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Tzam. Las trece semillas zapatistas: conversaciones desde los pueblos originarios

Desinformémonos :: 29.06.23

Tzam significa “dialogar” en ayapaneco, una de las más de 60 lenguas que se hablan sobre territorio ancestral, sólo que ésta, con sus menos de diez hablantes, se encuentra en peligro de desaparecer. Tzam, dialogar, es el corazón de este proyecto, en el que 130 mujeres indígenas conversaron entre el 2021 y el 2022 sobre los siguientes temas: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz, derechos de la mujer y derecho a la información.

Tzam. Las trece semillas zapatistas: conversaciones desde los pueblos originarios

Tzam significa “dialogar” en ayapaneco, una de las más de 60 lenguas que se hablan sobre territorio ancestral, sólo que ésta, con sus menos de diez hablantes, se encuentra en peligro de desaparecer. Tzam, dialogar, es el corazón de este proyecto, en el que 130 mujeres indígenas conversaron entre el 2021 y el 2022 sobre los siguientes temas: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz, derechos de la mujer y derecho a la información. Trece temáticas en total, como las trece demandas que los zapatistas de Chiapas dieron a conocer durante el levantamiento del primero de enero de 1994.

Tzam Trece Semillas acerca el pensamiento y la creatividad de 130 colaboradoras de 50 pueblos, naciones, tribus y barrios indígenas, quienes participaron durante 13 meses (ocho del 2021 y cinco del 2022) a través de diferentes formatos para narrar su historia y realidad actual. Hasta el momento no hay un proyecto de difusión de la diversidad cultural del país que contemple tal variedad lingüística y narrativa. Y menos emanadas sólo de mujeres.

En Tzam no hay periodistas ni historiadores de afuera de las comunidades. Son ellas quienes reflexionan con un ensayo, un poema, un cuento, una canción, una composición musical, un dibujo, una ilustración, un audio, una fotografía o un video, todo realizado para seguir armando una parte del enorme rompecabezas cultural que existe y está más vivo que nunca en el actual territorio mexicano.

Yásnaya Aguilar, Ayutla, Oaxaca
Gloria Muñoz, Ciudad de México
Mayo de 2021

 

A continuación las introducciones a cada una de los temas que componen Tzam Trece Semillas:

Primera semilla: Trabajo

Desde cierta tradición, el trabajo se ha ubicado como el motor fundamental que media entre la humanidad y la naturaleza, un motor que, dentro del capitalismo, se convierte en un proceso que se aprovecha de la fuerza de las personas, para convertir los bienes comunes naturales en mercancía y concentrar la riqueza en unos pocos. Desde otras tradiciones, el trabajo se reclama como el medio, festivo en muchas ocasiones, para hacer posible la vida mediante un esfuerzo que se realiza en común. De un lado tenemos el trabajo comunal que resuelve los problemas de la vida (un incendio, un deslave, una inundación) o que hace posibles deseos colectivos (una milpa comunal, la construcción de un edificio escolar o un área deportiva); del otro lado tenemos el trabajo asalariado en el sistema capitalista que arrebata los frutos del esfuerzo, despoja y esclaviza.

En medio hay una gama de fenómenos y posibilidades. En el punto que va de un extremo a otro, los pueblos indígenas han mantenido el trabajo festivo para cumplir deseos colectivos y resolver los problemas que la vida plantea pero por el otro, la explotación, el racismo y el despojo ha enfrentado a estos pueblos con la realidad del trabajo asalariado que se inscribe en la lógica del capitalismo. Desde los pueblos o’dam, ayuujk, mazateco, zapoteco, nahua, tsotsil, mazahua y totonaco nos llegan reflexiones, en forma de texto, poema, canción o imagen, de diez mujeres indígenas que se centran en el primero de los 13 temas, enunciados como demandas, en la Primera Declaración de la Selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional: el trabajo.

La mirada occidental ha elegido a los varones como personas asalariadas, obviando, menospreciando e invisibilizando el trabajo de las mujeres que sostiene a las comunidades. En las reflexiones sobre la primera de las trece semillas, son las mujeres de diversos pueblos indígenas las que hablan sobre el trabajo en contextos de violencia, sobre el trabajo de las mujeres indígenas trabajadoras del hogar, sobre el trabajo en el campo, sobre el trabajo de la palabra en el periodismo y sobre los contrastes que van del trabajo comunal al trabajo asalariado, sus tensiones y horizontes. Son las mujeres que aquí siembran la semilla de su palabra en este primer surco.

Segunda semilla: Tierra

Si hay un quiebre que se establece entre las diferentes y diversas concepciones de las culturas del mundo y la cultura occidental es el tratamiento con el que se relacionan con la tierra. El sistema hegemónico actual ha favorecido una lectura en la que la tierra se convierte en un gran otro susceptible de convertirse en mercancía. Separada de la humanidad y de la cultura por una tradición racionalista, la tierra y todo lo que en ella vive es traducida del idioma del bien común al lenguaje del recurso natural, la tierra se vuelve insumo que alimenta al mercado. La premisa es tan irracional, utilizando una noción occidental, que el planeta está recordando activamente que la humanidad es también ecosistema. El mayor reto que enfrentamos ahora es la emergencia climática que pone en peligro la vida y hace aún más contrastantes las opresiones sociales. Pero la maquinaria no para y, ahora, los intereses del sistema económico muestran un interés indignante en los territorios de los pueblos indígenas que resguardan gran parte de lo que han llamado reservas naturales. No es de extrañarse entonces que uno de las principales problemas que enfrentan en la actualidad las naciones originarias del mundo son los proyectos extractivistas, proyectos contra la tierra.

Podríamos narrar la historia de los diversos pueblos que habitan este territorio que hoy llamamos México a través de la defensa que han hecho de la tierra y el territorio desde hace quinientos años, pasando por el establecimiento del orden colonial y de la democracia liberal del estado mexicano hasta llegar a la actualidad. La tierra y el territorio son los ejes de la vida de los pueblos. Desde diferentes voces y contextos, escritoras y creadoras indígenas reflexionan y se encuentran con la tierra en la palabra, en el verso, en la fotografía, en el barro y en el sonido. A través de sus experiencias con la denuncia, con la defensa y con la investigación, cada una evidencia la enorme y fundamental importancia de un tema que en sí mismo explica revoluciones, rebeliones y resistencias. La tierra es vida y todo lo atraviesa. Dialoguemos pues con ellas: tierra y mujeres.

Tercera semilla: Techo

Una constante que se halla en la concepción del mundo de muchos de los pueblos originarios de este territorio ha sido la proyección del cuerpo de las personas sobre las edificaciones, las viviendas y los refugios que nos hemos construido: las casas tienen espalda, tienen ojos y tienen bocas cuando son nombradas en muchas de las lenguas indígenas de este país. Es como si el hogar que es nuestro cuerpo se proyectara también en nuestras casas y ellas a su vez son colocadas dentro de un techo universal que es la naturaleza. Las casas, nuestros hogares, nuestras habitaciones y sus características están atravesadas por la cultura. Los materiales, las maneras en las que se construyen, las ideas que les sirven de cimientos a las viviendas que edificamos están totalmente atravesadas por nuestros sistemas culturales. Podríamos hacer libros completos sobre la cultura de los pueblos centrándonos en la relación ritual, simbólica y material que establecen las sociedades con el proceso de construir y habitar una casa, una vivienda o un refugio.

Desde distintos contextos, mujeres indígenas dialogan ahora con esta semilla. Pueden leerse dos extremos que enmarcan estas reflexiones; por un lado, las creadoras reflexionan sobre los rigores de esa particular condición que las ciudades ofrecen en cuanto el derecho a un techo digno: el pago de un alquiler. Por otro, lado se habla sobre el esfuerzo festivo y colectivo que durante mucho tiempo ha entrañado la construcción de una casa en muchas de las comunidades indígenas. Aún recuerdo la compasión con la nuestras abuelas escuchan de alguien que tiene que pagar un alquiler en las ciudades, el espacio propio, nuestra casa, se convierte para las mujeres en un espacio que no solo es un refugio en un sentido físico, es sobre todo un espacio simbólico en el que los hechos fundamentales de la vida adquieren sentido.

En esta semilla, hallamos una serie de reflexiones visuales y verbales sobre ese otro cuerpo, convertido en derecho humano dentro del sistema jurídico occidental, que es una casa, una vivienda, un refugio. Un techo cuerpo, un cuerpo externo que es hogar.

Cuarta semilla: Independencia

Si hay una palabra que acarrea todo un imaginario nacionalista es la palabra “independencia”, pues nombra también a un periodo específico de la historia que marca el inicio de la existencia del estado mexicano. Dentro de las lógicas de vida comunal, la noción de “independencia” parece apuntar también a su contrario: un anhelo individual. Sin embargo, las mujeres indígenas que aquí iluminan con sus reflexiones esta cuarta semilla le otorgan otras dimensiones desde la poesía, el manifiesto, el ensayo, la pintura y la ilustración.

​En cada uno de los textos y de las creaciones, la palabra “independencia” es resignificada, se arrebata esa noción tanto a la historia nacionalista como a las interpretaciones individualistas. La independencia entonces puede plantearse con respecto de unidades sociopolíticas que no son los estados-nación y se reclama como un anhelo colectivo que se encuentra bastante emparentado con el concepto de “autonomía” de los pueblos indígenas.

​Por otro lado, las mujeres que participan en este número bordan reflexiones y acercamientos a la “independencia” siempre atravesada por el género. Así, la idea de “independencia” va tendiendo puentes con el cuerpo de las mujeres, con la posibilidad de tomar decisiones sobre él en un contexto colonialista, además de patriarcal, sobre lo que significa la independencia económica o sobre una independencia que se entiende dentro del territorio que es también el cuerpo y el pensamiento de las mujeres.

​De este modo, cada texto y cada imagen visita la palabra “independencia” y desanuda más posibilidades de acercamiento a ella. Este número se convierte entonces en un ejercicio de re-adscripción semántica de una palabra que viene ya con los dados cargados. A su significado anquilosado llegan nuevos ejercicios de reflexión en la voz de mujeres indígenas de distintos pueblos y culturas como una invitación a desarticular en colectivo lo que hemos entendido por “independencia”.

Quinta semilla: Alimentación

La alimentación sostiene la vida y define a la especie humana porque preparar e ingerir alimentos es una de las actividades sociales más fundamentales de nuestra existencia. La alimentación liga indisolublemente a las personas y el entorno natural en el que se han desarrollado. Pocos procesos evidencian de manera tan patente el mecanismo mediante el cual la interacción de las sociedades con la naturaleza genera eso que llamamos cultura. Digerimos la vida que nos provee el entorno natural para mantenernos vivos también, alimentarnos de vida nos recuerda que somos vida, que somos naturaleza humana.

Siendo así, la alimentación se ha vuelto un espacio en el que se disputan procesos históricos, políticos y sociales; una radiografía sobre el proceso mediante el cual se alimentan las sociedades y los valores culturales y rituales asociados a ese proceso nos revelan una parte importante del espíritu de un pueblo. En el sistema actual, en el que el capitalismo con su poder abarcador se ha metido a las cocinas y a las bocas de una buena parte de la población mundial, existen también espacios en resistencia que se oponen al proceso mediante el cual se crean alimentos como productos manufacturados que, aunque son digeribles, no nutren y nada dicen de la relación con el entorno natural en el que fueron creados: más que alimentos se trata de mercancías comestibles sin valor nutricional alguno. Al igual que el antropólogo Marc Augé caracterizó el no-lugar como un espacio propio del capitalismo tardío en el que vivimos, se puede hablar de los productos ingeribles de este mismo sistema como no-alimentos.

En los espacios en resistencia a la agroindustria y a las mercancías comestibles, las mujeres juegan un papel primordial como herederas de saberes antiguos en los que se haya la clave que conjura los peligros de la alimentación capitalista. Desde esa resistencia, es posible leer y ver en este número de Tzam diez acercamientos de mujeres de diferentes pueblos indígenas a un tema tan fundamental como problemático en la actualidad: la alimentación. Pasen a visitar y a escuchar sus voces.

Sexta semilla: Salud

En medio de una de las más grandes pandemias de la historia reciente de la humanidad, distintas mujeres de pueblos indígenas hablan desde sus prácticas y comunidades sobre el cuerpo, los territorios, el medio ambiente, la enfermedad, la salud y la curación en relación con los idiomas y las culturas originarias. La voz de las parteras y las médicas tradicionales, las reflexiones de quien hace interpretación en hospitales y trata de tender puentes interculturales, y el acercamiento de quien tiene habitando en su cuerpo una enfermedad de diagnóstico incierto nos muestran una realidad distinta de la que plantea la tradición alópata de la medicina occidental.

La medicina occidental ha creado oposiciones binarias entre cuerpo y mente, salud humana y salud de la tierra, medicina preventiva y medicina curativa, entre otras. Desde las reflexiones y las ideas de las mujeres que han escrito para este número es posible observar que esas divisiones no son en absoluto cortes discretos y radicales. Desde los textos que aquí se están compartiendo, la mente y el cuerpo son una unidad indisoluble que obliga a ver la salud de uno y de otro siempre en relación estrecha. Por otra parte, la salud de la humanidad y la salud de la naturaleza y el medio ambiente se revelan también profundamente imbricadas, si entendemos el cuerpo como un territorio y a éste como un cuerpo vivo, el bienestar de la tierra y el de la humanidad no pueden atenderse por separado, por lo tanto, la defensa del territorio es también la defensa de la vida humana. La medicina preventiva, en las reflexiones de las mujeres que aquí se presentan, se concentra en la alimentación; hay un llamado colectivo a que la producción de alimentos se aleje de la producción capitalista que nos está enfermando. Pero también la medicina curativa viene desde el campo; las plantas, los animales y los minerales que curan están siendo amenazados por la destrucción de los territorios en aras de una idea de progreso y modernidad que nos enferma.

Los rituales tradicionales son también elementos necesarios para los procesos curativos. Mediante ellos se encuentran la sanación del cuerpo y la salud mental. El despojo de los territorios pone en riesgo los lugares sagrados donde se propicia la salud, de modo que la práctica de las medicinas tradicionales se encuentra ligada con la defensa de los territorios. Los escritos de estas mujeres indígenas nos permiten acercarnos a un crisol amplio y complejo de un tema relacionado con la humanidad, con la mente el cuerpo y la naturaleza. Pocos temas atraviesan tantos otros como la salud y por eso procurarla pasa por la lucha de otros modos de existir y de habitar el mundo. Desde cierta óptica, los sistemas de salud tradicionales de los pueblos indígenas se han desdeñado como pensamiento mágico o primitivo, pero son las mujeres de estos pueblos quienes ahora tienden puentes para hablar de estos temas, puentes interculturales necesarios si queremos hacer del acceso a los servicios de salud un derecho que no sólo se encuentre en los documentos legales.

Séptima semilla: Educación

Si hay un instrumento ideológico utilizado en contra de los pueblos indígenas del mundo por parte de los estados-nación han sido los proyectos de educación formal a los cuales han sido sometidas las naciones originarias. Estos proyectos han sido envueltos en los discursos de la cultura, del progreso y de la civilización para ocultar sus amargas y verdaderas consecuencias. En muchos casos, estos proyectos han representado “caballos de Troya” perfectos para sembrar dentro de las comunidades la semilla explosiva e hiriente de la aculturación. Una vez que los sistemas de opresión han condenado a nuestros pueblos a la pobreza y a la miseria, la educación escolarizada y formal se nos presenta como el alivio de esos mismos males, ¿quién se podría oponer a tan noble labor?

Sin embargo, despojados de estos discursos, los proyectos educativos, particularmente en México, han servido de instrumento para desaparecer las lenguas y culturas de los pueblos originarios. La castellanización forzada a la que fue condenada la población indígena fue el medio para integrar y desaparecer nuestras lenguas. Sin la escuela como proyecto de aculturación resulta difícil explicar la creación de la nación mexicana como una entidad que se desea homogénea y mestiza.

Con esta problemática estructural de fondo, las mujeres indígenas que escriben y crean sobre la semilla de la educación nos brindan un caleidoscopio de experiencias y reflexiones que plantean cuestionamientos profundos sobre lo que el sistema educativo ha significado históricamente para nuestros pueblos y, en particular, para las mujeres indígenas; además de hacer esta crítica plantean también horizontes y experiencias esperanzadoras para convertir los proyectos educativos en herramientas de liberación. Cada una de ellas habla del sistema educativo, del papel de las lenguas indígenas dentro de este sistema, de modelos alternativos, de propuestas de formación crítica para jóvenes migrantes, de educación musical y también de educación sexual. Desde sus creaciones y palabras, la educación se resignifica como un campo de lucha y de esperanza.

Octava semilla: Libertad

Si hay una noción sobre la que descansa gran parte de la tradición de pensamiento occidental es precisamente la noción de libertad. Libros completos, discusiones históricas, mares de tinta y una gran parte de la producción narrativa y audiovisual se ha dedicado a la idea de libertad. Esa palabra ha formado parte de reclamos, de frases históricas, de lemas y proclamas que han acompañado guerras y movimientos. Este concepto ha sido utilizado como anhelo de luchas revolucionarias para la liberación de naciones, pero también su uso está unido a la defensa del individualismo a ultranza, como cuando se defiende la propiedad privada o la libertad de mercado en un mundo capitalista. La libertad individual o la libertad de naciones o entidades colectivas hace que esa misma noción se use para fines diferentes, para defender ideas incluso antagónicas. ¿Ser libres de qué o con respecto de quiénes? Defender la libertad de los individuos como si esta libertad no estuviera enmarcada en las relaciones colectivas que establecemos ha sido un ejercicio propio de quienes sostienen una visión neoliberal de la vida. Con base en la palabra libertad se han creado movimientos liberales y movimientos libertarios que defienden la libertad capitalista.

¿Es posible tener un acercamiento distinto a una categoría que ha sido visitada tantas veces y desde ángulos tan distintos? Las mujeres indígenas de diferentes naciones nos responden contundentemente que sí. En las creaciones y textos correspondientes a esta semilla, la palabra libertad se ilumina con diferentes luces. Un hecho que llama la atención es que, en muchos de los acercamientos, la libertad se enmarca siempre desde un anhelo colectivo, de la libertad planteada como un deseo para nuestros pueblos, libertad enmarcada como deseos de autonomía, de libertad para decidir sobre nuestros territorios. En otros acercamientos, se plantean preguntas sobre la libertad de las mujeres indígenas dentro de las comunidades a las que pertenecemos, de la libertad en el marco de la diversidad sexual, de la libertad de elegir nuestros nombres y nuestro género, de la libertad económica y de los deseos para el futuro. Con estas creaciones y textos es posible entonces rescatar la noción de libertad del secuestro individualista que ha sufrido, liberar la libertad de sus ataduras capitalistas. Estos acercamientos dejan en claro que la libertad individual y la colectiva no se oponen, sino que dependen una de la otra, que la libertad debería ser, siempre, un anhelo compartido.

Novena semilla: Democracia

La democracia, se nos ha repetido a lo largo de nuestra formación escolar, es un sistema de gobierno en el que el poder reside en el pueblo y en el que es el pueblo quien elige a sus gobernantes. La democracia y los estados-nación modernos se han convertido en términos casi intercambiables pues el primero es el sustento ideológico de los segundos. Sin embargo, detrás del anhelo, más que realidad, en lo que la democracia se ha convertido, laten muchos problemas y distintas contradicciones. Las democracias del mundo parecen haber sido bastante funcionales a los sistemas de opresión que han despojado de vida digna a muchas colectividades.

El poder que reside en el pueblo parece no ser sensible al hecho de que ese pueblo no es una colectividad homogénea, que se trata más bien de muchos pueblos y naciones que se han organizado históricamente conforme a sistemas sociopolíticos distintos de la tradición democrática occidental, sobre todo de la democracia liberal de los estados modernos. Durante mucho tiempo, los países del mundo ha utilizado la igualdad democrática como instrumento para combatir otras posibilidades de organizar la vida en común. Estas otras posibilidades viven sobre todo dentro de muchas de las organizaciones sociopolíticas de los pueblos indígenas que despectivamente, en muchas ocasiones, han recibido el nombre de “usos y costumbres”. El reconocimiento a estos otros sistemas políticos, como la comunalidad por ejemplo, han recibido abierto desprecio o bien un intento de reconocimiento llamándolas “democracias verdaderas”. Sin embargo, abrevan de otras prácticas, de otros principios y de otras tradiciones.

Históricamente los sistemas políticos de los pueblos indígenas se han visto como una amenaza al sistema democrático mexicano; sin embargo, poco a poco, el marco jurídico ha ido reconociendo el derecho de los pueblos indígenas a sus propias formas de gobierno. Este reconocimiento, sin embargo, evidencia varios peligros que incluyen el mayor control de la democracia estatal sobre los sistemas sociopolíticos de muchos pueblos indígenas. Estas tensiones son objeto de reflexión de este número del proyecto “Tzam. Trece semillas” en donde mujeres de diferentes pueblos indígenas exploran estos encuentros y desencuentros entre la democracia estatal y los sistemas de gobierno de sus pueblos y comunidades; nos muestran así otros horizontes posibles de organización de la tan necesaria vida en común.

Décima semilla: Mujeres

Sin lugar a dudas, el feminismo es uno de los movimientos más relevantes de este último siglo. Sin embargo, es necesario precisar que es uno de los muchos movimientos de mujeres que han estado generando luchas y estrategias para subvertir el orden patriarcal. Desde los pueblos indígenas, las mujeres han generado sus propias genealogías de lucha con sus propias historias, herramientas, planteamientos y demandas. Algunos feminismos se relacionan con los distintos movimientos de las mujeres indígenas sin cuestionar el colonialismo que pueden conllevar estas relaciones. Esto ha dado como resultado que las mujeres indígenas nos relacionemos de una manera compleja con el feminismo de tradición occidental. Por un lado hay mujeres indígenas que no nos reconocemos como feministas, no porque estemos en contra de este movimiento, sino porque nos adscribimos a una tradición de lucha antipatriarcal con su propia genealogía y características; por otro lado, hay mujeres indígenas que sí se han formado en el feminismo y que se reconocen como tal; otras más se enuncian feministas pero utilizando alguna precisión desde el nombre, sea que se adscriben a un feminismo comunitario o a un feminismo decolonial, por mencionar algunos ejemplos.

Desde las palabras y las creaciones que podemos encontrar en este número de Tzam, observamos que hay ideas recurrentes que atraviesan las reflexiones de las mujeres de distintos pueblos indígenas. La primera de ellas tiene que ver con el carácter colectivo de la lucha y de sus preocupaciones, por otro la relación que esta lucha tiene con la defensa del territorio, de la libre determinación de los pueblos y de los bienes naturales. A través de los textos, podemos darnos cuenta que la lucha antipatriarcal no puede desligarse de la lucha anticolonialista y anticapitalista. La defensa del territorio y de los bienes naturales, la participación política dentro de las estructuras de gobierno comunal, la necesidad del reconocimiento al derecho a ser posesionarias de tierra ejidal o comunal, la lucha contra la violencia doméstica, el derecho a la salud y a la educación en nuestros propios términos culturales son los temas que atraviesan los planteamientos de este número dedicado a las mujeres que se piensan en colectivo. Después de acercarnos a los textos y a las creaciones de las mujeres indígenas en este número de Tzam, podemos darnos cuenta de las claves anti-patriarcales que se están construyendo más allá de lo que conocemos como feminismo occidental.

Onceava semilla: Justicia

Si existe algún tema del cual haya mucho que decir y analizar desde los pueblos indígenas es precisamente el tema de justicia. La misma existencia de la categoría indígena bajo la cual han sido clasificados pueblos tan diversos se debe a las injusticias y asimetrías creadas por el colonialismo. La falta de justicia sostiene la opresión histórica que han sufrido los pueblos indígenas durante siglos; por lo mismo, no es de extrañarse que sea un tema tan relevante y fundamental para las naciones originarias, un tema inagotable que, en muchas ocasiones, se ha convertido en una fuente de denuncias interminables por tantas injusticias sufridas.

Por otro lado, la búsqueda de la justicia para muchos personas de pueblos indígenas se encuentra entre dos sistemas de tradiciones distintas, por un lado el sistema judicial del Estado Mexicano que abreva de la tradición positivista occidental y, por el otro, una diversidad de sistemas de impartición de justicia que aún practican muchas de las comunidades indígenas. Dado que ha sido muy reciente que se ha comenzado a hablar de pluralismo jurídico, el sistema de justicia estatal oprime otras tradiciones de hacer justicia a las que considera inválidas y primitivas.

Estas tensiones entre dos sistemas de justicia que se encuentran en asimetría estructural se hayan reflejadas en los escritos y en las ideas que diferentes mujeres indígenas han plasmado en los textos del presente número del proyecto Tzam. Muchas de ellas hablan de las diferencias entre los dos sistemas de justicia y también de los problemas que cada sistema plantea en el momento en el que las mujeres deciden denunciar las violencias que sufren.

Por un lado, la búsqueda de justicia para las mujeres indígenas se realiza en un contexto influido por el racismo derivado del colonialismo y, por otro lado, influido por el machismo patriarcal. Por esta razón, la búsqueda de justicia de las mujeres indígenas se convierte necesariamente en lucha anticolonialista y antipatriarcal.

Otro elemento importante que se puede hallar en estos textos es la idea, latente o abierta, de que crear justicia para los pueblos indígenas implica necesariamente crearla para las mujeres de estos pueblos y que lograr este objetivo no se hará sin la presencia y la agencia de ellas. En contra parte, subyace también la idea de que la justicia para las mujeres indígenas es una lucha colectiva y no individual. La justicia sin mujeres indígenas nunca será justicia para nuestros pueblos y la justicia para cada una de ellas se buscará siempre en comunidad.

Doceava semilla: Paz

Resulta interesante que la traducción de la palabra “paz” a diferentes lenguas indígenas sean nociones más bien cercanas al “buen vivir”, a “vivir bien” o “vivir contentos”. En muchas de las lenguas indígenas, al parecer, el concepto al que alude la palabra “paz” no está cercenado de un concepto más amplio que se relaciona con la “vida digna”. Podríamos decir que la paz no se concibe como algo divorciado de otras nociones que construyen el concepto de una buena vida. En este penúltimo número del proyecto Tzam, diez mujeres de diversos pueblos indígenas exploran esta noción y la conectan a vivencias concretas de ellas mismas y de sus comunidades. Una constante que puede apreciarse a través de sus colaboraciones es que la búsqueda de la paz es una búsqueda enmarcada en lo comunitario, no se trata sólo de una búsqueda de paz individual. Cada texto, muestra diferentes aristas de los elementos culturales que forman parte de la construcción de una vida en paz.

Cuando hablamos de paz, necesariamente se implica la noción contraria; hablar de paz convoca, en muchas ocasiones, a hablar también de la violencia. En estos textos, mientras las reflexiones sobre la paz son desgranadas, se asoman fuertes denuncias de la violencia estructural, de la violencia cotidiana y de la violencia simbólica a la que se enfrentan estas creadoras y escritoras en sus propios contextos.

En las colaboraciones de este número, late la idea de que, para reconstruir la paz, es preciso retomar los valores de las tradiciones de pensamiento de cada pueblo indígena, la suavidad y la tranquilidad que aporta a la vida el contacto y la interacción cotidiana con el territorio y la naturaleza y la búsqueda de la justicia social. Si algo podemos concluir de estos textos también, es que la paz y la vida buena y digna serán construidas en comunidad. Pasen a leer.

Treceava semilla: Derecho a la información

En esta época en donde los territorios de los pueblos indígenas siguen siendo amenazados por proyectos extractivos o megaproyectos estatales, la información como condición previa a la consulta que debe hacerse a las naciones originarias se ha vuelto fundamental. La manipulación de las dosis y tipos de información se ha convertido en una estrategia para ocultar todas las consecuencias e implicaciones de los proyectos que amenazan los territorios de los pueblos indígenas. Hoy más que nunca el derecho a la información resulta crucial para poder ejercer de manera adecuada otros derechos como el de la autonomía. No es de extrañarse pues que el derecho a la información esté siendo minado por una red de medios que sistemáticamente silencian voces que no sean hegemónicas e impiden el acceso a diferentes tipos de información en una variedad de tradiciones culturales. Aunado a esto, el acceso a la información está también determinado por las condiciones materiales de los pueblos indígenas, muchos de ellos no tienen garantizado el acceso al internet y la famosa brecha digital surte sus efectos.

El movimiento de la comunicación indígena y comunitaria, por fortuna, ha planteado derroteros y abierto caminos por los cuáles ejercer el derecho a la información de una manera más justa, que tome en cuenta los conocimientos de cada pueblo y las lenguas mediante las cuáles tenemos derecho a acceder a información de cada contexto local y a la de otros pueblos y culturas del mundo. Además de las radios comunitarias y los proyectos de comunicación que se han apropiado de las tecnologías digitales, en muchos pueblos y comunidades indígenas ha habido siempre mecanismos tradicionales para acceder al derecho a la información y en los textos de esta semilla se abordan algunos de ellos.

El proyecto Tzam. Las trece semillas zapatistas. Conversaciones desde los pueblos originarios concluye precisamente con la voz de mujeres hablando sobre el derecho a la información desde distintas perspectivas. Encontramos textos que hablan de la asamblea o de los altavoces de las comunidades como medios de información que cumplen funciones esenciales para los pueblos indígenas, otros textos dan cuenta de los anhelos de las mujeres comunicadoras para descolonizar la información y también de las peripecias que se viven en distintos contextos para lograr el acceso al mundo digital que, sin embargo, privilegia siempre a ciertas culturas y a ciertas lenguas.

Me parece que el proyecto Tzam ha sido una manera de ampliar y cuestionar el derecho a la información. En esta plataforma hemos podido leer de primera fuente del pensamiento y el análisis de muchas mujeres indígenas sobre trece temas fundamentales para nuestros pueblos y para el mundo. Así que la mejor manera de concluir esta travesía es abrevar de los textos y las experiencias de estas mujeres sobre el derecho fundamental a la información, información que siempre debe ser multilingüe, múltiple y en construcción para poder conjurar el peligro de una verdad única.


 


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