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“Los jóvenes debemos ser guerreros de nuestros propios ideales”

02.03.07

Entrevista con la poeta Úrsula Starke

Alejandro Lavquén
Punto Final
Rebelión

Cuando preguntan a un habitante de la Región Metropolitana de dónde es, su respuesta suele ser, Santiago, no dice de Huechuraba, El Bosque, San Joaquín, Providencia u otra comuna, según sea el lugar de residencia. No existe en la cultura capitalina una identificación marcada con las comunas, y con los barrios muy poca, salvo uno o dos lugares. En cambio un habitante de San Bernardo, siempre dice: San Bernardo, aunque hoy esta localidad prácticamente se encuentre pegada a la ciudad de Santiago. Pese a esto, ha sabido mantener su identidad rural y paisajes con antiguas casas y calles llenas de arboledas. Reconocida es su estación de trenes y su maestranza. En el plano cultural, sobre todo en la literatura, se ha desarrollado sin la sombra e influencia despótica de la capital, que suele centralizar todo de manera apabullante. Fue en San Bernardo donde a principios del siglo XX, en el año 1904, los escritores Augusto D’Halmar, Fernando Santiván y el pintor Julio Ortiz de Zárate se afincaron para dar vida a lo que se conoció como Colonia Tolstoyana, un proyecto de comunidad agrícola-artística motivada por los principios del escritor ruso León Tolstoy, y cuyo eje central era la fraternidad universal. En San Bernardo también vivió, tras dejar la ciudad de Lota, el escritor Baldomero Lillo, Magallanes Moure y el joven Romeo Murga. En los últimos años han surgido numerosos poetas en San Bernardo, y las actividades culturales son permanentes, también se editan bastantes libros y revistas. Posee muchas instancias culturales como, por ejemplo, el Ateneo de San Bernardo, el Centro Literario Andén, el Colectivo de Artes el Ático y la Academia de las Letras, fundada por algunos poetas, Yuri Pérez, Marcelo Mallea y Úrsula Starke, que además han editado a sus alumnos. Actualmente cada año se realiza una Fiesta del Libro con numerosas actividades en las distintas áreas artísticas, a la que asisten escritores de otras comunas e incluso de regiones. Para interiorizarnos más sobre el desarrollo del quehacer cultural sanbernardino y otros temas, conversamos con la poeta Úrsula Starke, uno de los valores jóvenes más destacados de la localidad, tanto por su propia obra como por su compromiso comunitario.

En San Bernardo existe gran actividad literaria, sobre todo en la poesía ¿A qué atribuyes esto? ¿Cómo ves el panorama que se desarrolla en esta comuna?

Yo creo que la actividad literaria de mi comuna se debe a la historia que tenemos, a que desde principios del siglo pasado se han cobijado importantes escritores y poetas, como la comunidad Tolstoyana, Manuel Magallanes Moure, Romeo Murga, entre otros. Mantener su legado vigente y desarrollar nuevas instancias de creación han sido los motores que mueven a tanta gente en la comuna. Por el mismo motivo el panorama es prácticamente de estudio y encuentro más que de frescura creativa. Todas las personas que integran estos grupos son mayores, profesores retirados, escritores veteranos, y ellos mantienen funcionando la cultura en San Bernardo.

Tú has participado en proyectos colectivos ¿Qué te mueve a comprometerte en este tipo de proyectos? Te lo pregunto pensando en que hoy prima el individualismo y el egoísmo en gran parte de la juventud.

Me mueve despegar mi trabajo poético del individualismo imperante entre los poetas más jóvenes y contagiar a la gente con la cultura y las artes desde la acción. Des-elitizar la poesía. Porque no hay nada más patético que la cultura esnobista y vanidosa de la mayoría de mis “colegas”. Para demostrar que la realidad no debe ser así hay que hacer cosas. No basta con decir cosas.

Sabemos que muchas actividades, como la Fiesta del Libro, cuentan con el apoyo de entidades como, por ejemplo, la Municipalidad de San Bernardo ¿Implica esto algún tipo de compromiso con las autoridades, que pueda comprometer o limitar ciertos discursos de protesta ante el poder?

La verdad es que sí. En mi caso personal nunca me he sentido presionada a sonreír para ellos porque nos ayuden en alguna actividad ni jamás lo haría. Pero sí he visto como varios amigos deben pagar favores de apoyo con su propio apoyo, en especial durante elecciones –es súper triste- e incluso, ofrecerse a hacer trabajos para tener más tarde la ayuda de autoridades. No es nada nuevo. Pero por eso no deja de ser humillante para la cultura. Nosotros mismos, los que trabajamos en ella, somos los que debemos darle la independencia y el honor a las artes.

Chile es un país centralizado en el gran Santiago ¿Cómo ves hoy la relación entre la gran urbe y una localidad como San Bernardo? ¿Cómo se mantiene una independencia identitaria?

La verdad es que no es nada difícil, porque el mundillo de Santiago siempre ha sido cerrado y saliendo un poco ya se considera provincia. A mí me han dicho poeta provinciana. Así que de este modo, vivir a quince minutos de la capital es tener ya una identidad propia y las relaciones con los santiaguinos se hacen sobre esa base. No queda otra. Y es muy bueno si se mira desde el punto de heterogeneidad de voces.

Publicaste tu primer libro muy joven, a los diecisiete años ¿Cómo has asumido tu compromiso posterior con la literatura?

Como un compromiso social. Porque ser artista es ser un agente social activo, que está en constante intercambio con la gente. En un principio quizás no me di cuenta del hecho, pero ahora que han pasado algunos años puedo ver que mi papel no radica solamente en escribir a escondidas y publicar medio a oscuras. Hay que hacerse escuchar ya que la voz de un poeta tiene que hablar por el arte, por la cultura tanto al pueblo como al poder. Tenemos que decir: esto somos, esto queremos ser, aquí estamos.

Perteneces a una generación de poetas donde, de alguna manera, las performance han tenido un marcado protagonismo ¿Qué opinión te merecen estos anexos a la palabra?

Exactamente eso, un anexo a la palabra que nunca reemplazará a la palabra. Yo defiendo a muerte a la poesía contra todos esos anexos vanguardistas, como las performances, que sólo vienen a contaminar la literatura y desviar el trabajo hacia expresiones que nada aportan. Esta generación está bien aburrida, desesperada en querer transformarse en rock stars y no en escribir bien.

A pesar de que se dice que vivimos en democracia, aún existen muchas trancas, prejuicios y discriminación de todo tipo en la sociedad ¿Qué papel le ves a los jóvenes, y a los artistas jóvenes, en este proceso de recomposición de una sociedad verdaderamente democrática?

Veo el único papel que nos toca: defender a las artes, a la cultura, rescatar el valor que ellas tienen. Los jóvenes debemos ser guerreros de nuestros propios ideales, sean del tipo que sean. Sólo de este modo podría existir una verdadera democracia, una democracia donde haya libertad para el obrero que lucha a diario para comer como para el artista que pelea por publicar un libro.

¿Existe hoy compromiso político en los artistas de las últimas generaciones, como ocurrió en los años anteriores, o no quieren saber nada de la política?

Creo firmemente que el compromiso existe, es inherente a las artes. Lo único que es un poco diferente es el tipo de política por la cuál uno se compromete. Ahora, que estamos en esta vorágine de la globalización, la política partidista abre el paso a la política por la política. Es decir, la libertad, la justicia, el poder, siempre serán lo mismo sean del color que sean. Por lo tanto las últimas generaciones se comprometen por los valores, no por una persona o un partido.

¿Qué opinión te merece hoy nuestro país?

El estancamiento y el conformismo no dejan que una nación prospere, por lo tanto siempre hay que estar incómodo, siempre pidiendo más. Es por eso que siento que nuestro país está a años luz de llegar a un desarrollo cultural medianamente estable. Falta tanto por hacer, mucha mentalidad que cambiar, mucha gente que mover, muchos políticos que conmover para que la cultura tenga el lugar más importante dentro del desarrollo a corto, mediano y largo plazo que necesita tener, con urgencia. No puede ser que todos los artistas chilenos deseen irse a Europa para sentirse escuchados. Falta mucho por hacer.


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