron este lunes con el objetivo de marcar esa hoja de ruta a seguir en los ámbitos de seguridad, justicia y sistema electoral, pero también buscaba acercar posturas con el Gobierno, que optó por no ceder.

La representante de la Alianza Cívica Daysi George, quien encabeza la Mesa Electoral por parte de la organización, explicó que, ante la propuesta de adelantar elecciones, los miembros del Gobierno “no se mostraron receptivos a la propuesta ni al planteamiento de democratizar el país”.

Las mesas de trabajo por el Diálogo Nacional de Nicaragua se instalaron este lunes con el objetivo de marcar esa hoja de ruta a seguir en los ámbitos de seguridad, justicia y sistema electoral

“Queremos reformas constitucionales, de la ley”, señaló George, quien agregó, tras concluir la sesión de trabajo, que por parte del Ejecutivo “no hay apertura ni voluntad para este tema”.

Por su parte, el obispo Silvio Báez señaló que la Iglesia sigue esperando una respuesta de Ortega sobre este tema, pues dijo que hasta el momento el mandatario guarda silencio sobre la posibilidad de adelantar las elecciones generales para marzo de 2019.

“Los obispos de Nicaragua estamos esperando que el presidente Ortega nos comunique ‘oficial y formalmente su aceptación’ de la propuesta que le hicimos”, escribió Báez este lunes en sus redes sociales.

Tampoco hay avances en la Mesa Judicial, donde Víctor Cuadra, el representante de la Alianza, dijo que la segunda sesión de este grupo de trabajo “se suspendió” por motivos que desconocen.

Todo este contexto ha llevado a la Alianza Cívica a anunciar más protestas contra el presidente con la presencia de la CIDH y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), pues consideran que estos entes dan unas condiciones mínimas de seguridad.

“En las últimas semanas no habíamos convocado a ninguna manifestación social en las calles, porque teníamos que salvaguardar las vidas de los nicaragüenses, porque sabemos los altos índices de represión que ha habido en estos últimos días”, dijo el miembro de la Alianza, Lesther Alemán.

Las protestas contra el Gobierno comenzaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, tras once años consecutivos en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.

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Nicaragua, de espaldas a la esperanza
Editorial
Los Tiempos
Publicado el 26/06/2018

Ayer lunes, después de muchas tensas negociaciones y a pesar de la tenaz resistencia que opuso el gobierno del matrimonio Ortega - Murillo, se ha permitido en Managua el Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni). Se trata de una iniciativa de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuyo principal objetivo es evitar que la violencia se descontrole en ese país sudamericano y se abra una vía pacífica hacia una salida de la crisis política que amenaza con convertirse en una cruenta guerra civil.

Como suele ocurrir en situaciones tan conflictivas, la intención de inaugurar un proceso de investigaciones, diálogos y negociaciones entre las partes involucradas ha sido recibida con una mezcla de resistencia, esperanza y escepticismo.

La mayor resistencia es la que provino del gobierno encabezado por Daniel Ortega y su esposa que no ceja en su afán de mantenerse en el poder, aún a costa de recurrir a formas extremas de violencia contra sus adversarios. Desde abril pasado hizo todo cuanto estuvo a su alcance para impedir la intervención de organismos internacionales. Y si aceptó, aunque sólo fuera parcialmente, la instalación del Meseni es porque la presión interna y externa para poner algún límite a la violencia ya era incontenible.

El escepticismo proviene de gruesos sectores de la oposición y de la opinión pública nicaragüense –y del resto del mundo– que temen que este tipo de comisiones no sirvan más que para dar oxígeno y tiempo a un régimen que ya ha perdido lo poco que le quedaba de legitimidad. Respaldan su falta de entusiasmo en experiencias ajenas, como la venezolana, donde de muy poco o de nada sirvieron esfuerzos similares.

Hay, finalmente, aunque débil, una corriente que todavía alienta la esperanza en un posible viraje hacia la sensatez. Y aunque las amargas experiencias propias y ajenas han reducido las expectativas de las que se nutren las miradas optimistas, se espera que al menos se detenga una matanza que no puede dejar de traer a la memoria los peores tiempos de la dictadura somocista.

Es penoso que Nicaragua haya llegado a ese extremo, pero es verdad. Ni siquiera quienes más se resistían a creer que Daniel Ortega y su clan fueran capaces de asemejarse tanto a la dictadura somocista pueden ahora negar esa realidad, ante la cruel contundencia de los hechos. Ahora, muertos ya los sueños que la revoluciòn sandinista despertó hace casi cuatro décadas las esperanzas se han reducido a lo más esencial: evitar que la creciente similitud entre el se repita el infierno somocista.


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