Clajadep :: Red de divulgación e intercambios sobre autonomía y poder popular

Imprimir

Nicaragua: Que la izquierda se ponga en nuestros zapatos

Mónica Baltodano, comandante de la revolución sandinista :: 11.03.23

A los compañeros y compañeras de las izquierdas, de los movimientos populares, les pedimos que se pongan en los zapatos de los y las nicaragüenses. A las feministas, que se pongan en los zapatos de las feministas que están luchando en Nicaragua contra la violencia machista, de las que crearon centros de refugio para las mujeres maltratadas. Que se pongan en los zapatos de los movimientos de la diversidad sexual que han sido aplastados en Nicaragua. En los zapatos del movimiento campesino. Que se pongan en los zapatos del sufrimiento. Que la izquierda investigue, que averigüe. Que no se calle”.

Nicaragua: Que la izquierda se ponga en nuestros zapatos

Claudia Korol dialoga con Mónica Baltodano

https://ecuadortoday.media/2023/03/08/nicaragua-que-la-izquierda-se-ponga-en-nuestros-zapatos/ 

 

Relatando la caída de la ciudad de Granada cuando el avance del Frente Sadinista, cuenta Eduardo Galeano: “El cuartel La Pólvora, en la ciudad de Granada, último reducto de la dictadura, está al caer. Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de disparar. Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco. – ¡No disparen!

El coronel atraviesa la calle. – Quiero hablar con el comandante.

Cae el pañuelo que cubre la cara: – La comandante soy yo -dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.

 – ¿Que qué? Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pera digna, hombría del pantalón, honor del uniforme: – ¡Yo no me rindo ante una mujer! -ruge el coronel. Y se rinde”.

Mónica Baltodano, comandante guerrillera, historiadora sandinista, está ahora en el exilio en Costa Rica. Es una de las miles que tuvo que huir del régimen tiránico de Ortega y Murillo. Es también una de las 94 personas que en febrero de este año fue “castigada” por el matrimonio gobernante, quitándole su nacionalidad. Días antes, 222 presos y presas políticas fueron llevadas/os desde la cárcel hacia Estados Unidos, desterradas y desnacionalizadas.

Entre las 94 desnacionalizadas como Mónica Baltodano, está también la poeta Gioconda Belli, quien respondió con rabia y rebeldía. “Viva o muerta regresaré a Nicaragua, porque es mi tierra” y rompió su pasaporte en las cámaras de la televisión pública de España, recurriendo a la poesía para gritar por el amor que le negaron.

Viene el atardecer sobre el perfil puntiagudo / del volcán a lo lejos / las nubes, derramando pintura roja y púrpura sobre el cielo. / El hablar deslenguado, rápido, juguetón de mi gente. / Y todo lo que maldigo y desdigo de vos se me deshace / Y me irrumpe el amor / Como si me corrieran caballos en el pecho / y te contemplo atravesada de ceibos y corteses / de madroños caobos y palmeras / y te amo, patria de mis sueños y mis penas / y te llevo conmigo para lavarte las manchas en secreto / susurrarte esperanzas / y prometerte curas y encantos que te salven.

A una “mujer habitada” como Gioconda Belli, que nos enamora con los relatos de su tierra, no se le puede quitar la nacionalidad con un decreto. A ninguno, a ninguna de las 316 personas, la mayoría de ellas comprometidas en las luchas por una Nicaragua Libre, se las puede dejar parias en el mundo.

Mónica Baltodano, actora e historiadora de la revolución, reflexiona sobre la particular situación que atraviesa Nicaragua.

“Nuestra gran preocupación durante todos estos meses fue el tema de los presos y presas políticas. Sorpresivamente Ortega los liberó, pero a la misma vez los desterró. El 9 de este mes, nos sorprendió la noticia de que estaban viajando para Washington. El análisis colectivo que hacemos, es que el gobierno estaba teniendo extremadas presiones internacionales, combinadas con una campaña de los que estamos en el exilio, y algo de los que pueden expresarse adentro. Esto ocurre muy poco tiempo después de la reunión de la CELAC en Argentina, donde estamos convencidos que han recibido llamados de atención a través de su canciller, de varios países de América Latina. Es así que Ortega decide, en plática bilateral con el gobierno de los Estados Unidos, sacar a los presos y presas, que viajen en condiciones de destierro, que es una figura que no existe en la Constitución de Nicaragua ni en los tratados internacionales. Es un método obsoleto, que ya no se utilizaba. Cuando los presos y presas llegaron a Estados Unidos, nos sorprendió la decisión de quitarles la nacionalidad, a través de una supuesta reforma de la Constitución, que no está vigente, porque requiere de la aprobación de dos Legislaturas, y la segunda Legislatura comienza en enero de 2024. A la vez, se empieza a hablar de la ocupación de sus bienes. Unos días después, sacan una resolución que lee el magistrado del Tribunal de Apelaciones, en donde desnacionalizan a 94 ciudadanos, entre quienes estoy yo, mi esposo, mi hija, escritores como Gioconda Belli, Sergio Ramírez. Hay 10 sacerdotes, incluyendo a Silvio Báez, exiliado desde el año 2019, una gran cantidad de periodistas como Carlos Fernández Chamorro y Lucía Pineda, dirigentes populares como doña Francisca Ramírez. Por lo menos la mitad, son gente que viene del sandinismo. Está el Magistrado de la Corte Suprema, Rafael Solís –fue guerrillero también- que en el año 2019 renunció a la Corte Suprema, denunciando los crímenes cometidos. También hay retirados del Ejército, y feministas como Sofía Montenegro, que no había salido del país, y se vio obligada a salir por punto ciego. Esta nueva atrocidad disminuye lo que podía haber sido una acción positiva, sacar de las cárceles a esos 222 presos políticos, -que no son todos, quedaron 35-, que eran presos y presas que estaban sometidos a condiciones sumamente duras: no tenían libros, lápiz para escribir, precarias condiciones de atención a la salud, falta de sol, escasísimas visitas familiares. Algunas pasaron entre 18 y 20 meses sin poder ver a sus hijos. Estados Unidos les da habitación por tres días, y luego quedan a su suerte, teniendo que resolver la vida cotidiana. Fueron y son condiciones muy brutales, especialmente crueles con cuatro mujeres, entre ellas Dora María Téllez, a quien tenían en una celda completamente aislada y oscura, totalmente sin visibilidad.”

 

Dora María Téllez fue guerrillera, participó en una acción heroica en 1978, estuvo como Ministra de la Salud en los años 80. Después de la derrota electoral de 1990, ella con dirigentes como Sergio Ramírez, fundaron el Movimiento Renovador Sandinista. Las críticas de Dora María, de Sergio, fueron por un lado a la falta de democracia interna en el FSLN, pero por otro lado ellos creen que el FSLN debería asumir posiciones socialdemócratas. Ella se ha definido como una mujer de izquierda democrática, reivindica ese pensamiento. Es lesbiana. A su compañera también la capturaron y las tuvieron en celdas separadas. Es una mujer muy consecuente, inteligentísima. Supo resistir la cárcel utilizando su experiencia guerrillera, en términos de hacer ejercicios, concentrarse, porque las condiciones fueron particularmente brutales, peor que a cualquiera de los hombres, y peor que a todas las compañeras presas. Para mí es una persona admirable. Las posiciones políticas entre nosotras no son idénticas, tenemos diferencias, pero me resulta necesario reconocer su trayectoria y su integridad.  El régimen se ensaña con quienes venimos de las filas del sandinismo y de la revolución. El caso de Dora María es emblemático.

Un régimen misógino y patriarcal

Las mujeres feministas –dentro de las que me incluyo- hemos sido particularmente perseguidas desde que llegó Ortega al gobierno. Las primeras organizaciones intervenidas fueron el Movimiento Autónomo de Mujeres en el año 2009. Entraron a sus oficinas, se llevaron todos sus equipos. ¿Por qué? Porque las organizaciones feministas están enfrentando a Ortega desde mucho antes, sobre todo a partir de la denuncia de Zoilamérica, hija de Rosario Murillo, por la violación que sufrió cuando era todavía una niña, por parte de Daniel Ortega. Rosario Murillo, madre de la niña, respaldó a Ortega, y no le perdona eso a las feministas. Por eso las persiguen, están entrando a sus instalaciones, se robaron las computadoras, las bibliotecas, son como hordas cuando entran a los locales. Eso está aconteciendo también con las viviendas particulares. Por ejemplo, entraron a la casa de Sofía Montenegro y Azahalea Solís –líderes feministas que no habían salido del país-. Hicieron un allanamiento brutal. Pero como viven en un complejo habitacional de varios apartamentitos, se tomaron todos los apartamentos, dijeron que todos eran ahora del Estado, y que los que vivían ahí debían pagar al Estado por arriendo. Muchos de nosotros somos gente de la tercera edad. Ya hay algunos a los que les han quitado la pensión de jubilado, que es sagrada, porque la hemos pagado con nuestro esfuerzo. Es un conjunto de acciones que no conocimos en la dictadura de Somoza. Operan como si Nicaragua fuera una gran hacienda y ellos fueran los dueños.

Ser de izquierda en Nicaragua

Analiza Mónica Baltodano: “Es difícil levantar una oposición de izquierda. En la sublevación del 2018, hubo una altísima participación de gente que provenía del Sandinismo y del Orteguismo, porque mucha gente que participó y se opuso a Ortega en el 2018, un día antes o dos días antes lo estaban apoyando. No estuvieron de acuerdo con la represión y las muertes. Eso los distanció. Pero también hay gente de centro, muchos que vienen del Sandinismo y que se han ido separando en distintas etapas. Yo me separo junto con un montón de gente en el ’99, cuando Ortega hace un pacto con el derechista Arnoldo Alemán. Somos de diferentes generaciones. Daniel Ortega trata de presentarse como de izquierda antiimperialista, cuando todas sus políticas no han sido ni antiimperialistas ni han sido de izquierda. Pero usa ese discurso porque necesita atraer o alinearse con lo que se puede llamar “el ala de izquierda” en esta nueva etapa de “la guerra fría”. Él manipula eso, porque si hay algo que sabe hacer Ortega es manipular. ¿Qué genera? Que una gran cantidad de ciudadanos nicaragüenses que no vivieron en la revolución, crean que así es la izquierda, y se alejen… Nicaragua es un país particularmente joven. La mayoría de la gente tiene menos de 30 años. Cuando escuchan que el gobierno de Ortega es de izquierda, eso da pie a que el pensamiento de derecha y las organizaciones de derechas acumulen a su favor, y no solo a nivel nacional sino a nivel internacional. Porque, lamentablemente, las primeras reacciones del Foro de San Pablo, fueron darle respaldo a Daniel Ortega en el 2018.  Entonces quienes reivindicamos posiciones claramente de izquierda, como es mi caso, tenemos muchas dificultades para construir organizaciones sobre la base de posiciones y agenda de izquierda.

La Articulación de Movimientos Sociales que se crea en el contexto de la sublevación en el 2018, que aglutina a feministas, ambientalistas, gente que reivindicamos la lucha contra el extractivismo, la defensa de los derechos indígenas, los derechos humanos, que hemos construido una agenda que se llama “Agenda de las dignidades”, somos objeto de ataques virulentos de los sectores de derecha que adversan al Orteguismo, y también del Orteguismo. La cosa se complejiza por la manipulación de Ortega del discurso de izquierda, y por la posición ambigua que tienen muchos gobiernos de izquierda en relación a no condenar la violación brutal de los derechos humanos. Es un grave error, porque las posiciones de izquierda han sido hijas de los derechos humanos. Venimos de una historia donde las dictaduras de derecha violentaron todos nuestros más elementales derechos humanos. Deberíamos levantar la bandera de los derechos humanos desde la izquierda. A veces no se hace con suficiente valentía. Eso va a impactar en la conciencia, no solo en Nicaragua, sino en distintas partes del mundo.”

Que se pongan en nuestros zapatos

Señala Mónica Baltodano: “Tenemos que juntarnos para denunciar el despojo de nuestra nacionalidad, el despojo de los bienes, de sustentos básicos. A algunos nos están dejando casi al nivel de indigencia con las medidas que están aplicando. Entonces el énfasis es que tenemos que poner a un lado las discusiones porque la agenda ahorita es salir de la dictadura y restablecer un mínimo sistema democrático, una república, para que las banderas de lucha que siempre hemos levantado, de justicia social, de democracia, de lucha contra el imperialismo, tengan espacio para desplegarse, así como también tengan espacio las ideas de quienes piensen diferente, porque ésa es precisamente la libertad que queremos construir.

No puedo negar que vivimos estos momentos con profundo dolor, con rabia. Nosotros educamos a nuestros hijos en valores de solidaridad, de respeto a nuestra propia historia, a nuestros héroes como Sandino, que dio su vida en la lucha por la patria, por la dignidad, y en contra la intervención norteamericana. Hemos repudiado a los imperios que con la fuerza de las armas invaden a otras naciones, y de manera particular al imperialismo norteamericano, que ha sojuzgado a nuestras naciones. Como antimperialistas, como revolucionarias y revolucionarios de izquierda, ver que alguien que tuvo una historia de lucha, sea capaz de producir acciones tan brutales contra otros nicaragüenses, descalificándolos como traidores a la patria, no deja de ser doloroso, repugnante, y así lo vivimos. Existen los cauces políticos para dirimir las diferencias.

Ortega ha decretado la suspensión del derecho a ocupar cargos públicos de por vida a hombres y mujeres líderes. ¿Qué quiere decir? Que tiene terror a las elecciones. Tiene terror a los 316 en una contienda democrática. Cree que puede entrar a una negociación con los gringos, con los europeos, para adelantar elecciones, donde ninguno pueda ser candidato de nada. Él está claro que perdió el consenso. Quiero insistir a las organizaciones de izquierda que siguen dudando en condenar estas atrocidades, que la defensa de los derechos humanos no se la pueden dejar a la derecha. Como decía Rosa Luxemburgo “Libertad es siempre libertad para quien piense diferente”.

A los compañeros y compañeras de las izquierdas, de los movimientos populares, les pedimos que se pongan en los zapatos de los y las nicaragüenses. A las feministas, que se pongan en los zapatos de las feministas que están luchando en Nicaragua contra la violencia machista, de las que crearon centros de refugio para las mujeres maltratadas. Que se pongan en los zapatos de los movimientos de la diversidad sexual que han sido aplastados en Nicaragua, porque fueron ilegalizados. En los zapatos del movimiento campesino. Que se pongan en los zapatos del sufrimiento. Que la izquierda investigue, que averigüe. Que no se calle”.

 


https://clajadep.lahaine.org