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El movimiento de los trabajadores rurales sin tierra (MST) hoy: desafíos de la izquierda social brasileña

Chaguaceda y Brancaleone :: 17.09.19

A partir de una visión alternativa de la izquierda, que privilegia aquellos procesos colectivos no capturados por las lógicas sistémicas de los partidos, el mercado o el Estado, los autores presentan un recorrido de las conquistas y perspectivas del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) a lo largo de sus 25 años de existencia, esbozando una interpretación de los límites, contradicciones y potencialidades de la actuación más reciente del MST, y de su compleja relación establecida con el gobierno de Lula.

Argumentos (México, D.F.)
versión impresa ISSN 0187-5795
Argumentos (Méx.) vol.23 no.62 México ene./abr. 2010

El movimiento de los trabajadores rurales sin tierra (MST) hoy: desafíos de la izquierda social brasileña*

Armando Chaguaceda** y Cassio Brancaleone***
** Activista e investigador social. Doctorante en Sociología Política en el Instituto Universitário de Pesquisas do Rio de Janeiro, IUPERJ (Brasil) y de Historia y Estudios Regionales en la Universidad Veracruzana (México).
*** Activista e investigador social. Doctorante en Sociología Política en el Instituto Universitário de Pesquisas do Rio de Janeiro, IUPERJ (Brasil) y de Historia y Estudios Regionales en la Universidad Veracruzana (México).

Resumen

A partir de una visión alternativa de la izquierda, que privilegia aquellos procesos colectivos no capturados por las lógicas sistémicas de los partidos, el mercado o el Estado, los autores presentan un recorrido de las conquistas y perspectivas del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) a lo largo de sus 25 años de existencia, esbozando una interpretación de los límites, contradicciones y potencialidades de la actuación más reciente del MST, y de su compleja relación establecida con el gobierno de Lula.

INTRODUCCIÓN

Nación iberoamericana que desechó tardíamente instituciones aberrantes como la monarquía y la esclavitud, Brasil es, de modo simultáneo, tierra de desarrollo económico impresionante, contrastes sociales palpables e invaluable riqueza cultural. Con una rica herencia de luchas populares, el contexto brasileño abriga un conjunto de rasgos negativos resumidos en la persistencia del “autoritarismo social”.1 Éste supone la generalización de una organización jerárquica y desigual del conjunto de las relaciones sociales, abarcadora de una constelacion de dominaciones de clase, raza, género e identidades culturales, en cuyo seno el hombre domina a las mujeres, el rico al pobre, el habitante urbano al rural, el blanco a los negros, mestizos e indios, el adulto al joven y al niño.

Semejante desarrollo ha signado la historia política brasileña del pasado siglo con los colores del caciquismo, el clientelismo y el patrimonialismo a lo largo de las sucesivas etapas históricas: la modernizacion conservadora (1930–1964), el régimen militar (1964–1985), la transición a la democracia (1985–1989) y la experiencia neoliberal (1989–2002), cuya herencia apreciamos en la extensión selectiva de ciertas políticas bajo el gobierno de Lula.2

Paralelamente, en la vida política de Brasil encontramos la existencia de movimientos sociales diversos y pujantes, con tradiciones de lucha antidictatorial y antineoliberal, que articula cristianos progresistas, sindicalistas, ecologistas, marxistas, movimientos socioterritoriales, culturales e identitarios. La sociedad civil emergió como núcleo posible de resistencia frente al gobierno autoritario, unificando actores diversos que promovieron una noción de ciudadanía orientada a la construcción de una sociedad más igualitaria, con sujetos portadores de derechos.3

Todo ello desembocó en la puesta en marcha de un marco legislativo avanzado (Constitución de 1988 y otras leyes) que avala la participación, la equidad de género y la responsabilidad social del Estado. En particular, la Constitución es reconocida como el texto inaugural del ciclo potencialmente democrático dentro de una historia político–constitucional marcada por asambleas constituyentes de contenidos autocráticos. Y como ley de leyes con capacidad estructurante al haber dado cauce a los procesos políticos democratizadores.4

En ese contexto destaca la difusión de prácticas culturales y dinámicas participativas innovadoras, especialmente lo que significó el experimiento inicial de los “presupuestos participativos” y los más variados proyectos de organizaciones civiles en el área de la educación popular, que dejaron su marca en el imaginario popular hacia iniciativas políticas más novedosas y avanzadas, como las experiencias actuales de consejos gestores de servicios públicos, asambleas y tribunales populares en algunas grandes ciudades del país como hoy São Paulo, Río de Janeiro y Porto Alegre.

EL MOVIMIENTO DE LOS TRABAJADORES RURALES SIN TIERRA (MST)

En el panorama político brasileño el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) se distingue como uno de los mayores, más expresivos y orgánicos movimientos sociales latinoamericanos. Su origen se remonta a una articulación entre liderazgos de organizaciones campesinas, sindicatos de trabajadores rurales y activistas ocurrido en el estado de Paraná, sur de Brasil, en 1984, bajo el apoyo de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).5 A partir de la articulación de tres vertientes ideológicas (pastoral católica, sindicalismo combativo y luchadores sociales), el MST se desarrolló en fases sucesivas: 1) 1979–1983, etapa de acumulación de luchas, experiencias y liderazgos formales, con peso decisivo de las Comunidades Eclesiales de Base; 2) 1984–1990, etapa de constitución formal; 3) de la década de 1990 a la fecha, etapa de consolidación, expansión y establecimiento de sectores.6 En ese sentido, el MST comparte con el Partido de los Trabajadores (PT) una misma matriz formativa (obreros, intelectuales y activistas de izquierda y sectores de la iglesia popular y progresista), y se articulan en el interior de un mismo y amplio proceso de activación de la sociedad civil brasileña que se levantaba en contra la dictadura militar y por los cambios y reformas abortados durante la década de 1960.

Gestado en el proceso de la democratización del régimen o de la política en sus aspectos más formales, el MST reivindica como su principal bandera el acceso a la tierra, en un país donde los predios de más de mil hectáreas concentran más de 43% del área total de propiedades rurales, mientras las tierras menores de 10 hectáreas ocupan menos de 2.7%, en el franco desarrollo del proceso de concentración de tierras sostenido por el apoyo gubernamental al agronegocio, como se puede comprobar por el índice de Gini de la estructura agraria, apuntando 0.872 para la estructura de hoy, comparado con los índices de 1985 (0.857) y 1995 (0.856), según datos recién divulgados, recolectados por el Censo Agropecuario de 2006. Hoy se calcula que viven unas 100 mil familias en los campamentos del MST, en un universo de 4.5 millones de familias pobres del campo.7

En ese escenario desarrolla su labor el MST. Poco a poco ha ido desplegando en las regiones rurales campamentos que, consolidados, devienen asentamientos, experiencias socioeconómicas donde los participantes miembros reciben como regla una renta mensual calculada a partir de su aporte de trabajo, además de poseer parcelas familiares de autoconsumo. Aunque algunos de estos asentamientos resultan ejemplos exitosos que facturan millones de reales, como en el caso de algunas cooperativas modelos que llegan hasta a exportar su producción, en general se trata de economías de pequeña escala, donde las condiciones de vida resultan modestas en comparación con las promesas de confort urbano. Concebidos como unidades de producción, devienen formas de recreación comunitaria que, mediante la participación colectiva y la dinámica asamblearia, procuran resolver las necesidades de sus miembros.

La organización por sectores del MST (educación, producción, formación, finanzas, comunicación, frente de masas y proyectos nacionales, relaciones internacionales y derechos humanos) busca integrar diferentes perspectivas sociales e impulsar agendas temáticas diversas. La experiencia educativa del MST emerge desde las primeras ocupaciones, pues la escuela se integró a cada locación del movimiento. La propia expansion territorial y las demandas protagónicas de las bases femeninas confluyeron con el interés del liderazgo en fortalecer el componente ideológico y la educación como elementos centrales del MST.8

En 1988 se creó el Sector de Educación orientado fundamentalmente a resolver la cuestión del analfabetismo, y entre 1989 y 1994 se puso en marcha el Colectivo Nacional de Educación, combinando los programas estatales y el financiamiento público, apoyos foráneos y recursos autogestionados. Por su concepción emancipadora de lo educativo (que rebasa lo meramente instructivo), el MST postula la necesidad de incorporar a su militancia grupos de técnicos ideológicamente formados y comprometidos, formando además a sus cuadros políticos en diversas facetas del conocimiento humano.9

Desde el Tercer Congreso Nacional del MST, realizado en 1995, fue explorada la posibilidad de realizar encuentros de masas, ganando popularidad la idea de superar la clásica noción de representación política y de la necesidad técnica, operativa, de restringir la participación. La percepción msetista ha sido que el incremento numérico de la participación incrementa el aprendizaje de colectivos e individuos. Fue ese espíritu el que favoreció la organización y desarrollo de un evento como el Primer Encuentro Nacional de los Educadores de la Reforma Agraria (ENERA), en 1997. Además, el MST ha fundado entidades como el Instituto Técnico de Capacitação e Pesquisa da Reforma Agrária (Iterra), donde se ofrecen cursos para que los estudiantes no asuman un papel pasivo, transformándose en constructores de conocimientos e investigaciones.

En el modelo educativo del MST, los investigadores y el profesor de la escuela del asentamiento rural son trabajadores rurales, y la escuela debe producir conocimientos encaminados al beneficio y bienestar de los trabajadores a partir de una nueva concepción de la vida rural. Como el programa MST porta una propuesta de reorganización radical del medio rural brasileño, ello supone democratizar el acceso a la tierra y al conocimiento. De forma pionera, el acceso a la educación, la revolución de modelos pedagógicos y la organización de nuevas escuelas para familias trabajadoras se consideran parte sustancial de la reforma agraria, problema pendiente cuyas raíces históricas exploramos a continuación.

EL MST ANTE EL PROBLEMA AGRARIO BRASILEÑO

En 1850, el regente de Brasil –sintiendo los vientos abolicionistas que soplaban a su alrededor– decretó la Ley de Tierras, estatuto que transformaría todas las tierras no colonizadas en el interior del país en patrimonio del Estado, que pasaba a ser el responsable de su “distribución”. En los años siguientes tomó medidas gradualistas para la liberación de los esclavos (”ley de los sexagenarios”, “ley del vientre libre” y otros mecanismos que permitían que los esclavos pudiesen comprar su libertad) hasta la culminación total de la abolición en 1888. El perverso escenario se armaba: esclavos libres sin trabajo y tierra para cultivar de un lado, y de otro la importación de mano de obra blanca europea para servir como trabajadores libres en el campo y en las industrias nacientes de las ciudades.10

En el siglo XX, el “pacto social” suscrito entre élites desarrollistas citadinas y las oligarquías regionales (practicantes de políticas autoritarias y patrimonialistas) supuso mantener la estructura latifundista de la tierra, bloqueando cualquier tentativa de aumentar los impuestos para financiar la industrialización.11 Para los idus de la década 1960, esta situación parecía revertirse al coincidir la emergencia de movimientos campesinos en la región nordeste12 y las acciones de un gobierno de gran sensibilidad social, formado por tecnócratas que creían en la posibilidad de articular desarrollo económico con disminución de las desigualdades. No obstante, el golpe militar de 1964 vetó por la fuerza esa oportunidad histórica de hacer justicia en el campo.

Será en el periodo de la redemocratización, en la década de 1980, que la lucha por la reforma agraria tomará nuevo auge, en gran medida como reacción a las tensiones acumuladas por la política de “paz en el campo” sostenida por la dictadura militar. El proceso de elaboración de la nueva constitución política del país abrió camino para la legitimación de la ocupación de tierra como medida de denuncia y presión política, así como de los asentamientos como experimentos “legalmente reconocidos”. Entre finales de la década de 1980 y durante la de 1990 el MST fue responsable por un fuerte y combativo proceso de desmascaramiento de la existencia del latifundio y de sus correspondientes injusticias agrarias, y sus acciones culminarán en importantes procesos de desapropiación de tierras y reglamentación de las relaciones de trabajo en el campo.

En la actualidad se ha complejizado la situación de la lucha agraria. Ha aumentado el tiempo medio de permanencia en los campamentos, al tiempo que el cansancio derivado de ello y el efecto de programas sociales incrementa las deserciones. El emprendimiento gubernamental suma al conocido proyecto “Beca de Familia” un aumento de planes de crédito y compras mínimas a los pequeños productores, un plan de electrificación rural denominado “Luz para Todos” y el apoyo a pequeñas industrias en campamentos. Por todo ello, las ocupaciones han disminuido de 496 en 2004 a 364 en 2007, según informes de la CPT.13

Pese a ello, es un hecho que la reforma agraria defendida por el movimiento podría operar en los marcos económicos del capitalismo neokeynesiano y la legalidad del Estado liberal, a pesar de la iconografía revolucionaria que el movimiento reivindica. Hoy Brasil demuestra las oportunidades e importancia de la pequeña producción eficiente para el desarrollo socioeconómico nacional: 30% de la soya, 50% del maíz y 30% del ganado son producidos en fincas de menos de 200 hectáreas.14 Y a luz de una economía social de mercado, la reforma agraria genera más productores de alimentos e insumos, desconcentra las propiedades combatiendo los monopolios, dinamiza mercados locales y produce renta que es revertida en consumo interno (hoy 70% del abasto alimenticio del país proviene de la agricultura familiar).15 Desde el punto de vista jurídico, el MST defiende la expropiación especialmente de las llamadas “tierras improductivas”, amparado en instrumentos de la propia Constitución Política del país, que aboga por la “función social de la propiedad”.

Mientras tanto, los críticos del MST se dirigen también en contra de su método de presión política: la ocupación de la tierra o, en lenguaje corriente de los medios de comunicación privados, “las invasiones”. De esta manera, el Estado –brazo armado legalmente instituido– o los guardias blancos –brazo paramilitar de los mismos dueños de los medios, las tierras y las empresas– responden con la más brutal violencia y represión. El caso de la masacre de El Dorado dos Carajás en 1996 es amargamente inolvidable en ese sentido.

Hay que reconocer, sin embargo, que el MST defiende un modelo de reforma agraria, aunque capitalista, muy distinto del modelo defendido hasta pocos años atrás, lo que João Pedro Stédile, uno de sus coordinadores nacionales, llama reforma agraria popular: basado en pequeñas y medianas unidades productivas, inspiradas en tecnologías alternativas y agroecológicas e integradas por cooperativas agroindustriales. Éste hace necesario no solamente la desapropiación de la tierra, también un gran incentivo e inversión por parte del gobierno por medio de la liberación de créditos y financiamientos para proyectos, asistencia y capacitación técnica, y garantía de servicios públicos de salud y educación para los asentados.16

Así que, en el seno del MST se ha producido una evolución del programa agrario hacia una forma superior de organización de la vida y la producción en el campo, capaz de desarrollar la calidad de vida del mundo rural frente a los atolladeros del descontrolado crecimiento urbano y los efectos de la trasnacionalización agraria.17 Su objetivo es llegar a un diseño que supere los modelos campesinos típicos y del agronegocio, y que asimile la división del trabajo vinculada al desarrollo técnico de las fuerzas productivas. Pero como en las entidades del MST la renta de la producción es dividida entre todos, se trata de garantizar el beneficio colectivo derivado del avance técnico–organizativo, combatiendo tanto las tendencias que esperan pasivamente las condiciones para el triunfo del socialismo y aquellas que aspiran a la integración individual del campesinado al mercado, con el fin de convertirlos en pequeños capitalistas.

El principal enemigo del MST en ese sentido, como de los demás movimientos campesinos en América Latina, sin duda es el agronegocio de tipo monocultivo exportador,18 muchos de cuyos emprendimientos son integrados o dirigidos por capitales trasnacionales. Además de los obvios problemas ecológicos que acarrean, estos cultivos reafirman y legitiman la secular estructura de concentración de tierra del país.

EL MST Y EL GOBIERNO DE LULA

Con la victoria de Lula y del PT en 2002, mucho se esperaba que pudiera ser hecho en términos de las demandas por cambios en la estructura de propiedad agraria de Brasil. Pero más allá de las maniobras estadísticas del gobierno, la verdad es que hubo más desapropiación de tierras en el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso que en los siete años del gobierno de Lula. Y el MST en ese periodo también fue un movimiento mucho más combativo de lo que es hoy en día.

Para algunos expertos, la elección de partidos de centroizquierda con liderazgos de base amplia y difusa pone de relieve, simultáneamente, la crisis del sistema político neoliberal y la posibilidad de una administración no rupturista de sus instituciones.19

Pero hay que destacar cómo, en el contexto brasileño (y, al parecer, en el latinoamericano también), las experiencias de ascensión de la centroizquierda, como variaciones del tema de la “socialdemocracia realmente existente”, no hicieron más que “domesticar” al otrora combativo PT, produciéndose una simbiosis entre la burocracia sociopolítica originaria del campo popular y democrático y la tecnoestructura plutocrática financiera.

Según el propio MST, durante el 2008 el gobierno sólo asentó 18 mil familias, en su mayoría colonizadores y no pertenecientes al MST.20 En contraposición, el ministro de Desarrollo Agrario, Guillermo Cassel, declara que de 2003 a 2009 se asentaron 526 mil familias y que de continuar un ritmo esperado de 75 mil familias anuales, en una década el problema de la tierra habría desaparecido de Brasil. Por su parte, las muertes derivadas de conflictos agrarios se redujeron, según el ministro, de 43 casos en 2003 a sólo dos en 2008.21

El juicio es complejo y delicado, pero varias son las razones que pueden explicar esas controversias. La primera y más obvia es que el MST, de algún modo, está representado en el gobierno del PT. Muchos de sus cuadros políticos eran también militantes del PT y, naturalmente, con la victoria del partido, asumieron cargos y funciones políticas en el nivel gubernamental. Así que la misma crítica de la merma de combatividad del MST puede ser también aplicada a otras organizaciones, como la Central Única de los Trabajadores (CUT), que hoy tiene uno de sus ex dirigentes como ministro. Este proceso puede llamarse de cooptación, de domesticación, o de “silenciamiento estratégico”, y en Brasil mucho se ha dicho (al gusto de la academia) sobre estas dinámicas de “modernización conservadora” o “revolución pasiva”.

La segunda explicación es que el gobierno invierte mucho en los asentamientos existentes, con créditos, financiamientos y políticas públicas; y que así, el MST estaría pasando por un periodo de poner a la prueba la viabilidad de su proyecto de reforma agraria popular, y estaría más concentrado en la tarea de consolidar sus experiencias de producción y organización. De hecho, se puede observar que la vida de los asentados ha mejorado mucho y, en general, ellos tienen una calidad de vida superior a la de los brasileños que viven en la periferia de las grandes ciudades.

De todos modos, la dirección del MST todavía parece creer que el gobierno de Lula es un ente en disputa, donde conviven proyectos contradictorios de desarrollo rural.22 Lo más sintomático es la coexistencia de un Ministerio del Desarrollo Agrario (MDA) y del Ministerio de la Agricultura, Pecuaria y Pesca (MAPP), o sea, la agricultura familiar y la reforma agraria de un lado, y el agronegocio de otro. Eso integra la aparente esquizofrenia del gobierno en sostener, en una misma coalición, representantes de los más dispares y opuestos intereses. En términos de inversiones federales y proyectos, aun con todo lo que es dirigido a los asentamientos, la balanza lamentablemente ha pendido más para el lado del agronegocio.

En 2008, el MST celebró sus 25 años de existencia, realizando su Quinto Congreso, postergado por su dirección desde el 2005, para evaluar mejor el reposicionamiento frente al gobierno de Lula. En su documento final, el movimiento diagnosticó la urgencia de iniciar un proceso de masificación de la defensa de la reforma agraria, especialmente a partir de la celebración de nuevas alianzas con las luchas sociales urbanas. Al mismo tiempo, se hizo una dura crítica a la política económica del gobierno federal, y a su incapacidad de moverse en dirección de la realización de un proyecto serio de reforma agraria.

Lo más curioso es que el MST siempre hace su crítica al gobierno preservando la imagen de Lula, como si el gobierno y el presidente fueran cosas distintas y separadas, o más bien, como si el Ejecutivo fuese engañado o chantajeado por la “mala banda” que compone su gobierno. Siendo el MST, según Stedile, un organizador colectivo de la voluntad de los pobres, confronta el dilema de poder criticar a Lula y al PT sin romper los lazos históricos con ambos e impidiendo que los programas sociales extendidos a 17 millones de familias pobres acaben totalmente con la movilización de los trabajadores sin tierra.23

No sabemos hasta qué punto esto refleja los compromisos entre la dirección del movimiento con sus cuadros en el gobierno, o con la propia figura del presidente, o si eso es una curiosa característica de ciertos movimientos campesinos. Así, nos podemos remitir al caso ruso pre–revolucionario, cuando los campesinos más radicales luchaban y resistían al pago de los tributos usando en su defensa el nombre del “generoso Zar”, al que consideraban engañado por la corte de aristócratas que lo cercaban.24

LA PARTICIPACIÓN EN EL MST: ENTRE EL PROTAGONISMO POPULAR Y LAS ESTRUCTURAS VERTICALES

El debate mayor dentro de las estructuras participativas del MST se despliega en los ámbitos locales (asentamientos) y estatales. Ahí son realizadas las evaluaciones de los que ocupan algún cargo, propuestos y valorados los nuevos candidatos. Estas asambleas involucran a más personas en las discusiones, disponen de más tiempo y las dinámicas participativas se adecuan a metodologías apropiadas a cada realidad regional o sectorial.

Sus organizadores consideran que esos procesos son potencialmente educativos para postulantes y postulados, toda vez que la discusión de problemas reales, acotados, debe generar compromisos de ambas partes. Los nombres que se aprueban en dichos cónclaves, una vez ratificados en un encuentro nacional o una reunión anual de la Coordinación Nacional, pasan a formar la Dirección Nacional. En general, cuando hay empates o victorias por una mayoría pequeña, se prefiere realizar nuevamente el proceso deliberativo. Por eso es que cuando en el MST se toman las decisiones, existe tendencia a la unanimidad, pese a que ese recurso no aparece como obligatoriedad en los en reglamentos.

En los congresos nacionales masivos (¡hubo 17 500 participantes en el Quinto Congreso!) no hay igual espacio para el debate y éste generalmente se uniforma. La votación queda como especie de formalización del debate político previamente generado en niveles inferiores y el congreso funciona como espacio de confraternización entre militantes, integrador de la pluralidad regional, cultural, socioclasista y racial del pueblo brasileño, y ente capaz de recrear y fortalecer la identidad en construcción del MST. Un gran objetivo de los eventos nacionales es proporcionar un momento de estudio para que la militancia interactúe con especialistas, profesores y/o políticos, para aclarar sus principales líneas de acción, evadiendo las discusiones desgastantes de grandes tesis programáticas.

La elección de liderazgos nacionales supone importantes procesos capaces, al menos formalmente, de promover la participación y democraticidad. Los miembros de la Dirección Nacional deben ser escogidos contando con al menos el 50% + 1 de los votos. Ese mecanismo busca –al parecer– proteger al MST del encumbramiento de elementos oportunistas y garantizar elección de líderes legitimados a los ojos de la militancia.

Estos envidiables desarrollos democrático–participativos, sin embargo, no acallan varias interrogantes sobre las dinámicas profundas al interior del MST. ¿Será que los procesos locales exitosos sustituyen la necesidad de deliberar en instancias superiores?, ¿no existe la posibilidad (y la necesidad) de que las agendas en curso sean mejoradas ante el riesgo de una conformación selectiva (léase manipulación) por parte de dirigentes en instancias nacionales?, ¿la prolongada permanencia de líderes, como João Pedro Stédile (por demás, intelectuales no procedentes de las bases), aun considerando su prestigio y compromiso, no sugiere posibles fallas en los mecanismos de rotación de cargos y promoción de cuadros jóvenes? Ello puedo demostrar la coexistencia de una visión de disciplina férrea y jerarquizadora de “las masas” como garantía para la continuidad político–ideológica de MST, con dinámicas autónomas emergentes de los asentamientos y campamentos.25

La cultura participativa del MST se relaciona con el hecho de que la metodología y forma de organización del movimiento han sido construidas como un proceso vivo. Las personas arriban trayendo al MST experiencias de otras organizaciones políticas, religiosas, gremiales, vecinales, y los aprendizajes de la vida cotidiana bajo el yugo de la explotación. Se considera importante la apertura para asimilar experiencias para los objetivos estratégicos trazados, y se dedica mucho tiempo a la mística en las actividades, con vistas a reforzar la integración en el movimiento.

El auge del MST en la década de 1990 se vio acompañado por la aparición de otros movimientos sociales rurales similares. El MST ha asumido como justas las demandas de esos actores, aunque denunciando frecuentemente su carácter corporativo y clientelar, sus objetivos focalizados y asimilables por un capitalismo que constantemente aísla y fragmenta a productores menores y reconcentra la propiedad de la tierra. Sin embargo, el cuestionamiento a movimientos cuyos líderes son percibidos como protocaciques políticos y agentes del capital, puede expresar otros intereses. Algunos activistas la perciben como un intento del MST de hegemonizar la protesta social en diversos contextos locales brasileños, por lo que en este punto el discurso y los actos de la dirección del movimiento debe ser objeto de análisis cuidadoso.

Particularmente valioso para la comprensión de los procesos internos del MST fue el acercamiento al asentamiento Oziel Alves Pereira, en el municipio de Governador Valadares, estado de Minas Gerais. El citado predio fue escenario de la trunca experiencia piloto de Reforma Agraria iniciada en 1964 por el presidente Joao Goulart. Se trata de un asentamiento fortalecido, cuyos miembros ocuparon la tierra el 23 de agosto de 1994, la cual fue “homologada” (reconocida legalmente) el 26 de junio de 1996 y que hoy abriga un núcleo de 20 familias activas, unidos a 28 familias asentadas menos protagónicas, y otras 12 familias de hijos de moradores recién independizados, sumando 400 personas.

En dicho asentamiento se apreció la existencia activa de un grupo de personas politizadas, con impresionante capacidad de análisis de la situación local y global, apropiados creadoramente del marxismo, de la agroecología y de la historia. Y que combinan esto con un lenguaje llano y el apego a su condición de trabajador rural, desarrollando una mística particular ligada a prácticas artísticas (música, poesía) y la religiosidad popular.

Se trata de “un asentamiento que, pese a estar cerca de la ciudad, no se aísla y trata de mantener una relación fluida con vida urbana sin perder su identidad”.26

Pese a ello, un segmento apreciable de los asentados revela una dinámica participativa más pasiva. Una joven que estudió enfermería en Cuba señaló que

[…] la mayoría de la juventud no posee un compromiso activo aunque participen en algunas actividades y vivan aquí […] los jóvenes activos estamos en todos los sectores (salud, educación, etcétera), y a veces cuando hacemos actividades convocando, nos consideran viejos si no hay, por ejemplo, forró.27 Pero vamos batallando con eso y tenemos resultados.

En el debate sobre procesos ideológicos y organizativos dentro del MST, emergió la demanda de fortalecer la participación y el compromiso en las prácticas locales, frente al cansancio, los errores y los verticalismos. Un fundador del movimiento explica:

[…] dentro del MST existen dos culturas políticas, la nordestina, más autónoma y combativa y la del sureste, orientada a la conciliación con estructuras del Estado. En general, ha existido un predominio de la segunda, de raíz paulista, pues de los 10 encuentros nacionales del MST, ocho se han celebrado en São Paulo, 1 en Paraná y otro en Goiás.

Este morador considera que

[…] el MST nació centralizado, la gente posee una tradición católica verticalista, que confía mucho en la autoridad del padrecito, y falta percepción política para exigir la rendición de cuentas a los líderes […] hoy asistimos a cierta confusión que deriva en pérdida de legitimidad en la dirección nacional, cuando, por ejemplo, João Pedro Stédile nos dice en una actividad política realizada en este asentamiento hace unos meses que todos nos equivocamos con Lula al confiar en su gestión para la Reforma Agraria, ampliando su responsabilidad a las bases que no cuestionan eso, pues le respetan y siguen disciplinadas y emotivas a sus discursos.

Tras recordar que la actual dirección atrasó el congreso de 2005 dos años ante sus indefiniciones frente al gobierno del PT y fragmentó las regiones históricas en subregiones con el aparente propósito de organizar mejor las bases, el mismo militante cree esperanzado que “hoy estamos en un momento de redefinición que puede servir de oportunidad para renovar dirección y rumbos combativos del MST”.

De algún modo, nos parece que las afinidades históricas con el PT y Lula, el temor al arribo de un gobierno de derecha y los efectos de la expansión del movimiento, convirtieron al MST en un movimiento menos combativo y más burocratizado. Una evidencia que se puede sumar a esta percepción es la reducción en su discurso de las referencias al socialismo y las apelaciones más genéricas a lo popular, unidos a la apuesta por cooperativas agroindustriales dentro de un modelo capitalista conducido y reformado desde el Estado. Aunque esas tensiones y amenazas existen (pese a ser ignoradas por idealizaciones del MST realizadas por cierta prensa y academia) es posible constatar igualmente un fuerte potencial democratizante y revolucionario, expresado por bases fundadoras y jóvenes comprometidos en defender y actualizar los objetivos y la mística originarios del movimiento.

CONSIDERACIONES FINALES: EL MST DE LA IZQUIERDA SOCIAL BRASILEÑA

En vista del cuadro y balance hechos del proyecto y de la actuación del MST hoy, ya podemos cotejar algunos elementos para fundamentarlo como el más expresivo movimiento de la izquierda social brasileña. Declaramos que, bajo la noción de izquierda social, inspirada en las reflexiones de Cornelius Castoriadis en torno de su filosofía política de la autonomía,28 buscamos privilegiar las acciones, procesos y fenómenos colectivos auto–organizados y auto–orientados hacia el cambio sociopolítico, en sus manifestaciones sociales y populares, según las dimensiones en que no están capturados o totalmente disciplinados por las lógicas sistémicas de los partidos políticos, del mercado o del Estado.

Podemos pensar, estimulados por la idea que Marx cultivaba acerca de la clase trabajadora, que un movimiento social radical persigue determinadas demandas cuya realización implica a la larga su propia abolición. Si el MST tiene en Brasil la fuerza y la expresividad social que adquirió a lo largo de los años, es que la cuestión de la concentración de la tierra todavía sigue como tema central, sin lo cual es impensable cualquier proceso consecuente de democratización de la sociedad brasileña y, por supuesto, de emancipación de los trabajadores.

Ante la crisis global de las izquierdas políticas (socialdemócratas, populistas, comunistas), las fuerzas de las izquierdas sociales apuestan por una reinvención radical de lo político frente al dominio del Estado y del capital. La actual historia del MST, por el momento específico que vive Brasil y por las opciones tácticas hechas por el propio movimiento frente a esa coyuntura, nos lleva seguramente a ver un movimiento domesticado, más inclinado a las negociaciones, y que hasta parece esperar de modo exagerado un cambio de postura del gobierno de Lula, en función de una supuesta tesis de ser lo mismo un “gobierno internamente bajo disputa”. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por una visión simplista y reduccionista que busca verificar en esos datos solamente las pruebas que justifiquen los fatalismos de nuestras propias “jaulas de hierro” teóricas e ideológicas.

Una atención mayor debería ser dirigida, lo más pronto, para el significado político, sociológico y antropológico de la vida cotidiana que forece en los asentamientos, verdaderos experimentos que mezclan y resignifican formas de sociabilidad societarias y comunitarias, urbana y rural, tradicional y moderna, instituidas e instituyentes. Muchos de los cuales, con una existencia de más de una década, siguen produciendo una nueva generación, si no de militantes según nuestras estrechas visiones tradicionales, por lo menos de seres humanos más sensibles a determinadas cuestiones y más listos para la constitución de nuevas prácticas y representaciones de la vida social.

Como representante activo de la izquierda social brasileña, el MST no está imune a los más diversos tipos de tensiones y contradicciones. Además de su estructura organizacional formal, con las coordinaciones en cadena y sus dinámicas, existe todo un complejo microcosmos basado en nuevas configuraciones del tejido social y comunitario pulsando en los centenares de asentamientos. Ello comprueba –en su dimensión más visible– la viabilidad de un proyecto económico popular, articulado alrededor de la agricultura familiar; asimismo, parece indicar la emergencia de nuevas sociabilidades que pueden operar como cimiento de otra sociedad mejor y posible, disputada en el seno de la sociedad brasileña.

Creemos que existe una cierta afinidad electiva entre el tipo particular de la producción campesina, especialmente en su reciente versión agroecológica, y la formación de subjetividades y sociabilidades inclinadas a una cierta concepción de autogestión y autonomía.29 Para todos los efectos, es innegable el hecho de que las principales experiencias ácratas que se conocieran en los siglos XIX y XX, tuvieran como característica corriente su extracción de tipo campesina. Hoy mismo, en la organización de modelos experimentales de “democracias no estatales”,30 como el caso de las comunidades zapatistas en México, una vez más se puede constatar este hecho. Ese apunte no significa, todavía, la defensa o el privilegio de cualquier visión purista del mundo rural que sólo existe en su contradictoria relación con lo urbano.

Sin embargo el MST, por sus articulaciones con los movimientos urbanos en las grandes ciudades, los sindicatos y el movimiento estudiantil, ha iniciado un proceso potencialmente virtuoso de composición de un frente social que, luchando en pro de la reforma agraria, inevitablemente toca puntos delicados de la estructura social brasileña, como la segregación urbana, la marginación y el desmonte de los servicios públicos, problemas que, en sus respectivas dimensiones, mantienen nexos con la cuestión agraria no resuelta.

El desafío sigue siendo cómo articular tal tipo de experiencia –que parece estar en curso en los asentamientos– con las energías contestatarias y revolucionarias oriundas de otras regiones de la vida social. Y quizás, por un golpe de suerte de las consecuencias no previstas de las acciones colectivas, crear las condiciones sociales, culturales y políticas en las cuales los sujetos emergentes de esa gran coalición que se dibuja en el interior de la izquierda social brasileña puedan agarrar la “primavera entre los dientes”, como dice una canción popular en el país. Y así completar la transición democrática frustrada, superando la propia democracia vigente como régimen tutelar oligárquico de contención de las demandas populares.

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NOTAS

* Este trabajo deriva de la articulación de intereses nacidos a partir de una investigación previa (Armando Chaguaceda) realizada para el Curso Aula 601 de Clacso y del acompañamiento a actividades del movimiento (Cassio Brancaleone). Decidimos complementar nuestras visiones con una visita de tres días (17 al 19 de junio de 2009) al asentamiento Oziel Alves Pereira, en el estado de Minas Gerais. Ahí ofrecimos una charla sobre el legado de la Revolución Cubana y los procesos emancipadores en América Latina (que derivó en ameno debate con un bien informado y motivado público), realizamos faenas agrícolas, compartimos cachaça y partidos de fútbol y culminamos nuestra estancia proyectando el filme Tierra y Libertad, sobre la lucha antifacista y el reparto agrario en España Republicana. Fue una hermosa y enriquecedora experiencia que nunca olvidaremos, por lo que deseamos dedicar este pequeño texto a lo(a)s compañero(a)s que nos acogieron y que luchan incansablemente por un Brasil más justo y democrático.

1 Ana Claudia Chaves Texeira, Evelina Dagnino y Carla Almeida, “La Constitución de la Sociedad Civil en Brasil”, en Evelina Dagnino (coord.), Sociedad civil, esfera pública y democratización en América Latina: Brasil, Universidad Estadual de Campinas/FCE, 2002, p. 23; y Darcy Ribeiro, Os Brasileiros. Teoria do Brasil, Petrópolis, Vozes, 1978, pp. 140–147.

2 José Murilo de Carvalho, Cidadania no Brasil. O longo caminho, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 2002; Bernardo Sorj, A nova sociedade brasileira, Río de Janeiro, Jorge Zahar, 2001.

3 Evelina Dagnino, “Introducción”, en Evelina Dagnino (coord.), Sociedad civil, esfera pública y democratización en América Latina: Brasil, op. cit., pp. 13–14.

4 Filomeno Moraes, “Democracia, republica e reforma política: variações em torno dos vinte anos da Constitução Federal”, en Joao Paulo Saraiva y Gilmar Dos Santos (orgs.), O sistema político brasileiro: continuidade ou reforma, Porto Velho, Editora da Universidade Federal de Rondonia, 2008, pp. 76–89; Luis Werneck Vianna y Marcelo Burgos, “Revolução processual do direito e democracia processual”, en Luis Werneck Vianna (org.), A democracia e os três poderes no Brasil, Belo Horizonte/Río de Janeiro, UFMG/IUPERJ/FAPERJ, 2002.

5 Órgano de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) con marcada y combativa actuación a favor de trabajadores y campesinos en los principales conflictos en el campo desde hace casi 40 años.

6 María Antonia de Souza, “Relaciones MST–Estado: encuentros y desencuentros en la educación de jóvenes y adultos en los asentamientos rurales”, en Evelina Dagnino (coord.), Sociedad civil, esfera pública y democratización en América Latina: Brasil, op. cit.; João Pedro Stédile (org.), A questão agrária no Brasil, vols. 1, 2, 3 y 4, São Paulo, Expressão Popular, 2005/2006.

7 IBGE, “Censo Agropecuário”, Governo Federal, Brasília, 2006 [http://www.ibge.gov.br/espanhol/estatistica/economia/agropecuaria/censoagro/2006/default.shtm].

8 “Nosotros tenemos aquí adultos que se están educando aprovechando los programas y recursos del gobierno, a los que modificamos en su aplicación con métodos de educación popular y adaptándolos a la situación local” (testimonio de una maestra y miembro del Asentamiento Oziel Alves, Minas Gerais, 18 de junio de 2009). Véase también María Antonia de Souza, “Relaciones MST–Estado…”, op. cit., pp. 208 y 213.

9 Idem.

10 Caio Prado Jr., A questão agrária, São Paulo, Brasiliense, 1987; Celso Furtado, Formação econômica do Brasil, São Paulo, Cia. Editora Nacional, 1971; M. Vinhas, Problemas agrário–camponeses do Brasil, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 1972.

11 Carlos Wellington, “Federalismo brasileiro em formação”, en Joao Paulo Saraiva y Gilmar dos Santos (orgs.), O sistema político brasileiro…, op. cit., p. 144.

12 En 1955 aparece la Sociedad Agraria y Pecuaria de los Plantadores de Pernambuco –después Ligas Campesinas–, generando una sindicalización rural apoyada por el Partido Comunista Brasileño. Ana Claudia Chaves Texeira, Evelina Dagnino y Carla Almeida, “La Constitución de la Sociedad Civil en Brasil”, op. cit., p. 39.

13 Sérgio Lirio, “O sal da terra. Fruto da estrutura agrária medieval, o MST resiste”, Revista Carta Capital, núm. 545, año XV, 27 de mayo de 2009.

14 Idem.

15 IBGE, “Censo Agropecuário”, op. cit.

16 El proyecto íntegro puede ser leído en la página electrónica del MST, Nossa proposta de reforma agrária popular [http://www.mst.org.br/NODE/7708], fecha de consulta: 8 de julio de 2009.

17 Una habitante del asentamiento visitado nos dijo: “aquí la tierra se divide en lotes trabajados por cada familia, aunque en ocasiones se ayude a aquellos cuyos hijos han salido a la ciudad o a viudas ancianas”. Interrogada sobre nuevas incorporaciones, la campesina señaló: “no se aceptan ahora nuevos arribos, nosotros nos arreglamos con aquellas tierras que estén poco trabajadas” (testimonio de una jefa de familia campesina, Asentamiento Oziel Alves, Minas Gerais, 18 de junio de 2009).

18 Bernardo Mançano Fernandes (org.), Campesinato e agronegócio na América Latina: a questão agrária atual, São Paulo, Clacso/Expressão Popular, 2008.

19 Luis Fernando Novoa, “Democratizacao em meio ao desmonte o elo entre a coerência macroeconômica, a liberalização comercial e a efetividade política”, en Joao Paulo Saraiva y Gilmar Dos Santos (org.), O sistema político brasileiro…, op. cit., p. 280.

20 MST, Balanço da Política Agrária do Governo Federal [http://www.mst.org.br/node/6752], fecha de consulta: 17 de abril de 2009.

21 Osvaldo Russo, “Obstáculos e posibilidades da reforma agrária”, Democracia viva, IBASE, núm. 42, 2009.

22 Joao Pedro Stedile considera a Lula un mejor presidente que Fernando Henrique Cardoso, con un gobierno de intereses de clase compuesto y de transicion. Y dice que aunque hubo decepciones para aquellos militantes de MST y PT que esperaban un gobierno de izquierda, quienes acompañaron la trayectoria de Lula y leyeron su Carta a los Brasileños de julio de 2002, podían preveer el rumbo real de sus acciones. Véase Carta Capital, ediciones del 28 de enero y del 27 de mayo de 2009.

23 Sérgio Lirio, “O sal da terra. Fruto da estrutura agrária medieval, o MST resiste”, op. cit.

24 Jean Meyer, El campesino en la historia rusa y soviética, FCE, Mexico, 1991.

25 María Antonia de Souza, “Relaciones MST–Estado…”, op. cit., p. 210; y Evelina Dagnino, “Sociedad civil, espacios públicos y construcción democrática en Brasil: límites y posibilidades”, en Evelina Dagnino (coord.), op. cit., p. 377.

26 Testimonio de joven asentado.

27 Forró: música rural brasileña típica para bailes, originaria de la región nordeste del país.

28 Cornelius Castoriadis, Sujeito e verdade no mundo histórico–social, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 2002; y Sobre o conteúdo do socialismo, Río de Janeiro, Achiamé, s/f.

29 En charlas distintas con dos compañeros del movimiento, fue interesante observar la resistencia de los mismos en volver a trabajar como mano de obra asalariada, alegando que lo mejor de la reforma agraria es que ahora ellos pueden trabajar según sus propias voluntades y necesidades.

30 Tal concepción, consciente de la controversia que genera, está siendo desarrollada por Cassio Brancaleone en su tesis doctoral.


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