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Los U’wa existen, luchan y cuidan a la tierra

24.12.03

Hace casi tres mil años los U’wa ocuparon su territorio: la Sierra Nevada del Cocuy, su piedemonte y alrededores. Gente chibcha pobló por entonces la Sierra Nevada de Santa Marta (los Ijka, Wiwa y Kogui o Tairona) y también el ramal nororiental de los Andes (Wane y Muiska de la meseta de Bogotá). Estos chibchas se concebían y conciben a sí mismos como guardianes de la Madre Tierra.

El territorio del pueblo U’wa que se describe en sus mitos cantados[1] va desde Táchira en Venezuela, hasta las comarcas colombianas de Chinácota, Málaga, Oiba, y Bucaramanga en Santander; Chiscas, Chita y Güicán en Boyacá y Támatra (Casanare), Saravena y Tame (Arauca). Las fuentes históricas protohispánicas coinciden con la visión de os cantos[2].

Los U’wa visualizan su territorio “como una especie de corte transversal de la cordillera, con los picos nevados en la cima y las llanuras en la base, con un lado húmedo al oriente y otro seco al occidente.” [3] Los U’wa “viven en diferentes lugares en el transcurso del año, siguiendo el ritmo de las estaciones. Dentro de este ciclo de desplazamiento y residencia, cantan su mitología y al mismo tiempo realizan rituales asociados a ella, los cuales incluyen la agricultura. En forma muy explícita consideran que la celebración de sus mitos cantados es necesaria para perpetuar y sostener el universo, previniendo así el colapso.” [4]

Esta visión se articula con un sistema de “agricultura vertical”, común en los Andes prehispánicos[5]. En este sistema cada pueblo, clan y comunidad explota los diferentes pisos térmicos y en el caso de los U’wa mediante migraciones estacionales que se consideran imagen del recorrido del sol. En la cultura la cosmología y la economía se unen para garantizar la supervivencia de la vida y de la tierra.

Cada tajada sacada al territorio U’wa significa una ruptura de la vida. Así se han extinguido clanes en Santander, Táchira y el Sarare, al perder porciones claves de su territorio. Las partes bajas del territorio han sido las más afectadas por la presencia de colonos. Algunas comunidades han quedado separadas del núcleo principal y otras han sido fraccionadas, debido a la colonización que ha ocurrido en varias fases desde la época española.

Los U’wa lograron en la resistencia de cinco siglos, preservar su cultura y parte de su territorio y a finales del siglo XX se plantearon la recuperación del territorio. Con esta perspectiva, los werjayá, sabios, sacerdotes, autoridades tradicionales, apoyaron la formación de “Cabildos”, organismos que por entonces reconocía la legislación y llegaron a consolidar un Cabildo Mayor que representa legalmente a las comunidades de la serranía y que con el nuevo marco constitucional y legal se ha convertido en una asociación de autoridades U’wa.

En el proceso de recuperación territorial, la contradicción con los colonos podía solucionarse mediante la indemnización por sus mejoras, pagada por el Instituto colombiano de Reforma Agraria. Este mecanismo se aplicó con exasperante lentitud. Pero los U’wa al fin pudieron saber que detrás de tanta demora había otro interés: el petróleo.

Ellos conocían el triste destino de otros indígenas, comenzando por sus vecinos del Norte, los Barí, de lengua también chibcha, que perdieron la dos terceras partes del territorio y la mitad de la población por la explotación petrolera que desde 1930 realizaron la Mobil, la Gulf y la Texas Petroleum. Al occidente los Yariguí y los Aripí se extinguieron por las explotaciones petroleras de la Standard Oil y de la Texas en el Magdalena Medio.

Al suroriente los otros vecinos “Wahibo”, pueblos seminómadas de la Orinoquia (Hitnü, Hitanü, Sikuani y Cuiba) se convirtieron en los indígenas más pobres de Colombia tras la perforación y explotación del rico campo petrolero de Caño Limón, hecha por la Occidental Petroleum OXY y la Shell. Los Hitnü perdieron las tres cuartas partes de la reserva que les reconoce el Estado. También supieron los U’wa como los campesinos de una parte de Arauca sufrieron la destrucción de sus fincas por un derrame de agua contaminada de una exploración de Amoco.

Estos resultados desastrosos para los indígenas no sorprendían a los U’wa, pues por su cosmología sabían que estas explotaciones causan un daño irreparable a la tierra. Para los U’wa el petróleo es sangre de la madre. Es inconcebible entonces una explotación masiva sin un daño gravísimo. Cuando las petroleras plantean dejar un territorio para perforar y explotar a cambio de otra cosa, los U’wa se preguntan ¿Cómo cambiar la madre? ¿Cómo vender a la mamá? ¿Acaso el sol puede cambiar su recorrido? ¿Si el sol cambia una ruta por otra no se destruyen la tierra y el universo? ¡ Mejor morir que ser cómplices del fin de la vida !

El Gobierno colombiano violó y viola la Constitución colombiana de 1991, que reconoció el derecho a la diversidad cultural y ordenó protegerla, a la vez que prohibió explotar recursos naturales en desmedro de la integridad cultural, social y económica de los pueblos indígenas. Fue aprobada en el mismo año en que Colombia ratificó el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo OIT que reconoce derechos fundamentales de los indígenas, como por ejemplo el de ser consultados con ánimo de llegar a un acuerdo sobre toda medida que los afecte directamente y participar en las decisiones sobre explotación de recursos en sus territorios.

Ese nuevo ordenamiento jurídico no aceleró sin embargo la recuperación del territorio U’wa, pues las petroleras temieron que ello les perjudicara. Un estudio contratado por Incora con la Universidad Javeriana propició una ampliación del pequeño resguardo ya reconocido, incluyendo una pequeña Reserva también ya reconocida y zonas de propiedad pública y privada. Aunque esta propuesta estaba lejos de representar el territorio U’wa, los indígenas la consideraron un paso para avanzar en la reconquista de sus derechos territoriales. Durante seis años fue bloqueada, a pesar de que técnicos del Incora recomendaron añadirle un cerro sagrado, que para rabia de las petroleras dista un kilómetro de donde ahora piensan perforar el territorio U’wa.

Mientras tanto lo que sí avanzaron fueron los contratos entre la OXY, la Shell y el Estado para explorar y explotar el petróleo del denominado bloque samoré, ubicado en territorio de los U’wa. Se simuló una consulta, en la cual los U’wa asistentes no aceptaron la exploración, pero ella fue aprobada y demandada. La Corte Constitucional dijo que era inconstitucional la licencia para explorar, pero el Consejo de Estado, tribunal administrativo de menor jerarquía, falló contra los U’wa y por una leguleyada establecida por la Constitución, decidió.

Hecha la exploración, la OXY comprobó altas posibilidades de enciontrar mucho petróleo y escogió un sitio sugestivamente denominado Gibraltar 1, en Cedeño, cuidando que quedara fuera del área delimitada en el estudio de la Universidad Javeriana, para desde ahí perforar en dirección del subsuelo del resto del territorio U’wa.

La jugada maestra fue cuidadosamente planeada por los abogados de diversas empresas petroleras e hidroeléctricas, que por medio de los Ministerios de Medio Ambiente (¡!) y de Minas y Energía, elaboraron y expidieron el decreto 1320 de 1998, mediante el cual esperan dar el golpe de gracia contra los derechos de los U’wa y otros pueblos indígenas.

Según el decreto 1320, el territorio sobre el cual se consulta a los indígenas es sólo el que el Estado reconozca como Resguardo o reserva o el que ocupen permanentemente. El Consejo de Estado, otra vez, declaró “constitucional” el 1320.

¿Ocupan permanentemente los U’wa su territorio? Migran estacionalmente en él. Desde el punto de vista histórico esto es tan permanente como tres mil años. Desde el punto de vista de las petroleras y sus Ministros no.

Para la OXY y su Gobierno “colombiano” ya no importaba reconocer una parte del territorio como resguardo, al contrario, así se declaraba que el resto del territorio U’wa no es territorio U’wa. Por eso aprobaron al fin o mejor dicho con un fin perverso, la ampliación del Resguardo, el 6 de agosto de 1999 y un mes después le dieron la licencia de perforación a la OXY sin la más mínima consulta a los U’wa, declarando que Gibraltar no es territorio U’wa porquee stá por fuera del Resguardo y no es ocupado permanentemente por los U’wa.

Los U’wa respondieron el 14 de noviembre de 1999 ocupando 250 de ellos “permanentemente” la zona de Gibraltar 1. Los 250 fueron seleccionados por los werjayá en la diferentes comunidades.

Ahora el Gobierno ha vuelto a atacar: cinco mil militares ocuparon la zona el 19 de enero. Simultáneamente el gobierno prepara la declaración de “Zona de Reserva Petrolera” del área de Gibraltar 1 y 5 kilómetros a la redonda, donde sería expropiada cualquier propiedad y no podría otorgarse ningún título nuevo. Los campesinos que vivan en la zona serán desplazados a la fuerza por la OXY si no le venden a la petrolera, en tanto que para tratar con los U’wa se ha llevado al Ejército.

La ocupación militar de la OXY es a la vez el resultado del nuevo panorama internacional, en el cual Estados Unidos entregará a Colombia 1.600 millones de dólares en ayuda militar, con condiciones contenidas en un Acta de Alianza que está próxima a aprobarse en el Congreso norteamericano, condiciones entre las cuales está la siguiente:

“101.2 Insistir para que el Gobierno de Colombia complete las reformas urgentes orientadas a ABRIR COMPLETAMENTE su economía a la inversión y comercio exteriores, PARTICULARMENTE EN LA INDUSTRIA DEL PETRÓLEO, como un camino hacia la recuperación económica…”

Estados Unidos está en pleno auge de un proceso de expansión económica simultáneo con las crisis del sudeste asiático, Europa oriental y Latinoamérica. La sombra que amenaza ese auge es el encarecimiento del petróleo y algunas materias primas, como en 1974. la bonanza norteamericana ha succionadolos recursos naturales y financieros de otros países y provocado el desastre en otras partes y mantenerla requiere saquear petróleo, gas y aquellos elementos que se encarecen y alzan los precios en Estados Unidos y Europa Occidental. En Colombia ante la crisis fiscal los Gobernantes, rechazan las reformas sociales y ponen sus esperanzas en el petróleo.

Unir guerra y petróleo ha sido siempre una buena solución para el capital financiero internacional.

Pero, los pueblos del mundo saben hoy que los U’wa existen, luchan y cuidan a la tierra. En los Estados Unidos muchos se movilizan solidarios con los U’wa, siguiendo el camino que trazó Terence Freitas[6] . En el Estado Español la campaña por los U’wa ha sido acogida por el COSAL de Asturias, la CNT, Sodepaz, Inkarri, y otras organizaciones. Es la hora de detener a la OXY, a sus Ministros y a sus tropas y defender a los indígenas y a la tierra.

Los U’wa han dicho que prefieren sufrir un nuevo genocidio antes de entregar a la Madre Tierra a las petroleras. Recuerdan orgullosos a sus antepasados de hace 4 siglos que derrotados por los españoles prefirieron suicidarse antes que sufrir la servidumbre

.El líder U’wa Berito Kubaru’wa en un mitin en Los Angeles.

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[1] OSBORNE, Ana 1985 “El vuelo de las tijeretas”. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Bogotá.
[2] RIVERO, J. 1736 “Historia de las Misiones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta”. Edició de la Presidencia de la República de Colombia Nº 23, Bogotá, 1956.

[3] OSBORNE, Ann 1995 “Las cuatro estaciones”. Banco de la República, Bogotá, pg.65.

[4] Op.cit. pg.242

[5] MURRA, J.V. 1978 “La Organización económica del estado Inca”. Siglo XXI.

[6] Asesinado por las FARC en Colombia en marzo de 1999. Con él fueron asesinadas dos líder de las mujeres indígenas de Estados Unidos, cuando los tres trabajaban para los U’wa. Terence fue el redactor principal del folleto “Sangre de Nuestra madre: el pueblo U’wa, la Occidental Petroleum y la industria petrolera”, que editado en inglés y español ha impulsado en Estados Unidos y en el mundo la campaña en favor de los U’wa.


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