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Resistencia, autonomía y sustentabilidad

21.12.05

Lucio Díaz Marielle

Revista Rebeldía
http://www.revistarebeldia.org

Cientos de comunidades rurales han mantenido a través de sus saberes, formas de organización y sistemas normativos, diversos mecanismos y estrategias para integrar la vida comunitaria, la producción y el aprovechamiento de sus recursos naturales, que reafirman prácticas de democracia directa, estrategias de cooperación, reparto equitativo de beneficios, y que tienden a generar condiciones favorables a los atributos de la sustentabilidad. Asimismo, han desarrollado iniciativas enfocadas al manejo integral de sus territorios.

De hecho, los pueblos siguen practicando formas propias de gobierno y rigiéndose por sus sistemas normativos. El sistema de cargos es una forma compleja de autogobierno local, integrada en las comunidades y municipios a través de los siglos. Que no es infalible pero que ha mostrado su flexibilidad y coherencia y su capacidad para coexistir con el Estado moderno y resistir a las políticas neoliberales.

Sin embargo, la historia confronta cada vez más a los pueblos y comunidades indígenas con los cacicazgos y poderes regionales, con las empresas (o los capitales) que pretenden apoderarse de sus tierras y sus recursos, con los funcionarios y representantes de la clase política, y con el Estado mexicano en su conjunto. Esta confrontación tiene a muchas localidades enfrascadas en emprender un camino propio, a contrapelo de todo lo que pesa sobre ellas1.

Las políticas neoliberales cubren las regiones con una telaraña de decisiones tomadas desde otro lugar y en otro tiempo, buscan imponer significado a la existencia de los pueblos, mientras invalidan y excluyen las iniciativas locales propias, cerrándole cada vez más las puertas a diversas iniciativas y esfuerzos regionales.

La reflexión y el análisis entre los pueblos indios y campesinos y las organizaciones que los acompañan, se expresa en diferentes foros y reuniones, ahí se intercambian experiencias de lucha y resistencia, se detalla en el diagnóstico y se afinan las propuestas. Algunas de las preguntas que guían esta reflexión: ¿Cómo operan los caciques y grupos locales de poder en las regiones? ¿Qué papel juegan programas oficiales como Procede, Procecom, Progresa, Procampo?

¿Qué nuevos mecanismos de despojo amenazan los territorios indígenas? ¿Cómo impactan en las regiones los planes geopolíticos del neoliberalismo? ¿Cuáles son las tendencias de las políticas agrarias, forestales y ambientales? ¿Qué impacto tienen las nuevas reformas legales sobre los recursos estratégicos del país?

¿Qué proyectos emprender al interior de las comunidades o municipios para defender por lo menos el breve espacio de una autonomía que no cuenta con los paraguas legales de legislación alguna? ¿Qué capacidades es necesario fortalecer? ¿Qué tipo de desarrollo queremos en nuestras regiones? ¿Cuáles pueden ser las fuentes de financiamiento para llevar a cabo proyectos?

La Sexta Declaración: generando debates centrales

La Sexta Declaración de la Selva Lacandona ya generó debates más allá de las reuniones preparatorias para La Otra Campaña. Desde la perspectiva ambiental, nos interesa retomar la discusión entre Neil Harvey y Víctor Toledo en torno a la Sexta Declaración, la ecología, las luchas de resistencia indígenas y la sustentabilidad en el contexto neoliberal, así como la respuesta del Subcomandante Marcos.

Toledo (La Jornada 18-7-2005), fiel a su planteamiento, nos recuerda que hay una serie de experiencias de resistencia en el México rural e indígena basadas en el control de los territorios, la producción ecológica, y los principios de un “desarrollo sustentable”. Nos dice que por otro lado, en otra “modalidad” está el proceso impulsado por el EZLN mediante los caracoles, que desde su análisis ha quedado rebasado.

También critica la Sexta Declaración afirmando que no toma “como referente central el mundo de la naturaleza” y que no toma en cuenta a los pueblos indios, critica a “la gran mayoría” de los intelectuales ligados al neozapatismo, por no haberse percatado “de la existencia de esa otra resistencia de carácter indígena que, en paralelo, ha crecido más y ha sido más exitosa en su empeño por controlar los efectos de la globalización neoliberal”.

Finalmente plantea una incongruencia dentro del EZLN que “retorna a sus antiguas obsesiones metaterritoriales” sin ser capaz de “visualizar y poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios”, ésta tendría que darse a través de un “proyecto alternativo de gestión de los recursos naturales, el uso de la ciencia y la tecnología, la democracia local, la producción y los mercados, la salud y la alimentación, la administración, la educación y la cultura”.

Dice Toledo: “Sorprende que (el EZLN en la Sexta Declaración) decida unir sus esfuerzos a campesinos, trabajadores, obreros, estudiantes, mujeres, jóvenes, homosexuales, lesbianas, transexuales, sacerdotes, monjas y luchadores sociales, y que no haga una sola referencia a miles de comunidades indígenas volcadas a la búsqueda de la sustentabilidad”.

El Subcomandante Marcos le dice a Toledo que no leyó con atención y que editó el texto para que diga lo que quiere que diga (Un pingüino en la Selva Lacandona). “Bueno, las partes que el señor Toledo editó de la Sexta Declaración dicen lo contrario. Por ejemplo, en el segmento donde se reconoce la existencia de resistencias y alternativas al neoliberalismo en México, y como primer lugar en la enumeración de ellas, se señala: Y así nos enteramos que hay indígenas, que sus tierras están retiradas de aquí de Chiapas, y que hacen su autonomía y defienden su cultura y cuidan la tierra, los bosques, el agua”.

“Tal vez el señor Toledo esperaba un recuento detallado de esas luchas indígenas, pero eso es una cosa, y otra muy diferente, y deshonesta, es decir que no se hace ni una sola referencia. En el recuento que hace el señor Toledo de los esfuerzos a los que el EZLN decidió unirse, ha cortado al primer grupo social al que se refiere la Sexta, que dice textual: Y entonces, según el acuerdo de la mayoría de esa gente que vamos a escuchar, pues hacemos una sola lucha con todos, con indígenas, obreros, campesinos, etcétera”.

“Y no sólo, el primer punto de la Sexta propiamente dicha señala: 1.- Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero ya no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino que por todos los explotados y desposeídos de México, con todo ellos y en todo el país. Y en el colofón de la Sexta se dice: Invitamos a los indígenas, obreros, campesinos… etcétera”.

Neil Harvey (La Jornada 14-8-05), por su parte, responde que si bien es cierto que los zapatistas no especifican los logros de las luchas de otros movimientos indígenas, es claro que están interesados en conocerlos más y compartir con ellos sus respectivas experiencias. “Por lo tanto, es probable y deseable que en las próximas reuniones con organizaciones indígenas y campesinas se empiecen a identificar puntos de acuerdo en torno a la defensa de los recursos naturales y la promoción de modelos autogestivos que, como ha señalado Toledo, existen ya en muchas regiones del país”.

Por otro lado, nos recuerda que los movimientos sociales —sean locales, metaterritoriales, o ambos a la vez— no son los únicos que están tratando de crear nuevas palabras, prácticas y significados ya que también los “neoliberalistas” son listos para apropiarse de las palabras e ideas progresistas de los movimientos sociales y principalmente de los de inspiración ecológica.

De esta manera, Neil Harvey propone que “hay que tener especial cuidado para que el gran esfuerzo invertido por las comunidades indígenas en sus luchas por la defensa de sus recursos naturales sirva al empoderamiento de todos sus miembros en todos los sentidos, y que no termine beneficiando a unos a costa de otros en alianza con las nuevas modalidades del neoliberalismo”.

En consecuencia, la otra campaña debe ser un espacio para debatir este tipo de problemas con el fin de aclarar cuáles son las consecuencias sociales, políticas y ecológicas de las diferentes estrategias de lucha contra las viejas y nuevas expresiones del neoliberalismo. Y debe ser un debate incluyente, sin descalificativos, pero con argumentos serios, honestos y abiertos a su revisión y mejoramiento.

Una preocupación es que la concentración en los proyectos agroecológicos locales pueda perder de vista problemas más grandes, como es la formulación de políticas de desarrollo en las que los indígenas no están incidiendo. Por esa razón “muchas organizaciones indígenas han decidido apoyar a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. La Otra Campaña ya incluye como referentes importantes a las luchas ecológicas y políticas de los pueblos indígenas donde sí están incluidas sus demandas”.

Sin descalificar los aportes del análisis de Toledo ni mucho menos a una diversidad de luchas que muchas organizaciones indígenas y campesinas llevan a cabo en todo el país, parece pertinente señalar la necesidad de indagar más sobre las posibles consecuencias de su inserción en la reestructuración neoliberal de los sectores agropecuario y forestal, su relación con la industria biotecnológica global, así como reflexionar sobre el papel que pueden jugar en la legitimación de estas políticas y de sus blindajes legales.

Finalmente Neil Harvey plantea otra preocupación central, nos dice: “las luchas por la sustentabilidad son muy valiosas, pero hay que ver si terminan facilitando la privatización de los recursos naturales, mediante contratos de acceso controlados por organizaciones sociales y si la distribución de los beneficios y costos es realmente equitativa”. Sin duda este debate será un aspecto central dentro del movimiento indígena y de la Otra Campaña, también hace falta entender el contexto y la particularidad de cada experiencia sin perder la visión de conjunto, cosa nada fácil.

El asalto a los bienes comunes

Para tener una visión más de conjunto parece pertinente introducir en esta discusión la depredación del medio ambiente orientada por la máxima ganancia de las empresas capitalistas, que en el caso de México ha sido catastrófico. Con la movilidad del capital, que se ha incrementado con la globalización, las empresas llegan, depredan y se van a otro lado. Esta es la historia, en México, de las plantaciones que introducen el monocultivo, de las concesiones forestales, de los ganaderos y de los petroleros o de las empresas pesqueras, este proceso de destrucción del medio ambiente ha venido acompañado de la erosión del ámbito duro de las comunidades indígenas y del tejido social en las diferentes regiones.

Una lectura más minuciosa de la descripción de Marx de la acumulación primitiva revela una amplia gama de procesos, entre ellos, la mercantilización y privatización de la tierra; la expulsión de poblaciones campesinas; la conversión de varias formas de derechos de propiedad —común, colectivo, estatal— en propiedad privada; la supresión del derecho de usar los bienes comunes; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de formas alternativas —indígenas— de producción y consumo; así como formas coloniales, neocoloniales e imperialistas de apropiación de recursos naturales.

Históricamente, buena parte de la eficacia de la expansión capitalista ha descansado en formas de producción, responsables durante los tiempos coloniales e imperiales de la ocupación y exploración de nuevos territorios y poblaciones, así como por el establecimiento de diversos flujos de mercancías e información. Las plantaciones, las minas, los proyectos de infraestructura a gran escala, las zonas procesadoras de exportaciones son ejemplos de poderosas intervenciones que transforman localidades en fragmentos del sistema mundial, incrementando dramáticamente las interconexiones entre diferentes áreas. Las fronteras económicas en expansión, especialmente las agrícolas y las ganaderas, también han desempeñado importantes papeles en la incorporación de nuevos territorios2.

David Harvey señala la aparición de mecanismos totalmente nuevos de acumulación por despojo. Como lo muestra el énfasis puesto en las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio sobre los derechos de propiedad intelectual, que apunta a vías por las que, mediante la patente y el registro, el material genético, plasma de semillas y toda suerte de productos, pueden ahora ser usados contra conjuntos enteros de poblaciones cuyas prácticas han jugado un papel fundamental en el desarrollo de dichos materiales y de los conocimientos tradicionales asociados a ellos, como bienes comunes3.

La mercantilización de la naturaleza en todas sus formas ha llevado al agotamiento de los recursos naturales comunes —tierra, agua, aire— y la creciente degradación del hábitat. Asimismo, la mercantilización de las formaciones culturales, las historias y la creatividad intelectual conlleva despojos de todo tipo. La corporativización y privatización de activos, hasta ahora públicos —como las universidades—, sin mencionar otras privatizaciones —del agua, de la energía, de los servicios públicos, etcétera— que han barrido el mundo, son indicadores de esta nueva ola de “cercado de los espacios y recursos comunes”.

No sólo se están privatizando los bienes nacionales sino que a estas privatizaciones que corresponden a la propiedad de lo colectivo y lo público, se le está sumando un nuevo tipo de privatización, de algo que nos pertenece a todos como humanos: se está privatizando la vida; se comenzó por privatizar los genomas y las moléculas de las proteínas, después las variedades de los jardines botánicos y los bancos de información y ahora se busca privatizar las áreas naturales protegidas4.

Privatizar la biodiversidad implica la privatización de las cuencas, de los mantos acuíferos, de los recursos estratégicos y de los minerales, y también del conocimiento tradicional de los pueblos originarios. Esto implica la privatización de bienes comunes que han sido gestionados y producidos mediante procesos y relaciones comunitarias extraordinariamente complejas y de larga duración.

El contexto del campo mexicano: despojos enmascarados, programas perversos y manoseos constitucionales

Los efectos de tratados comerciales y del abandono del campo son palpables: más de mil campesinos son expulsados diariamente del campo mexicano. Se incorporan de inmediato a diferentes cadenas de explotación capitalista como mano de obra desplazada y precarizada. Se abandonó la política de soberanía alimentaria, los gobiernos neoliberales han conducido al país a un estado de dependencia alimentaria sin precedentes y al desmantelamiento de la agricultura campesina y de los sistemas de producción y comercialización de los productos básicos para la alimentación de la población.

Planes de desarrollo impulsados por el gobierno federal como el de los Corredores Mexicanos, publicado por el gobierno de Zedillo o el Plan Puebla Panamá, retomado por funcionarios del gobierno foxista, insisten en que los campesinos tienen que salir del campo y concentrarse en grandes proyectos de agroexportación que estarían en manos de los capitales que sí tienen las condiciones para concentrar grandes propiedades de tierra y nuevas condiciones tecnológicas5.

Los programas diseñados para el campo parecen ir destinados a desarticular la vida campesina. Después de abandonar los apoyos al proceso productivo, se comenzaron a promover programas focalizados de combate a la pobreza —apoyos a la reproducción de fuerza de trabajo. En esta visión impuesta, los recursos no se asignan a las comunidades o sus asambleas, sino en lo individual a las personas, lo que genera disputas y desencuentros, propiciando la ruptura de los lazos comunitarios.

Con la reforma al artículo 27 constitucional, la expedición de la Ley Agraria y la instrumentación del programa Procede, las tierras ejidales o comunales pueden ser incorporadas al mercado de tierras, sea a través de contratos de enajenación de derechos ejidales (cesión, compra-venta o donación) o mediante la aportación de tierras de uso común que realizan los ejidos y comunidades a sociedades mercantiles. Aparecen y reaparecen nuevos y viejos mecanismos de despojo.

La guerra por el control del agua, la explotación minera o de la biodiversidad —entre otros recursos estratégicos— comienza a reflejarse ya en reformas legales y aparecen nuevos discursos conservacionistas. Resulta, por ejemplo, que ahora la compleja destrucción ambiental aparece como una gran contradicción del proceso de acumulación del capital, que ahora ambiciona la conservación de áreas de alta biodiversidad, convertidas por las nuevas tecnologías en bancos de recursos genéticos. Ahora el capital dice tener planes de conservación.

Se busca controlar y privatizar el agua, no sólo los servicios de abastecimiento, se establecen consejos de cuenca, bajo un nuevo marco legal, que permite que los dominen grupos empresariales, o se cambia la constitución para que los constructores de presas hidroeléctricas se vuelvan operadores de esos volúmenes. Se diseñan programas de Pago por Servicios Ambientales para el desarrollo de un mercado de bonos por captura de bióxido de carbono o de agua ¿Qué implicaciones tiene esta nueva generación de “subsidios” al campo? La industria de la prospección y la explotación minera ha retomado fuerza y avanza a nuevas regiones: deforesta, contamina y expropia tierras.

Asimismo, la contaminación con maíz transgénico ha sido dolosamente introducida a México —centro de origen y diversidad— por grandes transnacionales dedicadas al monopolio de la comercialización masiva de alimentos y semillas en el mundo. Con las grandes cantidades importadas de maíz transgénico de Estados Unidos y la introducción sospechosa a través de los centros de distribución de Diconsa, ese maíz se regó por el campo mexicano generando problemas que no sabemos dónde van a parar.

En este escenario, es que el poder legislativo ha aprobado —con la participación de todos los partidos— la Ley Monsanto, la Ley de Aguas Nacionales, la Ley de Minería y otras pendientes, como la iniciativa de Ley de Acceso y Aprovechamiento de Recursos Genéticos. Se trata de un brutal blindaje legal para abrir paso a la privatización de recursos estratégicos del país, complementado con normas oficiales y programas perversos, que ya causan inquietud y malestar entre las comunidades y entre diversos sectores de la sociedad6.

Voces de los pueblos indios en La Otra Campaña

“Y vamos con respeto mutuo, a intercambiar experiencias, historias, ideas, sueños… En México, vamos a caminar por todo el país, por las ruinas que ha dejado la guerra neoliberal y por las resistencias que, atrincheradas, en él florecen…Y tal vez encontramos un acuerdo entre los que somos sencillos y humildes y, juntos, nos organizamos en todo el país y ponemos de acuerdo nuestras luchas que ahorita están solas, apartadas unas de otras…” (Sexta Declaración de la Selva Lacandona)

En la segunda reunión preparatoria de La Otra Campaña, cita del EZLN con los pueblos, las comunidades y las organizaciones indígenas —planteada como columna de La Otra Campaña— llegaron los delegados de 59 organizaciones de 11 estados de la república más el Distrito Federal (Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Jalisco, Durango, Guerrero, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Hidalgo, Puebla, Veracruz y San Luis Potosí).

Entre los puntos discutidos y las propuestas emanadas de esta reunión destaca el planteamiento de que las luchas por la sustentabilidad van de la mano con las luchas por la autonomía y los derechos de los pueblos indios, asimismo se pone énfasis en la necesidad de la organización para resistir los intentos de privatización de tierras y los recursos naturales. Ahí se visualizó a la lucha en defensa del medio ambiente y la sustentabilidad, como inseparable de la lucha contra la depredación del capital.

Otro punto central es la recuperación y fomento de prácticas sustentables propias de las culturas indígenas, así como la generación de innovaciones tecnológicas y el diálogo de saberes, también el reconocimiento y apoyo a las mujeres en todas las áreas de trabajo comunitario y en sus organizaciones, el apoyo a las demandas de los indígenas migrantes, y finalmente, la relación del movimiento indígena con otros sectores en la construcción de un programa nacional de lucha.

Es importante notar que en esta reunión se denunciaron violaciones a los derechos humanos que se derivan precisamente de la represión ejercida en contra de las luchas indígenas en defensa de las tierras, los bosques y el agua. Por otro lado, varias organizaciones propusieron la realización de foros y talleres sobre los siguientes temas: defensa de las tierras, biodiversidad, agua, defensa del maíz nativo, autonomía, Plan Realidad-Tijuana, acuerdos de San Andrés, comercio justo, soberanía alimentaria y las mujeres.

El Consejo Indígena Popular de Oaxaca-Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM) considera que estos temas son articuladores de una resistencia que debe tomar como base el territorio y la autonomía. El grupo de trabajo del Congreso Nacional Indígena (CNI) busca que en los foros de discusión se enfaticen los procesos de privatización y despojo. Las Organizaciones Indias por los Derechos Humanos en Oaxaca (OIDHO) considera que las discusiones deben acompañarse de alianzas con otro tipo de organizaciones.

El papel de los pueblos en la conservación es claro. Lo expresa la Coordinadora N acional de Pueblos Indios (CNPI) al decir que la causa primordial que los reúne es la madre tierra. Y abundan más los compañeros de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca (UNOSJO) al explicar que plantas y animales son hermanos para ellos. Los saberes comunitarios son la base del cuidado de la madre tierra, como señalan los compañeros del Consejo de Cultura Mankeme, cada pueblo guarda algo de la ciencia y técnica de sus antepasados.

El Subcomandante Marcos recalca, en las palabras de clausura del EZLN, “…la importancia de los pueblos indios en la Ciudad de México… (ya que) la poca respiración que tiene la ciudad de México, es por el cuidado de los indígenas de sus tierras”. Como lo plantea la Comisión Indígena Nahua de San Pablo Oztotepec, Milpa Alta, no es casualidad, la conservación ecológica se debe a la tradición indígena.
El trabajo que realizan muchas de las organizaciones presentes en la segunda reunión preparatoria, está localizado en un territorio. Fueron muchos quienes hablaron de fortalecer la autonomía, los procesos locales, las experiencias en y para la comunidad. Sin embargo, no dejan de recalcar la importancia de compartir con otros y de las alianzas ante el avance neoliberal.

Los compañeros de Zirahuén, de Misión Bachajón, de Milpa Alta, compartieron experiencias de su trabajo en torno a los recursos naturales. El Caracol Autónomo “el Agua Azul de Zirahuén” informa: “la comunidad ha trabajado en la defensa de Zirahuén incansablemente: construyendo cerca de 15,000 m3 de presas de gavión de piedra, presas filtrantes de las que el agua sale filtrada al lago, presas de costales rellenos con tierra, más de 10,000 m3, también de tronco y rama más de 20,000 m3, en las barrancas que descargaban todo el asolve al lago. También presas de malla ciclónica para que se atoren la basura y los desechos afuera”. Las comunidades Ñahñú del Valle del Mezquital dejaron en claro que, como parte de su resistencia, consideran fundamental la implementación de proyectos de uso de sus recursos naturales.

Pero los logros no hacen desaparecer los conflictos, la represión y el despojo a los que se han enfrentado los pueblos indios en la defensa de su territorio y de sus recursos naturales. Las denuncias fueron muchas y no ocurrieron sólo en esta reunión. En otras reuniones preparatorias también estuvieron presentes los comuneros opositores al megaproyecto de la presa hidroeléctrica de La Parota y los comuneros de San Salvador Atenco, que compartieron su experiencia de defensa de su territorio.

La Unión Ciudadana Unihidalguense y el Concejo de Ancianos Ranchugubiña compartieron con los presentes la historia de las órdenes de aprehensión contra 20 de sus miembros por su lucha contra la injusticia y la privatización de bienes comunales y de recursos naturales; Nación P’urhépecha denunció que paraestatales como PEMEX y la CFE, haciendo uso de una serie de artimañas, se apoderan de sus tierras y las destruyen; en la Sierra de Manantlán, se está sufriendo el acoso de transnacionales por la apropiación de sus recursos naturales, Monsanto realiza estudios genéticos con maíz; en Ixtlán de Juárez, Oaxaca, la Unión de Comunidades Cafetaleras se enfrenta a los modos caciquiles del gobierno local; en Pátzcuaro, las concesiones para proyectos turísticos han acabado con el lago, y algo similar se pretende para Zirahuén; la UNOSJO denuncia la contaminación de su maíz y la destrucción del tejido comunitario por medio de programas gubernamentales; en Xochimilco se sufre el doble embate contra la identidad por un lado y contra la naturaleza y el territorio por el otro; la CNPI se pronunció en contra de la venta de la tierra y del programa Procede; y, como ellos, muchos otros.

Además de las denuncias específicas, se señalaron otros embates de los planes neoliberales. La privatización y las leyes que la permiten, el Plan Puebla Panamá, el ALCA. Pusieron en evidencia la UNOSJO y el CNI que, al falso temor de que la autonomía de los pueblos fraccionara el territorio, los políticos respondieron fraccionando. Dice la UNOSJO: con la aprobación de leyes que privatizan los recursos naturales los diputados han dado el primer paso para que solamente se conserven pequeñas islas territoriales. El CNI habla “alto y fuerte” de la ley de aguas nacionales, la ley de minería, la ley de bioseguridad, la ley de acceso a los recursos genéticos y la reforma a la ley de propiedad industrial que permite patentar organismos vivos y conocimientos tradicionales de los pueblos.

Los riesgos que acarrean los embates contra las comunidades y sus territorios, y la aceptación de tecnología y programas sin la suficiente información sobre ellos, fueron señalados. Una compañera de UNOSJO denuncia que: “están acabando con nuestras comunidades, para que todo sea muy fácil para las empresas transnacionales: tomar nuestras tierras y recursos naturales”. En respuesta a la intervención de Huicholes y Plaguicidas, el Subcomandante Marcos responde “…tenemos que seguir estudiando sobre cómo está amenazando a la vida la tecnología orientada por la ganancia… no tenemos información, de por sí no la tenemos, y lo que está pasando es que los pueblos se convierten en promotores inconscientes de esta destrucción de la naturaleza”.

Como parte de su crítica a lo que llaman el “movimiento indígena institucional”, el CIPO-RFM expresa que “algunas de sus actividades (de las organizaciones que conforman el movimiento indígena institucional) apoyan, fortalecen, crean condiciones para el desarrollo de procesos comunitarios independientes, pero otras mediatizan, son freno a las iniciativas y movimientos sociales y comunitarios”.

En la Otra Campaña las propuestas abundan, el compromiso con la madre tierra y la actividad en su defensa son, de por sí, una realidad. Se habla del papel de las mujeres en la defensa del medio ambiente, de los esfuerzos necesarios para defender la cultura y el territorio, para construir y fortalecer la autonomía, para asegurar el patrimonio de los pueblos y de la nación, para continuar trabajando con los recursos naturales, por el bien común y de manera sustentable.

A las reuniones preparatorias asistieron también personas y organizaciones que han acompañado a los pueblos en esta lucha. En palabras del Subcomandante Marcos se expresa el deseo del EZLN de que en la Otra Campaña “…encuentren ellos un lugar digno, en el que reciban respeto y atención como cualquier otro, no más, pero tampoco menos”. Y es que en la Otra Campaña hay lugar para todo el que trabaje desde abajo y a la izquierda.

Así pues vemos que la sustentabilidad no está ausente en la otra campaña. Las organizaciones que están participando viven la crisis ecológica de forma cotidiana. También luchan por consolidar sus propias alternativas productivas sustentables como parte central de la renovada reivindicación de sus culturas. En su visión, la resistencia y la conservación van de la mano.

De la consolidación de la autonomía a un plan nacional de lucha

Entre abajo y más abajo, con otra agenda, los pueblos y comunidades campesinas e indígenas de nuestro país, que es México, siguen aportando iniciativas y experiencias de resistencia al despojo y a la explotación. Emprenden el difícil camino de construir nuevas formas para organizarse y gobernarse, para compartir la palabra se juntan con otros pueblos y otras comunidades, intercambian luchas y resistencias, comparten propuestas. Se organizan para impedir expropiaciones, desalojos, imposiciones, injusticias. Y también abren ventanas con proyectos propios.

Los esfuerzos locales crecen y atesoran experiencia en diferentes ámbitos: en el fortalecimiento de las formas de gobierno, de las instituciones propias y de la vida comunitaria, programas comunitarios de manejo integral de los territorios, de restauración o de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, de promoción de agricultura ecológica, proyectos productivos innovadores, cooperativas y empresas comunitarias, proyectos de comercio justo, mercados alternativos, programas educativos, escuelas y clínicas autónomas, centros de medicina tradicional, radios comunitarias, policía comunitaria, municipios y regiones autónomas.

Estas experiencias han mostrado la capacidad de recuperar la historia, los saberes, el potencial productivo, la biodiversidad y las identidades regionales; fortaleciendo las instituciones comunitarias —las asambleas, los sistemas de cargos, el trabajo colectivo, la fiesta y el territorio— y las capacidades locales en muy diversos ámbitos, y a través de distintos procesos de vinculación e intercambio entre diferentes actores comprometidos en construir relaciones interculturales horizontales.

Si bien múltiples experiencias a nivel local han logrado avanzar en la construcción de alternativas al neoliberalismo y han desarrollado estrategias para superar obstáculos, éstas sufren más que nunca los embates de las políticas nacionales, supeditadas a los lineamientos de los planes neoliberales a nivel local, nacional y global. Ninguno de los diversos esfuerzos y procesos de resistencia que en el México de abajo atrincherados florecen debe ser menospreciado, de ese arcoiris puede nutrirse lo que algunos llaman una modernidad alternativa. Un mundo donde quepan muchos mundos.

Los pueblos, las comunidades y las organizaciones están constantemente topando con una enorme pared impuesta o bien luchando enredadas entre las amables telarañas del poder. Si bien es fundamental fortalecer el difícil trabajo cotidiano de construir alternativas en los territorios, esto no basta y parece haber llegado a un límite, los globalizados procesos de explotación y despojo del capitalismo salvaje —y la compleja crisis ecológica y social— obligan, y más desde una perspectiva ambiental, a actuar en diferentes escalas y dimensiones, de lo micro a lo macro.

De esta manera, se hace cada vez más necesario seguir impulsando un trabajo de reflexión crítica y análisis conjunto, pero sobre todo hacernos corresponsables en el tejido cuidadoso de una alianza suelta, que además de abrir espacios importantes para compartir experiencias y denunciar despojos y represión, permita hacer frente a los embates neoliberales, y con respeto mutuo de los diversos procesos locales, avanzar hacia un programa nacional de lucha.

Sin duda la crítica, la autocrítica y el análisis a profundidad son herramientas que enriquecerán de manera significativa la construcción de un proceso de esta naturaleza. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona ya abrió un espacio para tender puentes e intercambiar experiencias, ahora comienzan a articularse las redes de la resistencia.

Notas:

1. Vera, Ramón. 2003. Nueva visita a las fronteras de la enormidad, revista Rebeldía núm.4, México.

2. Lins Ribeiro, Gustavo. 2003. Postimperialismo: cultura y política en el mundo contemporáneo, Gedisa, México.

3. Harvey David. 2003. Espacios de esperanza, Ediciones Akal, México.

4. Barreda, Andrés. 2001. “Ante una privatización generalizada”, Cuadernos Agrarios núm.21: biopiratería y bioprospección, nueva época, México.

5. Barreda, Andrés. 2004. “Invasiones invisibles, subsidios perversos, guerra continua”, Ojarasca núm.90, México.

6. Ribeiro, Silvia. “El Senado abre coto de caza para los biopiratas”, La Jornada 23-05-2005.


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