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Experiencia de agroecología en Uruguay

Desinformémonos :: 27.06.20

Iban a las ollas populares en la crisis de 2002. Hoy son productores agroecológicos jóvenes que abastecen ollas, huertas y ferias vecinales, mientras luchan por la concreción del Plan Nacional de Agroecología, que está paralizado en la nueva administración de gobierno.

El viaje a la semilla

Azul Cordo

Iban a las ollas populares en la crisis de 2002. Hoy son productores agroecológicos jóvenes que abastecen ollas, huertas y ferias vecinales, mientras luchan por la concreción del Plan Nacional de Agroecología, que está paralizado en la nueva administración de gobierno.

¿Cómo producir alimentos saludables en una pandemia?

Cuando la soberanía alimentaria se ejerce desde los surcos, pasa esto: Juan Pablo Carbone conversa con Brecha por teléfono mientras cosecha papas en una parte de las 20 hectáreas de Aldea Avatí, una cooperativa social de producción agroecológica de alimentos y trabajo colectivo de la tierra en Rincón de Pando (Canelones) formada por ocho jóvenes con enfoque permacultural.

Y cuenta que no es su caso –es montevideano y en 2002 no necesitó alimentarse en una olla popular–, pero sí el de algunos de sus compañeros que en aquella crisis asistían a la olla de Empalme Olmos porque no tenían qué comer. Hoy son parte de quienes abastecen las nuevas ollas que surgieron con la emergencia sanitaria.

“Esta crisis nos agarró con los pies en la tierra”, dice Carbone, mientras el viento se filtra en el auricular. “En 2002 algunos de mis compañeros eran niños y se acercaban a comer. Ahora veíamos que otros compañeros de la zona tenían vulnerabilidades y pensamos cómo apoyar desde nuestro lugar. La organización de Empalme Olmos es fuerte y muestra la importancia de la memoria colectiva para activar sistemas de solidaridad.”

Desde Aldea Avatí se comunicaron con integrantes del Plenario Eje Ruta 8 –que abarca desde el quilómetro 22 hasta Soca, incluyendo Pando, Empalme Olmos, Barros Blancos, Suárez y Camino Andaluz–, quienes recogen donaciones de comerciantes, quinteros, vecinos y vecinas, con los aportes del movimiento sindical, y dos veces por semana realizan las entregas a quienes están al frente de cada olla o merendero. En abril llegaron a cubrir 15 ollas populares y cinco merenderos, que brindaron alimentación a unas 1.500 personas, dijo Rodolfo Acevedo, integrante del plenario, al portal de noticias del Pit-Cnt.

“Ellos nos compran canastas, las vienen a retirar del predio y las alcanzan a las ollas”, agregó Carbone.“Claro que nosotros no pudimos abastecer a todos, porque nos agarró una seca zarpada, pero aportamos lo que teníamos.”Otra forma de abastecer ollas es a través de sus canastas “1 por 2”, que estos productores venden en ferias como la de Pinamar, donde, siguiendo una propuesta de Slow Food Uruguay, ofrecen a los consumidores que compren dos productos, se lleven uno y acepten que el segundo se done a los espacios solidarios.

Otros jóvenes productores que, como los de Aldea Avatí, pasaron por la experiencia de haberse alimentado en ollas populares y hoy producen alimentos saludables para la comunidad integran los colectivos El Ombú, en Paysandú, y Los Parientes, en Treinta y Tres. Los tres espacios cuentan con semilleros para conservar y reproducir semillas que luego intercambian en ferias de la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, conformada por más de 350 productores y productoras de 14 departamentos.

Semillas de lechuga, habas, mizuna, brócoli, espinaca, acelga, rúcula, berro, puerro, chícharo, ajo, zapallo, calabaza, morrón, cebolla y plantas aromáticas fueron donadas desde predios familiares de Canelones y del Centro Regional Sur de la Facultad de Agronomía para ser repartidas en cajas a la Red de Huertas Comunitarias, a la olla popular del club de baby fútbol en Toledo, a las huertas familiares de Pajas Blancas y Santa Catalina y a la policlínica de Asse de Piedras Blancas, detalló a Brecha el coordinador técnico de la Red de Semillas, Mariano Beltrán.

“Invitamos a la gente a sumarse a la conservación y revalorización de variedades criollas y nativas. Cada caja tenía una cartilla técnica sobre reproducción y conservación de estas semillas, elaborada por la Red, y siete variedades criollas que alcanzan para seis huertas de 50 metros cuadrados cada una, o sea, una cantidad para sembrar 300 metros cuadrados de huertas con diversidad de cultivos para una alimentación variada y equilibrada”, explicó el ingeniero agrónomo.

Otros referentes de grupos de la Red visitan directamente a quienes solicitan semillas o quieren armar huertas. Llevan los paquetes, abonos orgánicos y piques para preparar la tierra, “para que la semilla no llegue sin rostro, porque nuestra semilla dice mucho”, explica Marcelo Fossatti, que coordina ocho grupos de la Red de Semillas, integrados por unas 120 familias de Canelones, Maldonado, Rocha y Lavalleja.

Con semillas de la Red y tierra fértil aportada por El Ombú, la colectiva Resonancia Feminista montó el proyecto Sembrando Solidaridad: armaron almacigueras con plantines, cuidadas por personas mayores de 65 años que asisten al Centro de Día de Paysandú del Sistema Nacional de Cuidados para realizar actividades que favorezcan su autonomía, y a fines de mayo las entregaron a familias que hicieron trasplantes y armaron sus huertas.

“Todo hecho a pulmón, con la voluntad de agricultores, colectivos y gente que no se queda quieta”, dice Poppy Brunini, de Resonancia, cumpliendo el deseo de “que la pandemia nos encuentre organizadas”.

CAMBIO DE CLIMA

La “seca” a la que se refería Juan Pablo ha afectado gran parte de los cultivos y al ganado. Las precipitaciones acumuladas en diciembre, enero y febrero estuvieron por debajo de lo normal en casi todo el territorio. El 9 de marzo se declaró la emergencia agropecuaria por déficit hídrico en 800 mil hectáreas de Montevideo, Canelones, Lavalleja, San José y Maldonado, y luego la zona se fue ampliando hasta Artigas, Cerro Largo, Rivera, Salto y Treinta y Tres. De hecho, hoy finaliza el plazo para que los productores afectados soliciten el Fondo Agropecuario de Emergencia previsto para estos casos.

La agroecología permite “enfriar el planeta”, dicen organizaciones como Ecologistas en Acción y La Vía Campesina. Esto es: mitigar los efectos del cambio climático, producido por el aumento de las temperaturas superficiales globales –previsto entre 1,5 y 2 grados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático en 2018–, provocadas por las emisiones de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero generadas, por ejemplo, con la producción agroindustrial de alimentos.

¿Cómo se enfría el planeta? Mediante prácticas agrarias ecológicas respetuosas de los tiempos de la naturaleza, sin uso de agrotóxicos ni producción transgénica, apostando a la conservación, reproducción e intercambio de las semillas nativas y criollas sin patentes ni monopolios. Algo que acá podría pasar de la voluntad de productores familiares al diseño de políticas públicas, como parte de una estrategia estatal que debe ser promovida desde el Mgap a través del Plan Nacional de Producción con Bases Agroecológicas (conocido como Plan Nacional de Agroecología, Pna), previsto en la ley 19.717, aprobada en diciembre de 2018 y reglamentada el 4 de junio de 2019 luego de mucha insistencia de organizaciones como la Red de Semillas, la Red de Agroecología y la Red de Huertas.

Estas redes piden desde marzo a las nuevas autoridades de la Dirección General de Desarrollo Rural (Dgdr) que reactiven la Comisión Honoraria (CH) del Pna, a la que cabe terminar de delinear el plan y el presupuesto que debería destinarse a la agroecología en el próximo quinquenio. De acuerdo a las disposiciones vigentes, el plan debería estar listo en setiembre.

Según pudo saber Brecha, la Dgdr se reunió el 28 de mayo con los delegados que venían participando en la CH desde su instalación en setiembre del año pasado. Asistentes a esa reunión transmitieron al semanario la impresión de que las nuevas autoridades no conocían bien el texto de la ley 19.717 y no les quedó claro si apoyaban o no el borrador del plan presentado por las organizaciones e instituciones integrantes de la Comisión el 19 de febrero de este año.

La CH debe ser presidida por un representante de la Dgdr. Desde su instalación lo había sido por el director de Desarrollo Rural. Pero ahora el nuevo titular de ese cargo, Pablo Lanz, no será quien la presidirá.

Una nueva reunión, agendada para el 11 de junio, se pospuso hasta nuevo aviso porque la Dgdr aún “no maneja el nombre del referente en el tema”, dijeron desde Comunicación de Desarrollo Rural a Brecha.

El nuevo director de Desarrollo Rural también es candidato a la Intendencia de Florida por el Partido Colorado y el 28 de febrero había declarado a la Revista Agropecuaria que de momento pondría “en frío” el “aspecto político” de su candidatura, pero que “cuando falten algunos días para las elecciones” se tomará una licencia para concentrarse “en ese asunto”.

EL ESTADO Y LA TIERRA

Inés Gazzano,directora del Departamento de Sistemas Ambientales en la Facultad de Agronomía y representante de la Udelar en la CH, dijo a Brecha que “se vislumbra cierto desconocimiento de parte de las autoridades sobre cómo se generó lo que hoy es una ley y sobre el tema agroecología en sí”.

“La agroecología es un proyecto que tiene unos treinta años en nuestro país, con gran capacidad y fuerza para desarrollarse, pero eso no quiere decir que no requiera de apoyo presupuestal, así como requiere atención ese sujeto clave para la producción que son los agricultores familiares”, argumentó.

Para Gazzano, la agroecología cuenta con “la fuerza que tienen la academia y las organizaciones que integran la Comisión para no dejar caer esto, pero como proyecto necesita del apoyo estatal”Sin embargo, hoy “hay un vacío porque no están designadas las autoridades y no está siendo convocada la Comisión. Es una situación complicada porque, en el momento actual de producción de alimentos, la producción agroecológica y de base familiar es central”, subrayó.

“Tenemos que apostar a estar y tener la tierra, y apoyar los procesos de jóvenes que arman proyectos para solicitar predios al Instituto Nacional de Colonización, institución que está en riesgo por el proyecto de la ley de urgente consideración. La soberanía alimentaria sin la tierra es imposible”, advirtió por su parte Juan Pablo Carbone, quien además de integrar Avatí representa a la Red de Semillas en la CH, mientras termina la cosecha de papa y antes de marchar para Paysandú, donde se reunirá con compañeros para organizar el Quinto Campamento de Jóvenes de la Red, que se realizará en octubre.

Publicado originalmente en REDES – AT


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