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Dos años del estallido social en Colombia

Felipe Martínez :: 10.04.23

El próximo 28 de abril se cumplen dos años del denominado estallido social en Colombia, suceso que marcó las luchas sociales y populares del país, y que, sin duda, marcó la vida de la generación de jóvenes que participó activamente en esta coyuntura que quedará en la memoria de la sociedad toda.

Entre la luz y la sombra

Dos años del estallido social en Colombia

Felipe Martínez

 

El próximo 28 de abril se cumplen dos años del denominado estallido social en Colombia, suceso que marcó las luchas sociales y populares del país, y que, sin duda, marcó la vida de la generación de jóvenes que participó activamente en esta coyuntura que quedará en la memoria de la sociedad toda.

Aunque son muchos los sucesos que ocurrieron a partir de esta coyuntura a nivel nacional, donde quizá el principal fue el triunfo del primer gobierno de carácter de izquierda progresista en la historia del país, en esta columna quisiera compartir algunas preguntas y breves reflexiones sobre lo que veo que tienen ante sí las luchas actuales de las y los de abajo, que se encuentran en un contexto político distinto al de aquel 2021.

Desborde de la sociedad

Como mucho se ha escrito, el estallido del 28 de abril no es más que la máxima expresión a la que llegó la sociedad colombiana ante la injusticia, miseria y empobrecimiento generalizado que se vivía en el país desde décadas atrás, profundizado a mayor escala con la pandemia de la covid-19 y los estrictos aislamientos obligatorios a nivel nacional, que llevaron a que millones que trabajaban en la informalidad se vieran obligados a abandonar las calles y negocios donde se rebuscaban la vida día a día.

De esta manera se llegó a las tasas más altas de pobreza y desempleo del país, conduciendo al hambre, las angustias y el desespero a desbordar de indignación y rabia en las calles ante la propuesta de una nueva reforma tributaria del gobierno de Iván Duque, que afectaría directamente los bolsillos de las mayorías.

Este desborde que se prolongó por tres meses, evidenció de manera abierta las atrocidades del poder en Colombia, que no dudó en ejecutar una masacre contra la juventud popular que se manifestaba en las calles, develando una vez más, las practicas del terrorismo de Estado que se realizan constantemente en el país; al mismo tiempo, afirmó unos triunfos para la sociedad movilizada que vio la caída de la propuesta de reforma tributaria del gobierno de turno, así como la obligatoria salida de dos funcionarios de alto nivel como el ministro de hacienda Alberto Carrasquilla y la ministra de relaciones exteriores Claudia Blum.

Otro posible derrotero que desató el estallido fue el fortalecimiento de la propuesta progresista en la contienda electoral, que finalmente llevó al triunfo presidencial a Gustavo Petro y Francia Márquez.

¿Cambio en las condiciones de vida?

Ante el nuevo panorama político en Colombia, donde el progresismo gobierna, las condiciones de vida de la sociedad poco han cambiado, y al contrario se vislumbra en el horizonte una crisis mucho más profunda, no por culpa del gobierno, sino por el momento histórico que tiene ante sí, en donde nos adentramos a un nuevo ciclo de recesión económica global producto de la crisis sistémica del capitalismo, que además se encuentra en una cada vez más álgida disputa interna entre imperios (China, Rusia, Estados Unidos). Desigualdad a niveles nunca vistos. Informalidad generalizada. Miseria mundial. Guerras de alta intensidad. Quiebra de bancos. Crisis climática. Movimientos migratorios en todo el planeta.

En este contexto camina el progresismo colombiano, y aunque intenta realizar algunas reformas para contener la crisis del país, se encuentra con las manos atadas para presentar sus propuestas en el congreso, pues al no contar con mayorías absolutas, depende constantemente de los partidos tradicionales que lo único que quieren es que nada cambie.

Mientras tanto, la tasa de desempleo se mantiene en dos dígitos (11,4%) y la inflación está en aumento, llegando a más del 13%. Hambre*. Encarecimiento de la vida. Situación que está llevando al gobierno a seguir fielmente los parámetros internacionales que propone el Fondo Monetario Internacional para la economía nacional. Paradoja para la izquierda, pues antes, seguir estos lineamientos era un craso error, pero hoy se alegran al escuchar que el FMI aprueba las reformas y propuestas del progresismo, ¿Se están convirtiendo las agendas del capitalismo global en los pilares de referencia para decir que el gobierno de Petro va por el camino correcto? ¿Es inviable construir propuestas de una política económica nacional que se construya desde abajo?, a contravía de lo planteado en campaña ¿Tendrá el gobierno que implementar el extractivismo a mayor escala para soportar la crisis?

Un hervidero en cocción. Sumado a estas situaciones, el conflicto armado se mantiene y se intensifica a pesar de los intentos de la “Paz Total” de Petro. Se mantienen los asesinatos a los liderazgos sociales a nivel nacional y el ataque y amenaza por parte de estructuras paramilitares a procesos organizados como el CRIC o la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Los jóvenes presos que fueron capturados posterior al estallido siguen en las cárceles, mientras siguen en la impunidad los criminales de las fuerzas armadas estatales y paraestatales que masacraron a la juventud popular en los tres meses del estallido social.

Sumado a esto, los medios masivos desinforman, manipulan y atacan constantemente todas las movidas del gobierno. Han sido convocadas cinco movilizaciones de la derecha a nivel nacional en los siete meses del progresismo y los grandes grupos económicos reniegan constantemente de Petro y de sus reformas, ¿Podrían ser estas las bases para desatar un nuevo estallido social, esta vez impulsado desde los sectores de la derecha para retornar al gobierno?

Luces y aprendizajes del estallido social de 2021

Ante este complejo escenario y avecinándose la conmemoración de los dos años de aquella extraordinaria coyuntura del 28 de abril y sus desenlaces, creo que hay que recurrir a las luces y aprendizajes que quedaron del estallido y que aportan para fortalecer las luchas actuales de las y los de abajo. Para esto es necesario revisar las principales acciones que construyó la imaginación popular para resistir durante tres meses.

Como cada ciudad y región tuvo dinámicas diferentes, aquí solo podré referirme a lo que pude observar en la ciudad de Cali, que fue el lugar que cubrí periodísticamente en el estallido y que durante un tiempo he venido estudiando para la publicación de un trabajo más extenso que espero terminar en el presente semestre del año. Seguramente, juntando las experiencias de diferentes ciudades y regiones se podrá ir armando un rompecabezas que ayude a fortalecer y servir como brújula en el quehacer tanto de las luchas de las y los de abajo, como también brindará pistas al gobierno progresista para fortalecer la conexión con la fuerza popular.

Para empezar, quisiera resaltar la dinámica de los puntos de resistencia en Cali, que más allá de sus complejas dinámicas internas producto de lo que habita y transcurre en los sectores populares (microtráfico, delincuencia organizada, entre otras), allí, en estos puntos, se creó un complejo sistema autónomo de vida comunitaria que fue buscando las formas para entablar el diálogo y la participación de los muy diversos actores que se encontraban en los puntos de resistencia, por tanto, no era extraño ver y escuchar en los escenarios de asambleas populares, las voces de jóvenes integrantes de organizaciones comunitarias, universitarios, barristas, pero también habitantes de calle, evangélicos, adultos mayores, trabajadores informales, vecinos y vecinas, entre muchos otros actores que concurrían en la barriada y que buscaban darle una organización a las dinámicas de la vida dentro de cada punto de resistencia.

De esta manera los escenarios de participación asamblearios, fueron creando las dinámicas para las decisiones de la vida comunitaria. Allí se planeaban y organizaban tareas para recoger alimentos para las ollas populares que alimentaban tres veces al día, tanto a quienes participaban en los puntos de resistencia, como a quienes no y simplemente transcurrían diariamente por las zonas. Así mismo se construían las agendas para la programación cultural, que tenía presentaciones musicales, teatrales, juegos para niños y niñas, campeonatos deportivos, cineclubes, fiestas, trueques de ropa, entre otros eventos.

Por otra parte, la construcción de centros de salud populares, lograron materializar en la realidad, que las comunidades pueden gestionar sus lugares para la atención de salud, así sean para diagnósticos básicos o curaciones que redujeran las afectaciones hasta llegar a un hospital para atender la gravedad de las heridas producidas por el terrorismo de las fuerzas armadas estatales y paraestatales.

Al mismo tiempo las bibliotecas populares surgidas de las cenizas de lo que anteriormente habían sido Comandos de Atención Inmediata (CAI) de la Policía, fueron escenarios fundamentales para llenar de vida los puntos de resistencia. Allí escuché que muchos jóvenes por primera vez en su vida tenían acceso a un libro, muchos otros por primera vez podían llevarse un libro sin ningún costo, y otros muchos se interesaban por primera vez en el mundo de las ideas y del conocimiento.

Los muralistas populares también jugaron un papel fundamental, pues fueron pintando diseños de mil colores que empezaban a ponerle identidad a la resistencia y retrataban lo vivido en cada punto. Así mismo fueron creándose huertas urbanas que le posibilitaban a la juventud comprender el trabajo de la tierra y su siembra.

Sin duda, todas estas experiencias e iniciativas logran evidenciar que hay otra forma para la existencia en comunidad. Que otro mundo es posible, y que son los pueblos organizados quienes logran conseguirlo. Que la fuerza popular es lo más importarte, y que carga consigo, cuando se lo propone, una imaginación que trasciende los métodos y las convocatorias de la izquierda misma, por tanto, es necesario abrir los puentes de conexión y darle campo a que florezca la imaginación para construir otra vida.

 


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