Clajadep :: Red de divulgación e intercambios sobre autonomía y poder popular

Imprimir

Autogobierno en el País Mapuche- Parte II

01.09.05

Hacia la creación de un partido autonomista

“En la medida que el partido que proponemos se dota de una perspectiva nacional mapuche, debe responder a los intereses particulares de todos los sectores que componen la nación mapuche, al mismo tiempo que debe contribuir al desarrollo de su identidad nacional. Es decir, junto a su esfuerzo de organizar a todos los sectores mapuche sobre la base de sus intereses y demandas particulares, el partido debe ayudar a promocionar una conciencia nacional mapuche, por medio de acciones tanto materiales como simbólicas” (Foto de Archivo).

Leer Además: Wallmapu tañi kizüngunewün + Escenarios y perspectivas políticas + Mapuches, un pueblo en marcha

Por Víctor NAGUIL* / Periódico Azkintuwe

En la primera parte de este artículo se presentaron las bases de lo que hemos denominado el Proyecto Nacional Mapuche. Del mismo modo se entregó una definición de lo que debería ser el objetivo estratégico e intermedio de nuestra lucha, colocándose énfasis en la necesidad de conquistar un Estatuto de de autonomía para una nueva región en el Ngulumapu, constituida por la actual Región de la Araucanía más algunas comunas adyacentes.

En esta segunda parte, se proponen los aspectos fundamentales que debería tener una estrategia autonomista, colocándose como punto de partida la necesidad de crear un partido político mapuche, cuya responsabilidad sea impulsar un conjunto de tareas que materialicen los pilares fundamentales de la reconstrucción del País Mapuche.

Creación de un Partido Autonomista

El primer gran esfuerzo de nuestra estrategia debiera ser la creación de un partido político «mapuche y autonomista». Esta definición se deriva del objetivo de gobernar el País Mapuche, un partido es una agrupación de voluntades individuales que tienen por objetivo alcanzar el poder político, vía las elecciones u otros medios, para implantar un proyecto global. Esta característica se diferencia de otras formas, como los grupos de interés o los movimientos sociales que buscan influir sobre el poder político y sus decisiones, sin intensiones de reemplazarlo.

Esta perspectiva de poder exige el desarrollo de una estrategia electoral, sobre todo en el ámbito municipal. Sin embargo, esto no significa que el partido restringirá su acción a las campañas electorales, sino que debe contribuir al fortalecimiento del movimientos mapuche y desarrollar una serie de temas vinculados a los principales problemas de nuestra población. La creación de un partido mapuche significaría también confrontar la ideología de la apolitización partidaria emanada de la dictadura y que lamentablemente cunde en algunos sectores mapuche que dicen ser progresistas. Por el contrario, afirmamos la necesidad de la politización de la «cuestión mapuche». Si alguna crítica se debe apuntar a los partidos políticos chilenos, no es en su calidad de partidos políticos o «tradicionales» como son catalogados en algunas oportunidades, sino simplemente que en su calidad de partidos chilenos no pueden encarnar un proyecto nacional mapuche, limitación que extendemos a sus «sucursales regionales».

En la medida que el partido que proponemos se dota de una perspectiva nacional mapuche, debe responder a los intereses particulares de todos los sectores que componen la nación mapuche, al mismo tiempo que debe contribuir al desarrollo de su identidad nacional. Es decir, junto a su esfuerzo de organizar a todos los sectores mapuche sobre la base de sus intereses y demandas particulares, el partido debe ayudar a promocionar una conciencia nacional mapuche, por medio de acciones tanto materiales como simbólicas. En este último sentido un buen paso puede constituirlo el adoptar desde ya, sin complejos ni mezquindades la actual bandera mapuche surgida de la organización Awkiñ Wallmapu Ngulam, declarándola emblema nacional del Pueblo Mapuche y del País Mapuche.

Por ultimo, si bien el partido que proponemos se definirá como «mapuche y autonomista» su conformación no puede quedar restringida a la población mapuche, sino que, en coherencia con una visión táctica de no confrontación con toda la sociedad chilena, también debe integrar personas chilenas que se sientan interpretadas por el proyecto político. Sin embargo, el proceso de reclutamiento debe resguardar una mayoría mapuche, para que esta fuerza política nunca pierda su carácter mapuche.

Descentralización política y municipio

La descentralización del Estado es un proceso que poco a poco va teniendo mayor consenso. Sin embargo, su realización no proviene exclusivamente de una profunda vocación democrática de quienes hoy más lo impulsan y que argumentan la necesidad de impulsar reformas que contribuyan a una mayor participación de la población. Es también el resultado de la presión que la globalización económica impone a los Estados para que su integración y el de sus territorios sean más flexibles.

A pesar de lo dicho, la descentralización es un proceso que debemos observar estratégicamente y sobre todo colocar atención a dos reformas que se están proponiendo en la actualidad por parte del gobierno, algunos partidos y sectores regionalista. Por una parte, la eliminación del vocablo «trece regiones» de la Constitución Política, lo que permitiría, desde el punto de vista jurídico, la creación de nuevas regiones, escenario apropiado para nuestros objetivos políticos. Sin embargo, al mismo tiempo esto puede significar serios obstáculos puesto que avanzaría de manera más sólida la creación de la Región de Valdivia, mediante la «separación» de esta provincia de la actual Región de Los Lagos. Esta situación es perjudicial a nuestros intereses, toda vez que incluye en su proyecto a las comunas de Mariküna, Langko y Pangipülli, comunas incluidas en nuestro proyecto de región autónoma. Su creación haría imposible cuestionarle territorio, toda vez que seria una pequeña región y además el propio animo de su población, luego de su reciente creación, bloquearía una postura que trate de generar nuevas modificaciones territoriales.

La otra reforma que se está proponiendo es la que permitiría la elección de intendentes y los miembros del Consejo Regional (Core) por votación popular. Actualmente los intendentes son designados por el Presidente de la República, mientras que los miembros del Core son elegidos sólo por los concejales municipales de la región, que se constituyen para tal efecto en colegio electoral en cada una de las provincias de la región respectiva.

A pesar de las limitaciones con que enfrentaremos estas reformas, como consecuencia de nuestra debilidad demográfica y política, es importante alentarlas y orientarlas desde nuestros intereses, puestos que ambas permitirán afianzar nuestros propios fundamentos, ya que quedará claro que nuevas formas de organizar y administrar los territorios, así como la ampliación de la participación y de la representación de la población local, no constituyen cambios inviables o traumáticos. Por el contrario, son reformas que contribuyen a la profundización de la democracia y al desarrollo de la región, propósitos coincidentes con nuestra propuesta de autonomía regional.

Debemos considerar estas reformas como un paso táctico, una transición al logro de una autonomía regional basado en un Estatuto. Esta transición exige que junto a la elección popular de los consejeros regionales y el intendente, se amplíe el numero de consejeros(as) bajo el principio de que la «cantidad afecta a la calidad», puesto que un mayor numero de consejeros(as) contribuye a una mayor representación de los distintos sectores sociales y políticos de la región. De igual modo, el sistema electoral que regule estas elecciones debe ser la ya mencionada de una formula proporcional, considerando además la región como una circunscripción única, lo que garantizaría la materialización de esa representación proporcional.

Una institución que se ha venido constituyendo en un importante espacio de participación mapuche es el municipio, aunque todavía no se le ha sacado todo el potencial en favor de los intereses mapuche. A diferencia de otros órganos políticos, los municipios en la actualidad poseen altos grados de autonomía administrativa, en el recaen atribuciones importantes que inciden diariamente en la vida de las personas, y están físicamente al interior del País Mapuche. Por esto, el municipio puede transformarse en un instrumento de poder local y en un buen punto de apoyo para nuestra política, siempre que el proceso de acceso al poder mapuche se realice sobre la base de un programa autonomista. Esto significa que, desde el municipio, se adopten las decisiones y las medidas que permitan ir generando condiciones para la consecución de nuestros objetivos, es decir, asegurar el empleo, evitar la emigración, reformar la educación, oficializar el mapuzungun entre otros. Del mismo modo, en un primer momento el conjunto de alcaldes y concejales mapuche electos(as) pueden constituirse en el embrión de una asamblea regional, que podría abocarse a la implementación de una estrategia de desarrollo mapuche a nivel del marco territorial propuesto y elaborar las bases de un futuro Estatuto de Autonomía Regional.

Una estrategia orientada a los municipios también debiera tener en cuenta la creación de nuevas comunas en el País Mapuche, y por lo tanto apoyar las que actualmente están en proceso de crearse o fomentar otras nueva, siempre y cuando se visualice que tendrán un peso demográfico y electoral mapuche significativo, que junto con crear unidades políticas de representación y de servicio más cercanas a las personas, se constituyan en espacios políticos más factible del control mapuche.

La creación de la Comuna de Padre las Casas (Kollerewe), es un buen ejemplo de lo relevante que puede llegar a ser la población mapuche con un nuevo ordenamiento territorial (aunque todavía no el poder mapuche en plenitud). Cuando Padre Las Casas era «un sector» que pertenecía a la Comuna de Temuko, la población mapuche (53.563 personas) constituía el 21,19 por ciento del total (243.561). Con la división, la población mapuche en la nueva Comuna de Padre Las Casas pasó a constituir el 41,70 por ciento sobre la base del censo de 1992 y actualmente es el 40,88 por ciento, según el censo del 2002. Las consecuencias demográficas y políticas son aun más clara con la reciente creación de la Comuna de Chollcholl, mediante la división de Nueva Imperial (Traytrayko) y la Comuna de Alto Biobío (Ralko), mediante la división de Santa Bárbara.

En ambos casos se generaron municipios con una base de población mapuche mayoritaria, según algunas estimaciones, de un 75 por ciento para la primera, y un 86 por ciento para la segunda. Si bien una dividida Comuna de Nueva Imperial ha visto reducido su porcentaje de población mapuche de un 53 a un 46 por ciento aproximadamente, esta aun sigue siendo gravitante como espacio de lucha mapuche. En el caso de Santa Bárbara, ya dividida, simplemente ha dejado de ser relevante poblacional y territorialmente para un proyecto de región autónoma (ver mapa). Sin embargo, ahora hay que trabajar para que la nueva Comuna de Alto Bíobio sea incorporada administrativamente a la Región de la Araucanía.

Del mismo modo, se debiera proponer la creación de dos comunas más y su integración también a la Región de la Araucanía. Una primera comuna integrada por las actuales localidades de Likanray (que se «desprendería» de Villarrica), Konarüpü y Likiñe (que a su vez se «desprenderían» de Pangipülli). Y una segunda comuna que nacería a partir de la unificacion de las localidades de Kewle (que se «desprendería» de Tolten) y Mewin (que se «desprendería» de Mariküna).

Ahora bien, algunas de estas reformas no son novedosas, desde hace mucho tiempo atrás se viene planteando por parte de parlamentarios de la Araucanía la creación de una provincia de Villarrica, que incluye a las comunas de Kurarewe, Pukon, Longkoche y Villarrica (Mayulafken), pero además integrando una comuna que se crearía a partir de la division de Pangipülli, y que incorpora a las localidades de Likanray, Konarüpü y Likiñe. Esta propuesta ha generado oposición en sectores regionalistas valdivianos, que rechazan ver mermado el territorio de una eventual Región de Valdivia. Esta oposición demuestra las dificultades que nuestras propuestas encontraran en el futuro, pero en el presente reflejan la ausencia de la voz mapuche respecto a la defensa real de nuestro territorio, puesto que es inaceptable, desde una óptica mapuche patriótica, que «otros» discutan o propongan modificaciones territoriales sobre el Wallmapu, sin que el movimiento mapuche sea capaz de pronunciarse al respecto, y lo más grave aun, dejando las banderas de defensa de la región en manos del regionalismo del latifundio.

Desarrollo económico

El desarrollo económico ha constituido para el movimiento mapuche su principal «talón de Aquiles», derivado tanto de la propia debilidad de la estructura económica que se tiene como Pueblo, como por el excesivo énfasis de una perspectiva económica mapuche que por un lado se limita a demandar la asistencia del Estado para superar la pobreza, o suele observar o criticar todo esfuerzo económico (individual o colectivo) como una simple legitimación del sistema neoliberal.

Aquí se parte de la base que el sistema imperante explica en gran parte la situación de dominación que vive nuestro pueblo y que sin transformaciones económicas relevantes el autogobierno en el País mapuche no será pleno, sino limitado o vivirá amenazado. Sin embargo, se considera imprescindible asumir que por más «turbias y turbulentas» que sean estas aguas hay que seguir navegando sobre ellas. Hoy ya no basta declararse anticapitalista o antineoliberal, puesto que ello no es una posición sino una declaración. En política no es suficiente estar contra algo, sino ser pro algo y en lo que ha modelo económico se refiere nos enfrentamos a un vacío. Llenar este vacío comporta un enorme desafío, que no depende únicamente de nuestras propias fuerzas pero mientras tanto no podemos esperar a nuestros viejos o nuevos redentores. No podemos solo limitarnos a resistir o reaccionar contra la explotación humana o depredación de nuestros recursos naturales, sino actuar también en una perspectiva de construcción económica.

Como hemos indicado un proceso de desarrollo económico desde una perspectiva mapuche requiere enfocar nuestras acciones en dos dimensiones. Una dirigida a la base económica y productiva mapuche y la otra hacia las normas que rigen los procesos económicos en el contexto regional y local, los cuales terminan afectando al desarrollo mapuche.
Respecto a la primera dimensión dos aspectos deben ser tratados. Por un lado, la creación o en su caso el fortalecimiento o articulación de unidades productivas mapuche asociadas principalmente, aunque no únicamente, a las actividades agropecuarias, turísticas, y artesanales. Por otro lado, la necesidad desarrollar estrategias de capacitación y formación técnica, tanto para alcanzar las habilidades necesarias para la producción, como la formación en gestión para el encadenamiento entre los procesos de producción y comercialización, incluyendo mejoramiento de las estrategias de marketing y promoción de los productos mapuche. Esta estrategia de formación debe ser impulsado por organismos especializados en la materia, así como Centros de Formación Técnica y Liceos Técnicos.

La segunda dimensión hace referencia a las reformas legales e institucionales que debieran ocurrir en el contexto regional. Se trata de que los gobiernos regionales o locales adquieran mayores atribuciones para disponer de sus propios recursos, por ejemplo, mediante recaudaciones tributarias, o a lo menos una mayor capacidad de decisión respecto a la dirección que deben tener las inversiones regionales y locales.

Diseño y aplicación de una política lingüística

El objetivo de transformar en los hechos y en derecho al mapuzungun en lengua propia y oficial del Wallmapu, pasa por el diseño y aplicación de una política lingüística, tema todavía muy a la zaga de las reivindicaciones de las organizaciones, pero que gradualmente ha comenzado a ser tratada por algunos sectores que, por la naturaleza de sus labores, lo han ido asumiendo con mayor preocupación (profesores, escritores, poetas, monitores etc.).

Como las iniciativas a favor del desarrollo de nuestra lengua no pueden ser implementadas de forma dispersa, se requiere estimular la creación de organismos que realicen acciones específicas a favor del mapuzungun, las que con un amplio y consensuado soporte político debiera preocuparse del desarrollo de los dos aspectos centrales de una política de normalización lingüística en favor del mapuzungun: la planificación del estatus y la planificación del corpus. Con el primer aspecto se trataría de normar y promover el uso del mapuzungun en el espacio público. En primer lugar en la educación, colocando especial énfasis en la inmersión lingüística plena en mapuzungun de los(as) pichikeche tanto en el medio rural como en el urbano. Así mismo, promover los nombres propios en mapuzungun en el Registro Civil y en los hospitales. También hacer uso del mapuzungun en toda la señalética, restaurando en los casos que correspondan la toponimia original en mapuzugun y el cambio de los nombres de calles y comunas, especialmente en situaciones como Puerto Saavedra, cuyo nombre representa una ofensa a la memoria mapuche.

Con la planificación del corpus, se pretende adaptar la lengua a las necesidades contemporáneas de nuestros actuales o futuros hablantes, lo que pasará por una intervención deliberada en el mapuzungun, cuya tarea principal, sin lugar a dudas, es la adopción definitiva de una forma de escritura. Despejado esto se debe avanzar en la elaboración de gramáticas, diccionarios, y la creación de nuevas palabras que permitan hablar del mundo contemporáneo desde el mapuzungun.

Sin embargo, el punto de partida para el éxito de cualquier política lingüística radica en la voluntad de los hablantes y de todo el Pueblo Mapuche. Por más planificaciones y medidas que se ofrezcan, el aumento de la deslealtad con el mapuzungun (que actualmente se manifiesta en diversos grados y de distinta maneras) hará estéril cualquier esfuerzo para su revitalización y desarrollo como lengua propia del País Mapuche.

Retorno planificado de la diáspora mapuche

Hemos señalado que sobre la base del Ngulumapu y según el censo del 2002 la población mapuche en el Wallmapu es de 323.131 personas constituyendo el 53,62 por ciento respecto al total mapuche (604.677), aumentando la centralidad del Wallmapu como espacio de lucha política. Sin embargo, esta cifra sólo constituye el 15,70 por ciento respecto al total de la población. Esta situación genera debilidad ante el poder político. Por ello postulamos la necesidad de crear un equilibrio demográfico y político, atrayendo y concentrando a la población mapuche en un marco territorial. Las principales dificultades que tiene en la actualidad esta estrategia, radican en la ausencia de condiciones económicas y materiales, tanto para evitar la continuidad de la emigración, como para lograr el retorno de un número importante de personas hacia el País Mapuche.

Para alcanzar el objetivo mencionado, se requiere el diseño de un Plan de Retorno al País Mapuche, dirigido a la población de la diáspora –sobre todo la que se encuentra en la Región Metropolitana– que permita atraerla, en primer lugar, al interior de los límites de la proyectada región autónoma (Región de la Araucanía más comunas adyacentes). Para tener una referencia sobre el esfuerzo que hay que desplegar en torno a esta empresa ofrecemos una cifra. Para lograr tan sólo un equilibrio demográfico al interior de los límites de la nueva región propuesta, se requerirá el retorno de unas 296.339 personas. Esta sola cifra refleja la magnitud de la tarea y la obligación de trabajar de manera planificada y consciente.

La primera tarea que se debe contemplar en el Plan de Retorno será la creación de un Departamento para el Retorno, tanto en el País Mapuche (Temuko) como en la Región Metropolitana. Este organismo será responsable de crear las condiciones materiales, así como estimular, organizar y apoyar a las personas o familias que deseen volver al Wallmapu. En una primera fase, este Departamento debe contribuir a generar un «ánimo y ambiente» para el retorno, con iniciativas tales como: «Trabajo Voluntarios» de jóvenes mapuche de la diáspora en el País Mapuche y «Campamentos Infantiles» de niños y niñas mapuche. Iniciativas que al mismo tiempo que aportaran una alternativa de solidaridad y recreación, generaran actitudes de compromiso, conocimiento y afectividad hacia el País Mapuche. En una segunda fase, este Departamento deberá ofrecer espacios y apoyos reales a los individuos o familias mapuche que retornen, como el acceso a la tierra, a fuentes laborales, y alternativas de estudios en todos los niveles.

Si bien reconocemos las enormes limitaciones que la precariedad económica actual impone a una estrategia de retorno como la que esbozamos, también identificamos dos factores relevantes que pueden contribuir a su éxito. En primer lugar, la poca distancia geográfica que media entre la Región Metropolitana y el Wallmapu para una empresa con proyección histórica, ya que la población del retorno no tendría que cruzar «mares ni montañas». Al contrario, un viaje en bus desde la Región Metropolitana hacia el País Mapuche se hace en una noche de viaje. En segundo lugar, bajo condiciones de estabilidad laboral o educacional, el Wallmapu representaría un lugar dotado de un ambiente social, cultural y natural más adecuado para mejorar la calidad de vida de la población mapuche retornada. Sin duda un mejor País / Azkintuwe

* Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica ; Master d’ iniciació a la recerca. Programa de Doctorat en Ciència Política i de l’ Administració : Governar les Societas Complexes. Departament de Ciència Política i Dret Públic. Universitat Autònoma de Barcelona, Catalunya. Miembro del Centro de Estudio y Documentación Mapuche Liwen de Temuko, Wallmapu.

** Artículo publicado en Periódico Azkintuwe Nº15, Agosto de 2005. Pág. 12, 13 y 14.


https://clajadep.lahaine.org