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Venezuela: el drama de las comunidades originarias

23.06.03

Teobaldo Zapata es uno de los miles de venezolanos que han abandonado sus comunidades indígenas para no morirse de hambre y de mengua.

Pescador y artesano de las márgenes del Delta, hace nueve años que anda rodando por varias ciudades del país con sus siete hijos, su mujer, un nieto y una nuera.

Introdujo la petición de un microcrédito ante la Asamblea Nacional para montar un negocio de víveres en su lugar de origen. Por eso está en Caracas desde el pasado jueves.

Sin embargo, aquí las ha pasado negras. Se instaló con sus morrales, su pequeño equipo de sonido y toda la familia en la acera que está a la entrada de la escuela Cristóbal Rojas, en Parque Carabobo, pero funcionarios de Policaracas lo sacaron de allí el jueves y el viernes por la noche, bajo el engaño de que los llevarían a un sitio más seguro donde supuestamente ‘los indígenas están protegidos’.

Pero Teobaldo denuncia que en lugar de ayudarlos lo que hicieron fue abandonarlos en la calle, la primera noche en el Municipio Chacao y la segunda en el Terminal de Oriente. Además, señala que los amenazaron de muerte.

La tercera noche, la del sábado, cuando eran las 11 de la noche, volvieron otra vez unos funcionarios policiales en dos unidades, cuyas placas son ADT-79X y 42F-ABF. Les quitaron la ropa, un radio y un pequeño equipo de sonido y les conminaron a desalojar Parque Carabobo e irse a la Asamblea Nacional. Así que cerca de la medianoche se fueron todos al Palacio Legislativo y pasaron la noche en su entrada.

Teobaldo aguardaba ayer la respuesta de María Gómez, de la Asamblea Nacional y del fiscal Félix Mercades, del Ministerio Público, para ver si le han tramitado el préstamo. Tirados en el suelo, los hijos varones le acompañaban en la espera, mientras su mujer, su nuera, el bebé más pequeño y su hija mayor pedían limosna en Catia, para comer algo.

Teobaldo confiesa que sus paisanos de Winiquima, Mariusa y Macareo, también del Delta, están en la misma triste situación.


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