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Venezuela: ¿Unidad nacional?

Roland Denis, fue viceministro de Planificación y Desarrollo de Chávez :: 04.03.23

Llegadas las primeras revoluciones contra noblezas coloniales y nacionales que predicen el mundo capitalista la unidad nacional se pretende buscando los que los liberales de los siglos XVII y XVIII a través de los que llamaron “Contratos Sociales” que se concretan alrededor de constituciones que fueron dibujando los nuevos estados y los derechos del hombre.

Unidad Nacional?

¿Qué puede significar esto? La unidad nacional está desierta en su propia función. No puede haber nación si no se constituye un contrato que gire alrededor de su mismo objetivo. Las unidades de los pueblos fueron destruidas desde el momento en que se formaron las clases sociales y los estados. Esto es una historia larga que va componiéndose en la medida en que se formaron las diferencias de clase y con ellas la destrucción de los pueblos originarios. Llegadas las primeras revoluciones contra noblezas coloniales y nacionales que predicen el mundo capitalista la unidad nacional se pretende buscando los que los liberales de los siglos XVII y XVIII a través de los que llamaron “Contratos Sociales” que se concretan alrededor de constituciones que fueron dibujando los nuevos estados y los derechos del hombre, gesta que se va ampliando en la medida en que se repitieron revueltas y revoluciones y van otorgando nuevos derechos. Pero el mal ya estaba hecho. Estos contratos terminaron siendo un nuevo acuerdo de esclavitud ya en este caso voluntaria como los dirán pensadores de la talla de Foucault por nombrar alguno. La única posibilidad de una unidad nacional se retrata en la unión de trabajadores contra el capital y las burocracias que afianzan estatalmente su existencia. Los grandes poderes públicos y privados lo van entendiendo y creando los instrumentos tecnológicos que falsifican la igualdad requerida a toda igualdad nacional y hacen de lo igual, forjada en estos momentos por la técnica comunicacional virtual, la mejor manera de controlar esa tensión permanente que búsqueda de un mundo de iguales y diversos hecha desde el encuentro real y la solidaridad entre pueblos. Ahora quizás por ello lo único que nos permite hablar de nacionalidad común es el conjunto grande o pequeño de nacer y vivir en determinada tierra que se hace nación y desde la cual nos identificamos como “nacionales”. Es el elemento que queda dentro de un mundo completamente desigual en su esfera social, elemento que va en aumento en la medida en que se afianzan los verdaderos poderes en el mundo. Cualquiera de estos poderes prácticamente detrás, dirigiendo y armando los poderes alcanzados por las legitimidades constitucionales son el elemento que impide y destroza toda forma de unidad nacional. De allí que se ha hecho una espuma insípida ese lenguaje tan utilizado por las formaciones políticas y que gira siempre alrededor de las demagogias de ser los garantes de dicha unidad nacional.

Ahora somos “nacionales” y venezolanos donde la desigualdad ha crecido en forma bárbara haciendo imposible cualquier forma de unidad nacional mientras sigamos atados a los poderes que la han hecho completamente imposible destruyendo cualquier contrato de igualdad o al menos de justicia.

La unidad nacional no supone nada si no esta acompañada por una visión de desarrollo que sea en sí misma un salto hacia la igualdad, la justicia, la transformación por entero del Estado. En otras palabras ella nada tiene que ver con unión de partidos de cualquier índole, es decir es una unión de masas en sus propias organizaciones. Esto tendrá su tiempo pero viene de abajo, de la rebelión de multitudes, algo que se difunde en el mundo y está creando otra igualdad nacional desde donde podamos hablar de nación y de allí su unidad. El tiempo no espera y eso tendrá que empezar a darse con la prontitud necesaria antes que termine por arroparnos por entero el neoliberalismo salvaje y el autoritarismo de estado que aunque pierde fuerza sin embargo sigue arropando al mundo entero. Es la crisis misma de la democracia y sus fundamentos liberales, algo que en nuestro caso ya lo han logrado destrozando un país entero. Por ello ha sido imposible entrar en un mundo que lleve el sentido democrático original, algo que se ha transformado en un simple palabrerío desde el cual una y otra vez define el paradigma de la unidad nacional. En definitiva esa unidad nada tiene que ver con uniones de opositores y gentes políticos de gobierno. La transición a un mundo igualitario y libertario nada tiene que ver con ello, mas bien lo empeora. Seríamos estúpidos si no rechazamos por completo esa posibilidad que aunque divide gobierno y opositores, lo que llaman “gobierno de transición” empieza a tomar una hegemonía que se instala en las redes sociales embruteciendo el colectivo y el hecho político como tal. El nuevo hecho político y cualquier forma de unidad nacional pasa por el riesgo, por la necesidad del fomento del coraje transformador. Que importa la cárcel o las amenazas, eso es inevitable, lo importante es que despierten las bases de un pueblo hasta los momentos controlado y constituya su propio congreso, una unidad que se sienta patriótica y nacional y quiebre el globalismo que enferma el hecho político.

 


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