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¿Cómo la teocracia capitalista de extrema derecha de Irán puede ser “antimperialista”?

Nazanín Armanian :: 13.01.23

¿Puede un estado capitalista ser antiimperialista? Podría. Pero solo hasta mediados del siglo pasado cuando existía una burguesía débil en los países en desarrollo, que se veía obligada a unirse con las fuerzas de izquierda contra el dominio de las grandes compañías extranjeras, como ejemplo sirve el propio caso de Irán antes del Golpe de Estado de la CIA del 1953: el doctor Mosadeq era representante de la burguesía nacional.

Otro gran error de La X (nombre que hemos dado a una corriente “progresista” que respalda a unos regímenes e ideologías de [extrema] derecha bajo el pretexto de que son “antimperialistas”) es ignorar los nexos económicos de lrán con el capital financiero mundial.

¿Puede un estado capitalista ser antiimperialista? Podría. Pero solo hasta mediados del siglo pasado cuando existía una burguesía débil en los países en desarrollo, que se veía obligada a unirse con las fuerzas de izquierda contra el dominio de las grandes compañías extranjeras, como ejemplo sirve el propio caso de Irán antes del Golpe de Estado de la CIA del 1953: el doctor Mosadeq era representante de la burguesía nacional.

Hoy, incluso China, que según el propio presidente Xi “va a caminar hacia el socialismo”, no sólo tiene a EEUU como su primer socio comercial, sino que ha formado empresas conjuntas con la petrolera Shell o BMW.

El islamismo es estructura tribal no nacionalista

¿Qué se siente usted al regresar a su país?”, le preguntó a Jomeini un periodista cuando fue trasladado por Francia a Irán. Hichi (nada), respondió.

Hay que tener en cuenta lo siguiente:

– La revolución de 1978 de Irán fue inaudita. Nunca antes una revolución en el siglo XX había llevado al poder a una fuerza precapitalista. Ésta, además, prometía restaurar en Irán el gobierno del líder árabe del s. VII Mahoma: hubo milagro y lo hicieron los G4, pero no Alá.

– Irán, un imperio, nunca ha sido colonia. Incluso el Sha, títere de EEUU, mantenía muy buenas relaciones con la URSS, tanto que le impidió a EEUU instalar bases militares en los 1600 kilómetros de frontera con la tierra de Lenin. Por lo que la “independencia” ansiada por la casta clerical, residuo de la era feudal, expresa su deseo de “aislarse” para convertir a los ciudadanos en rebaño, después de desconectarles de otras civilizaciones, e incluso de la propia y milenaria iraní.

– La Teocracia Islámica es antiestadounidense, que no antimperialista, pues Alemania, por ejemplo, es su principal socio comercial en la UE, aunque sabemos que La X ha convertido el antiamericanismo en el principal y único criterio para incluir a un Estado en el “bloque progresista”. El clérigo chií guarda un rencor “personal” hacia EEUU (y no hacia Francia, el rey del colonialismo antimusulmán). En 1964 fue John F. Kennedy quien forzó al Sha a realizar una “Revolución Blanca” desde arriba para evitar una “roja” desde abajo, que golpeó el poder de los ayatolás: entre sus 12 puntos incluyó las desamortizaciones de las tierras del clero chiita y el derecho de las mujeres a votar. Jomeini se alió con Ronald Reagan y los “aislacionistas” republicanos de EEUU para expulsar del poder al demócrata Jimmy Carter, por pasear su bandera de derechos humanos por el mundo, mientras el ayatolá ejecutaba a miles de iraníes de todas las tendencias.

– La TI es antipatriota. Los ayatolás odian al doctor Mosadeq, derrocado “por error” por la CIA. En 1998, la TI mandó a matar a Dariush y Parvaneh Foruhar, el matrimonio dirigente del partido mosadequista de Frente Nacional, víctimas de la serie de Asesinatos en Cadena de cerca de 80 intelectuales iraníes.

– El islamismo es una ideología de extrema derecha y supranacional que divide el mundo entre los creyentes y los ateos y no entre los explotadores y los explotados, factor que le ha convertido en el principal aliado del capitalismo y el imperialismo desde la Guerra Fría, asignándole cinco misiones.

– La TI reprocha al “Occidente infiel” su injerencia en “sus asuntos” como lo hace cualquier líder tribal contra los “extraños”. Los jeques saudíes también critican a los ayatolás por sus injerencias en su “feudo”. Me sorprende que La X , que ha dado un rostro humano a este monstruo, en sus propios países no propone el cierre de las embajadas de EEUU y de Israel, para empujar el carro “antimperialista”.

– El desafío central de los islamistas es la modernidad, ya sea socialista o sea capitalista. En su Sharia, que ordena la vida de los creyentes desde la cuna hasta la tumba, no se habla de las libertades políticas (partidos, sindicatos, organizaciones feministas, etc.), ni de las personales (de vestimenta, credo, proyecto de vida, amar, alimentarse, etc.), ni de los derechos (de empleo, vivienda, educación, sanidad, etc.). Por ello, el islamismo, con astucia, mete en el mismo saco los crímenes del colonialismo occidental con sus ciudadanos y sus conquistas políticas y sociales, para reducirlos en el “Occidente demoníaco” y rechazarlos.

– Es posible que La X confundiera el islamismo con la Teología Islámica de Liberación, inexistente hasta hoy, aunque a estas alturas, no tiene perdón.

¿Para qué sirve ser antimperialista?

– ¡Para impedir el saqueo de los recursos del país por compañías extranjeras y dedicarlos a la mejora de la vida de los ciudadanos! Y si los que roban estos recursos son “nacionales”, ¿qué?

– La X ya no lucha contra el capitalismo. Su obsesión es el neoliberalismo y la faceta bélica de EEUU. No ve la economía “islámica”, que es de mercado primitivo de la burguesía parasitaria comercial (bazar), enemiga de la producción e industrialización. A pesar de que La X, al igual que los islamistas, culpa a las sanciones de EEUU la catastrófica situación económica de Irán, la brutal brecha ente los pobres y los ricos desmonta esta excusa. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entre 2010 y 2018, el coeficiente de Gini promedio en Irán fue de 40,8 (en 2021 llegó al 45%), y el 1% de la población iraní poseía el 16,3% del ingreso total convirtiendo a Irán en una de las sociedades más desiguales de Oriente Medio, que es a su vez una de las regiones más desiguales del planeta. Afirma también el Instituto Capgemini que en 2020 el número de millonarios en la TI aumentó un 22% respecto al año anterior, siendo la mayor tasa de crecimiento de millonarios entre los países del mundo. La propia TI afirma que el número de personas que vive en la pobreza extrema se duplicó entre 2020-2021 por lo que, con un crecimiento económico promedio de los últimos 10 años que fluctúa alrededor de cero, la ausencia de inversiones extranjeras o el turismo, la única fuente de enriquecimiento de este 1% no es otra que la “cleptocracia”, un capitalismo salvaje y una tasa de inflación, la más alta del mundo después de Venezuela, Zimbabue y Sudán.

Aun así, para el régimen, al igual que para La X, la polarización nunca ha sido entre los explotadores y los explotados, sino entre los leales a la TI y sus opositores. El concepto de Umma, comunidad religiosa, borra las fronteras entre las clases para que el banquero y el desahuciado, que rezan al mismo dios.

– En 1999, los ayatolás añadieron una enmienda al artículo 44 de la Constitución, que protegía la propiedad del Estado sobre las industrias fundamentales, para legalizar una agresiva privatización. Crearon la Organización de Privatización (Sazmane khosusi-sazi) y la Bolsa de Valores de Teherán siguiendo las instrucciones del Fondo Monetario Internacional. Luego, vendieron las propiedades del Estado (incluso parte de la industria petrolífera) a los mulás y militares islámicos incompetentes, que pronto las cerrarían dejando sin empleo a millones de trabajadores, que no gozaban de ningún derecho (ya habían prohibido sindicatos y partidos obreros), impidieron convenios colectivos, y crearon una mafiosa red de importación de todo tipo de productos ¡incluido el chador de sus mujeres!, usando el dólar yanki, en un país que exportaba automóviles. Ahora el precio del pan iraní se fija en la Casa Blanca: un dólar en 1978 equivalía a 70 riales iraníes, hoy ronda los 430.000 y no para de subir, al igual que la inflación de la que se beneficia los islamistas del bazar.

 ¿Ser dictador y antimperialista, como Gadafi?

– El coronel Moaammar al Gadafi y su Libia es uno de los ejemplos más favoritos de La X en justificar su apoyo a los ayatolás, presentándolos como un ejemplo del socialismo islámico, cuando Libia es justamente el ejemplo magnífico de que la posibilidad de que un sistema o un mandatario anticomunista sea fiel a su promesa de realizar cambios esenciales en el sistema por los “desheredados” es cero. A esta confusión contribuyó la teoría antimarxista de la “Vía no capitalista del desarrollo”, elaborada por el académico soviético Rostislav Olianovski, que proponía la posibilidad de la dirección de este proceso por fuerzas no comunistas. Los ejemplos de Irak, Siria y Libia mostraron que se trataba de una monumental estafa teórica en nombre del marxismo.

– Un pueblo oprimido no luchará contra el invasor extranjero. Un ejemplo es el caso de Irak. Ya no sabían cómo librarse de un dictador sanguinario como Sadam Husein, aunque luego, tras vivir bajo el gobierno chiita impuesto por Bush, le convirtieron en un mártir. La TI, al oprimir duramente a las 12 naciones que componen Irán y negarles el federalismo, ha creado entre ellas sentimientos de separatismo, por primera vez en la historia de Irán.

– Réquiem por el laicismo: la esquizofrenia de La X le lleva a utilizar a los trabajadores (inmigrantes) “musulmanes” para defender el islam, sacrificando el laicismo en el altar de su revancha contra la Iglesia católica, pensando que al crear un equilibro entre las fuerzas reaccionarias, estas se neutralizarían. En esta línea, tampoco le importa a La X que los ayatolás tengan armas nucleares, “ya que las tienen los israelíes”.

El escritor palestino Eduard Said denunciaba en su libro Orientalismo cómo la construcción del “otro” es inherente al imperialismo. Pero, este otro también es defendido por la propia extrema derecha islámica y La X (¡y su versión “feminista“!), para que ningún derecho sea universal. El régimen islámico ocupa el puesto 143 entre 146 países en la Brecha de Género (2022). En el Reino de Alá, donde solo el 12% de las mujeres son empleadas, la feminización de la pobreza es brutal.

– La X es conservadora y derrotista: pide a los iraníes que aguanten el fascismo islámico ya que derrocarlo conducirá a una iraquización del país, pero se niegan a 1) utilizar sus contactos con los ayatolás para impedir más represión sobre el pueblo iraní, y 2) ayudar a fortalecer la posición de izquierda y comunistas de esta nación en crear una alternativa progresista. El objetivo de EEUU es Irán, no el régimen islámico. De hecho, los halcones islámicos, al igual que sus colegas en EEUU e Israel, ansían una guerra.

– Los islamistas al masacrar a la izquierda iraní, los verdaderos patriotas, han abierto el camino de los agentes del Mossad y la CIA que se han infiltrado hasta la médula del régimen islámico: los atentados y “asesinatos selectivos” de los militares así lo demuestran.

– El islamismo es una criatura de EEUU, el Hombre del Saco de un bombero pirómano: después del fin del Pacto de Varsovia necesitaba un enemigo para justificar la pervivencia de la OTAN.

– Los Think Tank del imperialismo han conseguido manipular de tal manera a La X para que considere progresista a un régimen fascista (y sin misterio, ya que posee todos y cada uno de los rasgos de este sistema) y “al servicio de la CIA” a las verdaderas fuerzas antimperialistas. Llega a tachar “agentes del liberalismo estadounidense” a los reformistas musulmanes de la TI, y a los talibanes ultra de Irán como revolucionarios auténticos.

– El conflicto real no es entre Irán y EEUU, sino entre los pueblos empobrecidos de Medio Oriente y sus gobernantes oligárquicos corruptos, con corona, turbante o corbata, en pelea con EEUU o no. “Los trabajadores no tienen patria. No se les puede quitar lo que no tienen“, dijo un día El Manifiesto que sigue vigente más que nunca.

– Un sistema multipolar no es ninguna garantía para la paz mundial. La guerra es parte inherente del capitalismo, que necesita materia prima, vender armas, y expandir su dominio, y eso no lo evitará ningún “bloque” sino la desaparición del capitalismo, que sucederá solo con potenciar la lucha de los trabajadores explotados liderada por su vanguardia.

La teocracia islámica de Irán es un totalitarismo capitalista “políticamente independiente“, y no por esta singularidad le vamos a perdonar la vida.

 


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