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Importante contradicción cultural venezolana: Sector del mundo de la cultura propone Constituyente cultural “hacia un golpe de estado de la institución decimonónica”

05.09.05

Entrevista con Francisco Sesto Novás, ministro de la Cultura de Venezuela.

ENcontrARTE: Ministro, hay mucho por hacer y mucho se está haciendo en materia de Cultura. En cada una de las áreas de actividad artística y cultural se presentan temas particulares que merecerían atención, pero hoy no pretendemos preguntar sobre cada aspecto, sino centrarnos en algunos cuestionamientos de carácter general que se hacen a su gestión. Deseamos en esta oportunidad, representar los interrogantes de la gente que critica, tenga o no tenga razones, pero que participa, igual que usted, en la construcción de una nueva cultura, de una nueva sociedad. Usted nos permitirá ser todo lo irreverentes que seamos hoy, en aras de ir al fondo de las cuestiones y hacer llegar al público sus puntos de vista.
Algunos críticos piensan que lo que usted hace no es propiamente cultura, sino que más bien se acerca a la administración de recursos para el mundo cultural. Afirman por ejemplo, que se continúa el reparto de “subsidios”, a través del “embudo”, mas cantidad para los “grupos de prestigio, reconocimiento e infraestructura”, los de la lista “repic”, y “amigos” de funcionarios de turno, que tampoco presentan rendición de cuentas, o ¿es que los que tienen millardos asignados llevan las facturas para comprobar sus gastos?, es decir, sigue viva la cultura como instrumento mercantil ¿Qué puede contestar?

FS: Esto es tema para una conversación larga, pues larga y ancha es la sensibilidad en relación al tema de los subsidios. Allí hay resentimientos, disputas, celos, oportunismo, revanchismo y muy poca tranquilidad. Es, desde luego, lo que sucede, cuando se ve al Estado estrictamente como un suministrador de recursos financieros. La historia de la lucha por los subsidios, desde que estos comenzaron, es una historia de cuchillos afilados y muertos en el camino. Digo muertos metafóricamente, por supuesto. Si me aceptaran que lo definiese en términos personales, diría que ese tema ha resultado la peor pesadilla para la gestión que estoy dirigiendo. Es una cultura, hay que decirlo, establecida por la cuarta república y en las condiciones de la cuarta república. Quiero aclarar, para ponernos de acuerdo, que cuando hablamos de subsidios estamos hablando de aportes financieros sin obligaci&oacut e;n de retorno, a organizaciones no gubernamentales. No son créditos. Pero tampoco son subsidios en el sentido en que lo define el diccionario, es decir, no son ayudas extraordinarias. No. En muchísimos de los casos, creo que en la mayoría, son aportes que se convierten en la espina dorsal, en el elemento financiero esencial, estructural, de esas organizaciones privadas. Esto lo hacía justamente la cuarta república porque, salvo excepciones, no concebía al estado haciendo otra cosa que dando recursos. Y con eso compraba conciencias, aplacaba sectores y desarrollaba un clientelismo lo suficientemente condicionado como para que le sirviera a sus fines.

ENcontrARTE: ¿Y ahora qué pasa?

FS: Que algunos grupos que se dicen afectos al proceso, en vez de cuestionar el modelo, que es de naturaleza dudosa y que hay que ir transformándolo a fondo, tal como lo tratamos de hacer a pesar de las presiones, piensan que lo que hay que hacer es modificar el listado de los beneficiarios. Hablan contra los grupos “de siempre”, contra lo que llaman el “embudo”, y a veces se extralimitan y llegan a referirse a los “amigos de los funcionarios de turno”. Yo cuestiono todo eso. No sé trata de quítate tú para ponerme yo. Creo que por ahí no va la cosa. No se trata de eliminar o castigar a unos grupos para substituirlos por otros. Es obligatorio cambiar el modelo.

Nosotros hemos tratado seriamente de universalizar y democratizar el sistema de acceso a esos recursos. Establecimos mesas de discusión, que aunque no hayan funcionado como debieran, son una buena oportunidad para confrontar criterios. Establecimos cuotas de aportes por estados, para que la mayoría de los recursos no se quedase en la zona central y en Zulia, como antes sucedía. Establecimos cuotas por área de actividad, para que no todo se fuese a música, teatro y danza, como también sucedía. Pues pensamos que hay otras áreas que deben contar con el apoyo en igualdad de condiciones. Me refiero a actividades como las del mundo editorial, las del cine y audiovisual, las de las emisoras comunitarias, páginas web, etc, que no eran actividades tradicionalmente subsidiadas o lo eran en muy escasa medida. Pero también diseñamos nuevas formas de relación con los grupos al m argen de los subsidios, como se ha manifestado en el apoyo a giras, convenios de producción, contrataciones para actividades puntuales y así por el estilo. Pongo por ejemplo, los encargos a las cooperativas de cine y audiovisual, los concursos como el Yulimar Reyes, las giras del Madera, Sontizón, Lloviznado Cantos, y tantos otros grupos, la cantidad de artistas que han sido contratados para los eventos nacionales e internacionales, los certámenes mayores y todas esas nuevas formas de relación, sabiendo siempre, por supuesto, que los recursos son limitados.

Y ahora, este año, el directorio del CONAC tomó una decisión importante que es la de no asignar a ninguna institución o grupo, a través del plan de subsidios (lo que se conoce como el PFC), más del cincuenta por ciento del presupuesto que van a ejecutar. O sea que las instituciones privadas, no pueden ser financiadas de forma integra o mayoritaria por el Estado, por encima del 50% de su presupuesto, pues eso está en contradicción evidente con su carácter privado. Esto ha causado un revuelo grande pero creemos que es una buena decisión y que no hay vuelta atrás. Si son organizaciones privadas deben conseguir, al menos, el cincuenta por ciento de sus recursos. Eso lo hemos dicho y lo estamos cumpliendo.

ENcontrARTE: ¿Y con respecto a las facturas y gastos?

FS: Déjenme decirles que, por ley, el dinero de los subsidios sigue siendo dinero público, aunque se ejecute por vía privada. Está sometido a controles de auditorias que se supone, salvo que haya razones y pruebas en contrario, que son serias e imparciales. Hablar de favoritismo en las contralorías internas es una acusación de corrupción. Pura maledicencia gratuita. Habría que sustentar esa acusación en pruebas y yo estoy seguro de que no existen. Al menos no existen de una manera estructural. Todo lo demás son chismes e insidias irresponsables producto de los resentimientos. La ley se está aplicando igual para todos y, por cierto, con ánimo, no de castigar, sino de apoyar las distintas manifestaciones culturales. Los auditores tienen instrucciones de ser estrictos pero compresivos con las dificultades propias de la naturaleza del trabajo cultural.

Otro día les hablaré de los subsidios a las instituciones públicas porque eso es una historia también de locura. Universidades, gobernaciones, alcaldías, que crean instituciones culturales, las controlan estatutariamente, las dominan, pero no las apoyan. No les dan recursos. Entonces ¿Para qué las crean? Ahí tenemos un asunto importante. Si el Ministerio de la Cultura les retira el apoyo, estas instituciones entran en una gran crisis. Eso es parte del problema que tenemos.

En definitiva y para resumir: No creo que el papel fundamental del Estado en materia cultural sea repartir recursos a las instituciones privadas. No creo que, en todo caso, esa distribución se haya hecho en forma perfecta. Yo soy el primer crítico, aunque sostengo que hemos mejorado mucho. Creo, además, que la presión en demanda de más ayuda se produce porque los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías, en la mayoría de los casos, no contemplan recursos suficientes para apoyar a las organizaciones de alcance regional y local. Anoto allí un lugar importante para la lucha ciudadana. Exigir mayores presupuestos para la cultura en los municipios y en las gobernaciones.

ENcontrARTE: ¿Cuántos grupos o proyectos culturales se benefician de esta política?

FS: Directamente, a través del Plan de Financiamiento Cultural al Sector Privado, alrededor de dos mil seiscientas instituciones o grupos en todo el país. La ley exige que tengan personalidad jurídica y establece unas ciertas normas. El total de la partida alcanza a cuarenta y siete millardos.

ENcontrARTE: ¿Qué le respondería a algunos críticos que sostienen que regalar libros no ayuda a incentivar la lectura?

FS: Que no estamos negados a las observaciones de esos críticos. Que estamos abiertos a todas las ideas para convertir a Venezuela en un país de escritores y lectores. Que por favor nos ayuden a establecer políticas realistas para conseguir ese objetivo. Y cuando digo realistas, digo que se sostengan financieramente y tengan sentido desde el punto de vista de las posibilidades logísticas con que cuenta el Ministerio de la Cultura. Este año entra en funcionamiento la gran editorial popular que va a editar al menos dos mil títulos de aquí al final de 2006. Este año se están abriendo 22 librerías más de la red Kuai Mare para alcanzar las 46 librerías que estarán presentes en todos los estados. Estamos en vías de montar la imprenta de la cultura. Recuperamos la revista Imagen que está saliendo cada dos meses y en 2006 será ya mensual. Recuper amos Monteávila, como está a la vista de todos los ciudadanos.

Lo mismo con la Biblioteca Ayacucho que tiene en proceso, según la última información, 48 títulos nuevos. A Plena Voz ya editó un millón trescientos mil ejemplares. No sé cuál es la cifra millonaria del tiraje de Todosadentro, pues salen semanalmente unos doscientos cincuenta mil ejemplares y ya estamos en su segundo año. Las ferias están llegando a todas partes. El Ministerio está presente con sus libros en los megamercados populares. Todo eso está al servicio de una política. De modo que no se trata sólo de regalar libros. Pero, ¿por qué no se pueden obsequiar libros a los sectores populares, para incentivar en ellos la lectura? ¿Qué tiene de malo? ¿No se hacen carreteras a fondo perdido? Una edición de un millón de Quijotes es una carretera del espíritu. Es por eso que lo seguiremos haciendo. < /p>

ENcontrARTE: ¿Porqué cree usted que existen voces bolivarianas que critican su gestión?

FS: Siempre es bueno que haya críticas y que haya lugares para la discusión. He tratado de construir esos lugares y de dar la cara siempre que he podido. No me refiero sólo a mi en lo personal, sino a todos los responsables de la actual gestión de la cultura. Si no hemos sabido hacerlo mejor en muchas oportunidades, debemos aceptar las críticas, las sugerencias y hasta los regaños. Tenemos fallas y estamos conscientes de ello. También sabemos casi siempre dónde se originan las fallas. Manejar el aparato del Estado es realmente difícil. Bienvenidas, pues, las críticas solidarias, fraternales, bolivarianas, revolucionarias. Lo que no acepto ni voy a aceptar nunca es el antagonismo envenenado, producto de rencillas y del individualismo de algunas figuras. Me produce dolor cuando lo sufro de parte de algunos que se dicen revolucionaros. Cuando veo que lo que buscan es la descalificac ión por cualquier medio. Nunca, o casi nunca, les he contestado. Trato de reservar la energía para debatir con la oposición de verdad, la que añora la gestión cultural puntofijista.

ENcontrARTE: En una entrevista que publicamos recientemente se dice, criticando su gestión, que “la inclusión comienza por permitir que todos tomemos decisiones. O que al menos entendamos los criterios con que se toman las decisiones”¿Cuán participativa es la política de su ministerio?

FS: Díganlo ustedes. ¿Por qué no contesta Encontrarte esa pregunta? Yo dirijo una gestión absolutamente participativa. Busco la participación a fondo en todo lo que es esencial. Pero sería bueno intercambiar puntos de vista sobre la verdadera naturaleza de la participación. Algunos piensan que se reduce a levantar la mano y pedir la palabra en algunas asambleas. Yo tengo una visión un poquito más compleja y completa de lo que es la participación. Creo que ahora, como nunca antes, se han abierto posibilidades de participación del pueblo para que éste se haga dueño de los espacios culturales. Digo del pueblo, no sólo de aquellos que dicen representarlo. Pero esto puede ser tema de otra conversación. Es un tema importantísimo. Yo he hecho del esfuerzo por la inclusión la guía de toda nuestra política.

ENcontrARTE: Un sector del mundo cultural sostiene la necesidad de una Constituyente Cultural. En la entrevista que acabamos de mencionar se dice que “Cultura y revolución son términos sinónimos. La Constituyente cultural va hacia eso. Va hacia un golpe de estado de la institución decimonónica social, política, cultural. Nosotros los artistas no necesitamos al Ministerio de la Cultura , el Ministerio de la Cultura necesita de nosotros los ciudadanos y los ciudadanos artistas. De este encuentro es desde donde va salir un ciudadano artista y además, revolucionario?” ¿Qué responde?

FS: Me gustaría, sinceramente, que me aclaren un poco que es eso de la Constituyente. Lo he oído como reclamo y como consigna. Lo he oído bastante. Pero no conozco bien la idea y la forma de realizarla. Yo entiendo que una constituyente, para que se dé, precisa de varias condiciones. Vamos a ver si están de acuerdo conmigo. Por ejemplo, tiene que tener un objetivo claro. En el caso de la Constituyente Bolivariana que impulsó el Presidente, el objetivo era, justamente, producir una nueva Constitución. ¿Cuál sería ese objetivo en el caso de una Constituyente Cultural? ¿Una ley orgánica? ¿Un conjunto compacto de nuevas leyes y la eliminación de las existentes? ¿Es eso posible, trabajarlas como un Conjunto? ¿O se trabajarían por separado? Pero entonces ¿En qué consistiría el carácter de constituyente? Y adem ás ¿Cuáles serían esas leyes?.

Por otra parte, una constituyente necesita unas reglas de juego y unos plazos. ¿Quién determina cuáles son unos y otros? ¿Quién participaría en ella y de qué forma? ¿Cuánto tiempo tendríamos para ello? ¿Elegiríamos representantes o constituyentes como en el caso de la Constitución Bolivariana , o nos lanzamos a un asambleismo puro y simple? ¿Quién llevaría el registro de ese asambleismo? ¿Con que métodos? ¿Cómo se consolidaría el producto de tantas voluntades, entendiendo que no todo el mundo piensa igual?

Me preocupa especialmente el tema de la participación. Si queremos ser serios tendríamos que diseñar un sistema que garantizase que toda la población, todos los pueblos originarios, todas las comunidades, todas las culturas, los dieciséis millones de venezolanas y venezolanos adultos, los veintidós mil quinientos centros poblados, todos, participasen activamente en la constituyente. No hacerlo así, no sería serio ni revolucionario. Me pregunto si estamos en capacidad de emprender una tarea semejante. Me pregunto también de donde saldrían los importantes fondos que se necesitarían para llevar a cabo esa tarea. Y si valdría la pena. Tal vez sí, no lo niego. Depende del objetivo. Pero ¿no habría otras formas de alcanzarlo? ¿Paralizamos la gestión pública cultural para dedicarnos a una labor tan inmensa y absorbente? No lo tengo claro. Por eso digo que me gustaría ver un proyecto al respecto que sea razonable. Mientras tanto, lo veo nada más como una consigna que puede ser orientadora pero que también puede enredar las cosas. ¿No estaremos jugando con veleidades utópicas? Me gustaría que alguien me respondiera estas preguntas precisas sobre la factibilidad del planteamiento.

Ahora bien, si los que lo plantean, según ustedes me cuentan, no necesitan al Ministerio de la Cultura ni a la vieja institucionalidad a la cual llaman decimonónica, entonces ¿Por qué no emprenden de una vez esa tarea? Eso se llamaría consecuencia entre las palabras y los hechos.

ENcontrARTE: El Artí­culo 26 del decreto sobre Organización y Funcionamiento de la Administración Pública Central establece 10 competencias para el Ministerio de Cultura. ¿Las políticas que el ministerio lleva adelante, se enmarcan en esas competencias y expresan el pensamiento ideológico-polí­tico-cultural revolucionario y bolivariano?

FS: El único pensamiento ideológico-político-cultural revolucionario y bolivariano que yo, como Ministro de la Cultura , puedo reconocer y al cual me debo, es el contenido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que el pueblo discutió y aprobó en referéndum. Ese pensamiento constitucional es nuestra guía. Sigo también las instrucciones del Jefe del Estado y líder de este proceso con respecto a las grandes estrategias que el gobierno se traza. A partir de allí, me muevo institucionalmente con la mayor libertad del mundo. No me pongo trabas, ni nadie me las pone. A mi, en lo particular, no me agrada referirme a tareas ideológicas. Le tengo una cierta reserva a la palabra ideología. Se presta a muchas incomprensiones y a diferenciar, más que a unir. Prefiero hablar de nuestro compromiso con la tarea de elevar el nivel de concie ncia. Creo que ese el punto. Creo que, si tuviéramos que resumir todas las funciones del Ministerio en una, yo elegiría esa: Elevar el nivel de Conciencia. Ese es el trabajo que intentamos hacer todos los días.

ENcontrARTE: Sabemos que el Urbanismo y la Arquitectura son áreas históricamente olvidadas por las instituciones culturales y que usted tiene previsto rescatar mediante una política especi­fica. Pero esta iniciativa, no ha sido percibida por la sociedad, quizás sea por la impaciencia y la ansiedad de hacer algo. En una carta que nos llega se dice que “humilla la agresión contra los pocos espacios amables que pudiera haber tenido la ciudad de Caracas y que llama la atención el silencio del ministro de Cultura”. Nos parece sentir un clamor generalizado ¿Qué hacer?

FS: Recojo de muchos sectores del pueblo, una gran preocupación sobre la gestión a nivel municipal en diversos lugares del país. Pero debo recordar que la comprensión del fenómeno urbano en toda su complejidad es una carencia generalizada en la sociedad venezolana. Tal vez debido a la extendida práctica de políticas populistas (no populares, insisto, sino populistas) por parte de los gobiernos de la cuarta república que hicieron mucho daño en el pasado y que siguen teniendo vigencia cultural, lamentablemente. Hace un rato hablábamos de la necesidad de elevar el nivel de conciencia. Conciencia no sólo del conjunto de los ciudadanos, sino también de los gobernantes locales, alcaldes, concejales y miembros de las juntas parroquiales, sobre cuales son sus compromisos con la ciudad.

ENcontrARTE: De todo lo que usted ha realizado hasta los momentos,¿cuáles son los logros y que queda aún por resolver?

FS: Supongo que se refieren al trabajo en la gestión pública de la cultura. Bueno. Estoy contento en haber contribuído a poner a la cultura en la vanguardia del proceso, junto con otras disciplinas. No más avanzada que otras, pero al menos ya no más atrasada. Ahora la cultura ha sido asumida por el conjunto del pueblo como algo esencial en la transformación revolucionaria. Y sus manifestaciones tienen presencia. Ese es el logro principal. Es indudable. La cultura se está sintiendo. Me complacen también los cambios institucionales que avanzan muy deprisa, la creación de las plataformas para garantizar que el estado pueda cumplir con sus funciones, el aumento en la producción audiovisual y editorial, el trabajo con las comunidades, las políticas de inclusión social y territorial que se han generalizado, el diálogo con el mundo a través de los event os internacionales que están llegando a todo el país y de los encuentros hacia la integración… en fin, muchas cosas. ¿Qué queda por resolver?. ¡Es tanto lo que falta! Pero antes de que finalice el 2006 si seguimos como vamos, haremos un balance que seguramente será bien favorable. Entonces se dibujarán las metas para el segundo período de gobierno. Quienes me releven al frente de la gestión cultural, estoy seguro que tendrán un buen punto de partida para esa segunda carrera. En resumen: siento que vamos bastante bien, a pesar de las fallas y las equivocaciones.


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