Clajadep :: Red de divulgación e intercambios sobre autonomía y poder popular

Imprimir

Minería, extractivismos y expertos más allá de ironías

Eduardo Gudynas :: 23.08.20

Un artículo de la bióloga Brigitte Baptiste denuncia que las críticas a los geólogos partirían de los “antimineros”. Para Eduardo Gudynas, caer en las caricaturas, en un sentido o en otro, esquiva el problema y termina favoreciendo al mito de los extractivismos inocuos, el experto infalible y las comunidades ignorantes. La cuestión de fondo radica en sopesar cuál debería ser el rol de cualquier profesional universitario, sea el geólogo u otro, ante la crisis social y ecológica.

Minería, extractivismos y expertos más allá de ironías

Por Eduardo Gudynas*

Servindi

21 de agosto, 2020.-

Buenos o malos, perversos o bondadosos, egoístas o solidarios. Esas oposiciones inundan las discusiones políticas y ciudadanas, tiñéndolas de dogmatismo que nada solucionan. La problemática ambiental no escapa a esa enfermedad. Un reciente artículo expresa esas cuestiones apelando a imágenes extremas, y si bien se enfoca en la situación de Colombia, es una condición que se repite en muchos países.

En efecto, la bióloga Brigitte Baptiste parte de denunciar que arrecian las críticas a los geólogos, y ellas partirían de “antimineros” (1). Los geólogos serían descalificados, descritos como promotores de la destrucción por medio de los extractivismos mineros y petroleros, los que a su vez, serían fuente de toda desgracia. Y esas críticas vendrían desde las utopías bucólicas.

Baptiste es muy conocida por haber sido directora en el Instituto Humboldt, un centro colombiano dedicado a la investigación de recursos biológicas, y por sus opiniones a favor de la explotación petrolera o cuestionando las consultas ciudadanas. La dificultad es que cuando Baptiste usa exageraciones para dejarlas más en claro lo que desea denunciar, termina en otra oposición binaria, también simplificada.

Comencemos por precisar que las críticas a los extractivismos mineros en su mayor parte no se originan en bucólicos utopistas urbanos, sino que se originan en las propias comunidades afectadas. También sabemos que las reacciones ante los técnicos envueltos en los extractivismos, sean geólogos u otros, no surgen de la nada, ya que hay más de un caso donde un enclave contaminante cuenta con informes técnicos firmados por técnicos que lo describen como inocuo.

Conocemos además que hay muchas caricaturas que operan en sentido contrario a lo que dice Baptiste, como ocurre cuando los promotores de los extractivismos califican a otros como ignorantes contrarios al progreso. Tampoco es raro que se usen metáforas exageradas promoviendo los extractivismos porque el metal es necesario para tener cubiertos, ollas, automóviles, construcción, y más —una imagen que se emplea cuando ya no hay otros argumentos para defenderse. Aunque nunca me había encontrado con una imagen como la que invoca Baptiste en su artículo haciendo un nexo entre los extractivismos con el hierro en la sangre o el calcio en los huesos. Sería muy triste que algún empresario o político recogiera esa metáfora de los minerales en nuestro cuerpo para defender un próximo proyecto minero.

Los ataques generalizados sea a una disciplina o a quienes portan un título, que puede ser geólogo, ingeniero o cualquier otro, deben ser rechazados. Esa es una postura errada. Pero también sostengo que calificar a todos los que denuncian los impactos de los extractivismos como “antimineros” es igualmente equivocado.

Los grupos locales como los militantes que alertan sobre los extractivismos, no deberían usar la denominación “anti minero” (y por las dudas declaro enfáticamente que no lo soy). El calificativo de antiminero hasta donde puedo ver se lanzó muchos años atrás desde Perú, por actores políticamente muy conservadores, a veces reaccionarios, tanto en la academia, como en empresas, partidos políticos y periodismo. Usaron esa etiqueta para ridiculizar y hostigar a las comunidades locales y las organizaciones que se oponían a ciertos proyectos megamineros. No fue un término que hubiera surgido de la propia sociedad civil. En cualquiera de nuestros países se debería estar alerta para no apropiarse de una palabra que en realidad busca atacar a los que defienden el ambiente y la calidad de vida. Es por eso que es tan importante la diferenciación entre extractivismos y minería.

Entiendo que los problemas reales son otros y se ubican en otros niveles. Por un lado hay una seria dificultad con el saber experto, sea el del geólogo como el de cualquier otro académico. Ocurre cuando se invoca una pretendida objetividad y superioridad de ese conocimiento y se lo usa para anular o minimizar otros saberes, incluido el de las comunidades locales. Eso sucede cuando se le dice a campesinos, indígenas o a vecinos del barrio que deben acatar los dictámenes del ingeniero, el doctor u otro técnico, simplemente por su diploma. Así se anulan los espacios para decisiones que resulten de escuchar todas las voces.

Por otro lado, la desconfianza con el experto también se origina en malas experiencias. No pueden negarse los casos de expertos que firmaron evaluaciones que cuando fueron revisadas estaban repletas de errores, eran copias de otros reportes, torcían los datos, o exageraban las medidas de mitigación o remediación ambiental. Una empresa minera siempre va a presentar un reporte indicando que su emprendimiento tendrá pocos impactos, y que éstos a su vez pueden ser manejados o revertidos. Tampoco pasa desapercibido que hay muchos más académicos trabajando para las empresas extractivas mientras son comparativamente pocos los que acompañan a los movimientos ciudadanos.

Nada de eso es extraño. Recordemos que hubo médicos que negaban que fumar aumentara el riesgo de cáncer pulmonar, o que hay toxicólogos que afirman que el herbicida glifosato es inocuo como una aspirina.

la cuestión de fondo radica en sopesar cuál debería ser el rol de cualquier profesional universitario, sea el geólogo u otro, ante la crisis social y ecológica

Por todo esto la cuestión de fondo radica en sopesar cuál debería ser el rol de cualquier profesional universitario, sea el geólogo u otro, ante la crisis social y ecológica. Caer en las caricaturas, en un sentido o en otro, esquiva ese problema y por ello termina favoreciendo al mito de los extractivismos inocuos, el experto infalible y las comunidades ignorantes.

Los abogados entendieron que las grandes empresas y los más ricos contratan legiones para asegurar sus intereses, algo que no podían pagar los más pobres. Es por eso que algunas facultades o el Estado instalaron los defensores de oficio o las unidades de apoyo legal a los más desfavorecidos. Entonces, me pregunto, si todos los centros universitarios en minería o hidrocarburos tienen departamentos de ayuda profesional a las comunidades locales para revisar conjuntamente reportes privados o estatales, para identificar la contaminación allí donde se la quiere ocultar, o para certificar cuáles son las tecnologías que se utilizan. También me pregunto si hay mecanismos que protege a aquel geólogo que alerta sobre los impactos irreversibles de un emprendimiento para evitar que se le convierta en un paria.

La ironía puede servir pero solo en ocasiones, y por ello no me queda claro si es apropiada la caricatura final de Baptiste cuando dice que los extraterrestres vienen por el oro. Es que en las comunidades a lo largo de todas las regiones andino – amazónicas, todos saben muy bien quienes están detrás del oro, quienes lo compran, quienes financian dragas o excavadoras, quienes venden el mercurio, quienes firman los permisos. Ninguno de ellos es extraterrestre. Son todos muy humanos, de carne y hueso.

Nota:

(1) Geociencias y antiminería, Brigitte LG Baptiste, El Espectador, Bogotá, 20 agosto 2020. En: https://www.elespectador.com/opinion/geociencias-y-antimineria/


* Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión del artículo se publicó en el blog del autor, Embrollo del Desarrollo, en El Espectador (Bogotá).

 


https://clajadep.lahaine.org