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Gulumapu: dialogo antropológico de la salud con el Chiloé Continental (ahora palena)

02.03.04

DIALOGO ANTROPOLOGICO DE LA SALUD CON EL CHILOE CONTINENTAL (ahora Palena)

Jaime Ibacache Burgos
Chaiten, Futaleufu, Palena.
Verano (walüng), 2004
(Agradezco a Alejandra Leighton Naranjo, quién soportó mis alucinaciones y aportó con ideas locas y apuntes antropológicos rigurosos).

… era wetripantü de la década del cuarenta cuando Dina Aroca y Yolanda Cárdenas, agarradas de la baranda de la lancha chilota cabeceaban las olas inmensas del Golfo Corcovado entre gaviotas que avisaban tierras cercanas. Dina le dice a Yolanda “geyeuple mlei kiñe mapu”; Yolanda asombrada ve una playa rodeada de cerros nubosos cubiertos de milenarios alerces y exclama “tati mapu traiten pigñei!!”.

Mientras tanto, en los campos de Palena, la abuela Choli preparba sus hierbas medicinales para atender atender a un mocetón que había caido de su caballo producto de un trafentün que le había provocado una dislocación del hombro izquierdo. Ella posó sus manos sobre el hombro, masajeó amorosamente cantando una ancestral canción llena de perfumes medicinales.

Así transcurría la vida en Traiten. Pero…

Fue en la década del sesenta que arribaron hombres y mujeres de blanco que decían que la única verdad era la de ellos; que todos tenían que vacunarse, que todos tenían que acudir a un enorme hospital geoestratégico que cayó pesadamente desde un escritorio de calle Mac Iver, en Santiago. LA abuela Choli y muchos como ella, fueron perseguidos y su conocimiento ignorado y negado.

Cuarenta años después en veloz catamarán arribamos a la misma tierra, pero ahora se llama Chaiten. Encontramos el mismo Hospital, los mismos seres de blanco que nos escuchan con ceño fruncido, como no entendiendo nuestro lenguaje, pues nos dicen que ya no existe conocimiento de medicina tradicional en la población y tampoco población originaria, sólo migrantes. Pero como venimos en nombre del poder hegemónico, asienten con la cabeza y nos atienden protocolarmente. De pronto uno de ellos dice “sí, tienen razón, pues a veces vienen ‘brujos’ de Puerto Montt y se llenan de gente que los va a ver, pero esos brujos sólo se llenan de plata y engañan a la gente”.

En el Departamento de Salud Municipal la conversación se hace amena y encontramos mayor conocimiento de la realidad sociocultural. Se interesan por un modelo atención integral, modelo que dé respuesta a los problemas de la población que el equipo de salud reconoce que no puede solucionar. Intercambiamos direcciones electrónicas y nos vamos entusiasmados.

Desde la plaza de Chaiten salen olores a pescados fritos y caldillos de congrio. En una esquina se asoman utensilios de notro y bandejas talladas por manos williche. Detrás del mostrador está Soledad, quien vende los utensilios hechos por su wentrü Jorge Huenupan Aroca, hijo de doña Dina Aroca.
Soledad nos cuenta que al menos existen diez personas en el pueblo de Chaiten que son especialistas terapéuticos y que tratan luxaciones, mal de ojo, empacho, susto, enfermedades comunes, sobreparto, etc. Pero que sólo el pueblo sabe quiénes son, pues no quieren volver a ser perseguidos como sus antepasados.

Pensamos… si Chaiten tiene 4.000 habitantes, existe 1 médico por cada 1.330 personas y 1 especialista terapéutico tradicional por cada 400 habitantes…

Darío, joven temporero de Concepción nos sirve un café en un restaurant de la costanera. Le preguntamos su opinión sobre la salud en Chaiten. Nos responde: “tchs! el otro día fue un compadre que se cayó de un kayak y tenía una luxación del hombro izquierdo y sólo le pusieron una inyección y aspirinas… no le hicieron nada más”.

Nos preguntamos:
1. ¿Quién dijo que no existían pueblos originarios en Palena?
2. ¿Quién dijo que no existía conocimiento ancestral?
3. ¿Por qué el equipo de salud no sabe que aún existen especialista terapéuticos tradicionales?
4. ¿Qué dirá la abuela Choli en relación con el tratamiento de luxación de hombro?
5. ¿Cómo se explican los equipos de salud el que la gente durante la ronda aún atribuya a ‘males’ la causa de su desarmonía?
6. ¿Cómo seguimos trabajando con estos equipos si contamos con tan pocos recursos para movernos y apoyarlos?
7. ¿Si Chile quiere la Reforma -como dice el refrán popular- cómo el conocimiento ancestral de las comunidades, las ganas de algunos miembros de los equipos y la complementariedad pueden ser tomadas en cuenta para esa reforma?
8. ¿Se habrán imaginado la sra. Dina y la sra. Yolanda el futuro que les esperaba a sus descendientes en Traiten?

” hacia el final del pueblo” nos dijo la Sra. Sonia. Caminamos por entre casas de madera cubiertas de zinc hasta llegar a las calles de greda entre miradas de perros voyeristas. En calle Los Ulmos hay un cerco de coigüe que tiene un cartel que dice “artesanía”.
Un sonido de madera nos indica que éste es el lugar.
Nos recibe un hombre fornido, alto y medio crespo. Como moldeado por el mestizaje. Con una sonrisa nos invita a pasar y sin preguntarnos nada nos muestra los hermosos trozos de alerce, ciprés y notro en los que va tallando sus imágenes mentales.
” aquí nosotros los mapuches llenamos una sala cuando nos llaman para ver lo de las becas indígenas”- su hijo, el becado, sale con su bicicleta por entre nuestra conversación.
” hace poco una vecina, hija de un suboficial, tuvo a su hijita con un empacho; la llevó varias veces al médico y no mejoraba, gastó un dineral en exámenes. Cuando alguien le dijo que era empacho y que la llevara donde la señora Mime, ella dijo :” ¡yo no la llevo a viejas cochinas!!”. Lamentablemente la niñita falleció.
También nos cuenta que su hijo menor tuvo una apendicitis que no fue detectada a tiempo por los médicos y lo llevaron donde la Sra Mime quién inmediatamente les dijo que eso era una apendicitis y que lo sacaran rápidamente de Chaiten.
“los médicos no saben de estas personas, porque uno proteje a esa gente”

De vuelta a la residencial la lluvia va mojando nuestra conversación y envuelve una reflexión que se hace cada vez más real: La existencia de un Pacto tácito de silencio entre los terapeutas tradicionales y sus consultantes, por miedo a la represión de la “policía sanitaria”.

Bajo esta misma lluvia, en el año 1962, el Dr. Seguel, la Enfermera Matrona Otilia Oelcker y la Auxiliar Paramédico Panchita, atendían en dos piezas de madera prefabricada y tenían gente hospitalizada en sus casas, a quienes visitaban diariamente para controlar su evolución.
La Sra. Ismelda, que colaboraba voluntariamente con este Modelo de salud Palenino, siempre le decía a la Sra Otilia: ” y tú para que das remedios a la gente si con todo el cariño que las atiendes ellas se van mejorando rápidamente?”
Hoy, junto al fogón, la Sra. Ismelda nos cuenta que siempre se han usado yerbas comunes de la zona y la gente sabe cuando debe usarlas y cuando no conviene usarlas pues les pueden hacer mal, sobretodo si tienen fiebre.

Subimos por la Cuesta de Los Moraga para llegar a Futaleufú. El recorrido en compañía de don Josecito se hace fácil y ameno. No fue así para los primeros colonos, varios de los cuales murieron a manos de la familia Moraga tratando de ingresar por la Angostura argentina hacia el Río Grande. La impotencia de familias enteras, que provenientes de la zona centro sur de Chile iniciaron a principios del mil novecientos una larga aventura en caravanas de carretas tiradas por bueyes y que no lograban traspasar la barrera de balas y muerte de la numerosa familia, hizo que finalmente uno de ellos tomara la decisión de eliminar a todos los hombres Moraga, lo que permitió a los colonos avanzar entre las montañas y asentarse en estas tierras.
Hoy deambula Raul Toro Moraga hijo de alguna de las Moraga, que sobrevivio a la matanza , que según algunos atribuyen a un tal Juan Guzmán.

Pero sin duda que los mapuche ya estaba en el lugar a través de la presencia de chilotes de origen que fueron bautizando los lugares que hoy se nombran en legua mapuche. Esto lo discutimos con todos e incluso historiadores locales que comienzan a hablar del poblamiento de la provincia sólo con la llegada de colonos chilenos y argentinos desde la zona argentina. Teoría etnocéntrica occidental análoga al “descubrimiento de américa”, “la conquista del desierto” y “la pacificación de la araucanía”.

Hoy nuevos colonos, de cabellos rubios, trajes cuáticos y acuáticos bajan el río Futaleufu en balsas multicolores pertenecientes a empresas extranjeras que se han instalado en la zona produciendo una enajenación de la cultura económica a los habitantes locales quienes con esperanza cada año remozan y abren sus casas para hospedaje y ser guías de turismo. Pero el neoliberalismo avanza tan rápido que ya el turismo no favorece a los habitantes locales.
Suceden a veces accidentes en el río como volcamiento de kayaks o balsas y es allí junto al rio en la posta Río Azul que encontramos a la Sra Sonia, . Ella nos cuenta que no cuenta con elementos de urgencia para atender estos casos que muchas veces terminan embalados en un avión hacia algun cementerio foráneo.
Ella también nos confirma lo que ya sabíamos. La gente del sector prefiere ir al componedor del pueblo antes que al Hospital. De hecho vemos salir a una persona que se había golpeado una mano y que venia del componedor para obtener también la opinión de la Sra. Sonia y medicamentos para el dolor.
Esta posta recibe la visita una vez al mes del equipo del hospital que en su mayoría atiende enfermos crónicos ya que los agudos preferían verse con ella.
La gente dice que les gusta ir mas a la posta pues allí no les cobran. Llama la atención que el jefe del Departamento de salud Municipal sea un profesor.

En esa misma área, sector Lonconao, viven los Melinao, una de las pocas familias originarias. Sin embargo bajan poco a la posta y actualmente la Sra. Sonia dice que sólo se encuentran tres familias. Entre el fichero encontramos sólo a un Melinao, quien desde hace varios años no acude a la posta.

Arribamos a Futaleufu, al mismo pueblo que llegó Lucho “Cantor” (José Luis Vásquez) cerca del año 1930 arrancando con una niña de 14 años a quién había raptado por amor en Argentina en la zona de Futalauque, llegando a vivir en el Azul dejando hijos y nietos que seguramente hoy visitan la posta cuando en sus emociones afloran las dolencias de los recuerdos.

La abuela Malla en las horas de visita se metía al hospital de Futaleufu a “quebrar el empacho y sacar el mal de ojo” siendo protegida por las auxiliares de turno para que no fuera descubierta por los hombres de blanco que comenzaron a llegar al pueblo en busca de puntos para extrañas y reduccionistas especialidades.
Fueron muchos los médicos que llegaron “flaquitos y con maleta de mimbre y tras 6 años se han ido gorditos y con 2 camiones llenos de cosas”, como nos cuenta un informante clavísmimo.

Frente al equipo del hospital desplegamos toda nuestra parafernalia oral. Nos sentimos como los Moraga (de alli seguramente la ley famosa), disparamos a diestra y siniestra. Luego silencio…
Uno de los médicos dice ” si, esta bien, uno escucha estas cosas y además de encontrarlo cómico y divertido para que más nos puede servir?”
Sin embargo una enfermera asiente diciendo que es importante respetar las ideas del otro siempre que no dañen.
Otro medico dice ” me parece bien un enfoque integral pues no tenemos todas las respuestas para solucionar los problemas de la gente”
Nos muestran una estadística mantenida al día por la secretaria , hija del Componedor del pueblo!!, donde nadie se escapa si se quiere ser un poquito rebelde con el sistema, pues allí está cada persona “fichada” y es presionada “amablemente”para tomarse exámenes y así cumplir con los indicadores que se les exije.

Salimos a caminar, mojándonos las patitas en el río Espolón , y allí se nos van ocurriendo ideas para hacer posible la existencia en estas latitudes de un modelo complementario pues se cuenta con el interés de algunas persona.

Pero que pensará la gente?

De un silbido el Llanero Solitario llamaba a su caballo “plata” mientras su compañero el Indio le servía un fernet y un pisco sour.
Con cara de pescado…escapamos del Martín Pescador (un carísimo restaurante). Y… oh, sorpresa.
A media cuadra nos eperaba el Llanero Solitario, entramos…media luz, olor chichoide, tres parroquianos y don Hector Soto, dueño del local.
No nos quieren atender, piensan que somos turistas equivocados de lugar. Apoyados en un mesón de ciprés insitimos en que sólo queremos conversar, pero un cartel en la pared casi nos corta el aliento: “no traiga problemas, aqui tenemos suficientes”
Tras risas don Hector y el amigo Ortega a medio filo, nos comienzan a contar sobre todas las yerbas medicinales existentes en la zona. Que se sanó dos veces con un naturista de Puerto Montt. En una ocasión le dió “un ataque al Hígado” y lo mandaron a Puerto Montt para operarse, pero él se fue al naturista quien lo mejoró definitavamente.
Cuando la cosa es complicada ellos como tantos otros se van a Esquel (70 kms)
donde dicen que la atención es muy buena, bonita, barata y bundante!! Incluso allí existen especialistas que en el lado chileno pueden acceder después de meses de espera y miles de kilómetros de recorrido.

Sierra, sierra fresquita casera!!! Gritaba el Claudio. El llegó de Chaiten hoy a vender sus productos.
Frente una cerveza que el tomaba, nos cuenta entrada la noche, que…”los brujos” que vienen a la provincia de Palena para ver enfermos……
” ellos tiran los frascos de orina por la ventana y luego le dicen tómese estas yerbas (que siempre son las mismas) y se mejorará”

De vuelta a la residencial , pasamos nocturnamente frente al restaurant “Madre Selva”, se abre la puerta de súbito y un Palenino con pinta de Martín Fierro, tambaleante nos apunta con su arma…y comienza a orinar a la luna menguante, como si nadie lo estuviera mirando.
Total…la orina es tan medicinal nos han dicho!!.
¿Porque la Luna no puede ser beneficiada por la naturaleza humana?

Preguntas:
1. ¿Por qué la gente de los pueblos protege a sus especialistas tradicionales?
2. ¿Por qué los médicos siguen aún refiriéndose sarcásticamente al sistema de salud tradicional y sus especialistas?
3. ¿Por qué los paramédicos, y especialmente los de posta, no discriminan negativamente a estos especialistas e incluso trabajan coordinadamente con ellos y en complicidad con la comunidad?
4. ¿Por qué en Argentina, en lugares como Esquel, se logra tener acceso a especialistas y en Chile éstos se concentran sólo en las grandes ciudades?
5. ¿Por qué médicos tan jóvenes y que sólo vienen en busca de puntos para sus becas siguen siendo nombrados directores de hospitales en zonas tan complejas cuando hay personas en los equipos que llevan años trabajando allí y que saben obviamente cómo hacer mejor las cosas?
6. En el mismo tema, ¿cuándo será el día en que la comunidad, junto con el equipo de salud, opinen sobre el perfil del médico que necesitan y -más aún- sobre quién debería ser el director o directora cuando este cargo queda vacante?
7. ¿Cómo el desarrollo local es priorizado y protegido frente a modelos neoliberales donde siguen apareciendo empresas “monocultivadoras”
que depredan el medioambiente y fortalecen los factores que agraden el equilibrio de la población local?

Abandonamos Futaleufu en una luminosa mañana , nos acompaña el gran río verde azulado que ya se entretiene jugueteando con las primeras balsas de los nuevos colonos.
Llegamos a la posta Azul donde ya esperan los impacientes pacientes. No son más de 10 personas que con sus risueños rostros nos dan la bienvenida.
Presenciamos el ritual.
El médico que tutea chacotero a una señora de edad que tiene Hipertensión Arterial, dolor en la espalda y en el hombro derecho. Todo el enfoque es biológico. La señora piensa que puede tener cáncer al pulmón. El médico piensa en volver pronto y desenfunda-mejor dicho- desencuella su fonendoscopio y en rápido mágico ritual concluye que no tiene nada y sólo se trata de un dolorcillo muscular que cederá con piroxicam. ” Pero si quieres te puedo tomar una foto”- le dice inquisitivo. Ella acepta y del lápiz galeno sale una orden para radiografía. Además la revisa en su lista negra y también le falta tener al día una glicemia, por lo que nuevamente sale otra orden de exámenes. Dónde quedó la anamnesis y la semiología me pregunto en voz mental.
Nosotros seguimos nuestro viaje hasta Puerto Ramírez, donde hacemos trasbordo a un vehículo del hospital Palena.
Nos vamos por entre coigües, arrayanes y riachuelos de piedras. Hace calor en nuestras mentes.
Palena esta con las tripas afuera. Todas sus calles están siendo intervenidas para reparar el alcantarillado. No se ven turistas y parece que nadie habita el pueblo. Por entre montones de cascos amarillos y maquinas amarillas serpenteamos las calles y nos encontramos con el hospital. Me recuerda al hospital de Lonquimay. Es igual. Desteñido por la lluvia y nieve y teñido por la historia. Lluvia ying e historia yang.
Nos encontramos con gente de buenas vibras al interior de este elefante desteñido en medio de la cordillera de los Andes. Fue un hospital estratégico-militar.
Nuestra “pomada” ya con destreza aplicada es bien comprada por el equipo.
El médico director nos invita a almorzar (ahorramos en gastos de operación).
Quedamos invitados para un asado de despedida al médico director en la tarde tipin cinco. (nuevo ahorro en gastos de operación)
Caminamos por el pueblo. En la plaza el busto infaltable de O’higgins. Nuestro único informante clave que encontramos, es un niño que con una bombilla plástica tipo pajita se toma el agua de la pileta a espaldas del prócer. No lo interrumpimos. El tampoco nos da pelota.
Buscamos la biblioteca. No hay. Buscamos información en la municipalidad. No hay.
En la oficina de informaciones turísticas nos hacen un verdadero regalo: la dirección de Bernardita Hurtado, profesora, poeta, escritora, documentalista, historiadora. Nos recibe su marido Francisco. Ella nos hace pasar a una sencilla, pero bella casa y da rienda suelta a sus historias y esperanzas. Nos invita a un postre de damascos naturalmente cocidos. El marido nos muestra un video hecho por ellos. Nos sentimos felices en ese lugar.
El video muestra a la señora Edelmira Jara, la misma que en el Hospital nos habían mencionado como la “abuelita Herrera”, del valle California. Ella es componedora de huesos, quebradora de empacho, santiguadora y partera. Tienen que conocerla nos dicen. También nos hablan de otras personas del lugar que hacen salud desde años a través de la transmisión oral del conocimiento, como la sra. María Zapata, del río El Encuentro, que sana empachos.
Bernardita tiene una Neuralgia del Trigémino y viaja constantemente a Puerto Montt a ver un Neurólogo. Los resultados no han sido buenos. Hablamos entonces de complementar los tratamientos con acupuntura, esencias florales y mucha logoterapia. Ella se sorprende de nuestro enfoque y se interesa mucho por ayudarnos en investigar la historia de la salud en Palena y nos llena de libros y datos que nos pueden ser útiles. Que bella gente!!
Frecuentemente y con paciencia Bernardita acude al Hospital y consigue que el matrón u otro profesional vaya a los colegios a hacer clases, charlas o conversaciones sobre temas que les interesan a los alumnos. Ella maneja la intersectorialidad en salud!!

Recuerda con nostalgia cuando en el hospital se operaban personas con colelitiasis, apendicitis agudas, etc. Pero ahora “sólo es como un policlínico”.
Ella y su marido desbordan energía en historias y anécdotas. Nos da la impresión que no desean que nos vayamos pero… tenemos el compromiso de las cinco. Nos dejan invitados para siempre.

Saltando por entre las tripas del pueblo y siguiendo un antiguo y ancestral olor a carne asada llegamos al hospital.
Todos adoran dos corderos asados a la usanza argentina, que estirados en ingeniosos aparatos se doran lentamente desde hace ya tres horas. El artista es un vecino del lugar, famoso por sus obras.
La reunión es de mucha camaradería y sabores, de bocas llenas de costillas atravesadas y trozos de carne remojadas. Es la despedida del medico director que se va a Chaitén a continuar su carrera… de director. El es buena onda y entiende nuestra transgresión y dice estar dispuesto en unirse a ella.
De un abrazo a todos y a cada uno de ellos nos vamos alejando de tan bella gente. Don Américo, el funcionario más antiguo nos dice “antes, cuando yo llegué el año ‘67, aquí eramos uno sólo, no había distinciones entre médicos y los demás”, con cariño sincero estrecha nuestras manos y nos desea un feliz retorno y un pronto regreso a su tierra de Palena.
Palena… qué palabra. Algunos dicen que significa Tierra de Arañas, otros dicen que navegantes franceses remontaron el río y muy al sur en su desembocadura existían ballenas que se fueron chilenizando a Palenas.
Otros dicen que el Cura Mascardi, que también recorrió el río, habría nacido en una ciudad italiana llamada Palena. Y para estar más seguro de todo eso un lugareño nos sorprende diciéndonos “coloquen la palabra Palena en el Google y allí verán que esto no es mentira”.

De regreso a Chaiten, don Oscar -el Negro-, chofer de Palena, nos cuenta sus historias de vida y de muerte. Es divertido y sincero en el hablar.
“Che, morocho, qué tenés esta noche para nosotros” le dicen los médicos en Esquel cuando a cualquier hora de la madrugada llega con alguna persona enferma de urgencia.
“Allá si que son güena onda los médicos y el personal”- nos dice- mientras va quedando atrás el lago Yelcho con sus enormes salmones y la cuesta Moraga con sus muertos y sus hojas de pangue, que se inclinan majestuosas al viento de nuestra conversación.

Traiten- cerros reunidos- aparece tomando el sol de la tarde frente al mar. Nos depedimos del “morocho” y tiramos nuestras mochilas cargadas de emociones y etnográficas anécdotas mientras saboreamos en la Hostería Llanos una digestiva agua de Menta servida por doña Ismelda, la nuera de don Manuel Llanos que en Diciembre del año 1930 bajó por el río hasta el lago Yelcho en busca de tierras junto a cuatro amigos más. Perdieron en tan loca aventura caballos, comidas y botes. Se tuvieron que comer el perro que traían. Una noche uno de sus compañeros se quería comer a uno de los amigos, un tal Mena , a quién culpaba de tales desgracias, y que también venía en la expedición. Se salvó porque Llanos lo defendió pistola en mano. Así estaban, entregados… hasta que paso Juan Luis Velásquez, el que se había raptado a la muchacha en Argentina y los ayudó salvándolos de la locura, el llanto y la muerte.
Con emoción leemos el manuscrito que cuenta esta aventura y que Bernardita nos regaló en Palena. Manuscrito escrito por don Juan Guzmán, miembro de tan desquiciante aventura:
En él leemos: ” i los pesco una fiebre atodos donde todos los dias los mojábamos ilos secabamos parados ala orilla del fuego, y ya estabamos todos enfermos yo me acorde que cuando era niño una anciana me mando a buscar Treaca para darle aun enfermo de fiebre i alli estabamos rodeados de ese arbol i fui i refregué un puñado de ojas en el Sombrero i me los tome con agua i note en seguida alibio itodos hicieron lo mismo ise mejoraron todos.”

Preguntas
1. ¿Por qué los médicos se creen con el derecho de tutear al enfermo, pero no dejarse tutear por él o ella, aunque éstos sean mucho mayores?
2. ¿Será una fortaleza o una debilidad en estos lugares, el que la salud rural esté a cargo del Departamento de Educación comunal?
3. ¿No será mejor como estrategia de fortalecimiento de la intersectorialidad el que sean los profesores, que sí saben de metodologías de educación, los responsables de los planes de promoción y prevención en estos sectores rurales?
4. ¿Por qué en estos lugares la comunidad está ausente en la planificación de la política de salud local?
5. ¿No será más lógico que estos establecimientos, así como las postas, sean co-gestionados con la propia comunidad, ya que en ellos reside hoy la fuerza política para el logro de los objetivos sanitarios?. Pues son ellos los que aportan los enfermos y los muertos y conocen perfectamente la causa de estos desequilibrios.
6. ¿Qué culpa tienen dos corderos inocentes de que el médico se vaya?
7. ¿Cómo cambiar el enfoque de estos hospitales llenos de camas vacías?
8. ¿Cómo adecuar arquitectónicamente estos hospitales a las realidades epidemiológicas actuales de la comunidad?
9. ¿De qué manera se pudiera fortalecer la capacidad resolutiva, como era antes, y que es lo que hace que la comunidad ya no confíe en estos hospitales y se traslade a un sistema privado de salud que incluso queda a cientos de kilómetros de distancia?
10. ¿Cómo y de qué manera los equipos técnicos supervisores en los niveles regionales y provinciales abandonan la ‘reflexión glútea’ y salen a conocer desprejuiciadamente estas realidades?
11. ¿Cómo ofrecemos estos espacios locales e introducimos estas metodologías de investigación acción pedagógica en la formación de pre y post grado de los futuros profesionales de la salud?


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