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Evo Morales abandona la lucha y se suma a la estrategia Lula de estabilidad institucional

23.05.04

POLÍTICA | La relación existente entre el dirigente masista con el Gobierno de Carlos Mesa llama la atención a politólogos y políticos, de opositor acérrimo pasó a ser concertador y pacificador

La Paz | La Prensa.- Evo Morales fue uno de los más acérrimos opositores del anterior gobierno, al de Gonzalo Sánchez de Lozada, con quien desechó la posibilidad del diálogo. Pero, con la ascensión de Carlos Mesa, tras las jornadas de Octubre, el accionar del líder cocalero parece haber dado un giro tan radical como eran sus anteriores posturas. ¿Por qué?

Ya al comienzo de su mandato, Mesa tenía una preocupación. Para él, el nudo del problema iba a ser la relación con los partidos, y de esto dependería el éxito o fracaso de su gobierno. De entrada, el Movimiento Al Socialismo (MAS), comprendiendo esta debilidad, se ofreció a ponerle el hombro. “El MAS se convertirá en el más vigoroso defensor del nuevo Mandatario, ya que el MNR, el MIR y el NFR intentarán volver esta gestión a la de Hernán Siles Zuazo. Vamos a intentar que los ex oficialistas no bloqueen al Gobierno con la mayoría parlamentaria que tienen”, decía en Octubre Filemón Escobar, uno de los principales responsables del viraje de Morales.

Así, mientras los campesinos y otros sectores sociales daban ultimátums al Gobierno, el líder cocalero se abstuvo del conflicto. Pero la separación más grave entre Morales y las principales organizaciones radicales se plasmó el 6 de mayo pasado, durante el recrudecimiento de los conflictos sociales.

Entonces, Evo Morales pidió “cordura” a Jaime Solares y Felipe Quispe, a quienes llamó al diálogo para que dejen gobernar a Carlos Mesa. Estas palabras provocaron la ira de Solares, quien de inmediato acusó al masista de haberse subido al carro del neoliberalismo. “Es un oficialista”, dijo el líder de la COB.

El MAS es el partido político que más reuniones ha tenido con el Gobierno y el que, al parecer, más influye en sus decisiones. Como ejemplo tenemos la reunión del viernes 14 de mayo, en la que Morales logró la abrogación del decreto de descentralización que exigían con protestas el magisterio y el sector de salud.

Hasta ahora, la relación MAS-Gobierno no ha sido color de rosa. Este partido criticó acremente los mensajes presidenciales que pidieron mayor austeridad o el pago de nuevos impuestos. El MAS luchó por la renuncia de tres ministros de Minas e Hidrocarburos (Álvaro Ríos, Mauricio Galleguillos y Antonio Araníbar).

A pesar de eso, está cerca del Gobierno, en especial desde que su estrategia es mucho más claramente electoral. El “nuevo” Evo Morales empieza a recibir críticas de algunos pesos pesados de la izquierda mundial, como el norteamericano James Petras, quien en una entrevista con la revista La Maza lo acusó de “querer salvar el sistema a toda costa”, según señala la última edición del quincenario El Juguete Rabioso. ¿Abandonó Morales sus postulados del pasado? ¿Cómo se lo puede catalogar en la actualidad? ¿Qué se puede esperar de él?

¿Ha cambiado Morales?

Para el cientista político Rafael Archondo, el Evo Morales de hoy no es diferente del que fue hace diez años. Un líder interesado en relacionar la lucha sindical y la electoral.

Esta tradición data de 1947, cuando la Federación de Mineros eligió con asambleas a sus candidatos para las elecciones presidenciales, obteniendo cinco diputados y dos senadores. Un avance que se perdió cuando el MNR se adueñó del escenario político, en 1952, y los sindicatos terminaron subordinados a este partido y a otros de izquierda.

La independencia partidaria de estas organizaciones tuvo que esperar hasta 1985, y se tornó más factible en las federaciones del trópico cochabambino, a partir de 1995.

Así surge el MAS, primero como Asamblea de la Soberanía de los Pueblos, un instrumento político sui generis basado en los sindicatos cocaleros, y otras organizaciones de base (como la Csutcb, la Federación de Colonizadores…). “El hecho de que el MAS apueste a las elecciones no es una “traición”. En ningún momento el movimiento consideró que las elecciones eran un mecanismo del enemigo, sino que su idea siempre fue ir apropiándose del sistema vigente, ir invadiendo sus lugares vulnerables, hasta finalmente transformarlo por dentro”, sostiene Archondo.

Un político práctico

Por su parte, el politólogo Rafael Loayza opina que el MAS se fundamenta en la protesta social y la inconformidad, y plantea un socialismo común en los movimientos sociales, que generalmente se expresa en los sindicatos, pero que es, estrictamente, epidérmico y fluctuante.

Con la llegada de Mesa a la Presidencia -y con la presunción de ser la segunda mayoría-, Morales decide expandir su base electoral. “Para ello -afirma Loayza- pacta una alianza con el Gobierno de Mesa que, según se descifra de ciertas conductas públicas, está hecha con base al intercambio de ciertas pegas, el apoyo a las relaciones internacionales y la viabilidad política de ambos, al mismo tiempo que la suspensión de marchas y bloqueos y la paz social.

El hecho de que la convulsión social persista en el país, a pesar de la sucesión constitucional y el pacto Evo-Mesa, muestra que la capacidad de convocatoria del MAS es predominantemente cocalera y que su participación en los hechos de octubre fue complementaria e incluso aleatoria”. Por ello, Loayza prefiere no clasificar a Evo Morales como político de izquierda ni como político moderado, sino como “práctico”, pues en su opinión carece de principios doctrinales y de una visión clara del país, que vaya más allá del k”atu de coca.

Paradójicamente, esta estrategia habría disminuido su apoyo electoral, ya que ahora las encuestas, según Loayza, lo sitúan por debajo del ex presidente Jorge Quiroga.

El poder, su meta

Para el politólogo Raúl Loayza, es notorio que llegar al poder es lo más importante para Evo Morales. “Ya le comunicó este deseo al presidente brasileño Lula da Silva, quien le pidió paciencia para esto y le recomendó el diálogo con Carlos Mesa. También recibió el apoyo del presidente argentino Néstor Kirchner y del venezolano Hugo Chávez, que esperan que sea el próximo presidente boliviano. Tras estas reuniones, el líder masista afirmó que su organización es un movimiento comprometido con la democracia”.

Rafael Archondo -analista- se opone: “A pesar de todo, no creo que Evo haya dejado de criticar al modelo neoliberal ni se haya adherido a los partidos tradicionales. La forma y la vía por la cual su movimiento tomará el poder será a través de las elecciones. Lo único que ha descartado Evo Morales es la revolución como mecanismo para acceder al poder. Hay que colocarlo ahí, en la izquierda, pero en la izquierda democrática electoral reformista nacionalista”, dice.

Para este intelectual, el acercamiento y el acuerdo implícito entre Morales y Carlos Mesa se debe a que ambos buscan mantener las cosas en el marco de una economía mixta y no nacionalizada, un paso importante para su viabilización electoral mediante la convocatoria a sectores sociales menos radicales, como las clases medias.

El MAS del futuro

Frente al gobierno de Gonzalo Sanchez de Lozada, el MAS tenía una posición clara de oposición y enfrentamiento. En cambio, frente al gobierno de Carlos Mesa no encuentra una posición clara y definida. ¿Qué se puede esperar para el futuro? A juicio de Solón, el MAS no quiere salvar el modelo neoliberal y todavía es una opción política frente a la debacle de los partidos tradicionales. Pero la velocidad con la que se ha producido su crecimiento ha sido mucho más rápida que la capacidad de asimilación y maduración de este partido.

El MAS no es “una taza de leche”. En octubre del año pasado cuatro diputados se alejaron de su posición y no votaron por Ana María Romero en la elección del Defensor del Pueblo. Y Marleny Paredes fue expulsada “por desleal”. Sin embargo, ella alegó que dentro del partido de Evo Morales “hay una dictadura sindical que no da voz a los indígenas”.


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