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Marcos con autoridades tradicionales huicholes

20.03.06

Domingo 19 de marzo de 2006

El delegado Zero se entrevistó con representantes de pueblos huicholes de Jalisco

Presionaron a gobernadores tradicionales para que no se reunieran con Marcos
HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Indígenas huicholes y el subcomandante Marcos saludan a la bandera y cantan el Himno Nacional en la comunidad Bajío del Tule, en la sierra Norte de Jalisco Fotos Víctor Camacho
Tutu Mayawi, Jal. 18 de marzo. “Agradecemos a la Tierra; nos sostiene. Por eso estamos en lucha. La madre no se vende. Que no a cualquiera de los hermanos wixáritari se le ocurra vender un pedazo. Es la lucha ante el gobierno y ante el invasor. Desde que nos acordamos a esta edad que tenemos, ha habido problemas de invasiones. Anteriormente luchábamos cada uno por su lado. Nada se podía hacer. Después nos unimos los hermanos de la región”, dice don Maurilio de la Cruz Avila, quien representa al consejo de ancianos de San Sebastián.

En un claro del bosque que se ha ido convirtiendo en lugar de reuniones para los pueblos wixáritari (huicholes) del norte de Jalisco, los gobernadores tradicionales de San Sebastán Teponahuxtlán, Martín Mijares, y de Tuxpan de Bolaños, Héctor Carrillo Medina, flanquean al subcomandante Marcos durante la recepción a la otra campaña en estos territorios. Los tres ocupan sendas uweni, sillas de dignidad, reservadas a las autoridades, presencias distinguidas y marakame.

Allí está la bandera de México, y para iniciar la reunión ya se entonaron el Himno Nacional en castellano y en wixárika, así como el himno zapatista, y José Carrillo, autoridad que conduce el acto, recordó que hoy se conmemora la expropiación petrolera de 1938, fecha que para este pueblo significa todavía mucho. Es un referente de su lucha.

Caen como lluvia las hojas secas. Es tiempo de secas, luego de un año de poca lluvia y la muerte en 2005 de tres importantes marakames (autoridades espirituales) en un mes.

También presiden la reunión Filomeno Carrillo de la Cruz, Magdaleno López Ibarra (autoridades agrarias) y el profesor Raureme, quien se encargará de traducir a su lengua las participaciones (que serán varias) del delegado Zero, pues aquí lo pusieron a trabajar y le pidieron explicar la lucha zapatista y luego las leyes neoliberales. Lo hacen cumplir un trabajo, como lo cumplen ellos mismos.

Llegan también representantes de las comunidades de Santa Catarina y Bancos de San Hipólito (esta última de Durango). Asisten decenas de indígenas que representando a su vez a miles de indígenas de todos los pueblos wixáritari al sur del Nayar.

Don Maurilio prosigue su notable discurso, dicho con elegancia y sencillez. “Algunos de nuestros planteamientos han sido atendidos por el gobierno, como un ‘Mejoral’ que nos dan para calmar el dolor. No tenemos más que los recursos naturales: bosque, pasto, agua, algunos sitios sagrados. Es lo que estamos conservando”.

Basta aproximarse a esta comunidad para ver cómo los bosques están mucho mejor conservados que los del municipio mestizo de Bolaños, invasor histórico de las tierras huicholas, no obstante que los indígenas poseen resolución presidencial, actas de posesión y deslinde.

“Aunque estamos en posesión, tenemos problemas con los invasores. La conquista no ha acabado aquí en la sierra. La riqueza que teníamos ya no es tanta, pero seguiremos luchando”, añade don Maurilio.

“Aquí, nosotros resolvemos los problemas internos, agrarios, de cultura. Los municipios (oficiales) no resuelven como queremos, respetan poco nuestras autoridades, pero cada año que cambiamos nuestra autoridad los municipios tienen que avalar que son representantes del pueblo.”

La asamblea es la autoridad máxima de los cuatro pueblos wixáritari presentes y adherentes de la Sexta declaración de la selva Lacandona. “Nos sentimos parte de ella”, dirá más tarde un joven representante de San Sebastián.

Don Maurilio describe: “Cada año peregrinamos a nuestra raíz, donde llevamos ofrendas y las entregamos a los dioses que residen en este planeta. Ellos son los que llueven. Ellos son los que nos sostienen”. Cuenta que estos pueblos tienen 24 centros ceremoniales, donde permanecen los jicareros velando la naturaleza.

Toma la palabra José Carrillo y habla sobre la centralidad del maíz en esta vida. “Lo estamos conservando por recomendaciones ancestrales”. Hoy mismo está viajando a Curitaba, Brasil, un representante wixárika para participar en un congreso contra las semillas Terminator.

Las tortillas que se ofrecen a los visitantes, hechas con los diferentes granos de esta tierra, poseen un sabor extraordinario. Lo opuesto al no mundo de la “Maseca” industrial. Como explica José Carrillo, aquí cultivan maíz azul, amarillo, negro, blanco, colorado y pinto. “El maíz habla, sólo nosotros lo entendemos”. (Se refiere a que, según la sabiduría local, los marakame “traducen” el maíz, pues los granos son parte de las familias, son sus antepasados.)

La reunión transcurre en riguroso bilingüismo, lo cual le da un ritmo más pausado y rural. Es, posiblemente, la reunión más larga y menos cansada de la otra campaña. Marcos expone que la ley fundamental del capitalismo “es que todo se convierta en mercancía”, y ofrece un recuento de los lugares que la otra campaña ha visitado, encontrando la confirmación de que los ricos quieren poseer a las mujeres y los hombres, la tierra, el agua, el aire, la historia y la dignidad.

El delegado Zero advierte: “Para qué esperamos a que vengan por nosotros. Nosotros vamos por ellos”, en palabras que resumen la intención de la otra campaña, la cosecha de voluntades que busca unir luchas y experiencias de todo el país. En pocas partes se encuentran experiencias de autogestión y lucha hacia delante, como aquí en la huichola y en los municipios autónomos de Chiapas. Aquí, como allá, los gobiernos funcionan sin cobrar, obedecen a sus pueblos y sólo cumplen un servicio.

Para los wixáritari este es un acto importante, pero también es simplemente “un día de trabajo”, como expresa José Carrillo antes de dar la palabra a don Jesús Lara, miembro del comisariado de San Sebastián y conocedor de las leyes neoliberales que amenazan a los pueblos. Don Jesús explica que desde 1993 se han reformado en México 20 leyes, todas en contra de los derechos de las comunidades.

“Lo bueno es que estamos resistiendo todavía”, manifiesta alegremente. “En verdad están ocurriendo cosas malísimas. El gobierno nos ha declarado una guerra de baja intensidad”, reconoce, y alerta sobre las presiones que reciben las autoridades a causa del Procede y el Procecom.

En corto, Raureme y otros comentan que la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios presionó a los gobernadores tradicionales para que no se reunieran con Marcos. Y no sólo desoyeron eso, sino que rechazaron hace una semanas la visita del presidente Vicente Fox. Como se recordará, muchísima fue la publicidad del gobierno sobre aquella visita a San Andrés Cohamiata, la única comunidad wixárika que permitió la entrada del mandatario. Las demás, aclara esta tarde Magdaleno López, “no lo quisimos aquí, porque no lo merece, no cumple”.

Desde su llegada anoche, los pueblos wixárikas dejaron clara su voluntad soberana. Un gran fuego en el suelo y una manta con la leyenda “Territorio wixárika recuperado” recibieron al subcomandante Marcos en esta comunidad llamada también Bajío del Tule. Adornaba la manta un jícuri pintado, con un trozo de raíz. Anochecía. Ya esperaban decenas de representantes de las comunidades de San Sebastián, pero faltaban llegar los de otros territorios wixáritari, que lo harían en el transcurso de la noche y la mañana de hoy.

El gobernador de San Sebastián Teponahuxtlán, Martín Mijares, a la luz de dos foquitos y bebiendo canela, recibió a Marcos: “Que este encuentro siga significando más de lo que ha sido siempre. A todos nosotros nos corresponde realizar esta actividad para seguir aprendiendo”, y parece dirigirse tanto a sus hermanos como al propio subcomandante.

“Todos los pueblos somos una comunidad”, dijo también don Martín, hombre joven de porte distinguido. Como buen wixárika, con las plantas de los pies bien puestas sobre el suelo.

Bajío del Tule es una de las porciones de tierra que habían sido invadidas ilegalmente por los ganaderos de Bolaños, La Yesca y otros municipios oficiales. Luego de luchas y causas legales llevadas con tenacidad, los huicholes han recuperado buena parte de sus tierras, escrituradas para ellos desde 1718. Las de San Andrés Cohamiata datan de 1725 y las de Santa Catarina de 1850.

Tutu Mayawi, como la llaman los indígenas, fue restituida en 2000. Pero como diría en la reunión de esta tarde José Carrillo, haciendo eco a una pregunta de Magdaleno López (”¿Hasta cuándo seguiremos luchando?”), es un camino largo el que tienen los wixárika. “Si otros se unen, pues lo hacemos juntos. Y si no, lo seguimos nosotros de todos modos”.

Durante la reunión, de todo el día, son constantes el reconocimiento y la identificación con la lucha de las comunidades zapatistas, y dan a Marcos el trato de hermano indígena. Así de parejo. Así de respetuosamente.

Un representante de Bancos de San Hipólito contó en la tarde la historia de su victoria. Ellos recuperaron sus tierras hace unos meses, al igual que aquí en San Sebastián. Los wixárikas van hacia delante. Como los zapatistas, recuperan y construyen. Sobre sus hombros, como decía un marakame hace unos años, ambos pueblos “sostienen el mundo”. En sentido figurado y, viendo por ejemplo estos bosques vivos en medio de las taladas tierras de la Sierra Madre Occidental en Jalisco, también en sentido literal son “guardianes”, como han dicho los zapatistas en más de una ocasión.


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