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Managua: Ernesto Cardenal acusa a líderes sandinistas de traidores

25.12.03

El sacerdote Ernesto Cardenal evoca con amargura la revolución sandinista

24 de diciembre, 2003

MANAGUA (Reuters) — Con nostalgia y amargura, el poeta y sacerdote católico nicaragüense Ernesto Cardenal repasa en su más reciente libro de memorias variados pasajes de la revolución sandinista (1979-1990) y sus desacuerdos políticos con el Vaticano.

Cardenal, quien fue ministro de Cultura sandinista tras el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza en julio de 1979, deja traslucir nostalgia por una época que fue esperanzadora, así como amargura por “La revolución perdida”, como tituló su libro.

El poeta señala que la revolución en el país centroamericano fue traicionada por algunos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), entre ellos el ex presidente Daniel Ortega, tras la derrota electoral de 1990.

Ortega, máximo líder del FSLN, fue derrotado en los comicios presidenciales de 1990 por la ahora ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1996), en el primero de sus tres reveses electorales sucesivos ante candidatos de derecha.

El gobierno sandinista, apoyado por la desaparecida Unión Soviética y Cuba, gobernó bajo la hostilidad estadounidense, que impuso un embargo económico al tiempo que financió, armó y entrenó a los rebeldes “contras” para combatirlo.

Tras la derrota, los sandinistas distribuyeron propiedades estatales entre personas de pocos recursos, pero algunos dirigentes sandinistas se repartieron bienes en una “piñata” inmoral, sostiene Cardenal.

“La derrota electoral había sido una victoria moral para la revolución. Pero fue la ‘piñata’ lo que acabó con ella, haciendo que la revolución dejara de ser revolución”, leyó Cardenal de su libro, presentado recientemente en Managua.

Editado por la casa local Anamá Ediciones, “La revolución perdida” cierra la trilogía de memorias que Cardenal inició en 1998 con “Vida Perdida”, que incluye su tardía conversión religiosa, y continúa con “Insulas extrañas”, sobre su retiro en la isla Solentiname, en el lago Cocibolca.

“Vida Perdida” e “Insulas extrañas” han sido publicados en México por el Fondo de Cultura Económica, que también editaría el último tomo de la trilogía.

Cardenal, nacido en la ciudad de Granada en 1925 y también escultor, es considerado uno de los poetas más destacados de Latinoamérica y el de mayor relevancia (entre los bardos vivos) en Nicaragua, donde inauguró la corriente del exteriorismo, una poesía con carácter narrativo y anecdótico.

Dios, la revolución y el Vaticano

Cardenal y varios sacerdotes nicaragüenses seguidores de la teología de la liberación –que privilegió la opción por los pobres de Latinoamérica– participaron en el gobierno sandinista, lo que los llevó a enfrentarse con el Vaticano.

Famosas son las imágenes del Papa Juan Pablo II en 1983, cuando en su primera visita a Centroamérica reprendió en Managua al sacerdote Cardenal, que con su eterna barba blanca y entre los ministros de gobierno vestía sus infaltables boina negra, camisa blanca y pantalones vaqueros.

“Lo que más disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a la Iglesia” como en otros países de la región, entre ellos El Salvador, donde fue asesinado en 1980 el arzobispo Oscar Romero, dijo Cardenal al evocar el episodio.

Más tarde y en una misa campal, el Papa intentó silenciar a una multitud congregada en Managua, que a ratos lo interrumpía y le pedía oraciones por la paz y por 17 jóvenes muertos en un ataque de los irregulares “contras”.

“El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo”, señaló Cardenal.

A los 31 años, el poeta nicaragüense acogió su vocación religiosa en el monasterio trapense de Gethsemany, en Kentucky, Estados Unidos, donde cultivó amistad con su maestro de noviciado, el monje y poeta Thomas Merton (1915-1968).

Cardenal estudió después en el monasterio benedictino de Cuernavaca, en México, y terminó sus estudios en Colombia antes de ordenarse sacerdote.

Entre su obra poética destacan “Gethsemany Ky” (1960), “Epigramas” (1961), “Salmos” (1964), “Oración por Marilyn Monroe” (1965), “El estrecho dudoso” (1966), “Homenaje a los indios americanos” (1969), “Canto Nacional” (1972), “Oráculo sobre Managua (1973) y “Canto Cósmico” (1989).

Además, Cardenal escribió en prosa “Vida en el amor” (1966), “En Cuba” (1970) y “El evangelio de Solentiname” (1985).

En noviembre, el gobierno de Cuba otorgó a Cardenal la Medalla de la Orden José Martí, la máxima condecoración cubana, por su apoyo a la revolución en la isla caribeña.


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