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México: Lucha social y lucha política

08.08.06

Después del aplastamiento de la revolución mexicana y su reorientación hacia la estabilidad democrática burguesa, mucha agua pasó bajo el puente, hasta estallar en 1994 la rebelión zapatista que mostró al mundo la capacidad de autoorganización local y empoderamiento de las comunidades de Lacandona y otras regiones de Chiapas.

Los de abajo iniciaban así un estratégico proceso de agrupamiento y lucha local basada en el cuerpo a cuerpo y la capacidad de reorganizar aspectos importantes de la vida cotidiana. Ello en la misma época de las fuertes batallas antiglobalización que estremecieron Seattle, Praga, Gotemburgo, Barcelona y otras grandes ciudades.

Hoy día ya no es sólo Chiapas donde la población se organiza por abajo para intentar administrar sus vidas, territorios y recursos, sino que en los estados de Oaxaca, Guerrero y México se han instalado fuertes movimientos sociales que destacan por su masividad, formas organizativas y programas locales de lucha.

En Oaxaca la población de ha organizado en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca que ha convocado a la paralización del estado con bloqueos y ha ocupado las principales oficinas públicas. También han sido tomados los principales medios de comunicación como emisoras de radio y de televisión desde donde se lanzan proclamas e instructivos para las movilizaciones. Ya algunos hablan de la comuna, otros de poder popular y varios conceptos, lo cierto es que se está llegando a un punto de consolidación de la autoorganización por abajo que se ha traducido en la ocupación de alrededor de 30 municipios y contingentes de miles de pobladores que disciplinadamente realizan tareas de control y desplazamientos de acuerdo a las instrucciones que se van emitiendo por las radios, canales televisivos y otros medios.

Recordamos que en 1994 los zapatistas ocuparon varios municipios de Chiapas y hasta el día de hoy la población organizada en bases de apoyo constituye los llamados municipios autónomos, de gran capacidad de participación popular y ejercicio de funciones tradicionalmente efectuadas por las instituciones oficiales.

La actual ocupación de los municipios de Oaxaca, sin ser bases de apoyo zapatistas, sino más bien con sus propias maneras de entender y actuar las reivindicaciones y movilizaciones, apunta también a la estabilización de capacidades locales irreversibles.

En Atenco, estado de México, próximo al Distrito Federal, ocurre algo similar, desde que la población paralizó el proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto hasta que la represión de vendedores ambulantes desató fuertes jornadas de protesta de la población que se organizó en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), conocido por sus multitudinarias marchas de comunarios enarbolando machetes, por lo que ese instrumento se ha transformado en el símbolo de la resistencia de esa región. Ya en 2001 la población de Atenco se había declarado “municipio en rebeldía” y hoy desarrolla una fuerte campaña de movilizaciones por la libertad de los presos políticos.

En el estado de Guerrero, cerca de Acapulco se encuentra la región donde se intentó montar desde 2003 la represa de La Parota siguiendo los lineamientos del Plan Puebla Panamá, pero la población se agrupó horizontalmente en el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota (CECOP) y hasta ahora ha conseguido evitar su instalación gracias a fuertes movilizaciones.

Un poco más al norte y hacia el este de la región de La Parota, se encuentra Salvador Atenco, y en línea recta también hacia el oriente, se encuentra Oaxaca, por lo que se trata de un verdadero triángulo de las Bermudas para el poder establecido, donde sus barcos pueden hundirse.

Más hacia el sur oriente se encuentra Chiapas, por lo que la red de organización y resistencia popular desde abajo que se extiende progresivamente hacia los otros territorios del estado mexicano se trata de un proceso lento pero seguro, que el sistema intenta quebrar y disminuir con la estrategia de la resistencia política contra el fraude electoral. Esa estrategia procura desviar la atención desde la autoorganización, control territorial y autogobierno de regiones hacia la dispersión social y reordenamiento de la población en torno al voto, las instituciones y la figura de un candidato.

Mucha gente colocó sus expectativas en que un gobierno podría resolver los problemas de la población. El fraude podría haber sido secreto y la derecha acceder al gobierno, pero lo hicieron de modo que se viera públicamente y así evitar la frustración popular que llevaría nuevos sectores sociales a los caminos de la autoorganización para resolver las situaciones con sus propias manos. Hoy existe una “resistencia” que moviliza a miles detrás del candidato del PRD, que se dice de izquierda. El fallo del domingo fue de no ceder a la presión del candidato derrotado, con lo que sigue la movilización mientras el candidato comienza a ceder en algunos puntos, como conciliando, ya que se ha cumplido la función de mantener la atención en el circo electoral continuándolo en el tiempo con el pretexto del fraude que, siendo real, ha sido manipulado de tal manera que se consiguiesen los objetivos sistémicos de impedir el crecimiento en la opinión pública de la simpatía y legitimidad de las resistencias sociales de los territorios que hemos mostrado.

Así aparecen en disputa las resistencias sociales con la llamada resistencia civil contra el fraude.

El desarrollo de los acontecimientos mostrará el tira y afloja entre estas tres tendencias: la estabilización capitalista, la resistencia civil electoral y la autoorganización social, siendo las dos primeras partes inseparables de la estrategia del poder y la última una perspectiva de largo aliento de la construcción de espacios irreductibles de organización y resistencia desde abajo.

Según los resultados de los próximos días, podremos ver si en otros territorios mexicanos crece la autoorganización y movilización social por los problemas concretos que vive cada lugar y si en los territorios nombrados se consolidan las redes por abajo para establecer los primeros pasos de una economía alternativa y de la cooperación y apoyo mutuo.

El objetivo del sistema a todas luces es evitar el agrupamiento social por regiones, ya que la idea de muchos es establecer programas regionales de coordinación y lucha para avanzar hacia un programa nacional. Entre otras organizaciones y propuestas, esa es también la de la Otra Campaña zapatista. Una campaña diferente de la campaña electoral y que hoy concentra las fuerzas acumuladas en la defensa de los presos políticos de Atenco y de Oaxaca.

Es necesario que desde otros países se sumen organizaciones y voces a favor de los presos políticos de esas dos regiones, en especial de Atenco, donde se denunciaron violaciones masivas de mujeres y de derechos humanos en general.

Profesor J


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