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:: InsTiTución y CoMunismo, FranCia y la AuTonomía ArgenTina

22.04.06

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico
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InsTiTución y
COMUNISMO
Francia y
la AUTONOMÍA ArgenTina

“Ya estabas en una prisión. Has estado en una prisión toda tu vida”
Comic V de Vendetta, Alan Moore.

“La fragua es apenas una brasita al fuego que tendrá que arder para cambiarlo todo”.
la fragua, boletín Nº 1 de los trabajadores ocupados en el Frente Popular Darío Santillán, 2006.

“Echar a la derecha del poder y cambiar el sistema es una idea que podría encontrar una amplia audiencia. Eso implica una revolución, nuevas instituciones, que debemos transformar las relaciones sociales de producción, atacar la propiedad privada, todo esto será descubierto por esta generación a través de las lecciones de la lucha de clases. Pero la consigna: “Todo es nuestro, nada es de ellos, todo lo que tienen nos lo han robado a nosotros” ha encontrado un eco”.
Stephen Bouquin, del Sindicato Nacional de Profesores de Segundo Grado, la haine, 11/4/06.

Bitácora:

I) ¿Dónde está el poder?
II) Las deudas de la Autonomía
III) La renta de existencia

I) ¿Dónde está el poder?

“No se puede decir que una ley votada por el parlamento no es democrática. Muchos profesores de secundaria, pero también de enseñanza superior, detestan la empresa, consideran que está ahí para explotar a los trabajadores. Es una idea muy extendida en Francia. Los estudiantes tienen hoy un discurso ideológico de un arcaísmo increíble, un discurso arqueomarxista fuera de tiempo. Muchos de ellos tienen 20 años con una mentalidad de 60, y eso es triste”.
Jean-Robert Pitte, rector de la Sorbona, Revista Ñ del Grupo Clarín, 8/4/06.

“No se pueden dar ultimátum. Cuando una ley es votada, debe ser aplicada”.
Presidente de Francia Jacques Chirac, 24/3/06.

“Muerte al CPE. Que renuncie De Villepin, que se vaya Chirac, que renuncien todos”.
Consigna en la jornada nacional de lucha protagonizada por tres millones de manifestantes, 4/4/06.

“Cada corazón es una célula revolucionaria”.
Película Los Edukadores.

Si el poder nace del trabajo, tomar el poder, es tomar el trabajo con las propias manos, cabezas y corazones de la multitud. Si la potencia circula en los actos del poder hacer, el estado es la coagulación de lo hecho. Al poder capitalista, patronal, se lo toma disolviendo la relación salarial y toda relación productora de plusvalor. Al poder se lo toma destruyendo la capacidad de producción y reproducción de la sociedad capitalista.

Importantes y costosas lecciones han sacado los movimientos sociales que creyeron que el poder se construye en ciudadelas autistas. El poder capitalista es un poder social. El Capital es una relación social. Al poder no se lo dispersa, se lo destruye. No se toma distancia del poder, al contrario, se lo enfrenta para abolirlo. El poder capitalista toma la Forma-Estado. Una forma más de las que adopta la mercancía fuerza de trabajo. Asumir las funciones del estado no es tomar el poder. Ese poder, el estatal, debe desaparecer.

Ninguna institucionalidad burguesa va a desintegrarse por degeneración espontánea. Sino que será producto de la natural acción antagónica y el imaginario radical instituyente de la clase que valoriza al capital en todas sus formas: la multitud. Para que la espontaneidad prolongue en el tiempo la autonomía insurreccional personal y social, necesita organizar sus propias instituciones que, concientemente, desintegren las del Capital.

No hace falta que el movimientos de movimientos exprese que el propio progresismo es el enemigo del trabajo vivo. Sino que esto es demostrado con toda violencia, material y simbólica, por el propio progresismo. La izquierda institucional, estatal, la socialdemocracia, todos los tipos de populismo que quieren congeniar en una ensalada mixta una cuota de capitalismo con otra de comunismo, son inviables.

El keynesianismo y su contracara “amable” el socialismo de estado, no son más que dos modos de perpetuar la ley del valor capitalista del trabajo humano para ser fagocitado por cada uno de los patrones.

El enemigo es el Capital encarnado en cada patrón, aún los pequeños. Recordemos que en Francia ya rige el Contrato de Nuevo Empleo (CNE). Es igual que el CPE y se aplica en unidades económicas de hasta 20 empleados. Con el CNE el patrón es amo y señor de echar cuando quiere y porque quiere a su esclavo temporario. Pero el patrón no es sólo el empresario, sino cada legislador como patrón de lo político que avala la temporalidad laboral. Cada académico como patrón de conciencias, cada policía como violencia patronal que reprime y asesina luchadores sociales, cada juez patronal que niega hábeas corpus cuando el estado persigue a los luchadores sociales como hizo el juez de la Corte Suprema Argentina Zaffaroni después de la rebelión en Las Heras. Sí, el que escribe sobre teoría crítica criminal con tufillo “marxista”. Sí, la joya progresista más preciada en la Corte Suprema kirchnerista. El que sabe muy bien de que lado va a estar cuando haya que encarcelar a los rebeldes denegando su “justicia” patronal. También hay patronazgo en la mass media propagadora del orden empresarial y el sentido “digno” de trabajar para un burgués. No queda al margen los sindicatos patronales como eternos mediadores del valor de la fuerza de trabajo, y fuerza franca de represión de la autoorganización de los trabajadores como pasó en Neuquén. O como patrulla parapolicial como los “nenes” de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), bajo el gobierno peronista de la provincia de San Luis. Que fungieron de guardia pretoriana cuando la policía estaba autoacurtelada y en huelga.

Patronales como los partidos que aspiran a ser estado, o sea patrones de la soberanía del sujeto social, para terminar con toda autonomía. Ahí está Evo Morales haciendo sus primeros palotes represivos y dividiendo a los movimientos sociales. Leamos estas líneas de Álvaro García Linera, su vicepresidente. Ex guerrillero y actual Nueva Clase política que describe en una frase lo que le espera a la multitud boliviana. Dice Linera: “Mandar sobre personas no me llama la atención. Hay que hacerlo, es parte del trabajo sucio”. Entrevista a Álvaro García Linera, Diario El Deber, Santa Cruz, 20/3/06. O esta otra en un reportaje en el diario Página 12 del 10 de abril: “No estamos pensando en socialismo sino en una revolución democratizadora”. Tanto marxismo-leninismo, tanta lucha de clases, tanta historia transicional fracasada entre socialismo y comunismo, para que Linera, en vez de ser un posleninista, venga a intentar trampear escandalosamente a los movimientos sociales con su cinismo de Nueva Clase, tomándole el pelo con la ¿revolución? democratizadora del estado boliviano, propia del capitalismo andino que el mismo acuñó. Y propia de farsantes que se burlan de la experiencia y la muerte de seis generaciones de revolucionarios que padecieron la derrota de estos postulados en todo el planeta.

La pertinencia de la estrategia transicional entre la reforma y la revolución no se da en el vacío. En situaciones de radicalización social y masiva de la multitud, urge rechazar un programa reformista como el de la renta de ciudadanía, ingreso universal o cualquiera de esos sucedáneos que solo prorrogan la vida del trabajo abstracto, impersonal, alienado, y explotado por el capital. En esos raros momentos históricos, en tiempos extraordinarios, la imaginación revolucionaria está a la orden del día.

El Contrato de Primer Empleo (CPE) no estaba en la guillotina, ni siquiera su impulsor el primer ministro Dominique de Villepin, sino todo el gobierno de Jacques Chirac. El parlamento sin discusión previa (Asamblea Nacional) fue el que aprobó legislativamente el CPE. Cualquier semejanza con los “levantamanos” argentinos de la bancada otrora menemista, luego duhaldistas, ahora kirchneristas, y por siempre peronistas, no es mera casualidad. Luego la legalización de la precariedad en Francia provino del poder judicial (Tribunal Constitucional) dando anuencia jurisdiccional a la institución de la “República del Precariado”. Como puede leerse en el sitio web de Indymedia París “la república de MEDEF”; en honor a la cámara patronal más importante de Francia. El país que ya no conserva, ni retóricamente, aquello de libertad, igualdad y fraternidad; sino que las reemplaza por injusticia, desigualdad y precariedad. El mismo tipo de república democrática consagrada bajo las leyes argentinas de “flexibilización laboral” de Menem, La Alianza y ahora Kirchner.

La ira de la multitud se agiganta. Se cortan carreteras y se hacen piquetes ferroviarios. La lucha había superado el CPE y a los tres poderes, ¡Todo el “Capital-Parlamentarismo” estaba en la picota! Y cada semana de lucha -en comparación a las épocas de “paz social”- hacía crecer la radicalización de los enfrentamientos a la velocidad de la luz.

El posfordismo es un estado de la excedencia de las masas sin futuro. De Haedo a París, los parias globales pueblan el mundo. Francia es todo un laboratorio donde la multitud se puede reflejar. El estado francés con el CPE organizaba legalmente el genocidio de la excedencia humana. Un genocidio silencioso que ya existe de hecho. Recordemos que en Francia el 25 % de los jóvenes está desempleado y en algunos barrios supera el 50 por ciento. El “cuarto mundo” del terciariado y precariado, está en todos lados. Como en el barrio porteño de Caballito donde el subproletariado muere carbonizado. Donde recién con las cenizas de los calcinados que mancha los vidrios polarizados de la Nueva Clase de los políticos, el jefe de gobierno Telerman descubre el “trabajo negro” y se desayuna de la condena que padece media Argentina.

La lucha se radicaliza en pocas semanas. En Francia empezó contra el CPE pero la marea impugnadora repudiaba todo el sistema. Como los trabajadores de la comunidad Boliviana que en una confusa primera marcha pedían que no cierren las cárceles-talleres para no quedarse desempleados, en la segunda su consigna fue: “Talleristas explotadores”, y en la tercera proclamaron: “¡Morir, antes que esclavos vivir!”. Las reformas que no llegan a tiempo devienen en potencia antagónica poco después. Toda lucha genuina de la multitud que empieza pidiendo un vaso de agua, si se lo niega, va por el manantial. Como aquel 19 de diciembre de 2001 cuando se salió a frenar el estado de sitio dictado por De la Rúa y en plena madrugada del día 20, cuando el ex–presidente entregó a su ministro de economía Cavallo para apaciguar la hoguera, ya era tarde, mientras la multitud coreaba en las calles ¡“Qué se vayan todos, que no quede ni uno sólo!” (QSVT). O como la matanza de Cromañón que no motivó, tan siquiera por vergüenza, la renuncia de Aníbal Ibarra. Y entonces, producto del movimiento social que creció al calor de lograr su destitución, terminó con la eyección del jefe de gobierno que se creía atornillado a su sillón gubernamental.

La estrategia del estado francés para la multitud era clara: fascismo duro del ministro del interior Nicolas Sarkozi para el trabajo negado y fascismo blando de Villepin con trabajo precario. O en cualquier caso, una mezcla de ambos. Sarkozi se corrió del CPE porque está disputando la presidencia con Villepin. Después lo corrió por “izquierda” pidiendo su suspensión. Hasta el MEDEF, Mouvement des Entreprises de France, la principal cámara empresaria francesa, se daba cuenta que tenía que bajarse, o se iba a empezar a poner en discusión toda las formas que adopta el trabajo capitalista, no sólo los contratos precarios.

Luego de la revuelta de clase de los “Banlieue”, con miles de autos quemados y el incendio de todo tipo de propiedades estatales, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y la ira desatada contra una sociedad capitalista del trabajo negado y el precariado perpetuo; con miles de procesados y racismo estatal que puso a Francia bajo el estado de excepción de derecho, o estado de sitio; a Villepin no se le ocurrió mejor idea que sacar el CPE para bloquear el proyecto “Lepenista” de Sarkozi, que quería legalizar los guetos de la miseria como campos de concentración en democracia. Villepin quería mostrarse como la cara “amable” del estado en comparación al represor “Sarko”. Pero con la caída del CPE, al capital no le está cerrando ninguna fórmula: ni los palos de Sarkozi ni las zanahorias de Villepin. La coacción y el consenso del estado están cayendo bajo el mismo tobogán de la deslegitimación. La autosoberanía de la multitud está poniendo en disputa el posfordismo, y con él, a todo el capitalismo.

Se equivocan los que dicen que la multitud francesa no tiene una organización política. Muy por el contrario, su organización política es acción, debate horizontal, asamblea y delegados que mandan obedeciendo. Aquellos que buscan la organización política de la multitud en las calles, bajo el fermento preinsurreccional, en los partidos previamente constituidos, los sindicatos oficiales, y aún en movimientos sociales faltos de reflejos, no la va a encontrar jamás. Porque sacando a los propios militantes (de toda forma de organización de lo político, lo económico y lo social) que decidan construir con la multitud y como multitud; el resto, resulta repudiado por los millones de anónimos que construyeron en pocas semanas sus nuevas organizaciones políticas no divorciadas de su forma social precaria. Si cambia, el militante sindical y partidario de izquierda tiene una oportunidad histórica en Francia. Puede ajustar cuentas con su pasado, puede recuperar su iniciativa y reflexión “stalinizada” por décadas, bajo la férula de la izquierda del capital y los sindicatos vendidos.

El movimiento tuvo absoluta conciencia a quienes sirven los representantes de la V República heredera del Mayo Francés. La lucha por la derogación del CPE es apenas el primer acto de lo que vendrá. Para el capital la categoría “precariado” y “trabajo negado” resulta irrenunciable. Sólo con su perpetuación puede sobrevivir el capitalismo. Para terminar con la inseguridad de la vida hay que terminar con el Capital y alumbrar una sociedad poscapitalista. ¡Fuera el estado y por las comunas asamblearias! ¡Fuera el trabajo asalariado y bienvenido el trabajo antimercantil! Un hacer que será algo tan diferente a lo que hoy conocemos por trabajo, que cuesta seguir llamando de la misma forma a la actividad metabolizadora del poder hacer de la multitud con la naturaleza y las cosas.

a) El poder del proletariado está en su número. Y el número está del lado del precariado, los tercerizados y los trabajadores negados por el capital o desempleados. El estudiantado está bien lejos de ser una pequeña burguesía satisfecha. Contrariamente, son el cognitariado del proletariado del “general intellect”. En regiones completas, ya no barrios, el 40 por ciento de los jóvenes está desempleado. En la otrora industrial Lille, cabeza de región en el norte de Francia, carbonífera y textil y arrasada por el posfordismo, la mayoría de los estudiantes viven de empleos intermitentes, y provienen de familias que padecen, por segunda generación, el desempleo.

b) El poder de la multitud está en su inteligencia. Y ahora la inteligencia no radica en ningún organismo externo a su hacer como los partidos, el estado y los sindicatos. Su potencia constituyente cubre todo el espacio social. Si el Capital lo abarca todo, si subsume realmente cada pasión y hacer, estilo de vida y cultura bajo la forma de la mercancía; entonces, a su vez, cada una de estas capacidades y sensibilidades resulta potencialmente, Capital y Trabajo, Estado y Asamblea, Capitalismo y Comunismo. Es el momento de abrir la relación capitalista compuesta por ambas dimensiones, y privarla de su motor, el trabajo vivo de la multitud. Es hora de transformar el trabajo muerto en la muerte del sistema mercantil. La tecnología al servicio del capital asesina la biodiversidad, ahí están las pasteras uruguayas para atestiguarlo. Va llegando el momento de desapoderar a quienes comandan esta sociedad maquínica y criminal, y destruir toda la técnica que entorpezca que la ciencia del intelecto general multitudinario esté solo a su servicio.

El proyecto anticapitalista del siglo XXI no es el socialismo, ni la autonomía de los islotes precapitalistas. Otro mundo sólo es posible enterrando todo este mundo decrépito. Asamblea comunal+Autogestión antimercantil; Autogobierno de la multitud+uso sin valor monetario de lo producido. Instituciones sin estado; propiedad pública, pero no estatal. Justicia sin poder judicial, normas de convivencia sin Congreso. Administración sin mando, seguridad sin policía ni militares. Mundo sin fronteras y poder sin representación.

La comuna legisla, administra y juzga. La multitud del trabajo vivo instituido en asambleas comunales produce, ahorra y consume. Las armas son de la multitud y sólo ella determinará para que y contra quien se usa. Los organismos políticos y militares especializados y externos a la nueva práctica social, como vida del común, que hacen lo común; no solo resultan innecesarios, sino suicidas.

La política vuelve a la multitud. No solo como insurrección contra el poder constituido, sino como poder constituyente. No sólo como potencia destituyente de lo viejo sino como potencia instituyente de lo nuevo.

c) El poder está en las pasiones. Está en el odio de clase contra todos y cada uno de los patrones y sus sirvientes, y está en el amor entre iguales como proyecto anticapitalista. Está en la ira por la esclavitud salarial en todas sus formas (servidumbre, trabajo negado, precario y registrado). Caso contrario, en el capitalismo la multitud siempre será esclava. No dejará de serlo por ganar un poco más y trabajar un poco menos.

II) Las deudas de la Autonomía

“Recuperar entonces, la alegría creadora, sentirse y ser un escritor, pero saltar desde esa perspectiva el cerco, denunciar, sacudir, inquietar, molestar”.
Rodolfo Walsh.

“Los gobiernos “progresistas” de la región no solo han continuado el modelo neoliberal, sino que lo han profundizado (…) es imprescindible una permanente revisión desde nuestros pensamientos y nuestra practica para que nuestra intencionalidad liberadora no se transforme en funcionales al sistema (…) los intereses irreconciliables entre las clases se dirimen desde posiciones de fuerza. Se pueden construir islas de poder popular pero hay que ir creciendo desde un proyecto de conjunto, desde las luchas populares y en función de la lucha de clases (…) La cuestión está en como construir una perspectiva política estratégica sin la cual ni el hambre, ni la pobreza, ni la desocupación son en sí condiciones suficientes para propiciar el cambio o la transformación social”.
Conclusiones generales del 4º Encuentro Latinoamericano de Organizaciones Populares Autónomas, febrero 2006.

“Si la sociedad autónoma es la que se autoinstituye explícita y conscientemente, que sabe que ella establece sus propias instituciones y significaciones, eso quiere decir también que dicha sociedad sabe que ellas tienen como única fuente su propia actividad instituyente y dadora de significación y que no existe ninguna ‘garantía’ extrasocial”.
Cornelius Castoriadis.

La multitud aprende de la experiencia de cada práctica universal. De cada camino autónomo en desarrollo y de cada paso en falso. Es heredera del pueblo y de sus ansias de libertad, justicia y felicidad. La experiencia autónoma en la Argentina tiene la obligación de mostrar sus límites, su potencia y su miseria. El registro de las prácticas es un deber histórico para las generaciones venideras. Eso también es fraternidad. Entregar a los que siguen nuestro legado. Poco o mucho, victorioso y derrotado. Cada generación viva está en deuda con las precedentes en la lucha por la emancipación social del trabajo. Se actúa por los muertos, los vivos y los por nacer. La lucha es alegría pero también congoja. Aunque se combate con sonrisas, la comedia humana es toda una tragedia. La lucha de clases es una guerra social y las bajas populares son permanentes. Se suceden los genocidios con bayonetas y urnas. Pero también es inmortal el renacer de la esperanza en cada generación que intenta llevar a la práctica la revolución social.

1.- Si las sociedades no pasan de la forma-Estado a su negación absoluta la forma-Asamblea. Si la sociedad no pasa de la forma-Capital a su opuesto irreductible la forma-Comunista. Si no se organizan, si no se expanden, si no crecen, si no se “forman”, ¿Cómo se consolidan los brotes constituyentes?

2.- La autonomía de la multitud requiere una nueva forma política, una nueva forma institucional; ¡Sí, institucional! Aunque le moleste a ciertos autonomistas de manual. Si las asambleas están llamadas a sustituir al estado (como lo intentaron la comuna de París, los soviet, los barrios obreros ocupados en Milán en los ’70, etc.); toda forma política, vieja y nueva (y aún nos atrevemos a decir que: aún el día que no exista más la política -como dominio de una clase sobre otra-, eso que Marx llamaba “la asociación libre de los productores iguales”); será también, una forma institucional. Una manera de garantizar la perdurabilidad siempre inacabada de la sociedad comunista. Una multitud que en algún momento tiene que hacer tabla raza con el pasado y escribir su hora cero poshistórica. ¿O no era eso acaso la revolución social? Y aquí “garantizar” no es una instancia teleológica sino una premisa social ontológica. Sinónimo de destrucción colectiva -como primer paso- de las condiciones capitalistas de existencia de lo social. Disolver y abolir: ni disminuir ni dispersar, las condiciones materiales y objetivas del mercantilismo que somete a la naturaleza. Instituir el comunismo como relación social para impedir el renacimiento de la sociedad del Capital. Y para esto no alcanza la férrea voluntad de la primera generación que lo instaura, sino instituciones sociales creadas y conducidas por el propio individuo social. Instituciones comunales que establezcan, con su hacer bajo su control y con sus propias normas, la prohibición de la compra-venta del trabajo humano y la abolición de la relación administradores y administrados.

Todo forma social, toda institución, funciona en un marco de clausura. La imaginación social instituyente permite ciertas relaciones sociales y prohíbe otras. Como la institución capitalista que prohíbe que el pueblo delibere y gobierne sino es por medio de sus representantes. Mientras que, la institución comunista prohíbe que los representantes deliberen y gobiernen reemplazando el autogobierno de la multitud.

3.- En el presente, sólo tienen posibilidad de desarrollo hegemónico dos modos de producción: el capitalista y el comunista. El socialista no es un nuevo modo de producción, sino una variante capitalista más. Una variante, sea o no estatista, de la ley del valor-trabajo. Ningún modo de producción, ninguna forma de hacerse en común se da solo en el plano personal, sino en la dimensión social, global y universal. Singularidad no es sinónimo de individualismo, pero tampoco de postsocial. Singularidad es la forma encarnada de lo común. Y lo común es el ser social singularizado y lo singular comunizado. Un poder constituyente perpetuo también es una forma institucional. Es la forma institucional del comunismo. Parece que algunos se atoran, se taran, e insultan, cuando escuchan la palabra institución. No soportan que la autonomía sea, también, darse el movimiento sus propias leyes de convivencia. Y las normas nacen de la institucionalización de lo social, sea La República Asamblearia, Las Comunas Federativas, Las Uniones de Libre Asociación, Las Juntas del buen gobierno, etc. Que algunos asocien institución solamente a estado, es una lectura equivocada y/o capciosa. Parece que la semántica lastima más los oídos que los contenidos de los conceptos políticos y pospolíticos que entraña la construcción institucional del autogobierno del individuo social anticapitalista.

4.- ¡Basta generalidades! Como las referidas al trabajo cooperante. Las experiencias autónomas son ricas en logros y fracasos, frustraciones y esperanzas. No alcanza con seguir repitiendo como un mantra lo que ya sabemos y conquistamos como la solidaridad y el respaldo recíproco. ¡Basta de cliché! Basta de recitar que necesitamos construir la autogestión económica. La gestión propia de lo económico, la auto-gestión, de por sí, no es anticapitalismo. ¿O con las 200 empresas recuperadas por sus trabajadoras y trabajadores, como existe en la Argentina, todavía no lo aprendimos? ¡Basta de escaparse por la tangente! ¡No hay formas NO capitalistas! O son precapitalistas, capitalistas o anticapitalistas. La autogestión a secas es una valiosa herramienta de resistencia; pero sólo eso, ni más ni menos. La primera necesidad de la multitud es no morirse de hambre. ¡Perfecto! Pero el segundo paso es no vivir eternamente alimentando al capital. Y mientras cada uno y una reproducen su existencia en el capitalismo, también reproduce la relación social capitalista que le succiona la vida. Además, una economía de subsistencia resulta entendible dentro de una estrategia transicional. ¿Pero transición hacia dónde? ¿Se está en tránsito hacia qué? Por el momento la autogestión fue una vía transicional del trabajo negado al trabajo capitalista. Tan transicionalmente incapaz de abolir la explotación del trabajo humano por el estado y el mercado, como el socialismo lo fue para el anticapitalismo al que nunca se arribó. Mientras tanto, la sociedad socialista se murió. No únicamente esperando la transición comunista a la que nunca el socialismo podía llegar por las propias bases materiales del trabajo productor de plusvalor que nunca se abolió; sino que terminó reinstaurando en la vieja URSS, los países del Este y China, el más crudo capitalismo estatal y privado.

5.- No hay nuevas relaciones sociales en el capitalismo. O son nuevas relaciones sociales anticapitalistas, o no son nuevas relaciones sociales. Basta de disfrazar bajo el manto de la potencia todopoderosa de la subjetividad, las condiciones materiales de existencia que condiciona la subjetividad. No hay subjetividad anticapitalista plena y realizable donde no se instaure socialmente. Donde no se derroque el patronazgo. No hay subjetividad anticapitalista victoriosa separada de la materialidad antimercantil. Porque para que una poshumanidad sea libre habrá que vencer. Y para vencer hay que derrotar al enemigo social de la humanidad: el Capital. Y el Capital es una relación universal objetiva y subjetiva a la vez. Es objeto y sustancia, es dinero y mercancía, capital y trabajo, acumulación privada y producción social, estado y ciudadano.

6.- Ciertos autonomistas no se sabe si son, o se hacen los ingenuos. Si practican una sabia esquizofrenia que se origina en la sociedad mercantil que separa valor de uso y valor de cambio o son autistas incurables. Si su impotencia es producto del egocentrismo o la incapacidad. Si disfrutan pasearse entre el regodeo por el malestar y el goce por la insignificancia. ¡Qué es una asamblea de asambleas sino una nueva forma institucional! Sino relaciones horizontales, obviamente con delegados que surjan de la propia asamblea, que rotarán, pero tampoco la pavada de que aparezca en cada reunión un nuevo delegado o delegada; o sino, el que va tres, cinco, diez veces, es un burócrata incurable.

¿Acaso todavía no aprendimos que en momentos “normales”, no guste o no, para darle continuidad a una lucha hace falta militantes? Sino se quiere que sea así, existe la opción de: o no coordinar nada con los militantes conocidos y esperar la próxima insurrección; o articularte con los militantes viejos y nuevos que aparecen. ¿O los 300 o 400 entrerrianos que sostienen más consecuentemente el corte en Gualeguaychú no son nuevos militantes? Más allá, de que para las votaciones se acerquen a la asamblea 600 o 1.000 personas, o en momentos críticos corten la ruta 10.000 a 40.000 entrerrianos. Cualquier lucha que se sostiene en el tiempo da lugar a una nueva camada de militantes y dirigentes. ¿O qué son los padres de Cromañón que luchan todos los días, a diferencia de los que los acompañamos más o menos? O el Frente Popular Darío Santillán (FPDS) que persiste en la construcción del cambio social, los delegados del Movimiento Intersindical Clasista (MIC), los militantes del MoCaSE y los de Indymedia. Solamente por dar unos pocos ejemplos de los cientos de grupos, espacios, colectivos y movimientos que pelean todos los días contra el Capital.

7.- La obsesión por el basismo bobo o aislacionista llevó a ciertas experiencias autónomas al más absoluto regodeo en el purismo abstracto. Es falso plantear que en la Argentina se está ante la dicotomía de una autonomía centralizada versus una autonomía local. Ese es un apotegma que caricaturiza las distintas maneras de construir la autonomía social. Está claro que ningún movimiento anticapitalista es puro. ¿Acaso puede serlo en una sociedad mercantil donde el productor de plusvalor es al mismo tiempo Capital y Trabajo? ¿Pueden existir movimientos que no tengan contradicciones como la propia multitud que los integra? Eso no es lo importante. Lo relevante es avanzar, a pesar de todo, en el cambio social de raíz. En cambio, algunos impolutos de la autonomía que no aportan nada en la Argentina hace años, son, poco más o menos, que un viejo recuerdo. Mientras tanto, sólo despotrican contra la unidad y la organización del sujeto social de la multitud, mientras rinden tributo a una dispersión de los cuerpos y las conciencias como nuevo dogma funcional al Capital. Unidad no es sinónimo de centralización y estalinismo, como local no es sinónimo de dispersión del capital y pureza anticapitalista. Lo valioso es que las compañeras y compañeros consecuentes lo tienen claro por eso aspiran a unir: ¡Sí, a unificarse sin desingularizarse! A organizarse socialmente sin ser estado. A resistir y reflexionar sin ningún tipo de autocomplacencia acerca de los límites de la estrategia localista. Es más, desde lo local, territorial o barrial solamente, jamás habrá una revolución social. ¿O ya nos hemos olvidado que cada célula de lo local -aún contra su voluntad- reproduce las ataduras mercantiles que no son personales sino sociales? Relaciones intersubjetivas y cara a cara que alimenta al Capital como vínculo global.

¿O acaso este debate ya no lo saldó la praxis de la reciente historia Argentina? ¿O llegó el comunismo local y no nos enteramos? Cierta autonomía ¿Le va a seguir echando la culpa a la izquierda partidaria de su propia impotencia? ¿O no se van a hacer cargo de aquello que planteaban de la revolución en el desierto? No hace falta irse a la Cataluña anarquista o los consejos obreros de Gramsci. La experiencia de la autonomía Argentina de los últimos cinco años es un laboratorio donde se puso en juego diferentes estrategias. Y los resultados están a la vista para las y los que estén dispuestos a aprender. Lo más revelador que han tenido las prácticas más coherentes, es ver la tendencia de la nueva composición del trabajo y el capital, y como iban a ser las formas de las luchas sociales que este clivaje capitalista significaba, los peligros que se enfrentaban, y los caminos alternativos que se abrían -también antagónicamente- en el propio campo de la autonomía. Y el sendero del éxodo del capital sin ni siquiera un área autónoma, por supuesto no pudo impedir la reconversión capitalista. Es más, mientras objetiva y subjetivamente se podía avanzar hacia el anticapitalismo, algunos que plantearon discutir en rondas donde asistieron centenares de participantes para desplegar la autonomía: aquí y ahora a los fines de enlazar una Red de Redes Anticapitalista, terminaron boicotearon la propuesta y recluyéndose en la autonomía espectáculo. Eso sí, sin privarse jamás de seguir hablando abstractamente de autonomía y anticapitalismo. Mientras algunos MTD’S se desvinculaban del movimiento de movimientos “Aníbal Verón”, los Movimientos de Trabajadores Desocupados que efectivamente resistieron todas las represiones, cooptaciones y tentaciones marketineras, terminaron confluyendo en el Frente Popular Darío Santillán. Sobrevivió y creció la autonomía rizomática, mientras que la autonomía autista, que con su separación quiso enterrar a la autonomía organizada, prosiguió por su sendero de autonomía inconexa y por lo tanto inmóvil. Pero en la política anticapitalista lo que no avanza no se estanca, sino que retrocede. Esa autonomía es la que fracasó. Pero por lo visto, algunos son impermeables a las experiencias que contradicen sus hipótesis. Y eso los vuelve dogmáticamente subjetivistas y antimaterialistas renegados.

8.- Todos los que se comunican, hablan y escriben, hacen más o menos, mejor y peor uso de su intelecto. Pero todos, al hacerlo, ejercitan sus funciones intelectuales. Tengan solo la escuela primaria cursada o sean universitarios, amasen pan o manejen una computadora, estén ocupados y desocupados, vivan en un asentamiento o en un barrio con asfalto y alumbrado. El debate es político, y aquellos que lo niegan bajo el amparo del antiintelectualismo usan su intelecto como el que más, pero con otras posiciones políticas. ¡Es tan difícil reconocerlo! ¿Pueden algunos ser tan miserables cuando hacen uso de sus facultades intelectuales? ¡Qué suerte que las y los que siguen luchando no se quedan enredados en las pasiones tristes de los supuestos antiintelectuales de la autonomía!

III) La renta de existencia

“Espero que la vida me lleve/ espero que la vida me lleve/ donde sea/ donde sea/ Lo único que no voy a trabajar/ lo único no voy a trabajar/ para ningún viejo de mierda”.
Canción Espero que la Vida, Intoxicados.

“Retiro del CPE o huelga general indefinida”.
Cántico más coreado el 16/3/06.

“Nos reúne la bronca, el odio. Podría haber sido el CPE o cualquier otra cosa pero en Francia hay cólera”.
Larissa, estudiante de la Sorbona, 18/3/06.

“Vivimos una situación explosiva”.
Alcalde de París, Bertrand Delanoë, 24/3/06.

Contemporánea a la lucha contra el CPE, en “La insurgencia europrecaria” Franco Berardi, “Bifo”, escribe: “La renta de existencia ya no puede ser más considerada una consigna extremista”. Tiene razón Bifo, pero por la negativa. ¿No estará desfasada (por derecha) la consigna de la renta-salario universal? ¿No se puede romper la forma monetaria como meta de la lucha del trabajo contra el capital? ¿Si no se plantea el anticapitalismo, crudo y puro, cuando la multitud parisina en todas sus formas está en las calles, no sólo el cognitariado precario, cuándo hacerlo?

Los intelectuales anticapitalistas de la posmodernidad capitalista ¿No terminarán ellos mismos sorprendidos por la radicalidad de las luchas y enamorados de sus viejas propuestas para épocas “normales”? La renta de ciudadanía, el ingreso universal, podía ser una buena consigna a mediados de los ’90 cuando Toni Negri y Michael Hartd empezaron a escribir “Imperio”. ¿Pero ahora? Luego que fueron barridos por la multitud dos gobierno en Bolivia, tres en Ecuador, uno en Argentina, se restituyó al gobierno a Hugo Chávez producto de la acción independiente de las multitud en las calles, y el Zapatismo se expande con la “otra” campaña. Había tres millones de franceses en las calles y el 75 por ciento está urbanizado. En el glorioso Mayo del ’68 nunca se superó las 20.000 almas insurrectas en carne viva. ¿Tomamos dimensión de lo que son 3.000.000 millones de franceses movilizados? Es decir, que en el espacio urbano se juega buena parte de la partida antagónica entre el Trabajo y el Capital. Las manifestaciones se replican. Poseen características similares a la caída de De la Rúa en Argentina, Lucio Gutiérrez en Ecuador y Carlos Mesa en Bolivia. El epicentro es la gran metrópoli: sea Buenos Aires, Quito, La Paz o París. Es que la vida urbana concentra en todo el planeta las tendencias más avanzadas del capital y la recomposición política de la multitud. La riqueza más pornográfica y la miseria más brutal. Las metrópolis son los laboratorios por excelencia de las “Exeptocracias” y el instinto comunal del nuevo proletariado, de la forma-Estado “Capital-Ejecutivista” y las pulsiones radicales de la democracia absoluta.

La inseguridad material de la multitud acarrea la carencia de partidos nacionales que los representen masivamente y esto detona tres tipos de crisis:

1) La crisis de legitimidad del trabajo “digno”, fordista, registrado, instituido en las leyes laborales. Aquellas que establecen las ocho horas diarias, las vacaciones pagas y el aguinaldo, la jubilación y la obra social, etc., y con salarios tres veces por encima la línea de la pobreza.

Una crisis de sentido acerca del trabajo capitalista, que trae aparejado la producción de plusvalía absoluta más brutal, con jornadas de duración decimonónicas y pagas miserables. Y el dominio de la plusvalía relativa y el trabajo muerto como tecnología que succiona el sistema nervioso del humano a los fines de aumentar socialmente el tiempo excedente de trabajo que produce plusvalor de manera directa. Y su contracara, la reducción del trabajo socialmente necesario que no produce plusvalor, que se paga con un salario, y que para los patrones es un costo que sirve para mantener con vida a la clase trabajadora mientras la necesita, de lo contrario, la desecha.

El resultado es una multitud compuesta por: una fracción registrada y sindicalizada que para el Capital es la fuerza de trabajo más costosa, y por ende, busca que sea lo más pequeña posible. Un precariado no registrado, que como tal, resulta más barato y que el Capital necesita que sea la forma mayoritaria de la fuerza de trabajo. Y las legiones de trabajadores negados, que si fuera por el Capital, su costo sería cero, es decir la muerte, porque ha sido excluida definitivamente del asalariamiento. Esas legiones de desempleados son los que sobreviven de lo que pueden en la subindigencia. Es decir que el estado latente para toda la fuerza de trabajo es transformarse en intermitente y desempleado. Eso es lo que tuvo bien en claro la multitud francesa en su lucha contra el CPE. Evitar la consagración legal de la condición precaria y excedente del proletariado.

El Capital se manifiesta cada vez más como una fábrica de lo social. Ante la revolución capitalista de la subordinación real del trabajo en el capital como tendencia dominante (o modo propiamente capitalista, nunca habría que olvidarlo) sobre la subsunción formal; que aún existe, pero queda subordinada a la primera (no hay posfordismo en el fordismo, pero si fordismo y taylorismo en el posfordismo). La primera subordina a la segunda, la plusvalía relativa domina a la absoluta, el modo propiamente capitalista subsume al modo formalmente capitalista. El globo se transforma tendencialmente, necesariamente diría Marx, en una fábrica social. Algo más poderoso y que subsume a la fábrica industrial global. El trabajo industrial es una, y sólo una, forma de trabajo. El capitalismo hace de toda la sociedad productora una fábrica de producción y reproducción de plusvalor. El plusvalor no sólo se produce en la fábrica y bajo la forma salarial, sino que hoy toda la maya social es puesta a producir o reproducir plusvalor, directa o indirectamente. Y aquí entra a jugar el rol social de los trabajadores negados (desempleados) para la sobrevivencia del propio capitalismo excedentario y posfordista. Con la dominancia del trabajo muerto, la caída de la fuerza obrera industrial, y la hegemonía del general intellect, la división tajante entre trabajadores productivos y no productivos ha concluido. Solo así se puede comprender que los nuevos movimientos sociales de desocupados no están integrados por los viejos lúmpenes del ejército industrial de reserva, sino por trabajadores bioafectivos, reproductores de vida, y prisioneros de la sociedad del valor, estén o no asalariados.

2) La crisis de dirección capitalista de lo social. Para el Capital el ahorro en salarios no es gratis políticamente. Las elecciones no cierran la crisis de hegemonía. Crece el no voto, y por lo tanto de las urnas sólo salen gobiernos escuálidos y endebles coaliciones incapaces de representar este fluido excedente y temporario del trabajo de la multitud.

El propio posfordismo, la nueva constitución irrepresentable de la multitud y el capital del general intellect, el empleo del trabajo intermitente y la excedencia del trabajo desempleado; lleva al Capital-Parlamentario a pasar de la representación de masas en decadencia, a la mera simulación de la representación de la multitud en constitución.

Ahí están los guarismos de abstención para las elecciones legislativas en Italia que llega al 30 por ciento del padrón y supera los valores del 2001. Prodi y Berlusconi no tienen el 50 por ciento cada uno, sino un escaso 35 por ciento. O en el caso de Ollanta Humala en Perú que ganó la primera vuelta de las presidenciales con un irrisorio 30 por ciento de los votos. Pero si le restamos la abstención y el voto negativo apenas araña el 22 %, y quien le sigue no supera el 17 % del total de los habilitados para sufragar. Y que decir de Kirchner en la Argentina, que obtuvo para las elecciones legislativas de octubre del 2005 únicamente el respaldo del 26.1 % del total del padrón. En Venezuela a Chávez no le va mejor. En las últimas elecciones legislativas el presidente perdió, en el camino al socialismo del siglo XXI, cuatro, de los seis millones de votantes que tuvo el año anterior. Cuatro millones de venezolanos que se abstuvieron de sufragar por él, y por nadie. En Israel en las últimas elecciones a fines de marzo, con el 40 % de exilados de las urnas, se produjo la afluencia más baja de votantes en toda su historia. Tampoco está para tirar manteca al techo el Capital-Parlamentarismo en El Salvador, ya que el 50 por ciento no asistió a delegar su soberanía en los legisladores.

Dejamos para el final el nacimiento de una nueva matriz de la democracia representativa: la “Simulocracia”.

Nos referimos a Colombia, pero se expande universalmente. En la Colombia del presidente Uribe, el más fiel y fascista aliado de Bush del cono sur, en la última elección del 12 de marzo hubo un 70 por ciento del padrón que no votó y el 15% de los votos fueron nulos. En Bogotá, el candidato más votado apenas llegó al ¡1,5%! de la votación total y la abstención en plena capital del poder fue del ¡80 por ciento! Acá ya no estamos en la impostura de la representación electoral del poder político del Capital sobre el ser social, sino que hace su entrada triunfal las más burda simulación de la representación. Además de únicamente sufragar 3 de cada 10 ciudadanos, ¿A quién representa el Congreso?, hubo Departamentos donde los candidatos paramilitares aliados de Uribe y ahora reconvertidos en Clase Política, compraron los padrones y los llenaron a su antojo para ser electos. Como la multitud no es ninguna analfabeta política, el Capital-Parlamentarismo ya no puede adormecerla con la pócima de la “representación”, y pone en escena su nueva farsa: la simulación de la propia representación. Una democracia que simula ser representativa. Una “Simulocracia”. De ahí a la Exeptocracia como estado de excepción permanente en democracia, el Capital-Ejecutivismo y el posfascismo, hay un solo paso.

Entre la tercerización que deslocaliza fábricas y obreros, que fracciona en un mismo lugar de empleo a la multitud entre registrados y tercerizados, entre esta nueva categoría laboral que precariza la vida del trabajador y el dominio del consumo sin sentido de la aristocracia obrera posfordista, la pobreza de la mayoría de la multitud y el trabajo negado que recorre todo el planeta; no nos debe asombrar que sea su natural consecuencia el desgano electoral, el abandono de sufragantes, los votos nulos, impugnados y blancos a dos manos, y la imparable abstención. Un éxodo electoral de lúcidas singularidades y también individualistas a los que todo le da lo mismo, y un “precariado”, “terciariado” y desempleados que al negarle el Capital un lugar bajo el sol del trabajo registrado, se autoexcluyen de seguir participando de la farsa democrática. Y desestabilizan al sistema, como antes fueron desestabilizadas sus vidas. Mientras tanto, se preparan para recuperar con su organización y la propaganda de sus fines por la acción directa, su poder social secuestrado por la forma-Estado.

3) La crisis de legalidad estatal. Cuando la multitud irrumpe multitudinariamente repudiando al poder constituido y recuperando en las calles la soberanía delegada en el estado.

El piso de la “normalidad” por venir es una crónica carencia de hegemonía del gobierno para poder representar a la multitud. Una legitimidad cada vez más acotada fruto de la dirección del proceso social capitalista basado, cada vez más, en el autismo estatal, el decisionismo ejecutivista y la represión; en desmedro de la delegación, el parlamentarismo y el consenso. Y la crisis orgánica en ciernes producto de la práctica antisistémica de la autonomía de la multitud, que desconoce la legalidad del Capital que invade y parasita su ser social.

Se impugna al estado, se viola la legalidad burguesa, se saltan las mediaciones sistémicas. Se toma las calles y se recupera la palabra. Las formas autoorganizadas desbordan y llevan a la rastra a las organizaciones sociales, partidarias y sindicales preexistentes. El otro movimiento obrero, el de los jóvenes intermitentes al servicio de la industria y el estado, los intelectuales del cognitariado como cuerpo del conocimiento social que no producen tornillos y automóviles pero son la fuerza hegemónica de la economía inmaterial, obligan a salir de su sopor al movimiento obrero oficial. Acostumbrado a pactar con el poder y ser los encargados de haber permitido la instalación del “terciariado” hace dos décadas.

La multitud es un torrente que inunda el espacio público. No es sólo París donde se combate. La lava de la multitud inunda toda Francia. Aún en ciudades pequeñas como Roanne con 39.000 pobladores ganaron la calle ¡20.000 personas! Hubo asambleas universitarias con cinco mil estudiantes. Donde se hizo trizas la premisa de los dinosaurios de la política delegativa, que argumentan interesadamente, que el modelo organizativo asambleario no es eficaz cuando hay que consensuar la voluntad de varios miles de asambleístas. En las jornadas nacionales de lucha, un centenar y medio de acciones simultáneas y multitudinarias en toda Francia cortocircuitan el sistema represivo del estado.

El gobierno busca desesperadamente que los movimientos autónomos tomen formas representativas permanentes. Que los nuevos dirigentes que mandan obedeciendo terminen simplemente mandando. Que se autonomicen de las organizaciones autónomas. Que los rebeldes en todas sus variantes tomen una forma organizativa burocrática como variante menor del estado. Que los referentes ya no expresen al cerebro colectivo hecho carne en las calles, sino que los represente. El gobierno opera noche y día para transformarlos en intermediarios entre el estado y los movimientos. Ungirlos con la soberanía delegada de sus bases para que actúen como dique de la antagonía social. El menú es conocido y basta ver a los ex-piqueteros y hoy empleados de Kirchner. A los tiernos el estado los seduce, a los débiles los compra, a los ingenuos los engaña, a los narcisistas los divide, y a los irreductibles los estigmatiza, los criminaliza y los mata. Pero en Francia no pudieron. El movimiento de movimientos siguió unido, intransigente y en crecimiento.

En Francia los trabajadores negados de los suburbios luchan con métodos de guerrilla urbana y los restos fordistas sindicalizados del proletariado marchan con la multitud. Siempre dispuestos a hacerle el abrazo del oso al movimiento y pactar con el poder. No casualmente llevaban su “policía sindical” para evitar la acción directa violenta de la multitud, y le pedían, por favor al gobierno, que reviera el CPE para que no se abriera una crisis revolucionaria. También participaron viejos militantes del Mayo del ’68, trabajadores de ayer y hoy jubilados; las amas de casa del trabajo afectivo; los estudiantes de los liceos -futuros precarios-; los empleados del transporte como circuladores de la mercancía; los docentes del trabajo comunicativo; y la nueva clase obrera industrial precaria. Todas estas categorías de la multitud como concepto de clase se pliegan a la lucha. Y en cambio la imaginación de Bifo sólo llega hasta… una renta universal.

¿No habrá sido el primer Mayo Francés posfordista? Pongamos por caso la peor hipótesis: que el imaginario dominante en la mayoría de la multitud solo alcanzaba para reclamar ser incluidos bajo pautas fordistas, amparados por el estado francés de bienestar en extinción hace dos décadas. Pero aún así, si no era durante estos dos meses, para la minoría de la multitud más radical ¿Cuándo plantear el poder constituyente? ¿Cuándo construir institucionalmente multitud? Porque crisis políticas como la que abrió la acumulación del malestar social, que detonó bajo la aprobación del CPE, situaciones de este tipo, provoca que ningún imaginario se mantenga estático mientras el espacio público francés fuera una zona temporalmente autónoma en cada jornada nacional de lucha. Gestas insurrectas que llegó a involucrar a tres millones de singularidades. Además, tendencias para la imaginación instituyente hubo de sobra: existencia de sindicatos de base, politización de la mayoría, miles de asambleas y millones de involucrados en la acción directa. Enfrentamientos con la policía de civil y servicios de inteligencia que se disfrazaron de estudiantes y habitantes de la Banliu (suburbio) para cazar luchadores desde adentro de los movimientos. El estado francés infiltró marchas y piquetes (como en Argentina el 20 de diciembre de 2001 y el 26 de junio de 2002 en el Puente Pueyrredón) buscando desorganizar y desacreditar la rebelión social. Se luchó cuerpo a cuerpo con los gendarmes antidisturbios del CRS, y el cóctel Molotov, la rotura de vidrieras y el incendio de vehículos fueron moneda corriente. Hubo cientos de detenidos y cientos de heridos. Sino es en momentos como estos, ¿Cuándo impugnar los aparatos de seguridad capitalista e instituir la seguridad de la multitud? ¿Cuándo pasar de la propiedad privada y estatal a la pública y comunal? Hubo toma de universidades y escuelas organizadas por coordinadoras autónomas de estudiantes que se enfrentan a la burocracia estudiantil, y los métodos de democracia de base recorrieron todas las retículas barriales. Si no es en esa instancia, ¿Cuándo edificar La Comuna en la metrópoli de la multitud?

Mientras todo esto pasaba, Bifo escribía: “En la forma recombinante del capital, basado en la explotación del info-trabajo fluido, no existe más ninguna relación determinista entre tiempo de trabajo y valor”. Si es así, para que buscarle un “forma” mercantil conectora, si el trabajo es autónomo, si la medida valor-salario ya no significa nada, para que salvarlo bajo el maquillaje de una renta -que por otro lado sabemos-, siempre pagará el capital, lo que es lo mismo que decir el trabajo, o sea, los asalariados.

Sigue Bifo: “No debemos restaurar las reglas que la derecha ha violado, debemos inventar reglas nuevas adecuadas a la forma fluida de la relación trabajo-capital, que no conoce más ningún determinismo cuantitativo tiempo-valor, y por lo tanto no conoce más ninguna constante necesaria en las relaciones entre medidas económicas”. De ser así, ¿Por qué no hacen la multitud sus nuevas reglas? ¿Porqué no ejerce su poder de “auto-nomos” para enterrar toda medida mercantil subconsumista, y expande el valor de uso inconmensurable de su poder hacer? Si las medidas económicas capitalistas entre producción y consumo han caducado, ¿Por qué el movimiento tiene que hacer de bombero y restaurarlas?

Bifo concluye que estamos ante una “Insurrección cultural en Europa”. En ese caso: ¿Porqué tanta mezquindad en las metas? ¿Por qué siendo parte del movimiento no orientarse desde una perspectiva anticapitalista, antagónica, constituyente?

Por un lado se alega que están dados todos los ingredientes para avanzar con un programa comunista. Y en cambio Bifo, sólo habla, de repartir mejor la plata.

Tanto diagnóstico para terminar con propuestas de una imaginación castrada. En las ocho semanas que vivió Francia bajo una crisis política, que tengamos por cierto proseguirá en todo el planeta, si desde el campo anticapitalista no se puede aportar nada nuevo es preferible callarse. No sea cosa que algunos que esperaron más de treinta años instancias decisorias como la que vivió el país galo, queden a la derecha de la sensibilidad y organización, imaginación y potencialidad constituyente de la multitud planetaria.

12 de abril de 2006

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