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Autonomía y democracia: las demandas del pueblo yezidí en Irak

Leandro Albani :: 27.07.21

Uno de los pueblos más desconocidos del mundo busca su camino, con independencia, democracia y autonomía. Aunque los hombres y mujeres que viven hace miles de años en Êzidxan (Tierra de los yezidíes) apuestan por una nueva sociedad, un conglomerado de fuerzas tanto irregulares como oficiales se desvelan para que esto no suceda.

Autonomía y democracia: las demandas del pueblo yezidí en Irak

Uno de los pueblos más desconocidos del mundo busca su camino, con independencia, democracia y autonomía. Aunque los hombres y mujeres que viven hace miles de años en Êzidxan (Tierra de los yezidíes) apuestan por una nueva sociedad, un conglomerado de fuerzas tanto irregulares como oficiales se desvelan para que esto no suceda.

En la región de Shengal, en el norte de Irak, los y las yezidíes todavía intentan superar las masacres cometidas por el Estados Islámico (ISIS) hace casi siete años. Cuando los mercenarios y yihadistas reclutados alrededor de la figura de Abu Bakr Al Baghdadi entraron a Shengal, las fuerzas encargadas de proteger la zona –los Peshmergas- huyeron sin dejar rastros. El gobierno de Irak y sus aliados, que por esos días se presentaban como los “grandes luchadores” contra ISIS, tampoco hicieron nada.

En una tierra de leyendas y mitos religiosos –tergiversados por Occidente y por muchas corrientes políticas de Medio Oriente-, una historia corrió como reguero de pólvora: mientras ISIS asesinaba, decapitaba, violaba y secuestraba mujeres, apenas nueve guerrilleros y guerrilleras del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) fueron los primeros en llegar a Shengal para organizar la resistencia contra el Estado Islámico y tratar de abrir un corredor humanitario para que la población alcanzara las montañas controladas por la insurgencia kurda. A partir de ese momento, y cuando las filas de milicianos y milicianas insurgentes, tanto del PKK como de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ), de Rojava, ya estaban combatiendo a los yihadistas, ISIS comenzó su debacle. Pero a su paso, el grupo terrorista más grandes que conoció la humanidad, dejó una senda de muerte y destrucción.

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Desde el viernes pasado hasta el domingo, se realizó el IV Congreso de la Administración Autónoma de Shengal (AUS, MXDŞ por sus siglas originales), en el que participaron 250 delegados y delegadas de toda la región, además de representantes yezidíes de Europa y Rusia.

El Congreso se desarrolló bajo el lema “La administración autónoma representa un puente para alcanzar la libertad” y tuvo la participación de dirigentes políticos, líderes tribales, artistas y jóvenes. A su vez, en el evento participaron delegaciones cristianas y chiitas –ambas de mucho peso en Irak-.

En la declaración final del Congreso, sus participantes presentaron la principal demanda, referida a que el Ejecutivo de Bagdad, el Gobierno Regional de Kurdistán (GRK, que administra el norte de Irak) y la comunidad internacional reconozca a la AUS. Sobre este punto por demás de polémico, en la declaración explicaron que la administración autónoma “no tiene la intención de dividir el territorio iraquí, como lo promueven ciertas fuerzas políticas en Irak y Kurdistán, sino que protege la soberanía nacional de Shengal y ofrece una nueva solución y modelo para Irak en su conjunto, bajo la protección de la Constitución iraquí”. En el texto, también remarcaron que los y las yezidíes “tienen derecho a construirse y organizarse”.

El 9 de octubre de 2020, el gobierno de Bagdad y GRK –bajo el auspicio de Turquía y Estados Unidos-, firmaron un acuerdo en el que decretaron que Shengal debía ser controlado por el Ejecutivo central y la AUS disuelta, al igual que sus fuerzas de  autodefensa (YBS/YJE). Ante esta situación, desde el Congreso consideraron que esos poderes intentas “hacer estallar la administración autónoma que se construyó con la sangre de los mártires”, por lo cual el acuerdo entre Bagdad y el GRK “equivale a un nuevo genocidio contra los yezidíes, pero esta vez bajo el nombre de la ley”.

Al mismo tiempo, los participantes acordaron “fortalecer” a las fuerzas de autodefensa para proteger a Shengal de “cualquier peligro”. Ese peligro, en la actualidad, se puede traducir como el propio ejército iraquí, los Peshmergas que dependen del GRK, los restos de ISIS que quedan en el territorio o el Estado turco, que por estos días continúa bombardeando las montañas de Qandil, en el norte iraquí, donde la insurgencia del PKK tiene sus bases.

Otra consecuencia de la invasión a Shengal encabezada por ISIS, fue el desplazamiento forzado de miles de yezidíes. Por esa razón, desde el Congreso de la AUS denunciaron que en los campamentos de refugiados controlados por el GRK, las personas están detenidas y cuando quieren retornar a sus hogares, son “bloqueadas”. Desde la AUS llamaron a desplazados yezidíes a regresar a Shengal para construir la libertad en la región.

Entre los anuncios realizados al final de Congreso, se conoció que la comunidad chiita de la zona se unió a la administración autónoma.

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La construcción de la administración autónoma en Shengal no nació de la nada. Si las masacres cometidas por ISIS en 2014 causaron estupor mundial –aunque pocos se movilizaron realmente para detenerla-, ese año también se constituyó como la piedra fundacional de un proceso político y social que continúa su construcción.

Dos años antes, en Rojava el pueblo kurdo había declarado su autonomía del gobierno central de Siria e iniciaba una resistencia histórica contra Al Qaeda y luego contra el Estado Islámico. En paralelo, desplegaba los años acumulados de formación y militancia bajo el paradigma del confederalismo democrático, la praxis sintetizada por Abdullah Öcalan, el máximo líder del PKK, que se encuentra encarcelado en Turquía desde 1999.

Lo que sucedía del otro lado de la frontera no fue ignorado por los yezidíes –que étnicamente son kurdos, aunque profesan el yezidismo como religión-. La liberación total de las mujeres, la autonomía y la democracia, el comunalismo y la autodefensa integral también se convirtieron en los motores que encendieron el proyecto político en Shengal.

Por eso, este IV Congreso de la AUS se enmarca en dos hechos de suma importancia. El primero, es la campaña internacional lanzada hace una semana por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES) para ser reconocida internacionalmente. Su propuesta, que no tiene nada que ver con la construcción de un Estado kurdo, viene dando muestras de su efectividad en los político, social, religioso, permitiendo la convivencia de diferentes nacionalidades. Por supuesto, el gobierno de Damasco se apresuró a rechazar la campaña y retomó el viejo argumento de que la administración autónoma “debilita” al país.

El otro hecho de importancia es que el próximo 3 de agosto se cumplen siete años de la invasión de ISIS a Shengal. Que la AUS demuestre fortaleza, iniciativa política y su intención de más concordia con otras etnias y grupos religiosos (como los chiitas, que son la mayoría islámica en Irak), puede ser un paso para recomponer la devastación producida por ISIS.

FUENTE: Leandro Albani / La tinta

 


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