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La resistencia en la periferia de las ciudades

24.06.03

A finales de la década del 60 en Chile comienza una oleada de ocupaciones de terrenos urbanos en las regiones de ‘callampas’ como se les llamaba al conjunto de ranchos construidos con cartones, latas o lo que hubiera. Se les llamaba así porque brotaban por todos lados, como hongos después de las lluvias. Muchas de esas ocupaciones levantaron programas y tareas de auto-organización y constituyeron verdaderos espacios rebeldes desde donde salían mareas humanas a manifestar por el derecho al terreno y a la casa. Durante el gobierno de Allende se multiplicaron más y algunos de esos lugares fueron bombardeados bajo las órdenes de la junta militar que asesinó al presidente. Junto a los cordones industriales constituían los consejos o comandos comunales de trabajadores y se encontraban en plena construcción del poder popular.

En Perú fueron los pueblos jóvenes, también ocupaciones suburbanas de miles de pobres que se organizaban de manera tal que constituían una fuerza social importantísima.

Ambas experiencias fueron aniquiladas por los militares, pero han quedado importantes lecciones, además de numerosos contingentes de esos luchadores que hoy se encuentran dispersos y algunos en proceso de reorganización bajo otras modalidades.

En Brasil el Movimiento de Trabajadores Sin Techo, en especial en Sao Paulo, ha desarrollado estos últimos años la idea llamada de los asentamientos rururbanos, donde las personas previamente organizadas ocupan un área de la periferia de la ciudad y allí, además de enfrentar el problema de la vivienda, desarrollan actividades autogestionarias, como huertas y cultivos de animales como aves, cerdos, etc. Uno se organizó en Guarulhos, al noreste de Sao Paulo y otro en Osasco, al noroeste de la misma ciudad. Ambos han sido duramente reprimidos y desalojados, pero, de una u otra manera, han conseguido conservar cierta continuidad grupal donde se ha acumulado una importante experiencia.

En Rio de Janeiro sectores favelados se han estado organizando de forma autónoma con una enorme presión del narcotráfico y de la policía, dos instituciones que trabajan juntas. Aún es incipiente, pero han salido noticias de que se avanza en ello, en especial divulgadas por el Frente de Lucha Popular de dicha ciudad. En Fortaleza, noreste de Brasil han salido noticias de que en algunos barrios periféricos se avanza en la organización de grupos autónomos. En Belem, también en el noreste del país, en algunos barrios se han formado comités autónomos de lucha contra el Alca que han constituido una coordinadora horizontal.

En Argentina es ya conocida la presencia de los colectivos autónomos coordinados también horizontalmente en el MTD Aníbal Verón que se encuentran desarrollando importantes experiencias de autogestión en barrios periféricos. Hay una verdadera proliferación de otros grupos y movimientos barriales del más variado espectro ideológico, algunos de ellos más preocupados de las relaciones con las instituciones que de la construcción de capacidad estratégica de lucha y resistencia, pero de cualquier manera, representa junto a República Dominicana el nivel más avanzado de organización de barrios del continente.

En Chile, los cordones barriales autónomos de educación y de salud se están articulando por barrio en asambleas del pueblo, en las que se están incorporando grupos de jóvenes y otras organizaciones vecinales. Pocos días atrás Redpi noticiaba desde Chile en la página de Clajadep, la constitución de tres de estas asambleas en populosas regiones de Santiago. Las informaciones son de que se están constituyendo también en otras regiones periféricas de la capital y en varias otras ciudades.

En Paraguay, en la periferia de Asunción, la capital, se ha establecido el asentamiento de Marquetalia, donde la población ya tiene hasta sistemas de vigilancia y ciertos inicios de autodefensa, aunque se encuentra bajo atenta observación y represión del gobierno, al punto de que han detenido a su abogado y lo acusan de traer armamento desde Brasil.

En Uruguay han circulado noticias de que habría un naciente movimiento de autonomía en algunos barrios de Montevideo, pero existe poca información al respecto. En Bolivia los barrios de Cochabamba y Santa Cruz no cuentan con organización y capacidad de lucha, a no ser la primera, donde la Coordinadora del Agua y la Vida se esfuerza por crear grupos de discusión y acción. Diferente es en La Paz, donde el barrio El Alto se caracteriza por una gran combatividad debido a la organización de la comunidad aymara que allí reside. Desde Ecuador no se reportan noticias de organizaciones barriales y en Colombia lo más destacado sigue siendo la Comuna 13, en la periferia de Medellín, donde pocos días atrás hicieron otra emboscada a los militares, barrio auto-organizado con sus propias milicias donde el estado ha tenido que entrar a militarizar para contener la lucha de la población que enfrentó a los paramilitares con apoyo de las guerrillas que vinieron a juntarse a las milicias populares. Ese barrio es un gigantesco laberinto de callejuelas intrincadas que dificultan la entrada de vehículos pesados y facilitan las emboscadas. Tampoco hay noticias desde Venezuela, a no ser la organización que la máquina vertical de los bolivarianos le ha dado a algunos barrios. En Panamá, el barrio de Chorrillos, que era reducto de Torrijos y donde se habían organizado milicias torrijistas para enfrentar la invasión yanqui que acabó con la prisión de Noriega, y que fue justamente allí que los marines concentraron su fuego, hoy no da noticias. En ninguna ciudad centroamericana parece haber alguna forma de organización autónoma de resistencia en las periferias. En México existen brotes de organizaciones de nuevo tipo en barrios, en especial en Ciudad de méxico, pero en ningún caso masivos como era de esperar dado el apoyo que el Frente Zapatista goza en las periferias urbanas.

Y República Dominicana, finalmente, donde la organización autónoma de las barriadas ha sorprendido por su organización, coordinación y capacidad de lucha, tanto es así que ha influido hacia otras organizaciones como choferes y algunos nucleos de trabajadores urbanos. Tan fuerte y tan seria es la organización propia de los barrios, y que sumada a otros sectores constituyen coordinadoras sociales más amplias, que los propios partidos de izquierda las respetan, pues no hay forma de desconocer o menospreciar su existencia. No sabemos en qué medida ha habido una influencia mútua entre esas organizaciones sociales autónomas y algunos intelectuales universitarios, pero el caso es que hay en ese país un potencial teórico muy grande en relación con las autonomías, con autores de gran capacidad, uno de los cuales ya ha sido publicado en la página de Clajadep y otros medios internacionales de izquierda. También hay investigaciones y discusiones sobre el asunto y, a no dudarlo, ese país nos reserva aún algunas otras sorpresas. Creemos que es uno de los pocos donde las organizaciones sociales obligan a la izquierda a seguirlas. La capacidad de los barrios de movilizarse, paralizar y cortar calles de forma coordinada es notable, así como la disposición combativa a enfrentar la represión en las barricadas.

Con esta panorámica hemos querido mostrar que hay bastante terreno avanzado en la lucha de resistencia de las periferias de las ciudades, pero que es mucho más lo que queda por hacer. No hay que apresurarse, pero hay que hacerlo, hay que conocer y estudiar las experiencias, divulgarlas e intercambiar sobre ellas. Hay que extraer los enlaces de páginas y medios que contengan estas experiencias y darlos a conocer. Hay que aumentar la discusión al respecto. En fin, hay que nadar también en esas aguas, pues el mar de la resistencia poco a poco se extiende.

Profesor J
Clajadep
http://clajadep.lahaine.org


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