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Paraguay: de concertación a alianza

José Antonio Vera Arena :: 18.08.22

Los tres más grandes conglomerados partidarios del país andan enredados, buscando algo que ya existe y en el que están involucrados todos, sin excepción, en las disputas internas de colorados, liberales y las diversas expresiones del Frente Guasu (FG). Lo grave del caso es que se está hablando de Alianza y de Concertación, como si fueran iguales, dado que ésta no es mucho más que un acuerdo previo, o una consulta por equis motivo entre grupos de dirigentes o fuerzas, para organizar algo de común acuerdo.

 Paraguay - DE CONCERTACIÓN A ALIANZA

José Antonio Vera Arena, UyPress - 11.08.2022

PostaPorteña

14.AGO.22

 

Fernando Lugo, el exObispo y exPresidente de Paraguay, fue hospitalizado de urgencia esta mañana y, cuando media la tarde de este miércoles 10 de agosto, el equipo médico de cabecera, informó que el Senador se descompensó en medio de una sesión de la cámara, y ha entrado en un coma inducido

Persona controvertida, de fuerte presencia en la política nacional desde que abandonó los hábitos religiosos en el primer quinquenio de este siglo, y en el 2008 conquistó la Presidencia  de la República, en la primera elección casi limpia en los últimos ochenta años, Lugo encabeza el Frente Guasú (FG), un conglomerado de emblemas, que ocupa el  tercer puesto en la disputa electoral nacional.

El Partido  Colorado, gobernante, conservaría el mayor caudal de seguidores y detrás el Liberal Radical Auténtico (PLRA) que, desde la Vicepresidencia traicionó  y, el 22 de junio del 2012, encabezó un Golpe de Estado Parlamentario, que abrió las puertas al ingreso de la narco política, hidra que abraza todos los rincones del mapa nacional.

Sin duda, la recaída de Lugo (superó un cáncer hace unos diez años) tendrá fuerte repercusión en la actividad política paraguaya, cuando se desarrolla la campaña electoral que convoca elecciones internas para diciembre, con la misión de definir las candidaturas finales para disputar las nacionales en abril próximo.

Hace 12 años, escribí una crónica que tiene plena vigencia, porque señalaba que “La confusión e incertidumbre reinan entre las distintas familias políticas del país en la carrera por la designación de candidatos a la Presidencia. La palabra concertación es la que más aparece en las declaraciones de buena voluntad de unos y otros dirigentes, en una epidemia de limitación teórica y lingüística que, entre otras cosas, confirma escasa relación con los diccionarios, esas biblias etimológicas tan útiles como falibles.

Hay coincidencia entre todos, en buscar una concertación que abra el camino hacia la definición de los candidatos para las nacionales de abril del 2023 que, además de elegir al nuevo Jefe de Gobierno (en virtud de la Constitución de 1992 no llega a Jefe de Estado), es también cita obligada para, mediando tranzas previas, componer el Legislativo, el futuro Gabinete Ministerial, las Intendencias y las gobernaciones, en los más de 250 distritos.

El problema es que, de nuevo, los tres más grandes conglomerados partidarios del país andan enredados, buscando algo que ya existe y en el que están involucrados todos, sin excepción, en las disputas internas de colorados, liberales y las diversas  expresiones del Frente Guasu (FG), al que se ha sumado una docena de siglas que cabalgan día y noche en la búsqueda de una concertación aunque ella aún no alcance su epílogo y la ambición priorice la vocación de ocupar cargos contra alguna mínima propuesta de programa de gobierno, y mucho más lejos un proyecto de crear una nueva administración estatal o una nueva estructura de país.

Lo grave del caso es que se está hablando de Alianza y de Concertación, como si fueran iguales, dado que ésta no es mucho más que un acuerdo previo, o una consulta por equis motivo entre grupos de dirigentes o fuerzas, para organizar algo de común acuerdo.

Concertación puede darse entre familiares, amigos o vecinos para estar alertas o para hacer una fiesta, y concertación debería existir siempre entre un buen gobernante y el pueblo.

Es contienda y disputa, ir los monteros con los sabuesos al monte, divididos por diversas partes para ver la caza que hay, reza La Real Academia Española que, por más dudas que genere, es imposible negar su utilidad al añadir que concertación, además, significa componer, ordenar, arreglar las partes de una o varias cosas. También es asearse.

Muy diferente, en cambio, es hablar de Alianza, pues ésta significa la acción de aliarse dos naciones, gobiernos o personas, una unión que tiene un mismo fin, porque se basa en un proyecto de vida, de existencia, elaborado conjuntamente.

Tanto en filas del   PLRA, como en las del FG, está de moda estos días hablar y discutir sobre la necesidad y las posibilidades de llegar a una concertación con referentes de su adversario inmediato, nunca enemigo, el gobernante Partido Colorado, evidenciando común impotencia para superar la pobreza doctrinaria, las divisiones generadas por el caciquismo egoísta,  el  oportunismo y la angurria de algunos, entre otros manjares.

Los colorados, en cambio, identificados en su objetivo de siempre, que es el de ocupar los mejores cargos en los tres poderes del Estado, continuando sin arrepentirse de haberlo convertido durante siete décadas en un simple botín de enriquecimiento de unas dos mil familias, no hablan para nada de concertación, sino de pacto, como en cualquier negociado, en lo que sí son imbatibles, como en el oficio de ocupar los cargos de mayor rentabilidad financiera.

En el panorama actual, es imposible dejar de ver el desquicio que sufre el partido estronista, llamado Asociación Nacional Republicana (ANR), inmersa en un desaguisado complicado, para el que sí le falta gimnasia para construir la unidad orgánica interna, saboteada por la competencia de intereses personales y de grupos, que continúan de espaldas a los requerimientos de la problemática social, con dos millones de pobres, un cuarto de la población del país, con cientos de miles de niños desnutridos.

El patriotismo que puede encontrarse en algunas viejas figuras del coloradismo está ausente y lo único visible en sus atomizadas filas es que, desde la desaparición de Luis María Argaña en 1999, el partido, que ha vivido siempre bajo el verticalismo, ha sido incapaz de encontrar un conductor y, vanamente, ha intentado suplir esa acefalía con el dinero que, hace unos 15 años, aporta la narco política que, según Estados Unidos, encabeza el expresidente Horacio Cartes (2013/18).

Rara vez, en su historia de siglo y cuarto, la dirigencia colorada ha estado supeditada a la voluntad popular, ni le ha interesado gran cosa, pues fue creciendo como una estructura de poder absoluto, sin sensibilidad cultural, aupada en el autoritarismo empresarial delictivo, sin atender jamás la subjetividad de la gente, que ha mantenido inconsulta y sepultada con limosnas y empleos públicos, conformando una masa sumisa y votante incondicional.

La fortuna personal, siempre de origen dudoso, ha permitido convertir en dirigentes políticos a personajes de los ambientes militares, deportivos y, en uno de los períodos más sombríos de la ANR, esclarecidos guías echaron mano a ese otro banco de plaza, sin preguntarse mucho sus orígenes, comandado por Cartes, quien les hizo ganar el Municipio de Asunción y de otras ciudades, pero que a poco andar entró en lógica colisión con sus mentores, porque la única razón que los reúne es el enriquecimiento que les reporta la ocupación del gobierno, apuntalado por 350 mil funcionarios, mayoría incondicionales.

Efraín Alegre, presunto ganador en las elecciones del 2018, ganadas por fraude por el actual mandatario Mario Abdo Benítez, aparece como  el precandidato mejor posesionado para el año próximo al frente del proyecto de Concertación, pero de programa casi ninguno habla. Apenas recurren a enunciados generales en sus cacofónicos discursos, en una indisimulable pobreza oratoria. Ninguno de los precandidatos supera dos puntos en diez.

Queda claro que, sin sumar, ninguno de los partidos se salvará del naufragio electoral, aunque uno resulte ganador. De nuevo, el PLRA, más resquebrajado que nunca, puede continuar nadando, como ocurrió hace 14 años, cuando estaba al borde del abismo y apareció, en función de tabla para un náufrago, la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), liderada por Lugo.

Por moral, aunque es cosa rara en política, y en honor de sus buenas intenciones, quizás las más generosas y progresistas en el mapa de la política nacional, así como por sus indicadores programáticos aplicados  en los cuatro años de gobierno, y hasta en homenaje y respeto al sacrificio de generaciones de luchadores por convertir la Patria Paraguaya en una nación con justicia social y decencia, el FG persiste en su incapacidad para consolidar la unidad interna, como herramienta indispensable para concretar una Concertación de las diversas fuerzas, incluyendo sectores del Partido Colorado.

Para ello, la indispensable praxis transformadora deberá estar cimentada en la clarividencia y  ética  de su dirigencia, sin olvidar nunca que la relación de fuerzas, entre los sectores progresistas más avanzados frente a la derecha, se construye siempre desde la lucha del pueblo y no desde las urnas.

 


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